EGIPCIOS RUBIOS Y PELIRROJOS

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(Tumba del Faraón Mernepta)

 

LOS EGIPCIOS FUERON EXTRANJEROS QUIENES EN TIEMPOS REMOTOS SE ASENTARON EN LAS ORILLAS DEL NILO

Diodoro de Sicilia escribió: “Los Egipcios eran extranjeros, quienes, en tiempos remotos, se asentaron en las orillas del Nilo, trayendo con ellos la civilización de su patria [¿Atlántida?] el arte de la escritura, y un brillante lenguaje. Ellos habían venido de la dirección de la puesta del sol [el lejano Oeste] y fueron los más antiguos de los hombres.” (Biblioteca de la Historia)

En el antiguo Egipto, así como en la India, tenía un sistema de castas, con la clase dominante y la nobleza siendo principalmente de rubios y pelirrojos.
¿Cómo lucia un antiguo Egipcio pre-dinástico? Nombrado “Ginger”, este hombre del antiguo Egipto murió hace más de 5,000 años, sin embargo, su cabello dorado, el cuál le dio su apodo, aún se conserva perfectamente. (Museo Británico)
La reina Hetep-Heres de la IV Dinastía, hija de Keops,es mostrada en los relieves coloridos de su tumba como una distintiva rubia. Su cabello está pintado de un amarillo brillante con pequeñas líneas horizontales rojas y su piel es blanca.  (Las razas de Europa, Carleton Stevens Coon, Nueva York, Macmillan. 1939, p.98) / “The races of Europe”, Carleton Coon, Universidad de Harvard)
Escílax, navegante y geógrafo griego del siglo VI. Por su parte, el escritor griego Plutarco se había referido al pueblo de Seth, regente de Egipto durante la Primera Dinastía (3.100 a.C.), como formado por hombres pelirrojos.
Sir Wallis Budge, en los años treinta, basándose en la observación de numerosos cuerpos no momificados pero bien conservados por las arenas del desierto afirmaba que “los egipcios predinásticos pertenecían a una raza blanca o de piel clara con cabello claro; eran en muchos aspectos parecidos a los antiguos libios”.
La presencia de estos rasgos de raza blanca se dan mayoritariamente en las primeras dinastías.
En algunos textos religiosos egipcios aparecen como los venerables del norte y estos análisis nos demuestran que no fueron seres de leyenda, sino que existieron en realidad y posiblemente fueron ellos los que hicieron esas grandes obras en Egipto.

LOS ANTIGUOS LIBIOS Y EGIPCIOS, LOS PELIRROJOS

Sir Wallis Budge, en los años 30, basándose en la observación de numerosos cuerpos no momificados pero bien conservados por las arenas del desierto, afirmaba que los “egipcios predinásticos pertenecían a una raza blanca o de piel clara con cabello claro; eran en muchos aspectos parecidos a los antiguos libios”

Esta hipótesis puede apreciarse en muchas tumbas no expoliadas y en representaciones de los faraones y miembros de su séquito plasmadas en los templos y monumentos funerarios del Egipto Dinástico.

El padre de la egiptología, Sir Flinders Petrie, fue uno de los primeros en señalarlo, en 1901, el cual dice que hay una conexión cercana entre Egipto y Libia en cuanto a la fisonomía, y comenta: “Hoy en día resulta raro que los libios antiguos fueran blancos y rubios, pero los escritores latinos de la antigüedad ya lo habían reseñado, al igual que Escilax, navegante y geógrafo griego del siglo VI. Plultarco se había referido al pueblo de Seth, regente de Egipto durante la Primera Dinastía (3.100 a.C.), como formado por hombres pelirrojos, al igual que los libios”. A principios del siglo XX, el historiador egipcio Maspero indicó que “este rey del Alto Egipto estaba asociado con el desierto de Libia y los libios, y se le identificaba con el dios libio Ash”.

Años antes el antropólogo A. Pietrement se había referido en un ensayo publicado en 1883 que en las antiguas pinturas egipcias, los libios eran hombres y mujeres blancos con el pelo rubio, ojos azules y rasgos faciales nórdicos. El antropólogo Carleton Coon, en su obra “Las razas de Europa” (1939), escribe que la reina Hetep-Heres II, de la IV Dinastía, hija de Keops, aparece en los bajorrelieves de su tumba con el pelo color rubio, mechas horizontales pelirrojas y la piel blanca. La citada hija de Keops no era la única pelirrojiza de la familia. También su esposa y su cuñada lo eran, al igual que muchos otros miembros de la clase regente. Las esposas de otros dos faraones, de Kefren y de Zoser, eran pelirrojas con los ojos azules, según se observa en las representaciones y tumbas.

Las investigaciones de Cavalli Sforza y otros genetistas de la Universidad de Princetown confirmaron mediante pruebas de ADN efectuadas en los años 90, que los bereberes están más próximos a los británicos que a cualquier otro grupo racial africano o europeo.

OJOS AZULES Y PELO RUBIO EN LA ANTIGÜEDAD

Hoy en día hay 150 millones de personas con este color de ojos.
Según ha concluido el profesor Hans Eiberg, de la Universidad de Copenhague, tras más de 10 años de investigaciones, la causa de los ojos azules fue una única mutación genética sufrida por un solo individuo hace entre 6.000 y 10.000 años.
Según Eiberg sucedió al noroeste del mar negro, dado que es un gen recesivo, no fue hasta varias generaciones después cuando nació una persona con los ojos azules”, lo que redujo en los nuevos “mutantes” el riesgo degenerativo de la endogamia.
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La clave, según sus estudios, está en el ‘OCA2’, un gen relacionado con la producción de melanina que, originalmente, puede dosificar su cantidad dentro del espectro entre el marrón -el color predefinido para el ser humano- y el verde, pero nunca para el azul. Pero una mutación en un gen adyacente al ‘OCA2’ provocó que éste, puntualmente, viera condicionada su acción y, en consecuencia, su capacidad para producir la melanina que se traduce en los ojos marrones, según Eiberg.
Esta “desconexión”, como el estudio dice, del color marrón hasta convertirlo en azul se produjo en la zona caucásica, donde la población agrícola comenzó a emigrar hacia el norte y llegó a Europa. Además, dice el científico, “siempre es más popular el color que escasea”. “Sólo hay que meterse en Google y ver una encuesta para descubrir que el 50% de la gente se siente más atraída por el color azul”, reconoce el profesor danés.
Son numerosos los restos arqueológicos y paleoantropológicos que reflejan la existencia de sumerios y egipcios rubios, pelirrojos, de ojos claros y de raza blanca en el antiguo Iraq y Egipto. Seguidamente destacamos algunos de ellos reseñados en diferentes fuentes antropológicas (B. Smith y W. R. Dawson) o aqueológicas (Sir Wallis Budge y Sir Flinders Petrie):
 – Una momia pelirroja, bigote y barba rojas cerca de las pirámides de Saqqara.
 – Momias pelirrojas en las cavernas de Aboufaida – Una momia rubia en Kawamil, junto con otras muchas de cabello castaño.
 – Momias de pelo castaño encontradas en Silsileh.
 – La momia de la reina Tiy tenía pelo ondulado y castaño.
 – Cabezas pelirrojas en una escena rural en la tumba del noble Meketre (alrededor del año 2000 a.C.).
 – En la tumba de Menna, al oeste de Tebas (XVIII Dinastía), se ven en una escena pintada en una pared a jóvenes rubias y a un hombre rubio supervisando a unos trabajadores de piel oscura.
 – Estela funeraria del sacerdote pelirrojo Remi.
 – Talismanes con un ojo azul llamado el ojo de Horus.
 – Egipcios pelirrojos con ojos azules en pinturas de la III Dinastía.
 – Una pintura en la tumba de Meresankh III en Gizeh (alrededor del 2.485 a.C.) muestra personajes pelirrojos de piel blanca
 – Una pintura de la tumba de Iteti en Saqqara muestra un hombre rubio de aspecto nórdico.
 – Pinturas de gente pelirroja con ojos azules en la tumba de Bagt, en Beni Hassan.

John Anthony West apunta en su libro “La Serpiente Celeste” que los llamados “venerables del norte”, que aparecen en algunos textos religiosos egipcios, no fueron seres de leyenda, sino que existieron en realidad. Estos hombres, de raza blanca y ojos claros, debieron de ser unos emigrantes provenientes de Europa, que fueron a parar en Egipto antes de las primeras dinastías.

Además, en esta otra página, leemos que en la obra “The Golden Bough” de James Frazer, se alude a una curiosa costumbre, practicada por los egipcios, de sacrificar a los pelirrojos en honor del dios Osiris. El autor afirma que “podemos conjeturar que las víctimas representaban al mismo Osiris, porque cuando un dios es representado por una persona viva, es natural que su representante humano sea elegido bajo el supuesto de su parecido al original divino”. No sólo Osiris, sino también su hermano Seth, era habitualmente representado con pelo rojo y piel muy blanca.

MÁS CURIOSIDADES

 – Un científico puede determinar la tipología racial de un esqueleto a partir de su dentadura, sus facciones faciales, sus medidas craneales, la estructura de su cabello y su construcción corporal.
– La momia de la mujer de Tutankamón tiene pelo castaño rojizo. (“Tutankhamen, The Golden Monarch”, Michael Carter, N.Y. 1972 p.68).
 Una imagen sacada de un libro de Historia, analizando una escena políticamente incorrecta representada en la tumba de Tutankamón: el faraón, montado en un carro tirado por dos caballos, armado con un arco y abanicado por esclavos negroides, derrota en una gran cacería a los nubios, que deben vérselas con sus flechas y sus perros de presa. Nótese cómo el faraón está representado de una forma muy distinta de los negros.
– Una momia de un hombre con cabello, bigote y barba pelirrojos fue encontrada cerca de las pirámides en Saqqara.
– Se encontraron momias pelirrojas en las cavernas de cocodrilo de Abufaida. (“Remarks on Mr. Flinders Petries Collection of Ethnographic Types from the Monuments of Egypt”, Henry George Tomkins, Journal of the Anthropological Institute of Great Britain and Ireland Vol. XVIIII, 1889, p.216).
– El libro “Historia de las momias egipcias” menciona una momia con cabello pelirrojo-castaño.
 Una imagen vale más que mil palabras: palacio de Ramses II en Menfis, alrededor de 1279 AC. El faraón, un pelirrojo, subyuga duramente a los enemigos de Egipto agarrándoles de los pelos. A la izquierda un negro nubio, en el centro un semita y a la derecha seguramente un hitita.
– La momia del príncipe Yuaa tiene sedoso cabello rubio.
– Otro faraón, Tutmés II, tiene cabello castaño claro.
– El profesor francés Vacher de Lapouge menciona una momia rubia encontrada en Al Amrah, y nota que tiene el rostro y las medidas craneales de un típico galo o sajón.
– En Kawamil se encontró una momia rubia y otras muchas castañas. (“L’Aryen, Sa Vie Sociale”, Georges Vacher de Lapouge, Paris, Pichat, 1899, p.26).
– La cabeza momificada de un joven, entorno al año 600 AEC. Nótese su pelo castaño y lacio, en modo alguno semítico o negroide.
– En Silsileh se han encontrado muchas momias castañas.
– La esposa de Keops y su cuñada eran asimismo pelirrojas.
– La momia de la reina Tiy tiene cabello castaño claro y ondulado.
– Pocas momias de faraones han sobrevivido hasta el Siglo XXI, pero una gran proporción de éstas son rubias.
– En la tumba de Amenhotep III, una pintura nos lo presenta como de cabello rojo claro. (“Ancient Egypt, Discovering its Splendors”, National Geographic Society, 1978 p.103). Sus facciones faciales son nórdicas. Su mujer, la Reina Thi, es representada muy clara de piel, rubia y de ojos azules.
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Izquierda: la momia de Yuya, un noble egipcio de alrededor del año 1400 AEC. Era el padre de Tiy, la esposa del faraón Amenhotep III. Derecha: su esposa, Thuya, bisabuela del faraón Tutankamón. Algunos quieren que el llamativo tono de los cabellos de la momia de la izquierda haya sido producido por el proceso de momificación, pero incluso si aceptamos esto, estamos ante un individuo de rasgos faciales-craneales europeos y cabello liso-ondulado propio de “caucasoides”. En cualquier caso, analizar esta momia igual que se hizo con la momia de Ramsés II despejaría las dudas sobre el color original de su cabello, pero rubio o moreno, estamos ante un tipo racial “caucasoide”.
– En la tumba de un noble llamado Meketre (2000 AEC), hay una escena de granja donde se muestran individuos pelirrojos.
– El Faraón Amenemhet III parece nórdico en sus representaciones, probablemente del tipo Cro Magnon, con una osamenta pesada y una mandíbula fuerte.
– Un escriba egipcio en Saqqara, entorno al año 2500 AEC, es representado como de ojos azules. (“Life of the Ancient Egyptians”Eugen Strouhal, Norman, Oklahoma, University of Oklahoma Press, 1992, p.53).
– La tumba de Mena (XVIII Dinastía) en el oeste de Tebas, muestra a mujeres rubias, y a un hombre rubio supervisando a dos hombres de piel oscura en la colecta de una cosecha.
 – En la tumba de Userhet (escriba del faraón Amenofis II) hay una pintura con un hombre rubio cazando desde un carro. Esta tumba también tiene otra pintura donde se representan a soldados rubios.
– La estela funeraria del sacerdote Remi lo muestra como pelirrojo.
– Otra tumba del oeste de Tebas de la XVIII dinastía muestra a una pareja muerta, un hombre y una mujer, blancos y de cabello oscuro. Lamentando su muerte, están dos hijas de cabello rubio claro y piel clara, y su hermano mayor, un pelirrojo.
– En la tumba de Bagt, en Beni-Hassan, hay muchas pinturas que representan a individuos de ojos azules, rubios y pelirrojos.
– El cabello rubio y los ojos azules se han encontrado en la tumba del Faraón Merneptá en el Valle de los Reyes.
 – Pinturas de la III Dinastía muestran a nativos egipcios pelirrojos y de ojos azules. (“Historia del Arte Vol III”José Pijoan, Madrid, Espasa-Calpe, 1932, plato XI).
– En la tumba de Djeser-ka-ra-Seneb, en Tebas, hay pintada una mujer rubia.
– Una representación de un barco, de entorno al año 2500 AEC, está tripulada por cinco marineros rubios.
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Hacer pan en Egipto: en esta representación, TODOS los involucrados son rubios con la piel bronceada. No es nada del otro mundo ver rubios en las pinturas egipcias, de hecho abundan. El problema es que los modernos medios de comunicación, así como la doctrina del sistema educativo, tienden a presentar la historia de un modo muy diferente y falsificado.
– El Dios Nuit era representado como blanco y rubio. (“Le Nil et la Societé Egyptiénne”, H. Champollion, Museo Boreby, Marsella, 1973, p.94).
– Una pintura en la tumba de Meresankh III en Giza, del año 2485 AEC, muestra individuos blancos y pelirrojos.
– En la tumba de Iteti en Saqqara, hay una pintura de un hombre con un aspecto muy nórdico, y con cabello rubio. (“Painting, Sculpture and Architecture of Ancient Egypt”, Wolfhart Westendorf, New York, Harry N. Abrams, 1968 p.65).
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Esto es parte de la decoración del féretro de un noble de nombre Khui, que vivió en la XII Dinastía (1976 AEC- 1947 AEC). Algún afrocentrista ha dicho que la obvia franja dorada de su cabeza es sólo un casco, pero se antoja un tanto insólito que alguien salga a pasear al perro equipado con un casco —particularmente cuando ni siquiera los ejércitos egipcios utilizaban cascos para combatir. ¿Tenía este hombre miedo de algún meteorito? Quizás sí. Por eso los egipcios, como hemos visto y veremos, elaboraban su pan y trabajaban el campo siempre con sus cascos puestos, y era tal su meteoritofobia que incluso los llevaban bajo el techo de sus templos.
– Grafton Smith menciona el característico pelo rojo de Henutmehet, una momia de la XVIII Dinastía.
– El mencionado profesor de Harvard Carleton Coon, en su libro “The Races of Europe”, dice que “muchos funcionarios, cortesanos y sacerdotes, representando la clase alta de la sociedad egipcia pero no la realeza, se asemejaban sorprendentemente a los europeos modernos, especialmente a los de cabeza larga”. (Coon se refiere a los dolicocéfalos, comunes sobretodo en Escandinavia, Inglaterra, Holanda, Alemania y otros países poblados por estas gentes).
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Reconstrucción del rostro de una tal Asru, de unos 50 ó 60 años, sacerdotisa-corista en un templo egipcio. A juzgar por la nariz, la longitud del cuello, la forma de su cráneo, la disposición general de su rostro y el contorno de sus ojos, casi aguileños, yo personalmente opino que es predominantemente nórdica. En todo caso, sería una estupidez decir que es negroide o semita. La discusión no sería si es blanca o no, sino qué tipo de blanca es.
– Time-Life publicó un volumen llamado “Rameses II The Great”. Allí se veía una buena imagen del cabello rubio-pelirrojo del faraón.
– Un libro titulado “Chronicle of the Pharaohs” mostraba pinturas, esculturas y momias de 189 faraones y grandes personalidades de la antigua sociedad egipcia. 102 tienen aspecto europeo, 13 (principalmente los mediocres faraones de la decadencia final) parecen negroides, y el resto son difíciles de clasificar. Todas las momias representadas en el libro tienen aspecto de europeos modernos.
– El primer Faraón, Narmer, también llamado Menes, tiene un aspecto muy “caucásico”.
– Los egipcios a menudo pintaban a los hombres (expuestos a la intemperie y al poderoso Sol egipcio) rojos y a las mujeres (que pasaban la mayor parte del tiempo en el hogar) más blancas.
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Pinturas en Deir el-Bersa. Típico tono rojizo-bronceado para los hombres, aunque unos son rubios y otros morenos. Puesto que sus rasgos faciales no están diferenciados (como sí lo están los semitas y los negros en otras pinturas egipcias) deberíamos interpretar que estos soldados son todos de la misma raza.
– El mencionado egiptólogo E. A. Wallis Budge se refiere a una estatua pre-dinástica que “tiene ojos hechos con lapislázuli, por lo que probablemente deberíamos entender que la mujer aquí representada tenía ojos azules”. (“Egypt in the Neolithic and Archaic Periods”). Los egipcios concedían gran importancia al lapizlázuli, que, igual que los sumerios (quienes también eran dados a representar los ojos azules), importaban desde lugares tan lejanos como Afganistán.
– En las tumbas de Medum, dos estatuas de entorno al 2570 AEC, muestran al príncipe Rahotep y su mujer Nofret como personas de rasgos blancos. La estatua de él tiene por ojos a dos piedras verdes, y la de ella, dos piedras azul-violeta. En el Museo Egipcio de El Cairo, se pueden ver sus estatuas, junto con otras muchas de la misma época, que lucen ojos azules o grises, como el escriba Morgan o la estatua de madera de Seikh el Beled.
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Estos rubios son una auténtica plaga en algunas piezas artísticas egipcias… Hay también algunos morenos, y en el medio de la fila central, sentado, tenemos lo que parece ser un pelirrojo.
– En 1925, el profesor de Oxford L. H. Dudley Buxton escribió lo que sigue sobre los cráneos del antiguo Egipto:
Entre los antiguos cráneos de los tebaidas en la colección del Departamento de Anatomía Humana de Oxford, hay especímenes que deberían ser considerados, sin dudarlo, del tipo nórdico. (“The peoples of Asia”).
– El antropólogo escocés Robert Gayre escribió que
El antiguo Egipto, por ejemplo, era esencialmente una penetración de elementos raciales caucasoides en África… Esta civilización creció del asentamiento de mediterráneos, armenoides, incluso nórdicos y atlánticos, en Noráfrica. (“Miscellaneous Racial Studies”). 
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Representación de un negroide nubio en la tumba del faraón Seti. Pelo “afro”, grandes pendientes, rasgos faciales típicos, brazos largos, piel totalmente negra —absolutamente nada que ver con los egipcios típicos, rojizos y de cabello moreno.
– Una pintura de la madre del faraón Amenhotep IV (XVIII Dinastía), la muestra como de cabello rubio, ojos azules y una complexión rosácea.
– La princesa Ranofri, hija del faraón Tutmosis III, es representada como rubia en una pintura que fue recogida por el egiptólogo italiano Ippolito Rosellini.
– En 1929, los arqueólogos descubrieron la momia de la reina Meryet-Amun (otra hija de Tutmosis III), y tiene cabello castaño claro y ondulado.
– El faraón Tutmes III engendró, al menos, dos rubias. Museo de Luxor, Egipto.
– En 1989, en el Valle de los Reyes, el egiptólogo americano Donald P. Ryan excavó la tumba KV 60. Allí, encontró la momia de una mujer de la realeza, que él identificó como la reina Hatshepsut. Ryan describe la momia:
La momia estaba mayormente desenvuelta y boca arriba. Mechones de cabello rubio-rojizo estaban sobre el suelo, tras la cabeza calva.
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La momia de la Reina Hatchepsut, famosa en vida por su deslumbrante belleza. Su pelo fue descrito como rubio-rojizo, aunque en esta fotografía, con la sombra, parece más bien castaño-rojizo.
 Manetón, un sacerdote greco-egipcio que vivió en el Siglo III AEC, escribió en su “Historia egipcia”, que la última soberana de la VI Dinastía fue la reina Nicotris, a la que describe:
Hubo una reina Nicotris, más valiente que todos los hombres de su tiempo, la más hermosa de todas las mujeres, rubia y de mejillas rosadas. Por ella, se dice, se levantó la tercera pirámide, con el aspecto de una montaña.
– Según los autores greco-romanos, Plinio, Estrabón y Diodoro de Sicilia, la tercera pirámide fue construida por una mujer llamada Rhodopis. Traducido del griego, este nombre significa “de mejillas rosadas”.
– En la Estela S de los edificios de El-Amarna, la reina Nefertiti, esposa del faraón Akenatón, es descrita, entre grandiosas frases sobre lo querida que era por el faraón, como “de rostro claro”.
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La reina Nefertiti, cuyo nombre significa en egipcio “aquí llega la belleza”, un nombre escogido muy acertadamente por sus padres. Nefertiti fue esposa del faraón Akenatón, que instauró en Egipto un culto solar monoteísta reminiscente del posterior mazdeísmo iraní, y bajo cuyo reinado se impuso el realismo y la fidelidad en el arte egipcio, en contraposición a las formas idealizadas y vagas del arte previo, de modo y manera que Nefertiti es representada tal cual era. Este busto se hizo famoso porque encaja perfectamente con los cánones de la belleza femenina europea clásica.
Así reconstruyó el rostro de Nefertiti la cadena americana Discovery Channel (en manos de la compañía NBC del magnate mediático judío Jeff Zucker, a su vez bajo la multinacional General Electric de Jeff Immel) en 2003. Según el “USA Today”, un “diseñador gráfico anónimo” se encargó de representar a su libre arbitrio “la textura de piel, color de ojos, labios” de la reina.copia8decopiadenuevoima
– La pintura de una tumba, recogida por el egiptólogo alemán C. R. Lepsius en la década de 1840, representa a una mujer rubia llamada Heteferes (entorno a la V Dinastía). El estudioso alemán Alexander Scharff observó que se la describía como una sacerdotisa de la diosa Neith, una divinidad muy querida por los libios rubios de la región del Delta. Sigue diciendo que su nombre coincide con el de la reina Heteferes II, a la que también se representa como de cabello claro, en una pintura sobre una pared en la tumba de la reina Meresankh III. Dedujo de todo esto que las dos mujeres bien podrían haber estado emparentadas, y sugirió (algo insólitamente) que el Egipto de la edad de las pirámides estaba regido por una casta de mujeres rubias.
– Los antropólogos G. Elliot, B. Smith y W. R. Dawson analizaron el cabello del faraón Ramsés II, su cráneo y docenas de esqueletos de todo el mundo para compararlos. A propósito de los restos faraónicos, establecieron que “en conjunto, muestran lazos con el neolítico europeo, el norte de África, la Europa moderna y más remotamente, la India… El grupo de esqueletos que más se aproxima a los antiguos egipcios es el del neolítico francés”.
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Escena idealizada del trabajo en el campo, denotadora de un pueblo arraigado a la Tierra y con una mentalidad de Blut und Boden que no difiere demasiado del amor germánico por los campos, los bosques y los jardines. Vemos a dos adultos, un adolescente y un pequeño, de los cuales sólo uno de los adultos es moreno (aunque ese tipo humano es el que predomina realmente en el arte del Antiguo Egipto), siendo los demás rubios, y todos de ojos azules. Sin embargo, como en el caso de los soldados de más arriba, los rasgos faciales rubio-moreno no están diferenciados, es decir, el moreno no es ni semita ni negro. Hemos de interpretar, pues, que todos estos individuos son blancos, igual que la mayoría de los tipos rojizos de cabello oscuro predominantes en el arte egipcio. (Pintura en la pared de la tumba de Ramose, administrador del Estado bajo los Faraones Amenofis III y Akenatón, en el Valle de los Reyes, entorno a 1500 AEC).
– El 20º fragmento del 141º capítulo del Libro de los Muertos, está dedicado a “la diosa grandemente querida, de pelo rojo”.
– En el Libro de los Muertos, los ojos del dios Horus son descritos como “resplandecientes” o “brillantes”, mientras otro pasaje nos ofrece, de una manera más explícita, a “Horus de los ojos azules”. En el 140º capítulo de dicha obra, se especifica que el famoso amuleto conocido como el “ojo de Horus” o Wedjat (también llamado Wadjet, se trataba de un amuleto utilizado para mantener lejos al “ojo maligno”), debe estar hecho siempre de lapislázuli, una piedra semi-preciosa de color azul. El autor griego Plutarco, en su obra “De Iside et Osiride”, capítulo XXII, dice que los egipcios imaginaban a Horus como de piel blanca, y a Set (el dios de la violencia y de las tempestades, más tarde dios de la guerra y de las armas) como de complexión rojiza (aquí podríamos estar ante referencias a la raza nórdico-blanca por un lado y la raza nórdico-roja por el otro).
El Wedjat u “Ojo de Horus”.
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Un amuleto de la suerte común era el ojo de Horus, el llamado ojo Wedjat. Este ojo es siempre azul, y la palabra wedjat significa “azul” en egipcio. La reina Thiy es representada como de complexión rosácea, ojos azules y cabello rubio. (“Races Humaines de la Vallée du Nil”, E. T. Hamy, Boletín de la Societe d’Anthropologie de París, 1886, p.739).
– En los antiguos textos de las pirámides, se dice que los dioses tenían ojos azules y verdes. Diodoro de Sicilia dice que los egipcios pensaban que la diosa Neith tenía ojos azules.
La tumba de la mujer de Zoser, el constructor de la primera pirámide egipcia, tiene una pintura en su tumba que la muestra como de pelo rubio-rojizo. (“The Ra Expeditions”, Thor Heyerdahl, Garden City, Doubleday, 1971, p.249).
– La mujer del Faraón Kefrén era pelirroja y de ojos azules, según las representaciones.
Una máscara funeraria con los atributos de la diosa Isis muestra un vívido color verdiazul de ojos. (“A General Introduction to the Egyptian Collections in the British Museum”, London, Harrison & Sons, 1930, p.49).
EL FARAON RAMSES II
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La momia del Faraón Ramsés II como ejemplo de investigación antropológico-racial
Ramsés II, considerado uno de los mayores faraones si no el que más, era pelirrojo y medía 1,90.
El faraón Ramsés II (XIX Dinastía) generalmente es considerado el faraón más poderoso e influyente que gobernó Egipto. De hecho, es uno de los pocos soberanos egipcios que se ganó el epíteto de “El Grande”. Consecuentemente, sus orígenes raciales son de gran interés.
En 1975, el gobierno egipcio permitió a los franceses llevar la momia de Ramsés a París para ser sometida a procesos de conservación. Se hicieron muchos otros tests para precisar las afinidades raciales, en gran parte porque el estudioso senegalés Cheikh Anta Diop, sin ninguna base, estaba proclamando en aquella época que Ramsés era negro. Cuando el trabajo se completó, la momia fue devuelta a un ataúd herméticamente sellado, y ha permanecido fuera de la vista pública desde entonces, escondida en las entrañas del Museo de El Cairo. Los resultados del estudio fueron publicados en un trabajo magníficamente ilustrado, que fue editado por L. Balout, C. Roubert y C. Desroches-Noblecourt, y titulado “La Momie de Ramsès II: Contribution Scientifique à l’Égyptologie” (1985).
Exámenes microscópicos demostraron que las raíces de su cabello contenían rastros de pigmentos rojos naturales, y que por lo tanto, durante su juventud, Ramsés II había sido pelirrojo. Se concluyó que estos pigmentos rojos de ninguna manera fueron el resultado de la decoloración del cabello, o alteramiento post mortem, estos en realidad representan el color natural del cabello de Ramsés. Ceccaldi también analizó una sección transversal de sus cabellos, y determino por su forma ovalada, que Ramsés había sido “cymotrich” (de cabello ondulado). Por último, declaró que tal combinación de características mostró que Ramsés había sido “leucoderm” (persona de piel blanca). [Balout, et al. (1985) 254-257.]
El profesor italiano P. F. Ceccaldi, con un equipo de investigación apoyándolo, estudió algunos cabellos que fueron extraídos del cuero cabelludo de la momia. Ramsés II tenía 90 años cuando murió (no está nada mal considerando la época y la inmensa cantidad de hijos que padreó, sin duda debía tener una constitución fuerte y hábitos sanos) y su pelo se había tornado blanco. Ceccaldi determinó que el color amarillo-rojizo del cabello de la momia se debía atribuir a un tinte con una solución de henna; eso demostró ser un ejemplo de las atenciones cosméticas de los embalsamadores. Sin embargo, los restos del color original juvenil del cabello permanecen en las raíces, incluso hasta una edad muy avanzada.
Los exámenes microscópicos demostraron así también, que durante su juventud, Ramsés II había sido pelirrojo y se concluyó que estos pigmentos rojos no procedían tampoco de un posible oscurecimiento o alteración post-mortem, sino que realmente representaba el color de cabello natural de Ramsés.  Ceccaldi también estudió una sección de los cabellos, y determinó por su forma ovalada que Ramsés había sido de cabello ondulado. Finalmente, estableció que tal combinación de facciones probaba que Ramsés había sido un leucodermo (persona de piel blanca).
Balout y Roubet no se dejaban engañar en cuanto a la importancia de este descubrimiento, y concluyeron como sigue:
Tras haber llevado al cabo su inmenso trabajo, aun resta por extraer una importante conclusión científica: el estudio antropológico y el análisis microscópico del cabello, llevado al cabo por cuatro laboratorios: Medicina Judicial (profesor Ceccaldi), Societé L’Oreal, Comisión de Energía Atómica e Instituto Textil de Francia, mostraban que Ramsés II había sido un “leucodermo”, es decir, un hombre de piel clara, cercano a los mediterráneos prehistóricos y antiguos, o brevemente, de los bereberes.
Es interesante notar la afinidad con los bereberes norafricanos: algunas tribus bereberes, como los rifeños de los montes Atlas, tienen incidencias de rubios de hasta el 60%, y tienen un porcentaje de pelirrojos comparable al de los irlandeses.
Estos hechos, sin embargo, no sólo tienen un interés antropológico, sino una gran importancia simbólica. En el antiguo Egipto, el Dios Set (o Seth, de donde se piensa que proceden los nombres de Saturno y Satán) se decía pelirrojo, y al parecer los pelirrojos adoraban al dios con devoción. En el estudio de Ramsés citado más arriba, la egiptóloga Desroches-Noblecourt escribió un ensayo, en el que discutía la importancia de la condición de pelirrojo de Ramsés. Notó que los ramesidas (la familia del faraón) eran devotos de Set,  con muchos de ellos ostentando el nombre de Seti, que significa “amado Set”. Concluyó que los ramesidas se creían descendientes divinos de Set,, con su pelo rojo como prueba de su linaje [1]; incluso es posible que hayan utilizado esta facción física peculiar para salir de la oscuridad y ascender al trono de los Faraones. Desroches-Noblecourt también especuló que Ramsés II bien podría haber descendido de un largo linaje de pelirrojos.
Sus especulaciones se han demostrado correctas: la doctora Joann Fletcher, consultante de la Fundación Británica de Bioantropología, ha demostrado que Seti I (el padre de Ramsés II), era pelirrojo. También se ha demostrado que la momia del Faraón Siptah (un bisnieto de Ramsés II), tenía pelo rojo.
También podemos notar la descripción antropológica de la momia de Ramsés, escrita por el historiador bíblico Archibald H. Sayce (“The Races of the Old Testament”)
La XIX Dinastía, a la que Ramsés II, el opresor de los israelitas, pertenecía, se distingue por su marcada dolicocefalia. Su momia  muestra un índice de 74, mientras que la cara es un óvalo con un índice de 103. La nariz es prominente, pero leptorrina y aguileña, y las mandíbulas son ortognatas. La barbilla es ancha, el cuello largo, como los dedos y uñas. El gran rey, al parecer, era pelirrojo.
Todas estas facciones son características de la raza nórdica. Finalmente, deberíamos notar que el profesor Raymond Dart declaró que la raza nórdica era “el tipo faraónico egipcio”. Después estableció específicamente que la cabeza de Ramsés II es de tipo “pelásgico elipsoidal o nórdico”. (“Population Fluctuation over 7,000 Years in Egypt”, Transactions of the Royal Society of South Africa, XXVII).
El linaje de Tutankamón
Tutankamón (reinó 1333-1324 AC) ascendió al trono con 9 años de edad y reinó solo 10 años. Su importancia histórica no es muy grande, pero se trata de un faraón representativo porque el tesoro de su tumba (incluyendo la fabulosa máscara de oro) no había sido saqueado, su momia estaba en buen estado y se trataba de un soberano notable por haber rechazado las reformas monoteístas de su padre y predecesor, Akenatón. Su momia ha sido analizada genéticamente, pero el Gobierno egipcio no permitió la divulgación del resultado. Sin embargo, en un vídeo, se filtraron los marcadores genéticos (SNPs del cromosoma Y) del faraón, que se corresponden con el haplogrupo paterno R1b1b2, el más común en Europa Occidental. Este haplogrupo se corresponde, por tanto, con antepasados de Tutankamón como Akenatón y Amenhotep III. ¿Por qué el Gobierno egipcio no quiso publicar los resultados? Actualmente, en Egipto los R1b1b2 rondan el 2% del total de la población. La gran masa de la antigua población de Egipto debía ser predominantemente de haplogrupo paterno T. Presumiblemente, el Gobierno teme las posibles implicaciones imperialistas europeas que puede entrañar este hallazgo para su país.
La mitad de los europeos comparten ADN con Tutankamón
LONDRES (Reuters) – Hasta el 70 por ciento de los varones británicos y españoles y la mitad de los varones de Europa occidental guardan parentesco con el faraón egipcio Tutankamón, según un grupo de genetistas en Suiza.

E centro genealógico del ADN iGENEA, con sede en Suiza, reconstruyó el perfil de ADN del faraón niño, que llegó al trono a los nueve años, de su padre Akenatón y de su abuelo Amenhotep III, basándose en una película realizada para Discovery Channel.Los resultados mostraron que Tutankamón pertenecía a un perfil genético, conocido como haplogrupo R1b1a2, al que pertenecen más del 50 por ciento de todos los varones de Europa occidental, lo que indica que comparten un ancestro común.

Entre los egipcios de hoy día, este haplogrupo constituye menos del 1 por ciento, según iGENEA.

“Fue muy interesante descubrir que pertenecía a un grupo genético que se da en Europa – había muchos posibles grupos en Egipto al que podría pertenecer el ADN”, dijo Roman Scholz, director del centro iGENEA.

Alrededor de un 70 por ciento de los españoles y el 60 por ciento de los franceses también pertenecen al grupo genético del faraón que gobernó Egipto hace más de 3.000 años.

“Creemos que el ancestro común vivía en el Cáucaso hace unos 9.500 años”, dijo Scholz a Reuters.

El investigador estimó que la migración más temprana del haplogrupo R1b1a2 a Europa comenzó con la expansión de la agricultura en el 7.000 antes de Cristo, según iGENEA.

Sin embargo, los genetistas no tenían claro cómo el linaje llegó a Egipto desde su región de origen.

El centro está empleando ahora pruebas de ADN para buscar los parientes vivos más cercanos del faraón niño.

“La oferta sólo se ha publicado durante tres días, pero hemos visto muchos intereses”, dijo Scholz a Reuters.

NOTA: El historiador griego Plutarco se había referido al “pueblo de Seth”, regente de Egipto durante la I Dinastía (3100 AEC), como formado por hombres pelirrojos, igual que los libios. Por otro lado, viene a cuento recordar la asociación que la Iglesia hizo, en tiempos medievales, entre Satán (Set, Saturno) y el color rojo.
Fuentes:
www.europasoberana.blogspot.com
www.rinconrojelio.blogspot.com
www.veritas-boss.blogspot.com
www.deducimos.blogspot.com
www.noticias.lainformacion.com

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