BASES EXTRATERRESTRES EN LA TIERRA ?

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Los interrogantes eran cada vez más numerosos en mi cuaderno de bitácora; si los tripulantes del OVNI avistado el 17 de agosto de 1985 eran extraterrestres ¿Por qué iban a malgastar su tiempo y su dinero en conversar con unos “simples” radioaficionados? Si, ciertamente, disponen de una tecnología tan superior, ¿Por qué disfrazaban su discurso en forma religiosa? ¿No serían, en realidad, una microsociedad independiente del resto y oculta en el pacífico? ¿Tal vez un experimento de control mental o, como aseguraban algunos, una civilización extraterrestre? La respuesta a estos interrogantes podía esconderse en Ñuñoa. En esa zona de Santiago de Chile vive Hugo Pacheco. El veterano ufólogo se reúne allí, los sábados, con un reducido grupo de hombres para prepararlos, según él, para el contacto con los Friendship. “Ellos están mucho más desarrollados técnica y espiritualmente que nosotros, los seres humanos” –sentencia. Pacheco fue uno de los primeros en conocer la trama de los Friendship. A mediados de los ochenta, “vino a mi casa Ernesto de la Fuente, -recuerda- un ingeniero de sonido que estaba interesado en saber si en nuestros estudios habíamos averiguado qué nexo existe entre los seres del espacio y nosotros”. El intrigante personaje poseía una parcela en santa Rosa de Chena y un rancho en Chiloé, cerca de la localidad de Quemchi. Allí fue donde conoció a los miembros de esa misteriosa congregación. Ernesto pasaba largas horas ante su emisora de radio. Los ganaderos se jactaban de unos “gringos” que compraban ganado enfermo al triple de su precio. De la Fuente se sintió ofendido por ello. Años atrás había trabajado como reportero de guerra en Vietnam y había desarrollado cierta empatía con los norteamericanos, tal vez por ello quiso advertirles del engaño. De esta forma conoció a Ariel quien junto con catorce integrantes más se encontraba en el puerto para comprar provisiones. CONTACTO FÍSICO Chiloé es, ciertamente, sinónimo de aislamiento. Hasta no hace mucho las líneas telefónicas eran ficción y la mayoría de calles y carreteras carecen de pavimento. La luz eléctrica brilla por su ausencia de modo que resulta muy difícil orientarse en la oscuridad. Una noche de tormenta llamaron a la puerta de Ernesto. En el campo, a 15 kilómetros del pueblo más cercano. Tras el umbral, aparecieron tres hombres altos, con aspecto nórdico: -”Queremos conversar contigo” –dijeron los extraños. Ernesto les dejó pasar. -”Somos los hermanos de la isla, sabemos de ti, sabemos que eres dueño de esto y queremos ofrecerte la oportunidad de que formes parte de nosotros porque necesitamos atraer más gente a los caminos del señor”. Todavía perplejo, inquietado por cómo habían llegado hasta allí respondió: -”Yo nunca he agarrado una Biblia”. A pesar de todo empezó a colaborar con ellos. Vestían túnica blanca y sus rostros eran asombrosamente iguales, como si fueran gemelos, desde luego aquéllos hombres no eran norteamericanos, nada tenían que ver con los “gringos” ¿Quiénes eran en realidad? Tras diversas experiencias, que le convencieron de la procedencia alienígena de los Friendship, Ernesto de la Fuente regresó a Santiago y confió sus experiencias al decano de los ufólogos. Pacheco, sin embargo, no sabría guardar el secreto. Consciente de la trascendencia de los datos buscó consejo y difusión a través de Rodrigo Fuenzalida, presidente del AION (Agrupación de Investigaciones Ovnilógicas de Chile) y uno de los ufólogos más populares del país. INTERVIENEN LOS UFÓLOGOS “De la manera como estaba todo diseñado yo lo hallé muy desequilibrante, sin embargo –añade Fuenzalida- había algo en sus palabras que me decía que tenía algo de verdad, que había escuchado las cosas de alguien, pero no sabía quién era”. La “casualidad”, sin embargo, le daría muy pronto la información que necesitaba. Su novia, Tania, le informó que una tía suya había mantenido contacto con un tipo que había tenido encuentros cercanos con los extraterrestres en el sur de Chile éste personaje sería a la postre sería el informador de Pacheco. “Ernesto de la Fuente resultó ser el enviado que Ellos tenían” -confesaría Fuenzalida- y, al parecer, reclutaban gente en casa del veterano ufólogo. Esto le bastó a para interesarse por el tema e incluso probar de establecer contacto… pero, no adelantemos acontecimientos. “La isla –aclararía después Pacheco- es un campo de entrenamiento para preparar a hombres y mujeres de este planeta a las condiciones del espacio exterior”. -¿Les explicaron cuál era la idea de llevar a los humanos al espacio?- Le pregunté. -”No, pero creemos entender. Se está preparando a la humanidad para recibir a esta gente del espacio masivamente, lo que esperamos suceda en el año 2005″. Mi rostro delató sorpresa.

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