HÍBRIDOS HUMANOS ?

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PLANTILLA
La revolución que supuso la formulación de la teoría de la evolución de la especies y su paulatina aceptación y desarrollo, confinaron definitivamente a los híbridos humanos a los dominios del mito y la superstición. En los bestiarios quedaron atrapadas para siempre criaturas semi-humanas que tal vez en su origen aparecieron para dominar a las masas a través del miedo…

Aunque al Homo Sapiens Sapiens le costó millones de años de evolución el despuntar hasta situarse en la cúspide de los homínidos, al ser humano apenas le bastaron unos pocos miles de años para hacerse acompañar por cientos de criaturas híbridas, muchas de ellas semi-humanas, que aunque surgidas exclusivamente de su inventiva, no tuvo reparo en legitimar presentándolas como creaciones divinas o bien demoníacas, cuando no directamente como el fruto del cruce del hombre con otras especies. Algunas han resistido el paso del tiempo con mayor solvencia que muchos personajes históricos relevantes, convirtiéndose en auténticos iconos de la cultura, el pensamiento y las creencias humanas de todos los tiempos. La esfinge, el minotauro, el centauro o las sirenas y tritones –mitad humano, mitad león, toro, caballo o pez respectivamente– son los más conocidos, pero no los únicos. Aunque nunca existieron más allá de la imaginación humana, no es extraño que en sus mitos se rastrean importantes elementos históricos y códigos de comportamiento que en sus respectivos entornos debieron de desempeñar un papel destacado.

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Coexistiendo con las que nunca tuvieron un sustento físico, encontramos a otras criaturas híbridas que emergieron como creaciones que daban respuesta a la observación de rarezas o inusuales fenómenos de la naturaleza, deformidades congénitas o bien como interpretaciones de precoces hallazgos paleontológicos. Y es que por extraño que parezca, milenios antes de que se ­crearan las colecciones de rarezas de los gabinetes de las maravillas medievales, o se sistematizaran los protocolos de la ­palentología moderna, algunas culturas antiguas creyeron encontrar los huesos de seres fabulosos. A la cultura nómada del inhóspito desierto del Gobi, conocida como saka-escita, el hallazgo de fósiles de dinosaurios de las especies Protoceratops y Psittacosaurus les llevó a crear la figura del grifo, con cuerpo de león, afiladas garras, pico, alas, y un impertinente apego al oro. Los nómadas rellenaron aquellos huesos, localizados en las inmediaciones de los yacimientos o rutas de transporte del precioso metal, con una gran dosis de imaginación que terminó siendo bastante ­realista a la luz de la ciencia moderna.

Quizá en esos mismos fósiles debamos buscar la respuesta a la raza de los arimaspos, hombres de un solo ojo a semejanza de los cíclopes que, como señalan Herodoto y Plinio el Viejo, luchaban contra los grifos por hacerse con el oro.

En la antigua China la observación de fósiles debió contribuir de forma decisiva a la gestación de criaturas míticas como el dragón, mientras que en Grecia la respuesta física a los míticos cíclopes se puede encontrar en la testa de los elefantes que habitaron en las islas de Mediterráneo miles de años atrás. Contemplar el orificio de la trompa les condujo a imaginar que pertenecían a una raza de gigantes de un solo ojo.

FUENTE: http://www.akasico.com

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