EL ENIGMA DE LAS CALAVERAS VIVIENTES

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PLANTILLA
Originaria del interior de Guinea Ecuatorial, aunque también presente en Gabón y Camerún, la etnia fang es sobradamente conocida por sus características esculturas talladas, repartidas por numerosos museos y galerías del mundo. Sin embargo, el valor artístico de la mayoría de estas piezas ha relegado a un segundo plano el simbolismo que encierran, escasamente conocido lejos de África, que nos remite a extrañas ceremonias de iniciación y a cultos a los ancestros desaparecidos. Uno de estos últimos rituales, conocido como Biere, reúne buena parte de estas creencias.

Antepasados que durante su vida humana crearon las leyes de conducta moral, social y religiosa de los fang, y fundaron las relaciones entre los clanes, los linajes, las familias y los individuos. Ancestros Muertos que eran mucho más poderosos que los vivos, cuyo gran poder se debía, precisamente, al estado de difuntos en que se hallaban, y que seguían dirigiendo desde el más allá la vida de sus descendientes, ayudando y protegiendo a quienes se mantenían fieles a la tradición, y castigando a los transgresores. De ellos provenía la autoridad de los jefes Fang, la cual era superior, por ese motivo, a la que pudiera poseer cualquier hombre vivo por sí mismo. De ellos emanaba la sabiduría, y daban a conocer, a través de la Asamblea de Ancianos, lo que era conveniente para todos.

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Exigencia fundamental de los Antepasados era que se oficiara y mantuviera el culto a sus Espíritus, el Culto del Biere, cuyo mandamiento esencial ordenaba conservar y venerar las reliquias de los difuntos, tanto hombres como mujeres.

Al llegar la muerte de un Fang, se producía la liberación de una fuerza o fluido superior, el Nisim o Espíritu, que abandonaba el cuerpo material, el cual, pasado un tiempo, se concentraba en los huesos y, en especial, en el cráneo, por ser en éste donde residía toda la fuerza y sabiduría de un individuo.

El cráneo del padre, a su muerte, era recogido por su hijo y conservado junto a él toda la vida. Presentándolo más tarde, en un momento determinado, a los hijos mayores: «Éste es el cráneo de mi padre…, nació en… se llamaba… se casó con… tuvo tantas mujeres… luchó contra… tuvo tantos hijos… murió matando a… Y lo que ahora hago yo con este cráneo, lo harás tú después con el mío».

El conjunto de las reliquias de los hombres más importantes de una aldea era el tótem –su Mebara o «Genealogía»– que protegía al poblado y a sus habitantes. Pero no todos los Antepasados pertenecían al Mebara y eran objeto de culto público. Era necesario que el Ancestro hubiera destacado entre los suyos por sus aptitudes, dones y cualidades extraordinarias: en la guerra, en la caza, frente a las mujeres, en la oratoria, en la prosperidad material… Todo individuo que no hubiera sido importante durante su existencia, quedaba excluido del culto Biere…

FUENTE: http://www.akasico.com

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