LA APARICIÓN DE FATIMA: CONTACTO ESPIRITUAL O EXTRATERRESTRE ?

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Pocos años después de comienzos del siglo XX, en 1917, en plena primera guerra mundial – en la que participaban tropas portuguesas –, ocurrió en Fátima, un lugarejo del distrito de Leiria, a unos cien kilómetros al norte de Lisboa, una serie de extraños eventos que entonces fueron interpretados como milagros, pero que hoy pueden recibir una interpretación totalmente nueva y altamente significativa.
En ese tiempo, Portugal era un país muy atrasado, con un altísimo índice de analfabetismo, y los inexplicables sucesos que se desarrollaron en una remota zona rural del país, entre campesinos iletrados, era natural que recibiesen una explicación religiosa, y aun más en aquella época de superstición y de beatería. Las ocurrencias se interpretaron como la aparición de la Virgen María, aunque dos mil años antes hubieran podido interpretarse como el descenso de los dioses a la tierra, y en ambos casos se hubiera tratado de visitas de seres “extraterrestres” completamente reales de hecho y sin nada de divino ni milagroso. Lo que ocurrió en Fátima sería una corroboración más de la ley que podríamos enunciar como sigue: los mismos hechos son susceptibles de recibir distintas interpretaciones o explicaciones, de acuerdo no sólo con la época en que tuvieron lugar, sino también respecto al trasfondo cultural.

Si reducimos los sucesos, supuestamente milagrosos de Fátima a la actual terminología ufológica, podríamos decir que las observaciones tuvieron lugar del 13 de mayo al 13 de octubre de 1917, todos los días 13, salvo en una ocasión.

En realidad, fueron cinco encuentros cercanos del tercer tipo y un encuentro cercano del segundo tipo, con efectos físicos sobre el entorno y los testigos. Los testigos del tercer tipo fueron tres pastorcitos: Lúcia de Jesús, de diez años, y sus primos Jacinta y Francisco Marto, hermanos, de nueve y siete años, respectivamente. La testigo principal fue Lúcia. El quinto encuentro tuvo varios cientos de testigos. La sexta y última, llamada danza del sol, fue presenciada por unas cincuenta mil o setenta mil personas. Fue el OVNI que mayor cantidad de gente vio hasta el día de hoy.

Pero más que encuentros cercanos del tercer tipo fue un caso de contacto mesiánico, pues la entidad comunicó un mensaje a los videntes, tal como ocurrió en otras apariciones marianas anteriores y posteriores. En este caso, los encuentros o contactos se desarrollaron en Cova da Iria, un amplio valle de forma aproximadamente circular, situado a dos kilómetros y medio de Fátima. Mientras los tres niños recogían sus ovejas al mediodía, en el lugar mencionado, vieron de pronto un brillante destello en el cielo. Momentos después, una figurilla blanca y rutilante pareció materializarse sobre unas encinas. El ser era muy pequeño, por la descripción dada tendría más de un metro de estatura. Pero de acuerdo con lo dicho anteriormente, ¿cómo tenía que aparecer un ser del espacio a tres niños iletrados de un país católico y supersticioso como era el Portugal de hace muchos años atrás? Como la Santísima Virgen. La aparición nunca les dijo que ella fuese la Virgen, esto hay que tenerlo muy en cuenta.

Más adelante la describieron así: “En las estampas que he visto, Nuestra Señora parece llevar dos mantos. Si yo supiera dibujar – y si supiera no sería capaz de representarla tal cuál es, porque es imposible, lo mismo que hacerlo con palabras –, pondría solamente una sencilla túnica, lo más blanca posible, y un manto que baje desde la cabeza hasta el borde de la túnica; y como tampoco podría dibujar su luz y su belleza, quitaría todos los otros adornos, menos un hilo de oro que bordea al manto. Este hilo resaltaba como si fuera un rayo de sol, que brillaba extensamente. La comparación no dice nada de la realidad; pero no sé explicarme mejor”.

La cabeza parecía cubierta por un manto transparente, ¿casco?; sobre el pecho portaba algo que emitía una luz intensa, comparable a un rosario, al Sagrado Corazón o al Corazón Inmaculado de María. Ahora bien, son numerosos los casos catalogados de humanoides con un objeto brillante en el pecho o en el cinto. Su enumeración se haría farragosa, pero van desde el caso de Oskar Like hasta el de Valensole, pasando por otros muchos de similares características. Por si aun no fuera bastante, la aparición descendía por una especie de camino de luz, sin duda un haz compacto y coherente, también abundante en la casuística mundial. Más adelante estableceremos una comparación estremecedora entre el caso de Fátima y un caso ufológico actual.

Y en el repertorio de hechos insólitos, asociados a las apariciones de Fátima, tampoco faltan las lluvias de hilos de la Virgen, llamados también por los anglosajones Angel Hair, cabellos de ángel. La caída de estos filamentos evanescentes, compuestos principalmente de silicio, a lo que parece, acompañan muchos eventos ufológicos. Así, al paso de una escuadrilla de OVNIs, en 1952, sobre Oloron y Gaillac, en los Pirineos franceses, se produjo una espectacular lluvia de este material, de vida muy efímera. Y el famoso bicho extraterrestre, al parecer hallado en la localidad portuguesa de Evora, y que, de la mano de Raul Berenguel, constituyó la sensación del I Congreso Ibérico de Ovnilogía, celebrado en Oporto, venía presuntamente de pasajero en un hilo de la Virgen.

Y por último: “Cuando la visión empezó a alejarse, se oyó como la explosión lejana de un cohete, o como otros se expresan en el proceso, un trueno subterráneo, venido de la encina, y se vio levantarse en el espacio una nubecilla blanca”. Estas fuertes detonaciones son perfectamente explicables, según la teoría sobre la propulsión de los OVNIs, elaborada por el capitán aviador René Plantier. Dicha teoría explicaría también, por la acción de un campo magnético, el hecho de que cuando, terminada la aparición, la Señora empezaba a elevarse para dirigirse hacia Oriente, “todas las hojas de la encina se recogieron y plegaron en aquella dirección, como si la orla del manto de la Señora, al partir, hubiera pasado rozando sobre ellas”.

Y conviene no olvidar tampoco que la Señora contestó a Lúcia, cuando ésta le preguntó: ¿Donde é que é Vossemecê? (¿De dónde es Vuestra Merced?), Sou do Céu (Soy del Cielo). ¿Del Cielo espiritual, o del cielo = espacio cósmico? Naturalmente, la sencilla Lúcia sólo podía hacer la primera interpretación…, lo mismo que los padres (curas) que después analizaron estos curiosos diálogos entre unos niños terrestres y un ser luminoso extraterrestre.

Entre la Señora y los tres niños – principalmente Lúcia – se entabló una especie de diálogo, probablemente telepático. Evidentemente, este diálogo era sumamente religioso en esencia, pero debemos recordar de nuevo cuál era la mentalidad y los antecedentes de los tres pastorcitos y de su país en la época. Sencillamente, si el ser se les hubiese dirigido en términos científicos, no lo hubieran entendido. Recordemos también al explorador europeo que en el siglo XIX se presentaba a los salvajes como el Gran Dios Blanco, para conseguir que lo reverenciasen, pero al mismo tiempo para impartirles algunas ideas y verdades muy simples.

Por otra parte, nada nos permite descartar cierto vínculo misterioso entre los OVNIs y las creencias religiosas; no sólo la Biblia, sino otros libros de la Antigüedad, contienen alusiones que, hoy día, se pueden interpretar perfectamente a través de la ufología y los extraterrestres. Así, para el escritor franco-griego Paul Thomas (Paul Misraki), lo que se apareció en Fátima era verdaderamente la Virgen, pero dentro de ese contexto indisoluble de OVNIs-religión. Dicho de una manera muy sencilla – demasiado sencilla –, la Virgen y su hijo Jesucristo, si no eran extraterrestres, estaban íntimamente relacionados con ellos y con el experimento genético iniciado en tiempos de Abraham, y que había de culminar en el Mesías.

El segundo contacto tuvo lugar el 13 de junio, y fue muy similar al primero. En esta ocasión, la Señora dijo que le gustaría que los niños aprendiesen a leer.

El tercer contacto o aparición, según la terminología de la iglesia católica, tuvo lugar exactamente un mes después. Muchos sacerdotes, entre ellos el párroco de Fátima, el reverendo Manuel Marques Ferreira, se mostraron escépticos, o abiertamente hostiles, ante las apariciones. El digno señor párroco incluso llegó a pensar que podía ser el demonio en persona quien estaba tentando a los niños. Tal era el fanatismo de la época, que las tres pobres criaturas incluso llegaron a ser encarceladas por varios días. Durante el tercer contacto, el Ser anunció por primera vez a Lúcia que en octubre realizaría un gran milagro para que todos creyesen.

La cuarta aparición debía haber tenido lugar el 13 de agosto, pero los niños se retrasaron, por haber sido llevados a Vila Nova de Ourem, en automóvil, por Arturo d’Oliveira Santos, alcalde de Vila Nova, francmasón y ateo, que sometió a los pastorcillos a un interrogatorio acompañado de amenazas, antes de secuestrarlos. Esto dará al lector una idea de la atmósfera que rodeó al caso. Tras un nuevo lavado de cerebro a cargo del señor Santos, se permitió a los niños ir nuevamente a Cova da Iria el 19, pero esta vez encontraron al Ser luminoso en un lugar inesperado: en los Valinhos (los Vallecitos).

El 13 de septiembre, los testigos fueron muy numerosos, e inclusive se vio la nave en que el Ser acudía al lugar de la cita. Según el reverendísimo vicario general de Leiria, que fue uno de los testigos, la Virgen vino en un aeroplano de luz, un globo inmenso, que se mueve hacia occidente, desplazándose lento y majestuoso a través del espacio. Otros testigos vieron salir del globo a un Ser blanco. El globo partió hacia el este, a los pocos minutos, desapareciendo en dirección al Sol. Por su parte, los tres pastorcillos volvieron a ver a la Señora, quien esta vez les dijo de nuevo que en octubre realizaría un milagro para que lo viesen todos. Esta vez el fenómeno estuvo acompañado por un hecho clásico en ufología: la caída de fils de la Vierge, descripta así por L. G. da Fonseca: “Del cielo llovían como flores blancas o copos de nieve que desaparecían antes de llegar al suelo, y cuando querían recogerlos con los sombreros o tomarlos con la mano”. Entre los testigos de esta caída de filamentos blancos se hallaba el Obispo de Leiria, quien así lo atestiguó.

El milagro del Sol

A las doce y media, aproximadamente, se inició el llamado “Milagro del Sol”.
Pero la observación más importante aún había de tener lugar. Tal como había prometido el Ser celestial, ocurrió el 13 de octubre y fue presenciada por millares de testigos, pues por todo Portugal se había esparcido la noticia de que algo gordo iba a suceder aquel día.

Las características de esta observación aun recuerdan más, si cabe, la fenomenología platillística actual. Desde primeras horas de la mañana, todas las carreteras y veredas que conducían a Fátima estaban abarrotadas de peregrinos, que iban desde grupos de fanáticos hasta simples curiosos e incluso ateos (había muchos entonces – sin duda por reacción – en países católicos oficialmente como Portugal, España e Italia), muchos de los cuales acudían allí con claros propósitos de mofarse del milagro y de los que creían en él.

Desdichadamente, el día amaneció nublado y lluvioso. A las once y media de la mañana, se calcula que se habían congregado en el anfiteatro natural de Cova da Iria entre cincuenta mil y setenta mil personas, entre ellas se encontraban numerosos informadores de prensa, enviados por periódicos de Lisboa y Oporto. A las doce y media, aproximadamente, se inició el llamado prodigio solar: el Sol brilló entre las nubes (llovía torrencialmente en aquellos momentos) e inició su danza.

Pero dejemos que el prodigio nos sea relatado por un testigo calificado: el profesor Almeida Garrett, distinguido hombre de ciencia, catedrático en la Universidad de Coimbra, que se encontraba entre la multitud: “Llegué a mediodía. La lluvia, que desde la madrugada caía lenta y persistente, sacudida por un fuerte vendaval, continuaba y amenazaba inundarlo todo. Me detuve en el camino…, dominando el lugar que decían era el de las apariciones. Me hallaba distante, un centenar de metros. La lluvia caía copiosa sobre las cabezas y, bajando a regueros, empapaba los vestidos. Eran como las dos de la tarde (poco después de mediodía). Pocos instantes antes, el Sol había rasgado el denso nubarrón que lo ocultaba y apareció radiante; todas las miradas se dirigieron a él como atraídas por un imán. También yo lo miré fijamente y lo vi semejante a un disco de contornos definidos, resplandeciente, pero sin deslumbrar. No me pareció exacta la comparación que allí mismo, en Fátima, oí, de un disco de plata empañado. No; su aspecto era de una claridad nítida y cambiante, que se asemejaba a los cambiantes o irisaciones de una perla. No se parecía en nada a la luna en noche serena, pues no tenía ni su color ni los claroscuros. Parecía una rueda bruñida, sacada de una concha nacarada. Esto no es poesía: mis ojos lo han visto así… Por otra parte, aquel disco solar no parecía difuso ni de modo alguno cubierto; se destacaba nítido en su fondo y en su circunferencia. Este disco, tan rápidamente cambiado y tan esplendoroso, parecía haber tomado el vértigo del movimiento. No era el centelleo de luz viva de una estrella. Giraba sobre sí mismo con una velocidad arrolladora. De repente, de la muchedumbre brota un clamoreo, cual grito de angustia. El Sol, conservando la velocidad de su rotación, se desprende del firmamento y, sanguinolento, avanza hacia la tierra, amenazando aplastarnos bajo el peso de su ingente mole de fuego… Son momentos de impresión terrorífica…”.

Otros testigos hablan también de la caída del astro en hoja muerta (movimiento característico de los OVNIs), y el barón de Alvaiàzere dice que descendió y luego subió en espiral. Paul Misraki presenta en su obra un detallado cuadro comparativo del fenómeno solar de Fátima con diversos eventos ufológicos.

Cuando el supuesto disco solar, que no cesaba de girar sobre su eje, descendió hacia la multitud, fueron muchas las personas que sintieron una sensación de hormigueo y calor. A algunos se les secaron completamente los vestidos, que tenían empapados. A otros, no. Desde lugares situados en un radio de varios kilómetros en torno a Fátima, se observó también la danza del Sol. Pero los observatorios astronómicos del hemisferio iluminado no observaron aquel día nada anormal, ni en los cielos ni en el Sol. Esto significa que se trató de un fenómeno local; un fenómeno que se desarrolló a muy baja altura (probablemente a unos cientos de metros), y que estaba dirigido únicamente a la gente reunida en Cova da Iria, con objeto de impresionarla.

Quizá fuese uno de los últimos intentos realizado por ellos para establecer contacto con la humanidad a gran escala; una de las mayores demostraciones cósmicas que han realizado en nuestro planeta. Sea por lo que fuere, no parece haber conseguido el resultado propuesto.

FUENTE: http://www.contactoparanormal.us/

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