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El sorprendente y enigmático universo de los Vampiros

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La imagen del vampiro se ha ido incorporando en nuestra cultura como un personaje de ficción, mientras que el cine ha llevado el mito hacia un concepto cada vez más fabuloso e increíble. Pocos son los que conocen si hay algún trasfondo real detrás de este personaje.
Lo cierto es que el mismo mito del vampiro ha sufrido una importante evolución desde Carmilla,novela escrita por Sheridan Le Fanu, en 1872, y el Drácula de Abraham “Bram” Stoker(1847 – 1912), novelista y escritor irlandés, perteneciente a la sociedad secreta Golden Dawn. Al principio fue adaptado por el cine en figuras como el Drácula, que acabó enloqueciendo a Bela Lugosi, su protagonista, o el monstruoso y a la vez extrañamente sensual Nosferatu. Aproximaciones y visiones más modernas, como Drácula, de Coppola, o elLestat, de Anne Rice, culminaban la última versión del mito. Estas nuevas visiones del mito nos enfrentan con algo distinto: el vampiro como un ser distinto, perteneciente a una raza paralela, con sus conflictos y su propia sensación de marginación, no siendo ya un esbirro del Diablo, sino tan solo un ser de otra especie que precisa alimentarse y trata de hacerlo cazando para sobrevivir.
 Uno piensa, viendo estas nuevas versiones del vampiro, si muchos de sus rasgos no parecen coincidir con algunas personas que andan entre nosotros. Probablemente la patética imagen del sorbedor de sangre nos aleja de pensar que esa imagen de ficción oculta otras formas mucho más reales de vampirismo que no pertenecen en absoluto a la imaginación. También podemos encontrarnos leyendas relativas al vampirismo en todo el mundo e incluso sociedades que interpretan el vampirismo como una forma de culto para conseguir ciertas transformaciones místicas u orgánicas, sin que ello les lleve necesariamente a matar humanos para beberse su sangre. Existen unos vampiros auténticos, como los murciélagos, que chupan sangre, inoculando a veces la rabia a sus víctimas y produciendo síntomas que tal vez pudieran ser el origen de más de una leyenda de vampiros. Martí Flò, Valentín Ferrán Redero, Jordi Ardanuy Baró han escrito un interesante libro, titulado Vampiros: magia póstuma dentro y fuera de España, en que me he basado parcialmente para escribir este artículo.
Lo que los dioses han pedido siempre en la antigüedad y supuestamente continúan pidiendo hoy, a través de los alienígenas, es ni más ni menos que sangre; sangre tanto de animales como de seres humanos. ¿Por qué? No lo sabemos con exactitud. ¿Extraen ellos de la sangre algún producto que les sirva para algo? Tampoco lo sabemos. Lo único que sabemos con exactitud es que la sangre y ciertas vísceras, son el común denominador entre los dioses de la antigüedad, incluido el dios de la Biblia, y los ovnis de nuestros días. La sangre y las vísceras eran para Yahvé como una idea fija y obsesiva. Pero lo curioso es que Baal, Moloc, Dagón, etc., les pedían exactamente lo mismo a los pueblos mesopotámicos; y Júpiter-Zeus les pedía los mismos sacrificios a griegos y romanos. Y si saltamos a América nos encontramos con que Huitzilopochtli les pedía lo mismo a los aztecas, con el agravante de que éste les exigía que la sangre fuese humana en ocasiones. La sangre ha tenido mucha importancia en las religiones antiguas, incluida la judeo cristiana, en que los testimonios bíblicos son irrefutables. Y a los “dioses” todavía les sigue interesando el obtener sangre humana o de animales en nuestros días. Los ovnis acostumbran, con cierta periodicidad, a llevarse determinadas vísceras y sobre todo grandes cantidades de sangre que extraen de animales, preferentemente vacas y toros, que previamente han sacrificado. Estas carnicerías, que siempre suceden durante la noche, han ocurrido prácticamente en todas partes del mundo, y las autoridades de unos cuantos países, avisadas por los ganaderos perjudicados, han intervenido activamente para dar con el causante de las matanzas, sin que nunca hayan llegado a dar una explicación convincente. Los tripulantes de los ovnis, al igual que los dioses de la antigüedad, tienen una extraña afición por las entrañas de los animales y sobre todo no pueden disimular su interés en la sangre tanto de animales como de hombres. En tiempos pasados da la impresión de que tanto Yahvé como los demás Elohim, lograron convencer a aquellos pueblos primitivos para que les ofreciesen sacrificios de animales. En nuestros tiempos, ante la imposibilidad de convencer a los pueblos civilizados para que sigan ofreciendo esos sacrificios, da la impresión de que ellos mismos hacen directamente los sacrificios, buscándose las víctimas en las granjas por sí mismos y reservándose para sí, como antaño, algunas vísceras determinadas y, sobre todo, la sangre, de la que parece sacan algún principio vital, alguna droga placentera o alguna energía que, hoy como entonces, les es necesaria para mantener la forma física que adoptan para comunicarse con nosotros o para materializarse en nuestra dimensión. ¿Tienen algo que ver con las leyendas de vampiros?
Según H. P. Blavatsky, en su obra “Los espíritus vampiros“: “Los perversos y depravados que durante la vida interceptaron con su grosera materialidad el rayo del divino espíritu y estorbaron su íntima unión con el alma, se encuentran, al morir, magnéticamente retenidos en la densa niebla de la atmósfera material, hasta que, recobrada la conciencia, se ve el alma en aquel lugar que llamaron Hades los antiguos. La aniquilación de estas entidades desprovistas de espíritus no es nunca instantánea, sino que a veces tarda siglos, pues la naturaleza nunca procede a saltos ni por bruscas transiciones, y los elementos constituyentes del alma requieren más o menos tiempo para desintegrarse. Entonces se cumple la temerosa ley de compensación a que llaman yin–yuan los budistas. Estas entidades son los elementarios terrestres, que los orientales designan con el alegórico nombre de “hermanos de la sombra”. Su índole es astuta, ruin y vengativa, hasta el punto de qué no desperdician ocasión para mortificar a la humanidad en desquite de sus sufrimientos. Y, antes de aniquilarse, se convierten en vampiros, larvas y simuladores,que desempeñan los principales papeles en el gran teatro de las materializaciones espiritistas, con ayuda de los elementales genuinos, quienes se complacen en prestársela“. Cada una de las cosas organizadas de este mundo, tanto del visible como del invisible, tiene un elemento apropiado para sí misma. El pez vive en el agua; la planta consume el ácido carbónico, que, por el contrario, es mortal para el animal y el hombre. Algunos seres están organizados para vivir en las capas más enrarecidas del aire; otros en las más densas. La vida, para unos, pende de la luz del sol, mientras que para otros precisa de la obscuridad. De este modo la sabia economía de la Naturaleza adapta siempre alguna forma viva a cada una de las condiciones existentes. Estas analogías permiten inferir que en toda la Naturaleza no existe punto alguno inhabitado, y que, además, cada cosa viviente cuenta con cuantas condiciones se precisan para su vida. Ahora bien, admitiendo que en el universo existe una parte invisible, la disposición inmutable de la Naturaleza autoriza la conclusión de que semejante parte está ocupada, ni más ni menos que la parte visible. Y desde el momento en que existen espíritus, fuerza es aceptar la existencia de una gran diversidad de los mismos, dentro de su mundo respectivo.
Decir que todos los espíritus son iguales entre sí, o que están adaptados a un mismo medio ambiente, o, en fin, que poseen poderes idénticos, o que obedecen a las mismas afinidades y atracciones, sería tan absurdo como pensar que todos los animales son anfibios, o que todos los hombres pueden nutrirse con la misma clase de alimentos. Es, pues, razonable suponer que los espíritus más groseros están sumergidos en los más profundos abismos de la atmósfera espiritual. Es decir, en lo más cercano a nuestra tierra. Mientras que las naturalezas más puras, están muchísimo mas lejos del ambiente terrestre. Suponer lo contrario y pensar que cualquiera de estos espíritus pueden ocupar el sitio o las condiciones de los otros, equivaldría como a esperar que en ley de hidráulica dos líquidos de diferentes densidades pueden cambiar el grado que le corresponde en el aerómetro de Baumé. Joseph von Görres (1776-1848), en su obra Mystiques, relata una conversación que él tuvo con algunos hindúes de la costa de Malabar. Habiéndoles preguntado si entre ellos se presentaban espíritus o apariciones respondieron: “Sí; pero son malos espíritus. Los buenos se aparecen poquísimas veces. Los malos espíritus son generalmente los de los suicidas y personas asesinadas, es decir, de las que han muerto de un modo violento, que revolotean en torno nuestro y se nos aparecen como fantasmas, engañando a las gentes de cortos alcances y tentando a las demás personas de mil maneras diferentes, siéndoles la noche especialmente favorable para ello”. Pero si alguien aún mantuviera una irónica sonrisa al oír hablar de vampiros, podríamos recordarle que en esta época, cuando el concepto de «energías vitales» está tan de moda, es cuando mejor comprendemos que toda comunicación humana se basa en un intercambio de «energía» entre personas. Y aunque ese intercambio pueda ser puesto en duda, no puede negarse el hecho de que ciertas situaciones o personas nos devuelven la vitalidad mientras que otras nos la quitan por completo. Tal vez valga la pena profundizar en nuestros conceptos y renovar nuestros estereotipos para descubrir que la figura del vampiro puede ser algo inquietante y quizás algo muy real y próximo a nosotros. No son muchos los que han leído la novela original Dracula (1897), del escritor Bram Stoker. No fue sin duda la primera obra literaria que se ocupaba de los vampiros. Ni siquiera era la primera de Stoker, que ya había escrito poco antes Dracula’s guest (El invitado de Drácula), pero sí la que alcanzó la fama y fue llevada al teatro y al cine.
De las numerosísimas películas sobre vampiros, inspiradas sin duda en la obra de Stoker, sobresalen unas pocas. Nosferatu,en 1922, obra maestra del cine mudo, dirigida por F. W. Murnau, es la primera gran creación en torno a este mito. En 1930 se da a conocer el Drácula de Bela Lugosi, que tras interpretar un brillante papel con convicción, terminará creyendo que es realmente el propio conde. Luego vinieron muchas otras, incluso del propio Bela Lugosi, como The Devil Bat (1940)o The Return of the vampire (1943). Más adelante la productora británica Hammer ofreció diversos títulos como Dracula (Horror of Dracula), interpretada por Christopher Lee y Peter Cushing, estrenada en 1958. Muy pocas, por no decir ninguna, se atienen al guión de Bram Stoker. La lectura de la historia de una vampiresa de noble cuna, contada por una de sus propias víctimas, encantó lo suficiente a Bram Stoker como para impelerle a escribir la novela que sacaría definitivamente de la oscuridad a los vampiros. Joseph Sheridan Le Fanu (1814-1873), contemporáneo de Stoker, irlandés como él e igualmente interesado por el ocultismo, publicó un año antes de morir una colección de narraciones, In a glass darkly, en la que se incluía Carmilla, un relato corto donde la víctima de la condesa Mircalla de Karnstein, noble vampiresa, muestra no poca fascinación por ésta. El ambiente narrado reproducía situaciones convencionales, presentando unos personajes con sentimientos más próximos a los reales. Se muestra a una vampiresa capaz de una relación mucho más compleja que la de simple chupasangres y una víctima seducida por la personalidad de su perseguidora; al contrario de lo que se venía leyendo en las narraciones góticas y románticas de vampiros. Otro contemporáneo, esta vez inglés, sirvió a Stoker como paradigma de narración creíble: William Wilkie Collins (1824-1889) en su novela The Moonstone (La Piedra Lunar, 1868), nos presenta a diez personajes que nos refieren secuencialmente la misma historia, cambiando únicamente la interpretación personal que le da cada uno. Stoker, por su parte, mezcla cronológicamente los distintos relatos de cada protagonista de forma que es el lector quien desentraña la historia. Un antiguo tratado del siglo XVI, del hechicero Olaus Magnus III, le sirvió para documentarse sobre las leyendas de vampiros balcánicos. El escritor inglés T. E. Hall Caine (1853-1931), a quien está dedicada la novela bajo el pseudónimo de «Hommy-beg», pertenecía al círculo de amistades del autor, Wilkie Collins, de quien Stoker era representante. Curiosamente éste escritor inspira, en todas sus obras, un elevado sentido moral, contrariamente a lo que representa el protagonista de Drácula.
Mucho se ha escrito sobre las supuestas fuentes de inspiración de Stoker. También se ha dicho mucho sobre la figura histórica de Vlad Tepes, Draculea («hijo del diablo», en rumano). En cuanto a las especulaciones sobre los motivos que tuvo Stoker para basarse en la figura de Drácula, van desde considerar al salvaje personaje histórico, caracterizado por su negra crueldad y roja pasión por la sangre, como simplemente un pretexto en el cual inspirarse para crear un monstruo morboso. Por otro lado, hay que atribuir sus motivaciones al hecho de pertenecer a grupos ocultistas. Pero para comprender estas consideraciones esotéricas es preciso presentar en estas páginas un esbozo de lo que fue el ambiente victoriano de la época que le tocó vivir a Stoker, y de la prolífica generación de sociedades secretas y personajes de todo tipo, caracterizados por sus afanes místico-trascendentes-mágicos. El largo reinado de la Reina Victoria, convierte a Gran Bretaña en la metrópoli de un inmenso imperio que abarca los cinco continentes. La revolución industrial, con el inicio de la era del maquinismo, siembra el país de hierro, vapor y movimiento. La rica y emprendedora burguesía vive una época de lujo y refinamiento como no se habían visto desde los tiempos clásicos. Aparece un nuevo culto, esta vez dedicado a la laica ciencia, y su fe no deja de ser tan ciega como la de otras advocaciones. Todo el mundo, al menos los mínimamente ilustrados, cree en la mejora y solución de cualquier problema por el avance y progreso de la técnica, que nos llevará a la mejor de las sociedades posibles. En este ambiente de confianza en el futuro hay, sin embargo, algunos claroscuros que enrarecen el clima ya de por sí brumoso de Londres. El progreso no beneficia a todos en las mismas proporciones. La mayoría de la población vive en una postración total, en unas condiciones de trabajo y vida deprimentes. La inseguridad vital, genera otra de existencial, y las calles racionalmente adoquinadas y dispuestas, cubiertas de esa capa de rocío provocada por la niebla sucia reflejan el miedo de las gentes, Miedo a la incerteza y a lo desconocido. Aparece otra figura tristemente real: Jack el destripador. El temor atenaza a la gentes y se propagan oscuras historias sobre extraños rituales y cultos. El miedo adopta la peor de sus formas, la de lo desconocido. La doble moral de la sociedad victoriana, que niega el deseo sexual, encierra a las mujeres decentes entre corsés que solamente pueden quitarse en el oscuro dormitorio con el fin de procrear. La virilidad contenida de los caballeros se desfoga en burdeles y lupanares. Inmerso en este contexto de decadencia social aparece, en 1887, una sociedad secreta que marca el destino de buena parte del ocultismo y la magia, y, según algunos autores, también de la historia contemporánea. Se trata de The Golden Dawn (el Alba Dorada). A ella pertenecen varios miembros destacados de la cultura y el arte británicos.
La Hermética Orden del Alba Dorada (originalmente en inglés: Hermetic Order of the Golden Dawn) era una fraternidad de magia ceremonial y ocultismo, fundada en Londres en 1888 por William Wynn Westcott y Samuel MacGregor Mathers. La Orden Hermética del Alba (Aurora) Dorada es una “sociedad” hermética de carácter secreto esotérica occidental. Es depositaria del saber hermético, cabalístico, alquímico, teúrgico, del gnosticismo cristiano y la tradición rosacruz, entre otros. Fue creada en Inglaterra a finales del siglo XIX por Mathers, Westcot y Woodman. De acuerdo a la tradición, William Wynn Wescott encontró un manuscrito codificado que contenía los rituales de iniciación necesarios e instrucciones para ponerse en contacto con una Logia Rosacruz Alemana dirigida por Anna Sprengel, condesa de Landsfeldt e hija de Luis I de Baviera y su amante Lola Montez. Esto llevó a la creación de la Orden, como una filial de Die Goldene Dämmerung, a la que se le dio el nombre de “Templo Isis-Urania No. 3“. Sin embargo, la Orden Hermética de la Golden Dawn, orden externa de la Orden Rosacruz Alpha et Omega cuenta que este relato es simbólico y se utilizó para velar la identidad de los Maestros que transmitieron el linaje a la Orden Iniciática y sostiene que su linaje puede trazarse hasta la Orden Rosacruz de Oro Alemana, a través de Kenneth McKenzie, quien fuera iniciado en Austria por el Conde Apponyi de Nagy-Apponyi. Algunos de los miembros más renombrados de la Orden Hermética del Alba (Aurora) Dorada fueron: McGregor Mathers, William W. Westcott, Dion Fortune, Arthur Machen, William Butler Yeats, Algernon Blackwood, Florence Farr, Annie Horniman, Julio Verne, H.G. Wells, Bram Stoker (el famoso escritor de Drácula), Austin Osman Spare, Gustav Meyrink y A. E. Waite, aunque el más reconocido es el polémico esoterista Aleister Crowley, que posteriormente fue expulsado de la Orden por McGregor Mathers. Crowley estableció las bases del sistema “Magick” que sirve de fundamento a la Golden Dawn Thelemita (Thelema), cuya corriente es distinta de la de la Golden Dawn clásica. A principios de los 1900, la orden original se empezó a fragmentar. Aleister Crowley empezó a publicar muchos de los rituales en “El Equinoccio” (The Equinox), una revista que él mismo editaba bianualmente, para más tarde abandonar la Orden y crear su propia orden Astrum Argentum en 1905.
Abraham Stoker, nacido el 8 de noviembre de 1847, en Clontarf, muy cerca de Dublín, es uno de los miembros de la Golden Down. Uno de sus contactos, el escritor Arthur Machen, un galés nacido en 1863 en Caerlson-on-Usk, donde la tradición localiza la corte del rey Arturo. Un encuentro interesante. Desde el principio de su carrera literaria, Machen expuso en sus obras sus creencias místicas de que más allá de lo existente en el mundo ordinario se esconde otro mundo misterioso y extraño que quebranta las leyes de la lógica y la razón cotidianas. Sus obras de 1890, con fuertes influencias góticas y decadentistas, concluyen que apartar este velo de normalidad puede llevarte a la locura, el sexo y la muerte, aunque casi siempre es una combinación de estos tres elementos. Las obras posteriores de Machen se desprendieron de toda esa artificiosidad de la narrativa gótica. Pero ahondar en esos profundos misterios sigue conduciendo a transformaciones de la vida y al sacrificio. Machen amaba la forma de ver la vida en la Edad Media, ya que en aquellos tiempos se combinaba la profunda espiritualidad con un sentido de la vida terrenal y carnal. Machen era un gran entusiasta de la literatura que combinaba la alegría de vivir y que, además, contenía cierta sensación de éxtasis. Sus propias pasiones e influencias vienen de elementos tan dispares aparentemente como el Mabinogion y otros romances medievales, François Rabelais, Miguel de Cervantes, William Shakespeare, Samuel Johnson, Thomas De Quincey, Charles Dickens, Arthur Conan Doyle, Edgar Allan Poe y Robert Louis Stevenson. Se oponía férreamente a una visión materialista de la vida, y ello se percibe en sus obras, siendo estas de un estilo marcadamente neorromántico. Desconfiaba de la ciencia, el materialismo, el comercio y el puritanismo, ya todos ellos eran un anatema del temperamento conservador, bohemio, místico y ritualístico del escritor galés. La violenta sátira de Machen golpeó todas esas cosas que detestaba, pero forma parte de su obra más mediocre, junto con todas las historias propagandísticas que escribió para la I Guerra Mundial. Como hijo de un hombre de la Iglesia de Inglaterra, Machen siempre tuvo unas profundas creencias cristianas, que contrastaban fuertemente con la fascinación que sentía por la sensualidad del misticismo, que le llevó a interesarse desde siempre por el paganismo y el ocultismo, temas que aparecen principalmente en sus primeras obras. Al contrario que muchos de sus contemporáneos, como Oscar Wilde o Alfred Douglas, que odiaban el reformismo inglés, y a pesar de lo mucho que apreciaba el mundo medieval y su ritual católico romano, nunca estuvo alejado de la Iglesia de Inglaterra, aunque a su vez detestaba el anglo-catolicismo victoriano puritano y rígido.
La muerte de la primera esposa de Machen le llevó a experimentar con la espiritualidad y vivió una serie de momentos místicos. Después de iniciarse en la Hermetic Order of the Golden Dawn, el ritual ortodoxo de la Iglesia fue cada vez más importante para él, definiendo progresivamente su posición dentro de la Iglesia de Inglaterra a la que aportó, en su vida íntima, elementos provenientes de sus experiencias míticas, del Cristianismo Celta y las lecturas y leyendas que conocía. ¿Pero qué podía aprender Stoker, asiduo visitante del British Museum, de tan oscuros personajes? En la obra de Machen, se cuenta: «El pecado reside, en mi opinión, en la voluntad de penetrar de manera prohibida en una esfera distinta y más alta. Debe usted comprender, pues, por qué es tan raro. Pocos hombres, en verdad, desean penetrar en otras esferas, bien sean altas o bajas, de forma permitida o prohibida. Hay pocos santos. Y los pecadores, tal como yo los entiendo, son aún más raros. Y los hombres de genio (que participan a veces de ambos) son también muy raros… Pero es tal vez mucho más difícil convertirse en un gran pecador que en un gran santo. La santidad exige también un gran esfuerzo, o casi, pero es un esfuerzo que se ejerce por vías que antaño eran naturales. Se trata de hallar nuevamente el éxtasis que el hombre conoció antes de la caída. Pero el pecado es una tentativa de obtener un éxtasis y un saber que no son ni han sido jamás dados al hombre y el que lo intenta se convierte en demonio. Ya le he dicho que el simple asesino no es necesariamente un pecador. Pienso en Gilles de Rais, por ejemplo. Vea aun cuando el bien y el mal están igualmente fuera del alcance del hombre de hoy, del hombre ordinario, social y civilizado, el mal lo está en un sentido mucho más profundo aún. El santo se esfuerza por recobrar un don que ha perdido; el pecador se esfuerza hacia algo que nunca ha poseído. En resumidas cuentas, vuelve a empezar la caída…». Si se cita este fragmento de la obra de Machen, no es con otro propósito que mostrar que tipo de influencias recibió Drácula y sobre todo, para entender que no fue casual la elección del personaje histórico que lo inspiró: Vlad Tepes. El Drácula real, o mejor aún Draculea, hijo del diablo, es vástago de otro Dracul, que debe su sobrenombre a la instauración de la Orden del Dragón en 1418 por el Emperador Segismundo de Luxemburgo, cuya finalidad es la lucha contra el turco, en un momento en que este ocupa buena parte del sur-este de Europa. Su lema era: “¡oh, cuán compasivo, justo y piadoso es Dios!, su emblema es un Dragón con la cola enrollada al cuello, formando todo él un círculo“.
Vlad Tepes, valaco (de Valaquia) del siglo XV, se caracterizó en sus combates contra el imperio otomano y contra caudillos cristianos, opuestos a su política o designios, por desplegar una extrema crueldad, rayana en algo más que lo simplemente humano. Sus bosques de empalados, que se cuentan por decenas de miles, y demás atrocidades, nos significan una voluntad mística por descender al abismo del mal y del pecado. Como cantaba Machen para convertirse en un «demonio», al que por otra parte ya era, por su nombre, hijo del diablo. El principado de Valaquia fue un principado rumano de la Europa oriental desde la Baja Edad Media hasta mediados del siglo XIX. Su capital cambió con el tiempo, de Curtea de Argeş a Târgovişte, y finalmente a Bucarest. Valaquia se sitúa al norte del Danubio y al sur de los Montes Cárpatos. El Danubio separa Valaquia de Bulgaria. Otros ríos de esta área son el Schioul, el Olt o Aluta, el Argeş y el Talomnitza, afluentes del Danubio. Los Cárpatos meridionales o montes Bucegi cubren todo el norte de la región con sus contrafuertes, separando a Valaquia de Transilvania. Está formada por la unión de dos subregiones, Oltenia o Valaquia Menor, al oeste, y Muntenia o Gran Valaquia, al este, separadas por el río Olt. Cuando esta área tenía independencia política, estaba rodeada por el Imperio otomano al sur, Transilvania al noroeste y Moldavia al noreste. Las ciudades principales, aparte de Bucarest, son Brăila, importante puerto del Danubio, Giurgiu, Focşani, Ploieşti y Craiova. «El empalador» se regocijaba en la muerte y en lo oscuro y siniestro; su vida la dedicó a algo que nada tiene que ver con la ascensión a los claros cielos, y si a tenebrosos, húmedos y terrenales mundos de horror y vitalidad. Con tales notas biográficas, se comprende la elección de Stoker para su príncipe de las tinieblas. Además, se sumaban sus conocimientos sobre la existencia de una gran tradición en el este de Europa en cuestión de vampirismo y magia póstuma. En 1890 nuestro autor conoció además, en una cena, a Hermann (Arminius) Vambery, famoso orientalista húngaro, destacado por sus investigaciones sobre las culturas de Asia central, Turquía y también de su propio país. Vambery completó a Stoker en relación a las informaciones que sobre las connotaciones positivas, que se atribuyen en oriente a la figura del dragón, mientras en occidente se le atribuye una representación de las fuerzas del mal. Esta visión la poseía debido a sus estudios a través de la Golden Dawn. Su relación con los Drácula y la estancia de Vlad Tepes en Turquía, ofrecen inquietantes relaciones.
En el ambiente victoriano de fin de siglo, no es de extrañar que una obra sangrante y oscura como la de Drácula tuviera un gran éxito. Se representó en el teatro, teniendo gran aceptación de público, al que se obsequiaba en la entrada con un volumen de la obra y una cajita, de la cual, una vez abierta, salía volando un pequeño murciélago. Bram Stoker muere en 1912. Malas lenguas afirman que ya moribundo repetía sin cesar: «Strigoiu… strigoiu…» («El vampiro… el vampiro»). Quién sabe lo que veía en esos momentos. El origen de los vampiros, tal y como los entendemos actualmente, está en los Balcanes. Entonces podría interrogarse sobre la aparición de los vampiros en la literatura occidental. Es posible que se desee comprender de que forma y en que momento la figura del no-muerto, chupador de sangre, aparece en nuestra cultura. Por que una cosa es bien cierta. Mientras que las historias de apariciones fantasmales se dan por doquier, las narraciones sobre vampiros son muy escasas. No es esto fruto de la casualidad, sino del hecho de que nuestro conocimiento sobre estos oscuros personajes se remonta al siglo XVIII, y en especial debido a un maltratado benedictino: Agustín Calmet. Dom Agustín Calmet pertenecía a la congregación de Saint-Vannes y de Saint-Hidulphe, siendo abad del monasterio de la Orden de San Benito de Sénones, en Lorena. Nacido en Mesnil-la-Horgne, cerca de Commercy, en 1672, murió en París en 1757. Gran erudito, autor de un pesado y monumental comentario bíblico, se interesó pronto por una nueva -en aquella época y lugar- modalidad de apariciones que, según él, habían comenzado a divulgarse apenas sesenta años atrás. Gracias a sus relaciones personales con diversos clérigos y misioneros de aquellas remotas zonas y de otros hombres de Estado, especialmente vinculados al duque de Lorena, pudo reunir suficientes datos al respecto como para escribir un tratado sobre los vampiros. Pero no había podido evitar acumular otras reseñas que hacían referencia a apariciones del tipo más clásico, y ello le empujó a publicarlas por separado. El primer volumen lo tituló: Tratado de las apariciones de los ángeles, de los demonios y de las almas de los difuntos, y el segundo: Disertación sobre los revivientes en cuerpo, los excomulgados, los upiros o vampiros, brucolacos, etc. Y a pesar de su apelación en la propia introducción del tratado: «los que los creen verdaderos me acusarán de temeridad y de presunción, por haberlos puesto en duda, o incluso haber negado su existencia y su realidad, los otros me echarán en cara haber empleado el tiempo en tratar esta materia, que pasa por frívola e inútil en el espíritu de muchas gentes de buen sentido», no pudo evitar convertirse en el blanco preferido de burlas: «los cuales le despreciaron en todo momento como el más firme campeón de la superstición».
A partir de entonces su destino fue más bien gris, pues incluso los católicos dejaron de tener en consideración sus antiguos tratados bíblicos. Hoy su nombre se encuentra casi exclusivamente en las bibliografías del vampirismo. Pero posiblemente la injusticia mayor la cometió Voltaire, largo tiempo huésped del abad, que se había aprovechado de la riquísima biblioteca de Calmet. Y, sin embargo, más tarde no dudó en ridiculizarlo en sus juicios. Su obra se publicó por primera vez en 1746, en París. La obra tuvo un enorme éxito, como demuestran las repetidas ediciones. Y si Calmet estableció la definición de vampiro, sintetizada en el Diccionario infernal de Collin de Plancy (1783-1881), de hecho fueron Voltaire, ridiculizando el fenómeno en su Dictionnaire Philosophique, y Van Swieten, en su Rapport médical sur les vampires, quienes establecerían definitivamente la relación entre la sangre y el vampiro. Realmente muchas historias que cuenta Calmet están lejos de esa acción de chupar sangre, pues a veces, el vampiro apenas molesta, o simplemente exige que se le sirva un plato en la mesa: «Los revivientes de Hungría, o vampiros, […] son unos hombres muertos desde hace un tiempo considerable, más o menos largo, que salen de sus tumbas y vienen a inquietar a los vivos, les chupan la sangre, se les aparecen, provocan estrépito en sus puertas y en sus casas, y, en fin, a menudo les causan la muerte. Se les da el nombre de vampiros o de upiros, que significa en eslavo, según dicen, sanguijuela.». La plaga de vampirismo que vivió la Europa balcánica y eslava, entre los siglos XVI y XIX, tal vez puede ser equiparada a la de las brujas de occidente. Y quien sabe si las razones psicológicas, religioso-culturales y médicas que motivaron unas, justifiquen las otras. El giro se produjo en el siglo de las luces, XVIII, cuando fueron los funcionarios públicos quienes emprendieron diversas investigaciones para averiguar y atajar lo que venía aterrorizando a aquellas poblaciones. Un cúmulo de circunstancias lo había hecho más creíble: informes oficiales, quejas de numerosos lugareños, etc. Por el contrario, el Papa Benedicto XIV atribuyó el fenómeno a la avidez de los eclesiásticos locales, que alimentaban las creencias en dichos seres entre la población autóctona para ser más requeridos, y pagados, por oficiar los numerosos exorcismos que el fenómeno requería. Sea como fuere, las epidemias de supuestos vampiros asolaron Oulos, en 1708, Meduegya y Belgrado, en 1725 y 1732, toda Servia, en 1825, Hungría, en 1832 y Danzig, en 1855. También fue devastador en otras épocas, dando lugar a acalorados debates en las universidades centroeuropeas, especialmente en la de Leipzig. Los médicos simplemente intentaron atajar el mal sin comprobar jamás su naturaleza. El resultado final bien pudo parecerse a un holocausto, si no fuera porque las víctimas de los atroces ritos de estacamiento, degollación e incineración, ya estaban muertas cuando los padecieron.
Santiago Martínez, autor de “La conexión atlante”, explica que un amigo suyo le comunicó una información que parecía sacada de una película de terror. Se refiere a las circunstancias que, a partir de1989, condujeron a Gorbachov a desprenderse de Afganistán, a emprender la demolición del muro de Berlín, y a dejar que los estados satélites de Europa del Este se independizaran. Pero las dificultades económicas no explican por sí solas estos hechos, puesto que ellas aumentaron después. En la antigua URSS hubo un incidente que fue enterrado cuidadosamente en el silencio por los medios de comunicación, tanto del Este como del Oeste. Fue el descubrimiento en Siberia occidental, a finales de 1989, de lo que se llamó la bóveda del infierno por parte de los soviéticos. Esto ocurrió durante unas perforaciones profundas que se realizaron cerca de Mourmansk, en la península de Kola, que limita con Finlandia por debajo del Círculo Polar ártico. En sus ediciones del 31 de mayo y del 6 de octubre de 1989, el periódico Le Figaro, de Francia, dio cuenta de esas perforaciones profundas en la corteza terrestre, efectuadas en los Estados Unidos, en Alemania y en la URSS, pero esto sin hacer una sola referencia al supuesto infierno. En Mourmansk la perforación tenía por objeto observar las placas de la litosfera terrestre, que son las que generan los terremotos. El medio de investigación consiste en el descenso de un tipo de micrófono captador de vibraciones en el fondo de la perforación, conectado a un aparato de registro en la superficie. Pero algo pasó que hizo reaccionar al mundo científico y al régimen comunista con inusitada inquietud. El 24 de abril de 1990, Stan Miller, un periodista norteamericano publicó en el semanario Weekly World News el extraño suceso relacionado con la perforación, con el título “Nosotros hemos perforado la bóveda del averno”. El artículo en mención decía: “Científicos que hicieron una perforación de 15 km de profundidad para estudiar el movimiento de las placas continentales bajo la superficie terrestre, pretenden haber descubierto el infierno”.
Esta es la noticia que se publicó en el respetable periódico finlandés Ammenusastia y que reveló lo siguiente: “El geólogo soviético Dimitri Azzacov ha dicho que una criatura terrorífica con alas y envuelta en llamas se escapó del entubamiento de perforación antes de que colocaran en su sitio los micrófonos que revelaron los aullidos de dolor de los condenados. Como comunista, yo no creo ni en el cielo, ni en la Biblia, pero como científico, creo ahora en el averno”, dijo el Dr. Azzacov. “Sobra decir que nosotros tuvimos un terrible impacto al hacer semejante descubrimiento. Pero sabemos lo que hemos visto y lo que hemos escuchado. Y estamos absolutamente seguros que llegamos hasta la bóveda del averno”. Y Azzacov da su testimonio así: ”Al llegar a 15 km de profundidad, la columna de perforación comenzó a girar libremente, demostrando que la trepanación había llegado a una gran cavidad o caverna. Las sondas termométricas indicaron entonces una elevación súbita del calor, es decir, más o menos a 1100 grados centígrados. Después de haber vuelto a subir la columna de perforación, nosotros no podíamos creer lo que veíamos: Una criatura provista de colmillos con enormes ojos terroríficos, diabólicos, se apareció entre una nube gaseosa y aulló como un animal salvaje antes de desaparecer. Algunos obreros y técnicos huyeron, pero los que se quedaron quisieron conocer más de esto.Hicimos descender un micrófono al fondo del entubado con el fin de registrar el ruido de la placa litosférica en movimiento. Pero en lugar de esto, escuchamos una voz humana que aullaba de dolor de forma aguda y penetrante. Primero creímos que era un defecto de nuestro material. Nosotros lo volvimos a subir, lo revisamos y luego lo volvimos a bajar pero nuestras peores sospechas fueron confirmadas. No eran los aullidos de una sola persona, eran los gritos penetrantes de dolor de millones de personas. Por fortuna, nosotros pusimos en marcha una grabadora y tenemos registrados en un casete esos aullidos de pesadilla. En ese momento, detuvimos la perforación y cementamos el hueco. En realidad, estamos seguros que hicimos el descubrimiento de algo que sobrepasa nuestra comprensión”. Según el periódico Ammenusastia, las autoridades soviéticas se han rehusado a hacer cualquier comentario. Otra publicación norteamericana (The Last Days Ministries) publicó la anterior la información el 14 de febrero de 1990. El 2 de abril siguiente, dicho periódico hizo precisiones suplementarias a la traducción de un artículo del Asker og Baerums Budstikke, el periódico más importante de Noruega.
Se trata de la entrevista de Bjarne Nümmedal, el sismólogo jefe del equipo noruego que participó en la perforaci&