El Idioma de Las Estrellas y el Código Secreto de Los “Angeles”

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El libro que Vd. tiene en sus manos forma parte de una serie de tres obras cuya meta es la de reportar un gran fragmento de los anales Gina’abul, para Vds. las divinidades mencionadas sobre las tabletas mesopotámicas.

No tengo la pretensión de pedirles que crean en mi palabra, sobre todo porque las informaciones propagadas en esta serie son – a primera vista – redactadas en forma de novela, a excepción de las notas en pié de página y leyendas que acompañan las ilustraciones.

Sin embargo, un elemento original va a sostener y reforzar mis propósitos a lo largo de nuestro caminar a través el pasado lejano de la historia Gina’abul y de la humanidad. Esta información ignorada a este día les permitirá comprender bastantes aspectos escondidos de la historia del mundo. Vds. van a ver que una parte del Gilimanna (lit. el Bestiario Celeste) utilizaba un código que sirvió para comunicarse con el conjunto de los pueblos de la Tierra, sus lejanos ancestros.

Este código se encuentra en diferentes lenguas de las grandes civilizaciones del pasado y testifica de una antigua fuente común, la de los Gina’abul. Gracias a este código, buen número de temas universales van a esclarecerse súbitamente en un nuevo día.

Prácticamente todas las lenguas antiguas de la Tierra están codificadas y se traducen gracias a los valores fonéticos de las sílabas Gina’abul que encontramos a la vez en el sumerio y el akadio. Esta información es totalmente nueva a vuestros ojos. Evocaremos continuamente esta codificación que se transparenta en numerosas lenguas y su razón profunda será tratada en el volumen 2 de la presente serie.

La opinión científica tiene tendencia a admitir la existencia de cerca de 300 familias lingüísticas que datarían del principio de la era cristiana.

Un poco más lejos en el tiempo, la hipótesis de unos cincuenta grupos en los alrededores de -5000 años se abre camino, pero no es aceptada por toda la comunidad científica. Mas allá, algunos hablan de «super-familias lingüísticas» y estiman que hacia -10000 años eran unas quince, pero aquí todavía, esta teoría ocasiona bastantes debates. Siempre es así que cuando más nos atrasemos en el tiempo, más resultaremos sistemáticamente enviados hacia una lengua universal, una lengua original.

Por lo que yo sé, las pesquisas llevadas hasta este día en lo que concierne a la investigación de una probable lengua antigua universal, o proto-lenguaje, se han concentrado a menudo sobre el parecido entre las palabras de diferentes lenguajes y prácticamente nunca sobre su formación a partir de un silabario o léxico original que hubiera servido para construir las lenguas de las civilizaciones antiguas.

La razón de este olvido se explica por el hecho de que es totalmente impensable para la comunidad científica el imaginar que una civilización madre habría sido responsable, entre otras cosas, de la elaboración y desarrollo de las grandes familias de lenguas habladas en el mundo.

Si los lingüistas se hubieran concentrado mejor sobre el método de comparación léxico multilateral, sin duda habrían notado la singularidad del silabario sumero-asiro-babilónico y el hecho de que constituye la base misma de las diferentes y principales palabras de numerosos lenguajes antiguos como el árabe, el chino, el dogón, el egipcio, el griego antiguo, el hebreo, el indú, el hopi, el japonés, el latín, las lenguas germánicas y muchos otros ….

La probabilidad de poder traducir dos o tres palabras de varias lenguas antiguas gracias a los valores fonéticos de las sílabas sumero-asiro-babilónicas es viable, pero no la de poder traducir la casi totalidad de las palabras claves de numerosas lenguas antiguas, y esto, aportando a cada vez definiciones similares en el sentido de la palabra original, véase una definición complementaria. Podrán apreciar y juzgar por Vds. mismos la exactitud de todas estas informaciones a lo largo de su lectura.

La lengua sumeria es un verdadero misterio para los lingüistas por dos razones esenciales:
ésta engloba un sistema que fue totalmente formado desde su aparición y que no ha sufrido más que algunos arreglos a lo largo de los tiempos
ésta no pertenece a ningún grupo lingüístico conocido.
Sin embargo el acadio – lengua hablada en el norte de Mesopotamia y estructurada a partir de las silabas sumerias – es el ancestro del asirio y del babilonio, perteneciendo ellos mismos a los grupos semíticos como el hebreo y el árabe.

La escritura cuneiforme mesopotámica combina signos en forma de clavos triangulares (o Santak en sumerio) grabados hace varios milenios sobre tabletas de arcilla por medio de una caña tallada en bisel. Esta lengua es difícil traducir e interpretar a partir de esos signos, porque es principalmente ideográfico, es decir que cada signo representa una imagen que posee un significado concreto o abstracto.

El Sumerio es un lenguaje llamado aglutinante que junta entre ellas partículas pre o pospuestas (partículas colocadas antes de o después de) a raíces nominales o verbales generalmente invariables.

Algunas de éstas partículas funcionan como ideogramas (figuración precisa de algo), o como signos que tienen valores fonéticos diferentes y que sirven para notar las vocales (A, E, I, U), los diptongos (Ğ = GN…), las silabas simples (AB, BI, MA, RU…) o las silabas complejas formadas por una vocal encuadrada con dos consonantes (BAD, GUL…). Existe un signo diferente para cada nombre, cada verbo y adjetivo.

El número total de cuneiformes distintos inventariados por los especialistas se avecina aproximadamente a los seiscientos signos diferentes.. Esta cifra engloba los valores fonéticos e ideográficos de los signos sumerios, acadios, asirios y babilónicos, pero no tiene en cuenta el número de valores fonéticos y las variaciones posibles que son muchos más altos.

Nosotros, responsables de la codificación de las lenguas de la Tierra, no hemos hecho nunca distinción entre el conjunto de estos valores ideográficos, porque éstos emanan de un mismo dialecto original a partir del cual fueron fabricados todos los idiomas propios de nuestros sub-grupos o sub-razas. Nosotros llamábamos este lenguaje particular Emešà, litt. «lengua matriz»1.

1. O también el “corazón del lenguaje”, no confundir con el Emesal, idioma éste también exclusivamente femenino, implantado tardíamente, en la época paleo-babilónica.

En su origen ese lenguaje fue inventado y ensamblado por nuestras sacerdotisas. El «lenguaje matriz» era un dialecto secreto exclusivamente femenino cuyo vocabulario les estaba prohibido a los varones, particularmente al subgrupo llamados Anunna.

En contrapartida, el conjunto de los varones de nuestra especie se comunicaba en Emenita, litt. «lengua masculina», que corresponde al sumerio para sus especialistas. Nuestras sacerdotisas practicaban igualmente el Emenita, que ellas misma habían confeccionado, y lo empleaban a diario para comunicarse con la gente masculina Gina’abul.

En estas condiciones, y con el riesgo de escandalizar a más de un experto en Antiguo Oriente, el asirio y el babilonio no resultan de una evolución de la lengua sumeria como piensan vuestros especialistas, pero de idiomas voluntariamente implantados por algunos de los nuestros a partir del Emeša («lengua matriz»). Sólo la escritura cuneiforme en sí misma, redactada sobre las tabletas por los pueblos de Mesopotamia, ha conocido efectivamente una neta evolución según las regiones, pero no el lenguaje.

La escritura primitiva sumeria fue introducida entre 4000 y 3500 AC., gracias a la aparición de signos arcaicos o pictogramas teniendo el aspecto de los objetos mismos.
Estos pictogramas fueron creados en su origen con el único objetivo de contabilizar el conjunto de riquezas de los «dioses» en el país de KALAM (Sumer), y evolucionaron después hacia la famosa escritura cuneiforme. Los diferentes lenguajes creados a partir del silabario Emešà («lengua matriz») han sido simplemente modificados o reemplazados, pero no han evolucionado. ¡Insisto, sólo la escritura ha evolucionado!

Los Hombres de este planeta se expresan con claridad desde el alba de la humanidad y Vds. descubrirán que éstos hablaban todos diferentes idiomas estructurados a partir del Emešà («lengua matriz») con la cual, entre otros fue confeccionado el Emenita («lenguaje masculino»), para Vds. el sumerio.

Como ya lo mencioné anteriormente, los Gina’abul originales repartidos sobre la Tierra estaban en profundo desacuerdo entre ellos. Los numerosos idiomas dispersados sobre el conjunto del globo resultan de este desacuerdo intestinal y milenario. Nos han hecho falta verdaderos diccionarios especialmente concebidos por cada etnia para poder pretender comunicar con sus ancestros.

Pero la tarea más ingrata para la facción de la cual yo formé parte, fue la de recrear sistemáticamente nuevos términos si algunos eran descubiertos por nuestros enemigos consanguíneos.

La tarea no fue sencilla, y los idiomas un poco ingratos para traducir, creaban a veces dialectos de prolongación, pero esto nos permitió despistar durante numerosos milenios el sub-grupo llamado Anunna, mayoritario en vuestro planeta. Los inmigrantes humanos llamados Sumerios2 llamaban a nuestro lenguaje corriente (el Emenita de los Gina’abul) Emegir, litt. «lengua principesca» y a veces Emean, litt. «lengua del cielo».

Este lenguaje, generalmente formado por dos raíces invariables (nominal y verbal) sobre las cuales se fijan diferentes sufijos y prefijos.

Produce una articulación gramatical sofisticada y ofrece al final un dialecto muy refinado. En contrapartida , nuestros idiomas fueron voluntariamente elaborados de una manera netamente arcaica, dándoles un aspecto argótico en comparación a nuestra lengua corriente. El código está siempre presente en los lenguajes antiguos de la Tierra, sucede a veces que algunas consonantes hayan cambiado ligeramente con el tiempo, pero esto no es frecuente.

Vamos a hacer una pequeña demostración con dos términos sacados de diferentes lenguas. Las convenciones gramaticales Gina’abul-sumerias3 implican que la cadena verbal sea colocada al final de una frase. En nuestra codificación. El caso es muy raro, ocurre también a veces que el verbo esté al principio de una terminología; este intervalo fue premeditado de manera a perturbar la descodificación.

Las normas gramaticales no son las mismas y han sido simplificadas.

2. Veremos en la segunda y tercera obra que los Sumerios no eran originales de Mesopotamia.

3. Con el fin de facilitar su comprensión, cuando evoquemos el lenguaje Gina’abul, más precisamente el silabario Emešà (la “lengua matriz” englobando las partículas sumero-asiro-babilónicas), lo nombraremos simplemente “lenguaje Gina’abul-sumerio”, “silabario sumero-acadio” o “Emešà”. ¡Estas tres terminologías evocan estrictamente la misma cosa!

Los términos son sistemáticamente invariables, y los sufijos y prefijos han sido generalmente eliminados de forma a no encontrarnos con expresiones desmesuradamente largas y sobre todo para ir derecho al grano…

En su origen este código servía a comunicar sucintamente y clandestinamente con los humanos.

En la mayoría de casos que nos ocuparán, traduciremos términos o palabras específicas, dónde las normas de traducción son más simples que para las frases completas de las lenguas Emešà («lengua matriz») y Emenita («lengua masculina»). Siendo las traducciones de las palabras efectuadas a partir de dos, tres, a veces cuatro sílabas, un simple principiante podría hacerlo fácilmente.

Lo importante en el lenguaje Gina’abul-sumerio es conocer el contexto de las situaciones, sólo la circunstancia específica de una situación hace que un término sea construido de tal o cual forma. Nosotros, Gina’abul rebeldes – Amašutum, Nungal y Abgal – conocemos el contexto de las palabras y las llaves de diferentes partículas que servían a crear los términos que volvemos a encontrar hoy en el sumerio.

La traducción de ciertas palabras es incómoda cuando estas últimas están fuero de su contexto, sobre todo cuando sabemos que el lenguaje Gina’abul-sumerio posee conceptos y realidades que no tienen mucho que ver con los de vuestra sociedad actual… esto hace toda la diferencia, y es también por esta razón que Vds. no han podido jamás descifrar nuestra codificación…

La complejidad de la lengua Emenita («lenguaje masculino» = lenguaje sumerio), utilizada por los Sumerios, reside esencialmente en sus numerosos la largura o la fuerza fonética. Con el fin de diferenciar los numerosos signos cuneiformes homófonos de las tabletas desenterradas en Mesopotamia, el asiriólogo francés F. Thureau-Dangin puso a punto, al final de los años 1920, un sistema de acentos y de numeración por cada signo.

Tomemos un ejemplo concreto con la partícula KU:
KU: fundación
KÙ: metal, santo, sagrado
KÚ: alimento
KU4: entrada, introducir
KU5: cortar, trinchar
KU6: pescado
KU7: suave
Veamos lo que nos da el término «rey» en árabe, en latín, en lengua lingala de África, en hebreo, en japonés y en kurdo.

Pequeña información útil antes de sumergirnos en este ejercicio, cuando una palabra Gina’abul-sumerio (sumero-akadio) evoca a una persona o un lugar, se admite generalmente de expresarlo al comienzo con «el que (la que)…» o «el lugar de…»:
El rey se dice Malik en árabe. Analizado en sumerio, nos va a dar MA (establecer, colocar), LIK (príncipe, sacerdote, inspector), o sea MA-LIK: «el príncipe que establece».

El rey se dice de varias formas en latín, como Regis o Egis. Este término traducido gracias a los valores fonéticos sumerios nos va a dar RE, (guiar, conducir, llevar), E (hablar, hacer), GIŠ (cetro, árbol), esto nos da RE7-GIS

En lingala de África, más precisamente en lengua Gabón, del Zaire, del Congo y del Sur de Camerún, el rey se dice Elwa. En el lenguaje de los «dioses», esto nos dará EL (ser alzado, ser puro), Wa (ofrecer, dar), o sea EL-WA, litt. «el alzado que ofrece». Vista la función principal del rey, adivinamos fácilmente que éste ofrece presentes a los «dioses».

En hebreo, el rey se llama Melek. Analizado en la lengua Gina’abul, esto nos dará MEL (voz, garganta), no existiendo la partícula EK en sumerio, podemos suponer una ligera modificación en el tiempo. Optemos por reemplazarla por EG (ordenar, hablar, hacer), esto nos da ME-LEG «aquél cuya voz ordena».

En Japón, rey se dice Kokuô. Sabiendo que en Gina’abul-sumerio la «o» no existe y que se admite comúnmente que la vocal «u» es la que más se le acerca, esto nos dá KUKU-Ú «el anciano a cargo».

Finalmente, en kurdo, el rey se llama Pasha. Analizado en Pa (declarar, jurar, conjurar), SA6 (bueno, bello, favorable) esto nos da PA-SA6 «el bueno que declara o conjura».
Asombroso, ¿verdad?

Quizás algunos de ustedes encuentren esto interesante, pero no por ello estén totalmente convencidos.

Tomemos otro ejemplo notable y sin lugar a dudas uno de los más bellos que sean: la mujer. La mujer es fuente de vida, es, desde luego, la que engendra los niños pero ella era igualmente para los antiguos «¡aquella que transmite a la vez potencia y entendimiento!», tema totalmente olvidado hoy, pero que no dejaremos de evocar y desarrollar a lo largo de las tres obras.

Esta ideología no deja desde luego de recordar la transformación de Adam en el jardín de los «dioses»:
En lenguaje Duala de África (en el Camerún, sobre el estuario del Wuri), la mujer es llamada Múto, en sumerio: MU (empujar, hacer crecer, aparecer) o MU10 (mujer, hembra), no existiendo la «o», «to» es obligatoriamente TU (recién nacido, dar nacimiento, alumbrar, engendrar), esto nos da: MU-TU «aquella que hace crecer al recién nacido» y también MU10-TU «la hembra que alumbra o engendra».

Para aquellos que no lo saben precisaremos que la mujer no siempre engendró en el pasado, lo que explica que ésta sea súbitamente obligada a engendrar en el dolor después de la «falta» en el Edén, veremos esto en detalle en el momento oportuno.

En Indonesia la mujer se llama Wanita. El análisis de este término en la lengua de los «dioses» da: Wa (ofrecer, dar), NÍ (cuerpo, hombre, fuerza, potencia), TA ( naturaleza, tipo, género, carácter), es decir: WA-NI-TA ¡«aquélla que da la naturaleza del cuerpo» o «aquélla que ofrece el carácter del hombre» o más aún «aquella que ofrece un tipo de potencia»!…

En Quechua (lengua de los países andinos como el Ecuador, Bolivia y Perú) e igualmente en aymara (lengua del sur de Bolivia, de una parte de Argentina y de Chile), la mujer se pronuncia Wuami. Analizado gracias al silabario Gina’abul-sumerio, esto da WU (esta partícula se confunde con el GEŠTU sumerio y posee el mismo sentido: entendimiento), AR (aclarar, marcar, brillar), MÌ (destino, , nosotros, nuestro ser,, carga, responsabilidad), o sea: WU-AR-MI «aquella cuyo entendimiento nos aclara» o todavía «aquella cuyo entendimiento marca los destinos» etc.…

La mujer se llama Sèt o Zet en egipcio, o sea: SÈ o SÌ (pequeño, débil), ZE o SÉ (vida), ET (esta partícula se confunde con el Á sumerio y posee el mismo signo arcaico y sentido: fuerza, al lado, presagio), lo que da SÈ-ET «aquella que está al lado del pequeño» y ZE-ET «la fuerza de la vida».

En armenio la mujer se llama Guïn. Analizado se traduce en GU7 ( nodriza, alimento, ofrendas de alimentos) IN5 (dama, hermana), o séa «la hermana-nodriza» o «la dama de las ofrendas de alimentos».

En los indios Hopi de Arizona, existe un antiguo término para llamar a la mujer: Tumasi . Su análisis sumerio es el siguiente: TUM (trabajo, acción), A5 (fabricar, hacer, colocar) o Á (fuerza), SÍ (pequeño, dar), esto nos dá: TUM-Á5-SI «aquella cuyo trabajo fabrica al pequeño», pero también TUM-A-SI «aquella cuya acción dá la fuerza»!

Vds. notarán que las nociones son siempre las mismas: niño, potencia, alimento, entendimiento, pero ¿dónde nos lleva esto? Terminemos con Wu’uti término hopi utilizado normalmente para llamar a la mujer: WU (entendimiento), Ú (planta, alimento, poderoso, carga), TI (vida), o sea WU-Ú-TI «la de la planta del entendimiento y de la vida» o también «la del alimento de la vida y el entendimiento»… ¿no somos una vez más directamente remitidos al corazón de la ideología edénica?

En este preciso ejemplo, Vds. encaran, a la vez, el mayor secreto que haya sido jamás ocultado a la humanidad y el código que desconcertó a la facción Anunna durante numerosos milenios…
¿Podríamos, con estos simples ejemplos, hablar de azar?

La respuesta es: no, con seguridad ¡NO!

Vayamos más lejos y entremos por unos instantes en el lenguaje bíblico, el del Antiguo Testamento.

En el Génesis, el hombre y la mujer están respectivamente designados con los nombres de Ish (hombre) e Ishsha (mujer) antes de llamarse Adán y Eva. Con disgusto para los lingüistas, la partícula Ish no pertenece al hebreo sino al Emešà – más precisamente el antiguo asirio a los ojos de los expertos. La sílaba IŠ7 (Ish) significa anciano, ancestro.

El primer hombre del Génesis es bien el anciano, más precisamente ¡vuestro ancestro! La partícula sumeria ŠA expresa a la vez el corazón, las entrañas y una matriz. Asociada a IŠ7, Ishsha (la mujer) nos da IŠ7-ŠA, litt. «el corazón del ancestro», «la matriz del ancestro», o «la de las entrañas del ancestro» …

¿Nos recuerda esto algo?

El Génesis indica en Gen. 2,21 que Ishsha (la mujer) fue sacada del costado de Ish, lo que nos deja creer que el hombre era anterior a la mujer. Esta información no es exacta del todo, pues Ish e Ishsha (con más exactitud IŠ7, e IŠ7-IŠA) fueron creados a partir del ser humano primordial andrógino que vivía sobre la Tierra mucho antes de la llegada de los Gina’abul que cambiaron el código genético humano.

Además, numerosas tradiciones en el mundo reportan que el Hombre primordial era andrógino o hermafrodita.

Los rabinos que se encargaron de compilar los textos del Génesis a partir de las tradiciones mesopotámicas encontradas en Babilonia durante el exilio de los hebreos entre -586 y -539, descubrieron el embarazoso andrógino primordial IŠ7 (el ancestro) y no pudieron suprimirlo totalmente. Gracias a una sutil maniobra, el ancestro, masculinizado se transformó oficialmente en Ish (el hombre) y se confundió definitivamente con él.

Cuando los «dioses» de las tradiciones mesopotámicas transformaron el código genético del ancestro primordial andrógino (IŠ7), éstos partieron a éste último en dos y crearon así un hombre y una mujer. La manipulación quirúrgica ejecutada sobre el hombre no aparece en el texto del Génesis, porque IŠ7 (el ancestro andrógino) se metamorfosea en Ish (el hombre), pero la de la mujer es manifiesta.

El pasaje Gen. 2,21 no deja ninguna duda posible:
«Entonces Yahvé-Elohim hizo caer un sopor sobre Ish que se durmió. Cogió una de sus costillas y cerró la carne en su lugar. Entonces de la costilla que le sacó a Ish, Yahvé-Elohim formó a Ishsha y se la llevó a Ish. Entonces éste gritó: Esta es huesos de mis huesos y carne de mi carne, será llamada Ishsha»…
Es decir IŠ7-ŠA «la de las entrañas del ancestro», gracias al sumerio y más precisamente al Emešà («la lengua matriz»), ¡todo se explica!

La serie «Las Crónicas del Ğirkù» demistificará numerosos términos que quedaron incomprendidos por medio de una sutil manipulación realizada por una ortodoxia milenaria sobreprotegida. Una nueva comprensión en lo concerniente a la historia de la humanidad se perfilará a lo largo de vuestro caminar por los meandros del saber ocultos de los antiguos. Vds. sabrán absolutamente todo sobre el auténtico Génesis de la humanidad y sobre sus orígenes.

Un gran número de autores han estudiado tanto las tabletas y manuscritos del Antiguo Oriente que ya todo parece haber sido dicho sobre el tema. ¿Lo creen Vds. verdaderamente?

traducción de Luna Azul
Noviembre 11, 2008
del Sitio Web CompuChile

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