LA EXTRAÑA DESAPARICIÓN DEL JUEZ CRATER

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Tal vez ninguna desaparición de Estados Unidos ha creado tantas especulaciones como la del juez Joseph F. Crater, y eso que en Estados Unidos las desapariciones de famosos son una especie de deporte olímpico. Durante muchos años, fue conocido como “el desaparecidísimo de New York”. Fue visto por última vez la noche del 6 de agosto de 1930, saliendo de un restaurante. Crater era un hombre alto, corpulento y especialmente apuesto; cuando salió del restaurante dijo adiós y subió a un taxi; nunca más fue visto. Pero ¿cómo era posible que un hombre tan poderoso y prominente como un juez del Tribunal Supremo desapareciera para siempre? El caso ha inspirado sin decirlo muchas de las mejores novelas y películas de cine negro de la historia: de L.A. Confidential a The Maltese Falcon y Chinatown, todas ellas están en deuda con esta historia.

El personaje

La carrera de Crater fue un éxito; poco antes de desaparecer acababa de ser nombrado por el gobernador Franklin D. Roosevelt para el Tribunal y se daba por hecho que llegaría a la Corte Suprema. En 1913 comenzó a practicar la abogacía en Nueva York y se mezcló en la política local; se volvió en presidente del Club Demócrata en Manhattan y su bufete prosperó gracias a sus conexiones con la política corrupta.

Días antes de su nombramiento a la Corte Suprema de Nueva York compró un hotel en quiebra por $20,000, lo revendió por $75.000 a una empresa de bonos e hipotecas y dos meses más tarde, la ciudad acordó recomprarlo por un ensanchamiento de la calle por casi $3 millones, cosa que sólo se supo tiempo después de su desaparición.

La desaparición

En el verano de 1930, el juez y su esposa estaban de vacaciones en Belgrade Lakes, Maine, donde recibió una llamada y no ofreció información salvo para decir que debía volver a la ciudad “para enderezar a estos tipos”. Llegó a su apartamento de la Quinta Avenida, pero en lugar de negocios hizo un viaje a Atlantic City en compañía de una bailarina. La mañana del 6 de agosto, pasó dos horas repasando sus archivos, hizo que su asistente, Joseph Mara, cambiara dos cheques por $5.150 y luego los dos llevaron dos maletines a su apartamento.

Más tarde esa noche compró un asiento para Dancing Partners en el Teatro Belasco, y luego fue a al famoso restaurante de Billy Haas, donde se encontró con dos amigos y cenó con ellos. El amigo dijo más tarde a los investigadores que Crater estaba de buen humor y no dio indicación de que algo le molestara. La cena terminó poco después de las 9:00 (poco tiempo después de que se abriera el telón para la comedia para la que Crater había comprado boleta) y el pequeño grupo salió a la calle, donde Crater se despidió de sus amigos y entró en un taxi. Su próxima parada sigue siendo un misterio.

La reacción

Cuando pasaron diez días sin que volviera su esposa comenzó a llamar a sus amigos. Sólo cuando no se presentó para la apertura de los tribunales el 25 de agosto sus compañeros se alarmaron; comenzaron una búsqueda privada, sin encontrar rastro. La policía fue finalmente notificada el 3 de septiembre y registró el apartamento de Crater sin encontrar nada sospechoso. Ofrecieron recompensas por información pero ni el taxista apareció. Lo más que avanzaron fue a comprobar que alguien había reclamado la boleta en el Belasco, pero no quién o por qué, si el juez estaba cenando.

La historia cautivó a la nación y una gigantesca investigación se puso en marcha. ¿Había sido asesinado Crater o desapareció por su cuenta? Esa fue la pregunta que todo el mundo quería responder, de detectives a socios de negocios en la sombra. Los detectives descubrieron que la caja fuerte juez había sido limpiada y los dos maletines estaban desaparecidos.

La investigación

A medida que la investigación avanzaba la policía (y el público, a través de los periódicos) estaban asombrados viendo deshacerse la cuidadosa fachada construida por el juez. El hotel sólo fue uno de muchos negocios similares; mantenía una importante cantidad de amantes por la ciudad en un tren de vida absolutamente impagable con su salario y le encantaba agasajar a sus amigos con citas con “coristas”. No sólo había sido el artífice de varios casos escandalosos ya olvidados, sino que cada vez resultaba más evidente que había pagado por su propio nombramiento.

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Su esposa, Sally, no volvió a su apartamento hasta seis meses después de la desaparición. Al llegar encontró un sobre en el cajón superior de su tocador con $6,690 dólares en efectivo, el testamento del juez (escrito semanas antes de su desaparición, dejándole todo) y una lista a lápiz señalando las personas que le debían dinero al juez y la cantidad. La lista acababa con “Estoy muy, muy cansado. Joe”.

La policía prácticamente había tumbado ese apartamento registrándolo y tenía guardia de 24 horas desde la desaparición. Nunca nadie pudo explicar cómo ni cuando llegó allí el sobre. Ese sobre desató las especulaciones sobre una desaparición voluntaria, pero no se llegó a nada y sigue siendo la parte más misteriosa del caso.

Después

La señora Crater y muchos de sus amigos creían que fue víctima de un crimen y fue asesinado “por algo siniestro conectado a la política”. En 1937, la señora Crater demandó a las aseguradoras por las pólizas de su marido. Durante el juicio, su abogado presentó su teoría del asesinato, dejando la política fuera de la mezcla. Afirmó que el juez había sido chantajeado por una bailarina de Broadway y los cheques por $5.150 eran para pagarle. Cuando ella exigió más dinero y Crater se negó, un amigo gángster de la corista lo había matado. La teoría no impresionó a la corte.

El 6 de junio de 1939, el juez Crater fue declarado muerto (y la pobre señora finalmente pudo cobrar la póliza), pero los avistamientos continuaron años. Posibles teoría han incluido su asesinato por sus compinches políticos antes de que pudiera testificar contra ellos en una investigación de corrupción, o el encubrimiento de su muerte en los brazos de su amante o una prostituta. Algunos creen que fue asesinado en una disputa o que decidió retirarse y empezar una nueva vida en Quebec, Europa o el Caribe.

En todo caso, el archivo 13595 fue oficialmente cerrado en 1979 pero en la práctica sigue abierto. En agosto de 2005 fue el más reciente desarrollo del caso: una mujer, Stella Ferrucci-Good, de Queens, New York, dejó una carta “para abrir después de mi muerte”. En ella afirma que su ex-esposo Robert Good, el oficial de policía Charles Burns y el hermano de Burns, Frank, un taxista, mataron al juez y lo enterraron bajo un paseo entablado en Coney Island. Al parecer, el asesinato se dio en medio de los violentos enfrentamientos de la mafia por el control de la ciudad y no fue el único caso raro donde participó Burns. En todo caso, la policía confirmó que en los 1950 se encontraron seis cadáveres en ese lugar cuando el tableado se levantó para construir el actual acuario de la ciudad. Sin embargo, fueron mandados a una fosa común donde literalmente hay miles de restos, de manera que la búsqueda sigue pendiente.

POR: DOUGLAS JOSUE

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