José María Zavala: “Hacer un exorcismo es como pelar una cebolla; vas quitando capas hasta llegar al mal”

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Zavala Jose Maria

 

El pasado mes de mayo, unas imágenes daban la vuelta al mundo. El Papa Francisco imponía las manos a un hombre postrado en una silla de ruedas en la Plaza de San Pedro. En el punto álgido de la grabación, se observa cómo el rostro del fiel se convulsiona y adopta gestos extraños con las manos del Pontífice sobre su cabeza. El sujeto en cuestión, un mexicano llamado Ángel, es según dicen un “endemoniado” y lo que el Santo Padre realizaba, afirman, un exorcismo. El Vaticano se apresuró a desmentirlo, aunque el famoso exorcista Gabriele Amorth insiste en que la oración del Papa fue un exorcismo en toda regla y que el muchacho estaba poseído no por uno, sino por cuatro demonios.

Las posesiones demoníacas y la posterior liberación del endemoniado están de moda, o quizá nunca han dejado de estarlo. Las carteleras de cine se llenan una y otra vez de un tema recurrente que da buen resultado en taquilla, más aún si se acompaña de un sugerente “basado en hechos reales”, como la recién estrenada ‘Exorcismo en Georgia’. Pero el límite entre realidad y ficción no queda claro. El cardenal Rouco Varela acaba de pedir al Vaticano ocho nuevos exorcistas para la archidiócesis de Madrid y la santería vive su mayor auge en España, con numerosos testimonios que refieren a misas negras, amarres satánicos y restos de animales muertos diseminados por los parques.

El periodista y escritor José María Zavala (Madrid, 1962), autor de ‘Así se vence al demonio’ y experto en estos lares, lo tiene claro. “Ya lo decía Charles Baudelaire, la mejor artimaña del demonio es hacernos creer que no existe”, afirma. Llega pertrechado por un rosario de medallas al cuello con imágenes de vírgenes varias y de San Miguel Árcangel, patrono de los exorcistas. En el bolsillo guarda otro tesoro, agua “exorcizada”. “No es agua bendita, sino bendecida por el antiguo ritual de Pablo V de 1614″. La fórmula lleva además aceite y sal. “Óleo, como el que antes se usaba para bautizar a los niños y sal exorcizada”, explica la representante de Zavala, Paloma, que se protege igualmente con varias medallas al cuello y, ya en casa, con montones de sal bendecida para mantener siempre a raya al demonio, incluso cuando fríe los filetes.

No se lo toman a broma. A Zavala, un intelectual escéptico que se reía de la manía de llevar estampitas, le hizo cambiar de opinión algo que sucedió en su vida, una “conversión tumbativa” que prefiere guardar en la intimidad. “Soy una persona distinta”, afirma. Pasó de tener pánico al demonio a tenerle un respeto reverencial, aunque conserva amigos que se ríen del tema e incluso conoce gente que acude a exorcismos como quien asiste a un espectáculo circense. “No quería ni oír hablar del demonio, era un tema tabú, pero como católico practicante me vi obligado a escribir un libro que fuera un instrumento para los demás”, relata. En él recoge entrevistas con cinco grandes exorcistas -entre ellos Gabriele Amorth- y los testimonios de gente que ha sufrido en sus carnes “las acometidas del maligno” y que, asegura, “salen a la palestra para ayudar a los demás con sus experiencias”.

Ángeles caídos

Pero, ¿qué o quién es el demonio? Según explica Zavala, son ángeles caídos. “Se calcula que alrededor de un tercio de los ángeles se rebelaron contra Dios frente a los dos tercios restantes, que estaban acaudillados por el que es patrono de los exorcistas, San Miguel Arcángel, al grito de ‘Quién como Dios’”, relata. De ahí que no haya un único demonio, si no varios -”Satanás, Lucifer, Asmodeo y muchos otros”. Y explica de manera gráfica el proceso de expulsar a un demonio. “Exorcizar a una persona es como pelar una cebolla; vas quitando capas hasta llegar al núcleo donde está el demonio con más poder, en este caso Satanás o Lucifer”, concreta. “Siempre están ahí y son los demonios a los que cuesta más trabajo expulsar”. Según explica, el padre Salvador -otro famoso exorcizador- utiliza unos blocajes magnéticos para inmovilizar a las “víctimas del diablo”. “Son blocajes como los que se utilizan en las clínicas psiquiátricas y que los endemoniados neutralizan en cuestión de segundos, porque tienen una fuerza descomunal, sobrehumana”.

El libro de Zavala recoge temas recurrentes en el acervo cinematográfico, como endemoniados que hablan en lenguas muertas -”personas casi analfabetas hablando en arameo”-, levitan durante el exorcismo y profieren blasfemias. “Ahí está la ‘fórmula del nueve’ para distinguir una posesión diabólica de un caso de enfermedad mental; la aversión a lo sagrado”, afirma. “Recuerdo un caso espeluznante de un bebé de 20 meses poseído por Satanás y a quien sus padres instalaron una cámara digital en su dormitorio. Veían cómo levitaba y bajaba hasta el suelo para jugar con un compañero imaginario”. Según relata, los padres iniciaron un trasiego por distintos médicos que no daban con nada anormal hasta dar con el padre Salvador. “El bebé se abalanzó a por su estola para romperla con una furia tremenda. ¿Por qué? Porque el padre Salvador tiene cosidos dos trozos de la sotana del beato Juan Pablo II en el interior. No son visibles, pero el niño lo sabía porque tenía el demonio dentro”.

En su opinión, el demonio está hoy muy presente porque es un “consumado experto” en explotar los siete pecados capitales. “Siempre que hay una disputa o enfrentamiento está detrás el demonio”, insiste. Y destaca que la crisis hace aumentar los casos de afectación diabólica. “Vivimos unos tiempos en los que la sociedad ha renegado de Dios. Impera un materialismo atroz y, con la crisis, en lugar de amarrarse a dios, se van a los cartománticos o a la brujería; la santería prolifera como champiñones por toda España y no es una broma”, avisa. “Mi kit de supervivencia ante el demonio es el sacramento, sobre todo la eucaristía y la confesión”, contrapone. “Antes tenía pánico pero ahora estoy absolutamente pertrechado porque esto no sale gratis, la intra historia del libro no la he contado pero sufrí muchos ataques y todas las noches era levantado a las tres de la madrugada, la hora antinona, la opuesta a la hora que murió Jesucristo, las tres de la tarde. El demonio no es un mito, no es un cuento chino; quien no tenga fe, que la pida”.

Fuente: lasprovincias.es

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