LOS CAZADORES DE CABEZAS DEL AMAZONAS

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Cabeza Humana
Cabeza Humana

En las profundidades de las selvas de Ecuador, vivió un grupo de gente cuya sociedad se basaba en el asesinato. Feroces guerreros que mataban a sus víctimas sin piedad y asesinaban a quienes se atrevían a aventurarse en sus dominios. Durante siglos mantuvieron sangrientas guerras de venganza, cortando la cabeza de los enemigos que mataban. Sus rituales de reducción de cabezas impresionaron al mundo. ¿Quiénes fueron estos feroces guerreros de la selva? ¿Por qué estaban tan obsesionados con la cacería de cabezas humanas? En las líneas que siguen nos adentraremos en el oscuro corazón del Amazonas para descubrir los misteriosos cazadores de cabezas. Una cultura cuyo comportamiento asesino los hizo ser temidos a todo lo largo del mundo. Feroces guerreros del Amazonas Desde el comienzo de la vida humana la tierra ha estado bañada en sangre. Cada época ha sido partícipe de la violencia y la guerra. Aún así, para algunas personas la muerte del enemigo no ha sido suficiente, por razones extrañas han cazado a otros seres humanos para obtener sus cabezas. Desde tiempos remotos y en diferentes lugares, feroces guerreros han mostrado con orgullo las cabezas decapitadas de sus enemigos. Pero hace mucho tiempo, para una cultura específica, la práctica de cazar cabezas se convirtió en una terrible obsesión asesina. El Amazonas, 3.200.000 km2. de selva tropical sudamericana, la selva más grande de la Tierra. Los primeros europeos que afrontaron los peligros del Amazonas pensaron que estaban entrando a un fabuloso reino de civilizaciones perdidas y extraordinarias riquezas. Ellos creían que en esas desconocidas profundidades encontrarían extrañas criaturas de la mitología. A medida que los exploradores se adentraban en el Amazonas, la mayoría de esos supuestos habitantes de fábulas probaron ser producto de la imaginación. Por las junglas de Ecuador algunos de esos habitantes probaron ser espantosamente reales. Ellos se hacían llamar simplemente “humanidad”, en su lenguaje: “el Shuar”. Sus vidas eran un interminable ciclo de violencia, una eterna lucha de sangre de vecinos contra vecinos, un mundo dominado por las inapelables leyes de la venganza. En este violento cosmos, los despiadados enemigos se mataban unos a otros a lo largo de los oscuros caminos de la selva y la supervivencia dependía de quien obtenía primero la cabeza del enemigo. Para los shuar el coleccionar cabezas humanas era una verdadera obsesión. No se les consideraba hombres a menos que obtuviesen una cabeza como trofeo a los 10 u 11 años de edad. Creían que su propia fuerza masculina y virilidad tenía que ver con el hecho de salir y matar a alguien. Pensaban que el poder adquirido venía de la cabeza de aquel a quien asesinaban. Tal vez, es por esto que durante cientos de años pocos extranjeros se atrevieron a aventurarse en los dominios de los shuar, aquellos que lo hicieron pocas veces regresaron con vida. Aislados del mundo por su temible reputación, los shuar, se mantuvieron como un enigma estremecedor. Invasión Por cuánto tiempo han habitado los shuar, los más conocidos cazadores de cabezas del Amazonas, sus imponentes pero peligrosos territorios. Los estudiosos sólo pueden especular que tal vez, hace 10 mil años, errantes nómadas penetraron por primera vez las espesuras de la selva ecuatoriana. A lo largo de los siglos, los shuar aprendieron los secretos de supervivencia del Amazonas y adoraron las fuerzas todopoderosas que regían sus vidas. Para sobrevivir en su mundo los shuar también debieron dominar el arte mortal de la guerra. No sabemos por qué la guerra se convirtió en algo tan importante para los shuar, algunos sostienen que las frecuentes matanzas mantenían un frágil equilibrio entre la gente y su medio. De hecho, el guerrero shuar a entonado una canción que a perdurado hasta el presente y que dice así: “Nací para sacrificarme y para morir peleando por la tierra”. Eso se debe a que ellos dicen que la población puede realmente crecer sin ningún control; en su medio ambiente cuando esto sucede es terrible. Entonces, para que la gente no pase hambre por la escasez de alimento, prefieren guerrear, pues pelear o morir en la batalla es un gran honor. ¿Acaso pelearon los shuar con sus enemigos para capturar sus mujeres u obtener más tierras? Lo cierto es que el peligro acechaba constantemente tras la belleza amazónica mientras los guerreros se enfrentaban a sus enemigos, sedientos de saldar viejas cuentas con sangre. El enemigo podría ser otro shuar o un miembro de otra tribu, como los achuar que eran sus enemigos tradicionales; pero, a veces, era un sistema más complicado de guerra entre clanes que había durado generaciones. Era algo como lo que Shakespeare escribió en Romeo y Julieta, una familia shuar entablaría una lucha con otra y se estarían asesinando entre sí por muchas generaciones. En esos viejos tiempos de violencia y temor, cada extranjero era sometido a un riguroso interrogatorio por parte de su anfitrión. Solamente cuando el visitante había logrado demostrar que no era miembro de ningún clan enemigo, bajarían la guardia los shuar y se ofrecería hospitalidad al extranjero. Esto se debe a que, en el mundo de los shuar, el miedo era un factor de la vida diaria. Con cada atardecer aparecía la amenaza del enemigo en busca de cabezas. La amenaza de muerte acechaba en las sombras de la noche. En un mundo como este, sólo los más fuertes vivirían. Durante miles de años, los shuar estuvieron entre los más fuertes. Cuando el poderoso imperio Inca invadió sus territorios en el siglo XV, los shuar demostraron que tan feroces eran en su lucha por sobrevivir. Aplastaron a las armadas incas enviadas para destruirlos. En el siglo XVI, Ecuador fue conquistado por los aventureros españoles en busca de riquezas. Los españoles obligaron a los shuar a pagarles un tributo en oro. Éstos entregaron el oro, pero mientras los españoles se deleitaban con su nuevo tesoro los guerreros de la selva los masacraron. Los conquistadores, enfurecidos, enviaron armadas para aniquilar a los hombres salvajes que se habían atrevido a retar el poderío imperial de España; pero los shuar buscaron a los soldados españoles que invadieron sus tierras y los exterminaron. España nunca conquistó los dominios de los cazadores de cabezas. Los shuar fueron los únicos nativos de Norte y Sudamérica en enfrentarse al poder colonial y vencer. Para mantener su independencia los shuar debían de ser poderosos guerreros pero, ¿qué los llevó a cortar las cabezas de aquellos a quienes mataban? La respuesta quizás pueda encontrarse en un mundo más allá de los sentidos. La visión En la profundidad del Amazonas, en un remoto pasado, los shuar se convirtieron en feroces guerreros en su lucha por sobrevivir ¿Acaso esa lucha los convirtió en cazadores de cabezas? La respuesta puede estar en el invisible y terrible mundo de lo sobrenatural. Los shuar creían que el mundo a su alrededor no era más que un pálido reflejo de una realidad más profunda, un mundo espiritual más allá de lo que podían percibir los sentidos. Para buscar esa realidad, los shuar se convirtieron en expertos en la utilización de las plantas alucinógenas, que crecían en la selva que los rodeaba. Tan arraigada estaba su creencia en un mundo espiritual superior que los shuar incluso le daban alucinógenos a sus niños para mostrarles esta realidad. Cuando un joven llegaba a la pubertad sus representantes lo consideraban preparado para una escalofriante y agotadora prueba. A ningún shuar le era permitido hacer el amor a una mujer hasta no haber pasado este desgarrador rito. Bajo la tutela de los mayores, los jóvenes comenzaban su búsqueda dirigiéndose a una cascada sagrada. “Me dirijo a donde existe una gran cascada. Emerge de donde la montaña se convierte en piedra. Esta cascada ha de darme fuerza. Espero, luego de este viaje, obtener una muy larga vida” (visión de un ancestro shuar). Los hombres que eran poderosos cuando vivían en la tierra son transformados en animales poderosos cuando mueren. Viven en la selva como espíritus, viven en la cascada. Esa es la razón por la que los shuar iban a la cascada, para poder ver a estos grandes hombres, para obtener su fuerza y energía, y para hacer contacto con su arutam. Un arutam es un espíritu de la naturaleza, es el espíritu de la vida. Hay un momento en el que se escuchará una voz, podría salir de un jaguar, de una anaconda, de la misma cascada o de un enorme halo de luz y se recibirán mensajes sobre lo que se deberá hacer. “Yo soy tu antepasado. De la misma manera en que yo he vivido mucho tiempo, tu vivirás mucho tiempo. De la misma manera en que yo he matado muchas veces, tu matarás” (visión de un ancestro shuar).

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