EL EXTRAÑO CASO DE JOE SIMONTON, EL HOMBRE QUE RECIBIÓ UNOS PANQUEQUES EXTRATERRESTRES

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PLANTILLA

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El 18 de abril de 1961, en Eagle River (Wisconsin), Joe Simonton de 60 años, que vivía solo, en una granja en las afueras de la ciudad, tuvo un encuentro muy singular con unos particulares “extraterrestres cocineros”. Sobre las 11:00 horas de la mañana, Simonton desayunaba plácidamente cuando escuchó un extraño ruido parecido “al de un neumático con protuberancias sobre un pavimento húmedo”. Inmediatamente, a través de la ventana, el testigo observa el aterrizaje de un objeto metálico en su patio.

Se trata de un artefacto cromado, extremadamente brillante, de 9 metros de diámetro y 3,5 metros de altura. Tenía forma de dos tazones invertidos y tenía “tubos de escape” por toda su periferia central. El objeto no llegó a tocar el suelo y se mantenía flotando a escasos centímetros del mismo.

De este vehículo salieron tres pequeños hombres con uniformes azules de cuello de tortuga con cascos de emergencia. Uno de los visitantes extiende una jarra plateada similar al material de la nave, haciendo el gesto a Joe de que la llene, sin decir una palabra.

Joe va por el agua y llena la jarra. Mientras tanto eccucha el sonido de algo siendo cocinado al interior de la nave. Los extraterrestres le ofrecen 4 panqueques a cambio del agua. Joe los prueba, y luego relata que saben a cartón quemado. Los extraterrestres regresan a su nave, despegan y desaparecen para siempre.

Al mismo tiempo de este bizarro encuentro, cerca de ahí, Savino Borgo está manejando por la carretera 70 en Wisconsin y reporta observar un OVNI de forma de platillo volador.

El testigo se aproximo al artefacto y, de pronto, se abrió una compuerta. En el interior del OVNI, Simonton observó a 3 tripulantes de tez oscura, pelo negro y de entre 25 a 30 años de edad. Tenían una altura de 1,5 metros, y con un peso de unos 56 kilos. Usaban trajes negros o azul marino, con camisa de cuello de tortuga y cascos de tela. Simontón dijo a la prensa que estaban bien afeitados y que parecían “de ascendencia italiana”.

Uno de los ocupantes le entregó al testigo una jarra “metálica” con dos asas que parecía estar hecha del mismo material que la nave, indicándole con gestos que necesitaban agua para beber. Para ello el humanoide se llevaba la jarra a la boca imitando que bebía de ella. Como buen anfitrión, Simonton accedió a la petición y fue a llenar la jarra de agua, que pesaba mas que el aluminio y menos que el acero, a su casa.

El testigo dijo que: “era una cosa hermosa, una jarra termo como una botella pero muy diferente a cualquier jarra que he visto aquí”. Al volver, observó que en el interior del artefacto, había un tripulante ocupado en una parrilla de cocina, haciendo “galletas” (nuestros colegas anglosajones utilizan el termino pancakes, aunque en realidad era una especie de “tortita”). No vio fuego en la parrilla.

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Cuando le entregó la jarra Simonton tuvo que apoyarse en el objeto. El interior del artefacto era de color negro mate y había 3 “tableros de instrumentos” parecidos al hierro forjado. El testigo dice que escucha un suave ruido parecido al de un generador eléctrico. Simonton, con gestos, pidió galletas a los “italianos”.

El “cocinero” que tenia rayas rojas en los pantalones, le entrego 4 galletas, aún calientes, de unos 7´5 centímetros de diámetro, con pequeños orificios. Éste humanoide le tocó ligeramente la frente a Simonton en un gesto de agradecimiento por su colaboración, o al menos asi lo interpretó el testigo. “Por último, –escribe Jacques Vallée en su libro Pasaporte a Magonia- el individuo más próximo al testigo aseguró una especie de cinturón a un gancho que llevaba a su traje y cerró tan perfectamente la escotilla que a Simonton le costó trabajo distinguir su contorno”.

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Inmediatamente la maquina se elevó, en un ángulo de 45 grados, a 6 metros de altura sobre el suelo y se alejó a gran velocidad hacia el sur, provocando que las copas de unos pinos cercanos se doblaran, pero sin provocar ningún tipo de rastro visible sobre ellos. La experiencia duró 5 minutos. Simonton comió una de las galletas en aras de la ciencia, y dijo a los periodistas que “sabía a cartón”.

En la revista Flying Saucer Review (1962) así como en una entrevista para televisión, Joe Simonton dijo que los seres poseían una mirada muy profunda, penetrante, y que no podía mirarlos mucho tiempo directamente a los ojos.

Éste detalle de la “mirada profunda” es sustancial (para la “veracidad” de la experiencia) ya que posteriormente sería un referente en muchos encuentros cercanos registrados en el mundo, sobre todo en los episodios de abducción.

Simonton entrego una de las galletas al juez del condado de Vilas, Frank Carter, que era un declarado entusiasta de los OVNIs y miembro del NICAP (National Investigations Committee on Aerial Phenomena), pero al parecer la famosa agrupación no tomó demasiado en serio el asunto.

El policía Schroeder, que conocía a Simonton desde hacía 15 años, afirmó que: “obviamente creía en la verdad de lo que decía”. La USAF investigó el asunto, analizando una de las galletas en el “US Departament of Health, Education and Wefare´s Food and Drug Laboratory”.

El resultado; “Grasa hidrogenada, almidón, trigo sarraceno, soja y salvado de trigo. Las bacterias y las lecturas de radiación eran normales para este material. Química, infrarrojo y otros ensayos de tipo destructivo se ejecutan en este material… un pancake ordinario de origen terrestre”.

En el lugar del supuesto encuentro no se encontraron ningún tipo de evidencias...
En el lugar del supuesto encuentro no se encontraron ningún tipo de evidencias…

Aunque Loren Coleman señalaba en un articulo titulado “High Strangeness: Space Pancakes” que el investigador Ray Rath indicaba que: “Se rumorea, sin embargo, que el trigo en el pancake era de un tipo desconocido.”

En el informe de la USAF se especificaba que Joe Simonton: “responde a las preguntas directamente, no se contradice, insistió en que los hechos son exactamente como él dijo y se negó a aceptar los adornos o modificaciones. Dijo que estaba seguro de que no le creerían, pero que no le importaba.

Dijo simplemente que sucedió esto y eso fue todo”. Ademas indicaba que el suceso no tenía explicación. Por su parte el investigador John Keel en su libro OVNI: Operación Caballo de Troya comentaba que: “Alrededor de ese mismo tiempo, un agente de seguros llamado Borgo Savino estaba conduciendo a lo largo de la carretera 70, a unos 600 metros de la granja de Simonton, cuando vio lo que más tarde describió como un platillo que se elevó en diagonal en el aire y volaba paralelo a la carretera”.

Un detalle interesante del análisis practicado a la galleta indicaba que no contenía sal. Jacques Vallee, en su magnifico libro Pasaporte a Magonia, comparaba este “regalo culinario” con los alimentos de las hadas que no debían contener sal.

El Dr. Joseph Allen Hynek, junto al mayor Robert Friend, aseguró que el testigo decía la verdad, pero que todo era producto de una “ensoñación” lucida mientras se preparaba el desayuno. Simontón se arrepintió de contar su experiencia al público, sufrió continuas burlas y bromas de sus vecinos y de la prensa.

El paradero de las misteriosas galletas:

1.- Ingerida por Simonton.

2.- Entregada al NICAP.

3.- Entregada a la USAF (Expuesta en la Base de la Fuerza Aérea Wright-Patterson).

4.- En poder del propio Simonton (Aunque al parecer ésta ultima acabó en manos del investigador Barry Greenwood).


SOBRE “SUEÑOS LUCIDOS”, GALLETAS Y ENCUENTROS CERCANOS

Estoy de acuerdo, en parte, con el planteamiento del Dr. Hynek al afirmar que el testigo tuvo una “experiencia cercana al estado onírico”, pero indudablemente su encuentro tenia un carácter “físico”, “real” y tangible, originado por un “agente externo” a la mente de Simonton.

La psique del testigo sirve para añadir (sumar) elementos cotidianos al supuesto aterrizaje de un OVNI. Resulta especialmente extraño que una nave espacial tenga una parrilla para cocinar, además de estar tripulada por “turistas italianos” que regalan galletas y tienen jarras de agua.

Sin duda todos estos aspectos, son el resultado de un complejo fenómeno de distorsión, que surge de la unión de la mente de Simonton y el “agente externo”. Es recurrente, que en multitud de incidentes con los tripulantes de los platillos volantes, éstos pidan agua a los sorprendidos testigos.

De alguna forma este “arquetipo” tranquiliza a los observadores que dentro de un contexto extraordinario son capeces de reconocer comportamientos, objetos y acciones completamente mundanos.

Por ejemplo, Simontón había trabajado de fontanero, y es muy “sospechoso” que el OVNI estuviera rodeado de tubos. Además, el artefacto mas bien parecía un “remolque” donde preparan comidas rápidas, tan habituales en los Estados Unidos, que una nave espacial…

Si los sueños normales suelen tener aspectos y elementos inexplicables, absurdos y difíciles de entender, hay que imaginar el resultado de la unión del inconsciente de un testigo y la manipulación de un agente desconocido en naturaleza y propósito, que incluso tiene capacidad de crear materia.

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Resulta cuanto menos sospechoso, que un fontanero, observara multitud de “tubos” en la periferia del OVNI… De nuevo queda patente que el inconsciente del testigo contribuye en la elaboración de un encuentro OVNI. Además se da la circunstancia que tanto Simonton, como los tripulantes del artefacto se encontraban desayunando..

 

Cuando se produjo el aterrizaje OVNI de Eagle River, el “agente externo” sintonizó el inconsciente de Simonton, y éste seguramente hubiera deseado un encuentro con gente normal, hospitalaria, que cocina en su nave espacial galletas para desayunar como cualquier vecino. Este mismo detalle (galletas), sustancial en la experiencia, imposibilita que mucha gente crea en el testimonio de Simonton.

Las risas y la incredulidad están garantizadas.

Por tanto, la “distorsión” conlleva asociada una inherente capacidad de absurdo e imaginario imposible (seña de identidad de muchos encuentros con OVNIs) que permite que el fenómeno se mueva entre lo real y lo extraordinario, entre la vigilia y el sueño.

Las galletas no tenían nada de especial, en tanto y cuanto todo se produce a nivel de nuestro universo conocido y privativo.

Pero sin embargo, analizando en su verdadero interior nos daremos cuenta que son producto (las galletas) de una distorsión de nuestra realidad y que conlleva, junto a sus ingredientes mundanos, un mensaje subliminal mas importante y trascendente. Un mensaje que, aún, no sabemos descodificar.

http://caravaca101.blogspot.com/

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