EL VIAJE DEL PROFETA “ENOC” AL ESPACIO

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“¿Enoc Viaja al Espacio?”
Nuevamente centraremos nuestra investigación en otro caso de contactados/abducidos bíblicos, esta vez con uno de los personajes más intrigantes, cual fue el padre de Matusalén, Enoc. Según cuenta el texto bíblico (Génesis 5:24) :
-“Enoc anduvo con Dios, y desapareció, porque Dios se lo llevó.”
Pero si las citas bíblicas sobre Enoc son ya de por si interesantes, el relato intertestamentario de su “Libro de Enoc” no son menos.
 Relato del “Libro de Enoc”:
Condujeron me entonces a los cielos. Yo entré hasta detenerme frente a un muro, que parecía hecho de sillares de cristal y estaba rodeado de lenguas de fuego. Al verlo sentí temor, pero atravesé las lenguas de fuego y me vi ante un gran palacio hecho de cristal labrado. Las paredes de aquel palacio semejaban un suelo embaldosado de placas de vidrio y el piso era también de cristal. El techo era como el firmamento de las estrellas y los rayos, habitado por querubines de fuego, y la cubierta parecía como de agua. Un océano de fuego rodeaba las paredes, y las puertas también ardían de resplandor. Luego llegué a otro palacio o morada, más grande que el anterior. Todas sus puertas estaban cubiertas de par en par. Era algo nunca visto en magnificencia, lujo y grandeza. El suelo era de fuego, los cielos rasos de rayos y círculos de estrellas, y el techo de vivas llamaradas. Allí divisé un trono muy alto Parecía como constelado de rocío y relucía todo alrededor como el sol a mediodía. Por debajo del trono brotaban torrentes llamas, y no se podía mirar de frente. En el trono estaba sentada la gran Majestad; sus ropas relucían más que el sol y eran más blancas que la nieve pura. Diez mil veces diez mil consignatarios la rodean, y tienen poder para hacer todo cuanto le place. Y los que se hallan a su lado no se apartan de ella ni de día ni de noche, no se alejan un punto. Entonces me sacaron de allí y me condujeron a otro lugar. Vi los parajes de las luces y los pañoles que guardan los rayos y los truenos. Vi el nacimiento de todas las aguas de la tierra y el nacimiento de los abismos. Vi el sillar fundamental de la Tierra, y vi los cuatro vientos que sustentan la Tierra y la fortaleza del firmamento. Vi los vientos del cielo que sustentan y mueven el disco del Sol y todas las estrellas. Vi los vientos que arrastran las nubes sobre la Tierra; vi los caminos de los ángeles, y en el confín de la Tierra vi la fortaleza del firmamento sobre ella. Vi un abismo insondable con columnas de fuego celestial, y vi que las columnas de fuego caían hacia abajo y no podía sondearse su profundidad ni su altura. Después de este abismo vi un lugar donde no existía la fortaleza del firmamento, ni la tierra firme abajo, ni el océano. Allí no alentaba ni siquiera un pájaro; era un lugar desierto y temeroso.(el espacio?) Allí vi siete estrellas como siete montañas terribles(los planetas?). Cuando pregunté qué era aquel lugar, el ángel me dijo: “Éste es el confín donde terminan el cielo y la Tierra”. Y pasé adelante hasta llegar a un lugar donde no había nada. Y había en él un fuego que llameaba, inextinguible, (el sol?)y aparecía cortado por abismos sin fondo en donde se precipitaban grandes columnas de llamas…”.
 
¿Cómo describirían estas vistas personajes de siglos muy anteriores?
Enoc describe inequívocamente su participación en un viaje espacial, empleando nuevamente las comparaciones que le permitía su vocabulario y que sus contemporáneos podían entender para hacerse una idea del acontecimiento. Enoc no sale de su asombro y su espanto. El cronista ignora de qué materiales está construido el módulo espacial. El casco, ha de parecerle forzosamente de cristal, pues esto lo había visto él y sus contemporáneos en los templos y palacios. Recordemos que las toberas de los cohetes, funcionando ya para el despegue, escupen lenguas de fuego. El interior del vehículo, hecho de materiales análogos a los del casco, también se parece a una construcción de cristal. Lo que Enoc confunde con el techo no es, evidentemente, sino el firmamento visto desde una escotilla. El mar de fuego que rodea el módulo espacial no es otra cosa sino la intensa luz solar. De nuevo le faltan las palabras corrientes para contar a sus paisanos sus impresiones de la aventura. Allí es conducido a presencia del jefe de la expedición, de la “gran Majestad”. Para Enoc no puede ser otra cosa sino una gran majestad, puesto que todos le obedecen y él no recibe órdenes de nadie. El atuendo del comandante le parece relucir más que el Sol y ser más blanco que la nieve. El traje de astronauta le parece tan majestuoso, que se pierde en exageraciones absurdas en apariencia. Hay que estar ciego para seguir aceptando que esa descripción de una cápsula espacial es una “visión”, un sueño o una aparición.
 
“Era un lugar desierto donde no alentaba siquiera un pájaro…”

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