Razones por las que el Antiguo Egipto está vinculado a visitas de extraterrestres


¿Quién no ama al menos un poco las conspiraciones que tratan acerca de la posible visita de extraterrestres en el pasado remoto de Egipto? La verdad es que durante décadas la humanidad ha vinculado el Antiguo Egipto -y sus increíbles logros en numerosos campos- a entidades sobrenaturales o de otro mundo. En este artículo, echamos un vistazo a 6 razones interesantes por qué muchos vinculan el antiguo Egipto a los extraterrestres.

De vez en cuando, cuando hablas del antiguo Egipto, no puedes dejar de preguntarte cómo en la Tierra la gente logró construir las Pirámides -en Giza- sin el uso de tecnología como la rueda. ¿Cómo transportaron los bloques masivos de piedra, algunos de ellos de más de 50 a 60 toneladas, obtenidos de canteras situadas a más de 300 kilómetros de distancia, que luego fueron colocados en posición, uno por uno, creando la Gran Pirámide de Giza?

Misterios como éstos son precisamente los motivos por los que miramos más allá de lo razonable y nos separamos de temas relacionados con las antiguas visitas de alienígenas, donde tratamos de investigar si es posible que miles de años atrás, antiguos extraterrestres visitaran la Tierra y ayudaran a las civilizaciones antiguas a progresar a través del tiempo.

¿Y si hay una pequeña posibilidad de que miles de años atrás, extraterrestres visitaran la Tierra, y las civilizaciones antiguas de todo el mundo recibieran conocimientos y tecnologías mucho más allá de lo que tenemos hoy?

¿Conspiración? Probablemente, pero hoy en día está alejándose cada vez más del concepto de una conspiración.

Pirámides

La construcción de las colosales pirámides egipcias sigue planteando numerosas preguntas para la ciencia. Este hecho es suficiente para que muchos crean que estos edificios fueron construidos con la ayuda de la tecnología extraterrestre, o incluso por los extraterrestres.

Mientras que algunos dirían que no damos crédito a nuestros antepasados ​​lo suficiente, la verdad es que hay varios enigmas relacionados con las pirámides de Giza y la civilización egipcia antigua en general. Los principales científicos dicen que la Gran Pirámide era una tumba. Sin embargo no se han encontrado momias, y no hay jeroglíficos que detallen el propósito de las Pirámides, específicamente la Gran Pirámide de Giza.

Jeroglíficos

Hay algunos jeroglíficos realmente extraños en el antiguo Egipto. Algunos de ellos representan figuras que podrían interpretarse como vehículos voladores, seres alienígenas e incluso gigantes. Hay, sin embargo, varias explicaciones menos fantasiosas para tales símbolos. Sin embargo, algunos de estos jeroglíficos son evidencia suficiente para que muchos autores sugieran que los extraterrestres tenían algo que ver con el antiguo Egipto.

Pensando en la tierra de la conspiración. Sir William Petrie

Varios autores sostienen que el arqueólogo inglés Sir William Petrie mantuvo en su colección privada momias de origen extraño. Algunos incluso creen que estas piezas están actualmente en una cámara secreta del Museo Rockefeller en Jerusalén.

Electricidad

Es difícil imaginar cómo los antiguos egipcios construyeron sus majestuosas pirámides y templos sin ninguna tecnología avanzada. Algunos han propuesto que podrían haber pruebas de tecnología avanzada en el antiguo Egipto y que las civilizaciones gobernadas por incontables faraones tenían acceso a la electricidad. Los defensores de esta teoría apuntan hacia el Bulbo de Dendera -en el templo de Hathor en el complejo del Templo de Dendera- y las llamadas baterías de Bagdad.

¿Todavía no está convencido? Bueno, permítanme presentarles el Papiro de Tulli, un documento apócrifo que supuestamente describe la aparición de platillos voladores durante el gobierno del Faraón Tutmosis III. Mientras algunos creen ciegamente en la autenticidad del papiro, otros afirman que el texto no es real.

Pero incluso si eso no es suficiente, tenemos el Canon Real de Turín, un antiguo Papiro que trata de «dioses» gobernando sobre el Antiguo Egipto. Curiosamente, las dos últimas líneas del Canon Real de Turín, que parecen representar un resumen de todo el texto antiguo, son particularmente interesantes y nos recuerdan a la Lista de los Reyes Sumerios.

El Canón Real de Turín muestra lo siguiente: «… Venerables Shemsu-Hor, 13.420 años; Reina antes del Shemsu-Hor, 23.200 años; Total 36.620 años».

Arqueólogos rusos descubren posible esqueleto de un niño extraterrestre en Crimea.


Científicos rusos han desenterrado un esqueleto en Crimea que dicen pertenece a un extraterrestre de un año.

Un cráneo alargado inusual perteneciente a un niño extraterrestre de 1,5 años de edad fue encontrado cerca de la aldea de Yakovenkovo ​​por los arqueólogos rusos.

La tumba del niño, que se remonta al segundo siglo, fue un hallazgo clave de la reciente expedición, de acuerdo con los antropólogos. El niño tenía un cráneo alargado, que se ve claramente en las imágenes compartidas por el grupo.

Las severas deformaciones del cráneo inmediatamente le dieron al sitio el nombre de “tumba alienígena”, dijo el Fondo de Arqueología.

La deformación craneal artificial, una forma de alteración del cuerpo, se practicaba entre muchas culturas antiguas. Se realizó típicamente en bebés, cuyos cráneos eran más flexibles.

Sin embargo, algunos partidarios de las teorías de los “astronautas antiguos” afirman que los propietarios de esos cráneos alargados pueden ser híbridos humano-extraterrestres.

El grupo de arqueólogos dijo que tales deformaciones craneales eran típicas de los sármatas, que alguna vez habitaron la moderna Crimea. Se teoriza que pueden haberlo utilizado para identificar miembros de ciertos grupos o portadores de cierta condición social.

Se cree que el niño guerrero del siglo II DC tenía entre 18 meses y dos años de edad cuando murió.

Nikolay Sudarev, científico del Instituto de Arqueología de la Academia de Ciencias de Rusia, negó que la tumba estuviera vinculada a civilizaciones alienígenas.

“Los cráneos alargados eran tradicionales para la cultura sármata”, dijo, según el periódico Moskovsky Komsomolets

Los arqueólogos también desenterraron un vaso de cerámica y pequeñas cuentas enterradas con el “extraterrestre” y una pulsera de cobre en su mano derecha.

También se descubrieron varios lugares de enterramiento que datan de los primeros tres siglos, cerca de donde los científicos encontraron al niño, así como tumbas masivas de piedra que se cree pertenecen a personas de alto rango del Reino de Bosporan, un antiguo estado ubicado en Crimea oriental entre el Siglo V AC y siglo IV dC.

La Gran Esfinge, ¿Vestigio de la Atlántida?


La Gran Esfinge de Guiza es uno de los monumentos emblemáticos de la civilización egipcia. Con su mirada milenaria que contempla, cargada de misterio, el sol naciente en el horizonte, la Esfinge ha atraído a todos los viajeros que han visitado Egipto y han osado clavar sus ojos en los de la eterna reina del desierto.

Orígenes y Características

Se trata de una escultura colosal ubicada sobre la ribera occidental del río Nilo, en la meseta de Guiza, unos 20 kilómetros al sudoeste del centro de la capital egipcia. Tal y como sucede con las pirámides de Guiza, la esfinge no presenta ninguna inscripción que identifique a su constructor.

Pese a ello, los expertos estiman que fue esculpida en el siglo XXVI a. C. durante el reinado del faraón Kefrén (2520-2494 a.C.), perteneciente a la IV dinastía egipcia. Dicha datación se argumenta, principalmente, en base a su proximidad con la Pirámide de Kefrén, lo que fue razón suficiente para asociar su construcción a la figura de este faraón, e incluso a la idea de que el rostro de la esfinge es el del propio Kefren. Debido a las escasas pruebas en este sentido, la identificación de su constructor y periodo de construcción siguen siendo aún a día de hoy objeto de encendidos debates.

La esfinge se realizó esculpiendo un saliente calcáreo que quizá ya había sido moldeado groseramente por la acción del viento. Es decir, se obtuvo de igual forma que una escultura ordinaria: tallando la roca en bruto, pero a una escala descomunal. Posteriormente se la identificó con el dios Harmakhis, o mejor dicho: con una divinidad sincrética que reunía en sí la triple forma de la divinidad solar durante su recorrido diurno: Jepri por la mañana, Ra al mediodía y Atum por la tarde. Sus estratos calizos inferiores se descomponen fácilmente con la humedad del ambiente, pero la arena arrastrada por los vientos del desierto cubrió su cuerpo periódicamente, protegiéndola de la erosión durante milenios y ocultándola por completo según las épocas.

Fotografía de autor desconocido fechada en 1872.

Con una envergadura de alrededor de 20 metros y una longitud de 57, su rostro supera los 5 metros de altura. Para hacernos una idea, pensemos que desde la base de la estatua hasta la punta superior de su cabeza tiene la altura de un edificio de cinco pisos, mientras que su longitud, desde el extremo de las patas delanteras hasta lo que pudiera ser el comienzo del rabo, equivale al ancho de un campo de fútbol. Originalmente, estaba pintada en vivos colores: el cuerpo y la cara de rojo y el nemes que cubría la cabeza con rayas amarillas y azules. Constituye la representación del faraón, dotándolo de la fuerza de un león y de la inteligencia humana. La Gran Esfinge fue la primera esfinge escogida como guardián de una tumba real, emplazándose junto a las grandes avenidas que sirvieron para abastecer los materiales necesarios para la construcción del complejo funerario.

Las gentes del lugar la llamaban Abu el-Hol (‘Padre del Terror), un término derivado de la expresión copta bel-hit, que se aplica a quien manifiesta su inteligencia a través de los ojos y que se traduce por la denominación egipcia hu o ju, que significa ‘el guardián’ o ‘vigilante’. Debido a su deterioro, resulta difícil determinar con precisión qué representa, ni con qué fin fue levantada. No sabemos qué clase de rostro tenía originalmente, ni si representaba a un ser alado. Resulta imposible averiguar el número de obreros que trabajaron en su construcción ni que tiempo les llevó. Tampoco se han encontrado textos de la antigüedad que puedan ayudar a descifrar sus misterios.

Durante un tiempo se dijo que su nariz había sido destruida por un cañonazo del ejército de Napoleón, pero se comprobó que esta historia era falsa tras encontrarse unos dibujos que un explorador realizó antes de que Napoleón naciera y en los que ya aparece sin nariz. Aún se desconocen los motivos de su desaparición.

Napoleón contemplando la Gran Esfinge, semienterrada por las arenas del desierto. Óleo de Jean-Léon Gérôme (1867-1868).

Excavaciones y trabajos de restauración

En 1798, tras la Campaña de Egipto, varios científicos efectuaron una excavación y llevaron a cabo una serie de mediciones y relieves. Sin embargo, fue un capitán de marina de origen genovés, Giovanni Caviglia, quien en 1816 realizase la excavación más importante. A él se deben interesantes observaciones sobre el monumento, del que también encontró fragmentos esparcidos, entre ellos una parte de la falsa barba que adornaba el mentón y que se trasladó al British Museum donde hoy continúa expuesta al público.

Grandes egiptólogos del siglo pasado como Auguste Mariette, fundador del Museo de El Cairo y del Service des Antiquités Égyptiennes y su sucesor Gastón Maspero, se interesaron por esta enigmática escultura, pero fueron los trabajos que llevaron a cabo entre 1925 y 1936 los egiptólogos Emile Baraize -que restauró el cubrecabezas- y Selim Hassán quienes confirieron a la Esfinge su aspecto actual. Posteriormente, se llevaron a cabo nuevas intervenciones sobre el gigantesco monumento durante los años 1980 y 1992. A día de hoy prosigue la restauración de los desperfectos originados por la erosión. Las primeras restauraciones de las que se tiene constancia datan de la dinastía XVIII, durante el Imperio Nuevo.

Detalle de la cabeza y el tocado de la esfinge, en el que pueden observarse los daños provocados por la erosión.

Atlantes y Antigüedad

La Gran Esfinge es, desde el siglo XIX, un tema recurrente para los amantes del misterio, lo legendario y hasta lo paranormal. Así, Edgar Cayce, supuesto vidente y sanador estadounidense, conocido como «el profeta durmiente», aseguraba haber vivido en la Atlántida hace 15.000 años, época en que se habría esculpido la Gran Esfinge.

Cayce mantenía que, tras la destrucción de la Atlántida, huyó con los archivos de dicha civilización a Egipto, enterrándolos muy cerca de la esfinge. En una de sus sesiones visionarias, mientras se hallaba bajo los efectos de la hipnosis, afirmó:

Allí dentro se encuentra una Biblioteca –llamada también el Salón de los Registros– que custodia el registro de los acontecimientos transcurridos en la Atlántida desde los tiempos en que la Esfinge fue edificada, así como de los logros de su portentosa civilización. También alberga un registro de los contactos que esta mítica civilización tuvo con otras naciones, así como la crónica de la destrucción del mítico continente y los cambios que se produjeron en el mundo como consecuencia. La biblioteca guarda registros de cómo se construyó la gran pirámide de la iniciación –la pirámide de Keops–, que junto con la Esfinge no son más que copias de objetos ya existentes en la Atlántida, ahora sumergida. Pero la Atlántida resurgirá de nuevo del fondo de los océanos. La Esfinge ha sido desde su construcción el centinela que guarda el secreto y el acceso a la biblioteca, a la cual nadie tendrá acceso hasta que llegue el tiempo adecuado.” 

Retrato de Edgar Cayce en 1910. Cayce aseguraba haber vivido en la Atlántida 15.000 años atrás y haber enterrado muy cerca de la Gran Esfinge los archivos más importantes de aquella civilización cuando fue destruida

Posteriormente, en 1973, Mark Lehner, ferviente defensor de Cayce y de su hipótesis de los atlantes, intentó encontrar esta misteriosa biblioteca de la Atlántida, pero fue en balde. Sin embargo, en 1850 Auguste Mariette, descubrió la llamada «estela del inventario». Dicha estela consiste en una lista de monumentos y su controvertido texto ha logrado enfrentar a la egiptología alternativa con la oficial. Dice así:

Él lo construyó para su madre Isis, Madre Divina; Hathor, Señora de (Nun). La investigación fue colocada en la estela. Él dio una vez más para ella una ofrenda, y construyó su templo de piedra otra vez. Él descubrió (las estatuas de) estas diosas en su lugar. […] El distrito de la Esfinge de Harmakis se encuentra al sur de la casa de Isis, Señora de la Pirámide; al norte de Osiris, Señor de Rostau. Las escrituras de Harmakis, fueron traídas para estudiarlas. (¿?) Permite que crezca, haz que viva eternamente, hacia el este. Qué viva Horus: Medjer, Rey del Alto y del Bajo Egipto: Keops, que posee la vida. Él encontró la casa de Isis, Señora de la Pirámide, detrás de la Casa de la Esfinge de [Harmakis] al noroeste de la casa de Osiris, Señor de Rostau. Él construyó su pirámide detrás del templo de esta diosa, y construyó una pirámide para la hija del rey Henutsen detrás del templo.

Para los amantes de la egiptología alternativa, la estela indica que cuando Khufu (Keops) era faraón, ya existía la Esfinge (la casa de Isis) y la Gran pirámide (Isis, la «señora de la pirámide»), y que éste construyó otra pirámide que no es la Gran Pirámide. Por esto afirman que la estela es la prueba de que tanto la Gran Pirámide como la Esfinge ya existían mucho antes de la aparición de los faraones de la IV Dinastía. Asimismo, denuncian que la estela nunca fue tomada en serio puesto que habría destruido los pilares de la versión de la egiptología oficial.

La misteriosa Gran Esfinge junto a los restos de su templo. Detrás, la pirámide de Kefrén

Por su parte, los científicos oficialistas indican que la estela pertenece a la dinastía XXVI en la que los Saítas realizan un inventario de estatuas contenidas en el pequeño templo de Isis de Guiza, que se encuentra junto a la pirámide de Henutsen, y comentan su restauración. Afirman que la estela utiliza el nombre de Khufu (Keops) como autor figurado, y que en realidad «suplanta» la personalidad del verdadero autor de las obras en un intento Saíta de rendirle culto y honrar su memoria, como ocurre en otros ejemplos en los que también se nombra a los reyes de las primeras dinastías en esta época. Optemos por una explicación u otra, lo cierto es que la Gran Esfinge de Guiza alberga milenarios misterios que esperan ser explicados. Innumerables misterios para los que se han desarrollado otras tantas hipótesis explicativas. Apasionantes relatos que tendrán que ser protagonistas de futuros nuevos artículos acerca de esta eterna y vigilante reina del desierto.

http://ancient-origins.es

Arqueólogos creen haber descubierto la tumba de Anjesenamón, esposa de Tutankamón


La reina egipcia desapareció de improviso de los registros históricos poco después de la misteriosa muerte de Tutankamón. Ahora, el egiptólogo Zahi Hawass cree haber encontrado su tumba en el Valle de los Reyes.

Cerca de la tumba del faraón Ay, los arqueólogos encontraron cuatro depósitos de fundación que apuntan a la existencia de una tumba hasta ahora desconocida. Es un indicio claro, porque los antiguos egipcios solían hacer cuatro o cinco de estos escondites o agujeros en el suelo que llenaban de objetos votivos, antes de comenzar a construir una tumba. «Estamos seguros de que hay una tumba allí, pero no sabemos a quién pertenece», señaló el líder del equipo Zahi Hawass a Live Science. El mapeo tridimensional de la zona realizado entre febrero y mayo bajo la dirección de Gianfranco Morelli con una técnica geofísica de resistividad eléctrica de positrones ERT también reveló anomalías conductoras en la roca donde Hawass ha identificado los depósitos de fundación.

«El radar detectó una subestructura que podría ser la entrada de una tumba», añadió Hawass. El famoso egiptólogo, que fue ministro de Antigüedades en el país de los faraones, cree que la tumba podría pertenecer a la joven esposa de Tutankamón que, al quedar viuda en el año 1327 a.C., contrajo de nuevo matrimonio con su abuelo Ay. La cercanía de esta nueva tumba con la de Ay refuerza esa idea, aunque habrá que esperar a las futuras excavaciones.

Poder y conspiración

Anjesenamón fue la tercera de las seis hijas de Akenatón y de la Gran Esposa Real, Nefertiti. Aparece en muchas representaciones, acompañada siempre de sus padres, así como de sus dos hermanas mayores. Se cree además que, en un cierto momento de finales del reinado de su padre, se casó con él​ e incluso se habla de la existencia de una hija nacida de este incesto real. Sea como fuere, a la muerte de su padre, contrajo matrimonio con el príncipe Tutankamón,​ hijo y sucesor de Akenatón, convirtiéndose así en la Gran Esposa Real, en 1327 a.C.

Ay, consejero de Akenatón y posteriormente de su hijo, llevando a cabo la ceremonia de «la apertura de la boca». Escena presente en la tumba de Tutankamón.

El paso por la historia de esta reina egipcia fue breve. Al quedar viuda cuando Tutankamón murió —sospechosamente— en el año 9 de su reinado, se casó con su abuelo Ay y luego desaparece de los documentos egipcios. Esto ha hecho pensar que ella pudo ser la reina viuda que escribió una carta a los hititas, los acérrimos enemigos de los egipcios, solicitando un príncipe con el que casarse y con el que se convertirían en la nueva pareja real.

La repentina subida al trono de Ay ha hecho pensar que fue tras desbaratar aquella insólita conjura, y es lógico que la reina viuda Anjesenamón fuese silenciada e incluso eliminada por su traición. Una traición, dicho sea de paso, que contrarrestaría otra perpetrada por el propio Ay, quien ha sido acusado por algunos historiadores de haber asesinado al joven Tutankamón —hijo de un faraón considerado hereje— para subir al trono. De pertenecer esta tumba recientemente descubierta a Anjesenamón, tal vez se revele finalmente el misterio de su desaparición de los registros históricos.

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