EL CASO DE FAUSTO, EL HOMBRE QUE DESAPARECIÓ 3 VECES

La URL corta de este articulo es : http://mparalelos.org/8pgP4m
Comparte este material
Todo el archipiélago canario quedó conmocionado el verano de 1968 con la inexplicable desaparición de un pesquero, que navegaba desde la isla del Hierro a la de La Palma, en unas condiciones atmosféricas inmejorables. Pero la desgracia persiguió obstinadamente a este barco, puesto que es el único conocido que ha desaparecido misteriosamente tres veces, con el infortunado balance de cuatro marineros perdidos sin dejar el menor rastro…
El Fausto era una trainera de pesca de arrastre artesanal, con base en el puerto de Tazacorte, de donde eran naturales sus tripulantes. Tenía una eslora de 13,8 metros y podía alcanzar una velocidad de siete nudos, gozando de unas características marineras tan buenas que lo hacían muy adecuado para las faenas en las bravas aguas del Atlántico. Sus cuatro tripulantes eran hermanos y primos. En el puerto tenían base cuatro traineras de similar factura.

Todos los 16 de julio se celebran las fiestas de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, pretexto para juegos, procesiones… Posiblemente esta conmemoración fuera el motivo que permitió que el Fausto realizara dos viajes a la isla de El Hierro, cargando plantones de plataneras cuyo destino era la puesta en marcha de una explotación agrícola de dicho cultivo por parte de varios vecinos palmeros que se habían afincado en el lugar. El primer viaje se desarrolló sin novedad, pero en el segundo traslado de plantones, tres de los cuatro tripulantes navegaron hacia El Hierro, quedando uno de ellos en Tazacorte. Era Viterbo Acosta Acosta, de 41 años, que permaneció allí con el objeto de organizar los festejos. Así pues, Ramón y Eliberto Concepción Hernández, de 47 y 42 años –patrón y motorista respectivamente–, en compañía de Miguel Acosta Hernández, de 43 años y primo de los anteriores, se hicieron a la mar como tantas veces, descargando su mercancía en la vecina isla y encaminándose al embarcadero de Las Puntas, al norte de El Hierro, la tarde del 20 de Julio de 1968.

Una vez allí, Julio García Pino, de 27 años y vecino palmero de Los Llanos de Aridane, les rogó encarecidamente que le permitiesen acompañarlos en su viaje hacia Tazacorte, ya que trabajaba en los motores de las fincas plataneras que se estaban habilitando, y quería regresar a La Palma cuanto antes, con la intención de ganar unos días más de disfrute con su mujer e hijo, de pocos meses de edad. Julio vio una buena oportunidad de regresar a casa y no tener que esperar por el “correíllo semanal” que cubría las rutas entre las islas. En un primer momento los tripulantes del Fausto no quisieron llevarlo, pero dado que era una persona muy apreciada en las dos islas, buen mecánico, con su propio taller en Los Llanos, decidieron hacerle un hueco en el barco. Así que cargaron agua y diez kilos de fruta para realizar la breve travesía de 53 millas náuticas –poco más de 98 km–, que separa Las Puntas de Tazacorte. Finalmente, en la madrugada del sábado al domingo del 21 de julio, el Fausto zarpó hacia una tragedia ignorada…

El Fausto desaparecido

La noticia se extendió rápidamente por toda Canarias, región con una dilatada tradición marinera: “¡El Fausto había desaparecido…!”; no había llegado al puerto de Tazacorte, donde se le esperaba. El temor se apoderó de los familiares y amigos, que especulaban con las más variadas hipótesis: una avería en el motor, la pérdida del rumbo, el enredo de sus propias redes en la hélice, la falta de combustible, la rotura del timón o cualquier otra contingencia que justificara su demora. De hecho se confiaba en que “de un momento a otro apareciera” y se supiera la verdadera causa del retraso; no se dudaba de las capacidades marineras de la nave ni de su tripulación. Por ello, se dio rápida cuenta a las autoridades marítimas que el lunes 22 de julio activaron un servicio de rastreo marítimo con un avión Heinkel del Servicio Aéreo de Rescate (SAR), de la Base Aérea de Gando, en la isla de Gran Canaria. El resultado fue estéril; el Fausto se había desvanecido sin dejar rastro entre las dos islas, pese a la minuciosa búsqueda de la aeronave. La Costera Radiotelefónica de Tenerife procedió a informar a los navegantes de la desaparición de la trainera a través de mensajes radiados periódicamente, comenzando de esta manera la que llegaría a ser la mayor operación de búsqueda aeronaval acontecida en las Islas Canarias. El día 23 de julio aparecían en la prensa escrita las primeras noticias de la desaparición del Fausto, que en días sucesivos llegaría a ocupar las primeras páginas en todos los rotativos canarios. El seguimiento mediático fue absoluto, comenzando pronto las divagaciones y teorías sobre el suceso, mientras el sufrimiento de las familias iba en aumento ante la inminente falta de alimentos y agua que estarían sufriendo los infortunados marineros. Se confiaba en la pericia de los tripulantes, puesto que desde pequeños habían trabajado en el mar, salvo el pasajero accidental Julio García Pino, que era mecánico de automóviles.

La desesperanza iba ganando terreno al resultar vanos los intentos de búsqueda del infortunado barco, al que se creía a la deriva al suroeste de El Hierro, en tanto se apoyaba con cuatro aparatos Grumman el número de aviones del SAR, para aumentar el radio de rastreo a unas doscientas millas al sudoeste de la mencionada isla. Aparte de estas medidas, se movilizaron dos helicópteros en la Base Aérea de Gando a la espera de novedades.

El Fausto hallado
Como no podía ser de otra manera, el día 25 de julio trajo la ansiada noticia que saltó como un huracán por toda La Palma y el resto de Canarias. Fue el tema de conversación principal de toda la población, suspirando aliviados familiares y amigos, que tras cuatro angustiosos días por fin tenían noticias. Había llegado un mensaje respondiendo a los avisos enviados por La Costera de Tenerife del buque frigorífico Duquesa, comunicando a las cuatro de la madrugada lo siguiente: “A las 00.00 horas del día 25, han dado con el Fausto en la posición 28º 15’ Norte–19º 45’ Oeste, mencionando que los cuatro tripulantes se hallan sin novedad, sin averías y que se les suministró agua, víveres, tabaco y suficiente gasoil para regresar a su puerto base en Tazacorte a toda velocidad”. El capitán del Duquesa les facilitó el rumbo necesario para que llegasen cuanto antes a casa, estimando su llegada a Tazacorte sobre las 17.00 horas de esa misma jornada.

Si bien el júbilo cundió entre la gente, paralelamente comenzó la extrañeza, pues la situación geográfica donde apareció el Fausto distaba de la isla de La Palma la nada despreciable distancia de 95 millas –176 km– al sudoeste de la misma. Lo misterioso del hecho de que llegaran tan lejos es que ni siquiera los aviones del SAR pudieron hallarlos. Todo ello quedó eclipsado por una desbordante alegría en el pueblo de Tazacorte, donde hora tras hora, se fue congregando gente de toda la isla, con la expectación y entusiasmo de ver llegar a la embarcación. De manera espontánea, el ambiente se volvió festivo en la localidad, como quedó reflejado en la prensa regional. Consecuentemente, a las 13.00 horas zarparon desde Tazacorte las otras tres traineras para ir al encuentro del Fausto, portando una de ellas una potente estación de radio, cedida por el Correo Plus Ultra de la Compañía Transmediterránea, con su radiotelegrafista y primer oficial incluidos. Se confiaba en poder contactar con el Fausto antes incluso de poder verlo, puesto que estaba dotado de una pequeña estación emisora para comunicaciones de corto alcance. A bordo de una de las traineras iba también Andrés Acosta Morín, de 18 años de edad e hijo de Miguel Acosta Hernández, marinero del Fausto. Treinta y nueve años después del suceso recuerda emotivamente para ENIGMAS esos tristes momentos, porque además de ser su padre uno de los tripulantes, también había faenado en el Fausto en muchas ocasiones. La jornada del 25 de julio prometía un feliz y emotivo encuentro en Tazacorte…

La segunda desaparición

El escritor Talio Noda Gómez recuerda aquella tarde del 25 de julio cuando al llegar al pueblo en compañía de unos amigos descubrieron que “todo era una auténtica fiesta de bienvenida al Fausto”, contagiándose del entusiasmo general. Pero quiso el infortunio que la felicidad no fuera duradera, ya que a las 19.00 horas llegaron de regreso las tres embarcaciones con las manos vacías, y lo que es peor, sin noticia del barco, lo cual supuso un duro golpe en el ánimo colectivo. La resignación se vio agravada por la actuación de un vecino que en horas de madrugada confundió la llegada de un pesquero con el propio Fausto y tuvo el poco acierto de lanzar un cohete que despertó a todo el pueblo.

La movilización popular en esos momentos por localizar al barco desaparecido era tal, que incluso el buque Priorato, que zarpó desde Santa Cruz de La Palma con rumbo a Alicante, recibió orden por parte de sus armadores de circunnavegar la isla por el Oeste para utilizar su potente radar y colaborar en la búsqueda. Lo cierto es que veinticuatro horas después del hallazgo por parte del buque inglés, se reanudaron las labores de rastreo con la ventaja añadida de tener una posición en el mapa, reforzándose la búsqueda con el remolcador RA-5 y el buque hidrográfico Castor, ambos de la Armada Española.

Se suponía que el Fausto debía estar en las cercanías de La Palma y no se creía en la posibilidad de que escapase a la ávida vigilancia de los aviones del SAR –ni aún “huyendo” a toda máquina en dirección contraria–, pues el tiempo era favorable y las condiciones de visibilidad excepcionales. Los aviones volaban a 400 m de altura y se cubrió una zona de unas 12.000 millas cuadradas en la zona entre las islas de El Hierro y La Palma, con especial hincapié en las coordenadas referidas por el Duquesa. Posteriormente se incorporaron a la búsqueda tres nuevas unidades: los remolcadores de altura RA-2, RA-4, y la fragata Magallanes, con nuevos Grumman y DC-4 venidos de la Península para aumentar la efectividad en el rastreo. En Tazacorte se hablaba de un fallo en los motores o falta de combustible, multiplicándose el sufrimiento de los familiares y surgiendo hipótesis inverosímiles.

La Guardia Civil colaboraba activamente en la operación, rastreando todos y cada uno de los rincones de las costas herreña y palmera, escudriñando el más mínimo indicio de naufragio o restos que aportaran alguna pista, a la par que la Magallanes vigilaba la costa de ambas islas. Se especuló con que sus tripulantes, carentes de autorización para la navegación de cabotaje entre islas, se escondieran en algún lugar de la costa a la espera de que se terminasen las labores de búsqueda, pero esto carecía de fundamento y no habrían podido escapar a la atenta vigilancia de la Guardia Civil. La gente especulaba con la posibilidad de que hubieran puesto rumbo a Venezuela para emigrar a aquel país, que era acogida habitual de numerosos canarios. Esta idea ganaba cada vez más fuerza, pese a que en Tazacorte se consideraba un disparate. El pasajero Julio García Pino tenía un hermano en aquel país, pero en los círculos más cercanos no se creía en la posibilidad de esa marcha en el más absoluto secreto. ¿Por qué no arranchar el barco con víveres y agua suficientes para una larga travesía? ¿Por qué abandonar familias enteras y puestos de trabajo sin dar señales de vida en casi cuarenta años? ¿Para qué recoger a un pasajero que sólo podría complicar más el asunto? No tenían la necesidad de emigrar porque trabajo no les faltaba.

La trama del Fausto copó la prensa regional escrita en tanto no cejaban los empeños aeronavales por encontrar al pesquero. Los familiares tenían que sufrir además de la ausencia salpicada de rumores, las falsas noticias y especulaciones más variadas, a veces crueles y sin fundamento. La falta de los cabezas de familia desaparecidos dejaba en situación precaria a cuatro esposas y a cerca de veinte hijos. La solidaridad del pueblo no se hizo esperar, y la movilización no perdió fuerza, hasta el punto de que los radioaficionados de la época aunaron esfuerzos para apoyar la búsqueda. El Fausto, sencillamente, había desaparecido sin dejar el menor rastro, pese al obstinado dispositivo aeronaval. Los aparatos permanecían en el aire hasta doce horas diarias y cubrían una inmensa zona, que incluía aguas cercanas al Sahara. Ya la primera desaparición resultó extraña, pues fue localizado en una zona muy alejada de su ruta prevista y se dudaba hasta que hubieran sido conscientes de que se hallaban perdidos tanto tiempo. Ciertamente era bastante raro perder de vista La Palma, que a la sazón es la isla más alta del mundo –en relación a su superficie, la altura es impresionante–, aparte de poseer faros para la navegación y luces en sus núcleos urbanos.

El cuarto tripulante del Fausto, Viterbo Acosta, acudía casi a diario a la Comandancia de Marina para seguir las evoluciones de la búsqueda, como portavoz también de las familias implicadas. En sus propias palabras expresaba que “…los sectores trabajados que me enseñaba el Comandante Militar de Marina de La Palma mostraban una búsqueda ‘más alargada’ que la manera lógica de buscar alrededor. Se podría decir que parecía más que se buscaba a un barco fugado que a uno perdido…”. Finalmente, el Fausto se dio oficialmente por desaparecido el 7 de agosto de 1968, ante la imposibilidad de hallarlo y dar respuesta satisfactoria a sus misteriosas desapariciones.

El Fausto, hallado de nuevo

Salta la sorpresa: el buque italiano Anna di Maio, en un mensaje enviado a través de Radio Triestre, da cuenta del hallazgo del barco aportando su número de matrícula, con lo que las posibles dudas sobre su autenticidad se disipaban. Pero esta vez las noticias eran funestas: el buque italiano había dado con el Fausto a la deriva, en un punto situado a unas 1.200 millas de Canarias y a 1.700 de Venezuela, en las coordenadas 23º 00’ Norte y 38º 30’ Oeste. Según rezaba el mensaje del Anna di Maio, “a las 10.54 horas GMT del día 9 de octubre fue encontrado el batel de pesca Fausto con matrícula TE-2-12-68 a la deriva, con un único tripulante muerto hacía tiempo en la sala de máquinas y junto a un pequeño aparato de radio. El cadáver estaba completamente desnudo y parecía ser el de un hombre joven. No se halló a bordo ningún cuaderno de bitácora, documentaciones, etc”. El mercante italiano procedía a su remolcado hacia Puerto Cabello (Venezuela), uno de los puntos de recalada en su tránsito desde el Mediterráneo hasta el océano Pacífico. Allí sería entregado a las autoridades venezolanas para su curso judicial.

La noticia cayó como un auténtico jarro de agua fría para todos los canarios. Y es que, ¿qué fue de los otros tres tripulantes? ¿Por qué un joven se hallaba desnudo y semi momificado junto a una radio?

El Fausto desaparece por tercera vez

El día 14 de octubre salía publicado un segundo mensaje del Anna di Maio a través de Radio Roma en el que se informaba: “Hoy, 11-Oct., a las 06.30 GMT, 19º 46’ Norte 46º 26’ Oeste perdido batel de pesca Fausto. Causa: supuesto echamiento a pique. Entregaremos papeles descubiertos a bordo al Consulado Español de Venezuela. Capitán PD”. De esta forma finalizaba la extraña singladura del Fausto y comenzaba su leyenda, “desapareciendo” por tercera vez mientras era remolcado, sin la certeza de si se hundió o no, pues el cable con el que lo remolcaban estaba cortado. Para incrementar el misterio, se afirmaba esta vez que se hallaron papeles a bordo, en contradicción con el mensaje anterior. Esos papeles se leyeron en Venezuela en presencia del hermano de Julio García y consistían en un pequeño bloc de notas manuscrito, donde el propio Julio se despedía de su querida esposa, en una tierna y emotiva descripción de lo que debía de hacer con las propiedades y los seguros que tenía suscritos, para que a ella y a su hijo no les faltase de nada. Obviamente era consciente de su suerte y pedía a su mujer que aceptase el destino que Dios tenía para él, solicitándole que por favor, “no le contara nada de lo que le había sucedido a su hijo…”. El hecho de que al bloc le hubieran sido arrancadas las 27 primeras páginas, y de que se despidiera de su mujer en la 28, lleva a pensar que Julio había escrito una especie de diario de lo sucedido a bordo pero, ¿qué pasó realmente? ¿Quién arrancó las páginas del diario? ¿Qué contenían…? Casi cuarenta años han pasado desde aquellos días y las hermosas aguas del oeste de Canarias siguen igual de calladas, esperando el retorno de un barco que se fue sin dejar rastro…

FUENTE: http://www.akasico.com

Deja un comentario