EL ENIGMA DE LAS LÍNEAS “LEY”

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La red de líneas rectas que une los lugares sagrados megalíticos de Europa, ¿es la reliquia de un sistema de antiguos caminos?. ¿O indica que la tecnología del hombre primitivo estaba más adelantada de lo que suponemos?

Observando el paisaje en Blackwardine, un día de junio de 1921, Alfred Watkins, respetable industrial cervecero de Herefordshire (Inglaterra), tuvo una sorprendente revelación que después describió como “un torrente de recuerdos ancestrales”. Lo que vio fue un diseño totalmente nuevo en el paisaje familiar que le rodeaba: una compleja red de líneas rectas que unían túmulos mortuorios, cimas de colinas, antiguas iglesias y encrucijadas, componiendo “una cadena mágica que iba de cumbre en cumbre en toda la distancia que alcanzaba la vista”.

Watkins, preocupado por salvaguardar su reputación en el pueblo, al principio no dijo nada acerca de su descubrimiento. Cogió mapas y reglas y comenzó a buscar cuidadosamente pruebas que respaldaran su inspirada visión. Una y otra vez, descubrió que las líneas de sus mapas pasaban por la misma clase de lugares, todos antiguos, todos con alguna significación. Fue Watkins quien acuñó la palabra ley para describir esas líneas. Otros las llaman líneas “scemb”, corredores geománticos o, simplemente, alineaciones, pero todos los que creen en su existencia están de acuerdo en los rasgos que las definen.

Watkins decidió la denominación de “líneas ley” a raíz de los estudios que realizó acerca de los topónimos relacionados con las alineaciones. Efectivamente, descubrió que muchos de los nombres de los lugares por los que pasan las líneas –sus hitos, en cierto modo– terminan con las sílabas “ley”, “lay”, “lee”, “lea” o “leigh”. De entre ellas eligió la más común. Watkins sugirió más tarde que podría hablarse también de otros grupos de topónimos, basados en este caso en las sílabas “salt”, “clay”, “tin” y “gold”, e incluso llegó a elaborar una complicada –y bastante confusa– teoría al respecto.

Para identificar las líneas ley, los círculos de piedras –de los que existen unos 900 sólo en Gran Bretaña– constituyen referencias importantes, así como las hileras. Otras piedras erguidas solitarias –más pequeñas, desde luego, que un monolito o un menhir– son también, muy probablemente, hitos de las líneas ley, pero el problema es que no todas aparecen en los mapas: son más pequeñas y difíciles de descubrir, ya que a menudo quedan ocultas en bosquecillos, o se han aprovechado para fabricar cruces de cementerios.

Mojones, túmulos, capamentos prehistóricos y montículos son otro grupo de marcadores de líneas ley. Los más antiguos son los largos túmulos neolíticos, montículos de tierra o creta que pueden tener cientos de metros de longitud y hasta treinta metros de ancho. Un rasgo que permite reconocerlos con facilidad es que un extremo es, en general, más alto que el otro. los túmulos redondos son los más corrientes. A veces, en cambio, se alzan solitarios.

Monolito del cementerio de Rudstone (Humberside, Inglaterra) que mide 7,70 m de altura. Por esta piedra pasa una línea ley, pero no por la iglesia normanda adyacente. (Foto: Janet y Colin Bord).

Monolito del cementerio de Rudstone (Humberside, Inglaterra) que mide 7,70 m de altura. Por esta piedra pasa una línea ley, pero no por la iglesia normanda adyacente. (Foto: Janet y Colin Bord).

 

Los fosos circulares también son puntos ley, porque a menudo resultan de las zanjas que rodean túmulos. Los fosos cuadrados son muy posteriores y, en realidad, no pueden ser considerados como puntos ley “seguros”. Los estanques coinciden a veces con las líneas ley, ya que la luz reflejada por la superficie del agua proporciona un punto de referencia seguro. Estanques y vados no son considerados generalmente como marcadores primarios, pero sí como confirmaciones de la existencia de una línea. Los pozos sagrados constituyen marcadores importantes: con frecuencia indican el punto de partida de una línea ley.

Los castillos y las iglesias primitivas se encuentran con frecuencia sobre leys, porque muchos de ellos fueron construídos en los emplazamientos de montículos o edificios más antiguos. Los castillos, por ejemplo, se construían generalmente en colinas porque eso daba a sus defensores una buena panorámica sobre los alrededores y una sólida posición defensiva. La misma colina era, a menudo, un montículo prehistórico. Las excavaciones en castillos de España, Francia e Inglaterra a menudo han sacado a la luz artefactos que probaban la existencia de asentamientos prehistóricos en el mismo emplazamiento del castillo.

Existen muchas pruebas de que las iglesias reemplazaron y suplantaron santuarios paganos en los mismos emplazamientos. El papa Gregorio se quejó por escrito, a fines del siglo VI, de que los pueblos que no habían recibido la influencia civilizadora de Roma se “habían dedicado hasta ahora a la adoración de maderas y piedras”, pero llegó a la conclusión de que “no era correcto obligar a personas de carácter obstinado a mejorar de a saltos; es mejor hacerlo dando pasos lentos”. Al misionero Agustín se le aconsejó que no destruyera los antiguos santuarios y templos, sino que los modificara, rociándolos con agua bendita –ya que así incorporaba las cualidades curativas de los pozos paganos– y que convirtiera lentamente a los lugareños. Por eso muchas iglesias se alzan sobre colinas construidas por el hombre, o dentro de estructuras circulares de la Edad de Bronce, como las ruinas de la extraña Iglesia de Knowlton, en Dorset (Inglaterra), edificio del siglo XII que se encuentra en el centro de uno de esos recintos religiosos prehistóricos, a 350 metros del pueblo, rodeada por todas partes de otros recintos y túmulos mortuorios.

Los túmulos, muchos de los cuales datan de la época neolítica, son con frecuencia asimétricos, con un extremo más elevado que el otro. Los más corrientes son los de forma circular, que con frecuencia se encuentran agrupados, como muestra la vista aérea de Stoke Winterbourne, en Dorset. (Foto: West Air Photography)
Los túmulos, muchos de los cuales datan de la época neolítica, son con frecuencia asimétricos, con un extremo más elevado que el otro. Los más corrientes son los de forma circular, que con frecuencia se encuentran agrupados, como muestra la vista aérea de Stoke Winterbourne, en Dorset. (Foto: West Air Photography)

A pesar de las pruebas aportadas hasta ahora para demostrar la existencia de las líneas ley, hay quien no cree en la existencia de estos extraños dibujos y alineaciones. Las estadísticas descartan su existencia alegando que en una zona tan variada, tan densamente poblada y con tanta historia como la antigua Europa, una línea recta dibujada en cualquier dirección en un mapa detallado tiene que pasar por antiguos emplazamientos, pozos sagrados, túmulos y otros elementos que los “cazadores de leys” consideran importantes. Los matemáticos prepararon fórmulas y las comprobaron en una computadora, intentando demostrar que las líneas ley son consecuencia del azar. Pero, desgraciadamente para ellos, sus fórmulas les traicionaron. Su análisis demostró que las posibilidades de que una línea ley fuera fruto del azar eran de 1 por 200 para una línea de seis puntos (o sea, para que seis puntos ley significativos y generalmente aceptados coincidieran en una línea recta de no más de 50 kilómetros de longitud). Si hay siete puntos, la posibilidad de una casualidad es de 1 por 1000. Estos resultados se obtuvieron con fórmulas que –en todo caso– habían sido preparadas contra la idea de las líneas ley, ya que muchas alineaciones tienen seis o más puntos en una distancia de 12 a 15 kilómetros.

Los arqueólogos profesionales forman otro grupo que considera totalmente absurda la idea de que un sistema de líneas una los emplazamientos antiguos y sagrados de Gran Bretaña. No sólo han demostrado un total desinterés por esa idea, sino que son hostiles a ella. Cuando se plantea el tema de las líneas ley en entrevistas con arqueólogos se obtienen reacciones muy parecidas a las que debían recibir los primeros que afirmaron que la Tierra era redonda cuando se lo planteaban a quienes pensaban que era plana.

Sin embargo, fue un estudioso de excelente reputación, sir Norman Lockyer, Astrónomo Real, quien a principios de este siglo redescubrió por primera vez una importante alineación. Lockyer descubrió que el eje principal sobre el que está alineada la famosa formación megalítica de Stonehenge –el ángulo del amanecer en el solsticio de verano– coincidía con el poblado neolítico de Grovely Castle. La distancia entre ambos puntos es de 10 kilómetros. Después descubrió que Old Sarum, otro emplazamiento prehistórico situado en la cumbre de una colina, donde se construyó la primera catedral de Salisbury, estaba también a diez kilómetros de Stonehenge, y que la misma distancia separaba Old Sarum de Grovely Castle. Los tres puntos formaban un triángulo equilátero perfecto, demasiado perfecto para ser casual. (Investigaciones posteriores demostraron que las alineaciones iban más allá del triángulo original). Esta fue la primera pista que permitió descubrir la sesión del hombre megalítico con los dibujos y los números, obsesión que quedaba plasmada en el paisaje donde vivía.

Pero, al margen de las observaciones de tipo arqueológico-geográfico, existen otras evidencias que pueden apoyar la existencia de las líneas ley. La radiestesia –capacidad que algunas personas tienen para detectar las radiaciones emitidas por ciertos elementos naturales– desempeña un papel importante en este sentido. En algunos lugares del mundo, los zahoríes han recibido un tratamiento reverencial, por ejemplo los geománticos en China. Armado con su varita o su péndulo, el zahorí actúa como un conductor de la fuerza telúrica y logra descubrir si ésta es positiva o negativa.

Además, permite vincular los aspectos práctico y místico del tema. Al “cazador de leys” le resulta útil que el zahorí corrobore o desmienta las deducciones que ha obtenido previamente a base de mapas y cálculos arqueológicos.

Actuando con un péndulo o una cuerda, puede colocarse junto a un marcador ley y explorar sistemáticamente el suelo de los alrededores, de manera que la reacción de su instrumento le indique el tipo y la dirección de la energía que se desprende de la tierra. Ocasionalmente, sucede que un zahorí descubre las señales procedentes de un marcador ley que había sido desplazado de su lugar originario. Otras veces, ha reconocido, en lo que parecían no-alineaciones deliberadas, un sistema subsidiario de otro sistema de alineaciones principal, al notar que la corriente fluía desde esos lugares hacia un punto determinado, aportando una mayor intensidad de energía.

En cuanto a la explicación que puede tener esa emisión de energía que parece estar en la base de las líneas ley, una de las teorías más originales es la que conecta la fuerza telúrica con el “orgón” que el psicoanalista heterodoxo Wilhelm Reich aseguró haber “aislado” como fuerza pura, subatómica y primaria. Construyó una “cámara orgónica” construida a base de capas alternadas de materia orgánica e inorgánica, en el interior de la cual la energía del orgón se intensificaba siguiendo un esquema en espiral. Si una persona se sometía a la irradiación en una cámara orgónica –aseguraba Reich– la energía bloqueada de su cuerpo volvía a fluir, revitalizando el sistema nervioso.

   Cámara Orgónica de Wilhelm Reich (Foto: Topham)
Cámara Orgónica de Wilhelm Reich (Foto: Topham)

 

Muchos monumentos megalíticos, como el de Newgrange (Irlanda) o el de Silbury Hill (Inglaterra), estaban construidos, precisamente, con capas cuidadosamente diferenciadas de tierra y de yeso –materia orgánica e inorgánica–. Newgrange pertenece a una alineación que incluye también un menhir y un túmulo; Silbury también se sitúa en la línea ley. Se ha sugerido que en esos antiguos lugares sagrados, podrían generar una especie de energía parecida a la fuerza orgónica de Reich, y que el hombre de la época megalítica podía haber empleado esos monumentos para una revitalización espiritual. Como es lógico, esta energía podría expandirse a través de las líneas ley.

Se ha dicho que algunos monumentos, como el de Newgrange en Irlanda se utilizaban también para producir energía. (Foto: Janet y Colin Bord)

Se ha dicho que algunos monumentos, como el de Newgrange en Irlanda se utilizaban también para producir energía. (Foto: Janet y Colin Bord)

 

La investigación prosigue, y las hipótesis –moderadas, descabelladas, quizás correctas– se suceden. Expertos en estadísticas, programadores de computadoras, ingenieros, filósofos, zahoríes, videntes y ufólogos también tienen que decir algo al respecto –además de los arqueólogos y geólogos– y cada uno de ellos aporta su grano de arena al esclarecimiento del misterio. De momento sólo se acumulan datos, se hacen deducciones… Pero lo cierto es que ninguno de los que se han introducido en el mundo de las líneas ley con honradez y seriedad niega su existencia.

FUENTE: http://movimientochamanico.wordpress.com

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