EL RUIDO BLANCO

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Es verdad que el ser humano tiene contacto con lo más profundo del cosmos. Para ello le basta con encender un televisor y sintonizarlo en un canal que no capte señal alguna para poder ver y escuchar algo llamado “ruido blanco”, el cual tiene su origen en la llegada al receptor de la radiación cósmica, integrada por señales electromagnéticas totalmente aleatorias, desorientadas y sin estructura alguna, que arriban a nuestro planeta desde los confines del universo. 

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Con ellas llegan también otras partículas conocidas como rayos cósmicos, que provocan la aparición de una interminable difusión de manchitas claras y oscuras en una pantalla de televisión, sin orden alguno y con un ruido característico, que a algunos recuerda el sonido producido por un sartén con aceite en el que se fríe algún alimento. Este sonido se conoce como “ruido blanco”, que es la voz del más puro azar. Y se trata de la combinación de todas las frecuencias de sonido.

Pero muchos seres humanos no logran resistir la tentación de encontrar conexión con fenómenos misteriosos aún en los acontecimientos más azarosos de la naturaleza, por lo cual no han faltado interpretaciones caprichosas que van desde la convicción de que tal ruido tiene propiedades terapéuticas y relajantes, hasta el más reciente mensaje, que se convirtió en tema de una película hollywoodense, “Ruido Blanco” o “Voces del más allá”, de Geoffrey Sax, protagonizada por Michael Keaton, donde se asevera que los muertos (en espíritu) intentan comunicarse con los vivos a través del ruido blanco producido por los aparatos electrónicos.

El motivo por el cual los difuntos encuentran más conveniente manifestarse, con increíble precisión, induciendo radiaciones electromagnéticas moduladas en los complejos circuitos electrónicos de un aparato de televisión o de una grabadora que, por ejemplo, produciendo sonido directamente en el aire o haciendo vibrar los tímpanos de los seres humanos, es un misterio.

Difícilmente puede decirse que alguno de los muertos que trata de hablarnos a través de aparatos electrónicos de comunicaciones en realidad haya tenido en vida el conocimiento técnico para intentarlo con éxito.

Obviamente, detrás de estas afirmaciones está una hipótesis inconsciente, implícita en el criterio de toda persona ignorante: que la comunicación, en este caso electrónica, se logra mediante un mecanismo maravilloso, casi mágico, ubicado en una “caja negra”, y que los espíritus tienen a su alcance un suficiente conocimiento infuso y las formas mágicas para interactuar sin falla con esos aparatos. Se pueden encontrar en la red varios ejemplos de supuestos sonidos de ultratumba captados ya sea por grabadoras o televisores. (1)

El fenómeno de las supuestas voces electrónicas no es reciente. Alrededor de 1927, Tomás Alva Edison utilizó sin éxito todos sus talentos y recursos para construir un aparato que permitiera comunicarse con los espíritus de los muertos. Lo intentó con un grabador de discos de fonógrafo al que le adaptó una gran antena y también utilizó reactores químicos que podrían afectar un disco de baquelita.

Otro precursor fue el sueco Friederich Jurgenson, quien en 1959 colocó una grabadora en el campo para captar los sonidos de las aves, obteniendo en cambio el registro de tenues voces humanas que, según él, no respondían a una presencia física. Poco después, empezó a reconocer algunas de esas voces, incluyendo la de su propia madre que lo llamaba usando su sobrenombre de cariño.

El Dr. Konstantin Raudive, soviético letón, también intentó captar voces del más allá en grabadoras activadas en lugares solitarios, y en algún momento afirmó haber obtenido voces en alemán, letón y francés, incluyendo una voz que decía en este último idioma “¿Va a dormir, Margarete?”.

Sorprende así siempre lo irrelevante de la información que por estos medios supuestamente transmiten los difuntos, pues se trata siempre de frases sin sentido o bien de advertencias obvias o de lamentos. No parece esto justificar el esfuerzo que harían los muertos al buscar comunicarse por medios electrónicos, aunque algunos parapsicólogos afirman que estas almas no saben que lo están haciendo, algo que hace al supuesto fenómeno todavía más irrelevante.

Las voces así captadas se clasifican, según James Alcock (2), en: voces de micrófono, captadas del aire por un receptor y una grabadora; las voces de radio, registradas al captar el ruido blanco de un receptor no sintonizado en alguna estación en particular, y las voces de diodo registradas en un circuito electrónico no receptor de radio. Algunos creyentes afirman haber captado voces habladas en reversa, como se asevera que ocurre con ciertos discos de rock. Pero si los muertos pueden lograr que la flecha del tiempo cambie de dirección, bien pueden trasladarse así a un momento en que todavía estuvieran vivos en el pasado, y recuperar de esta manera el acceso al mundo de los vivos.

En realidad, hay dos explicaciones sobre lo que se llega a captar en aparatos electrónicos (si uno elimina los casos de bromas o falsificaciones). Una voz inesperada en una grabación se puede deber a algo que se llama transmodulación, un suceso común de interferencia que se aprecia cuando ciertos aparatos de audición electrónica, como teléfonos o grabadoras, captan señales de radio.

Otra posibilidad es que ocurra una apofenia; fenómeno psicológico perceptivo en el que detectamos conexiones inexistentes y hallamos causalidad en cosas no relacionadas entre sí. Detectamos así con frecuencia patrones que no existen, tal y como ocurre con las pruebas Rorschach, con manchas simétricas de tinta, que los psicólogos usan para analizar a sus pacientes.

Las percepciones de patrones de imágenes en cinescopios de televisión encendidos sin señal se asemejan también a las interpretaciones de los asientos del café en las tazas que usan los que leen la fortuna por este medio.

Desde luego, cualquiera puede hacer sus pruebas particulares sobre este asunto y ponerse a escuchar grabaciones dejadas transcurrir en el campo; a escudriñar largamente señales de radio o televisión, o bien contemplar la pantalla durante horas para ver si aparece algo que parezca una señal inteligente. No hay que olvidar, por otro lado, que para ser significativo, un resultado positivo debe ser repetible y reproducible por otros experimentadores.

Cliquee en las imágenes para abrir el slideshow


Gráfica del “ruido blanco”.


Michael Keaton en “White Noise”.


Friederich Jurgenson.


Konstantin Raudive y su goniómetro.


James Alcock.

Fuente: www.ikaros.org.es

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