Los Hombres Anfibios Sumerios

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Carl Sagan ya hablo en su dia sobre el maestro anfibio Oannes, que trajo el conocimiento a los pueblos neolíticos del Golfo Pérsico.

El término egipcio Abdju (Abydos) posee un homófono cuyo sentido es “pez”. Este pez sagrado servia como piloto en la barca solar de Ra. Su función era advertir a los pasajeros de la barca de los enemigos enviados por Seth. No tenemos ninguna dificultad para identificar al pez Abdju con un simbólico Horus, o incluso mejor con Osiris reencarnado, mientras que el homólogo sumerio de Osiris es Enki, quien a su vez poseía el símbolo del pez.

Este pez que precede a la barca solar es evidentemente el planeta Venus, que hoy guía [por lo menos lo hace ocasionalmente] el curso del sol (Ra).

Sabemos que el pez igualmente representa a Sirio, la otra estrella sagrada de los egipcios, y el hogar de los Disenadores de Vida anfibios. Por supuesto, esto nos recuerda a los seres acuaticos llamados Nommos, frecuentemente mencionados en Ádam Genisiš. Los dogones afirman que los Nommos restauraron el mundo varias veces, y que ellos trasmitieron a la humanidad dones tales como el habla y el grano.

Para los sumerios, los Nommos son los famosos Abgal que siguen las ordenes de Enki. El término sumerio Abgal se traduce a Apkallu en acadio, una designación para un sabio, y también un sacerdote.

Berossus, historiador babilónico y sacerdote del Templo de Bel en Babilonia, nos aporta algunos detalles concernientes a un Abgal-Apkalllu en un fragmento sobreviviente de su libro The Babyloniaca, desafortunadamente perdido en los vaivenes de la historia. Sus descripciones son una reminiscencia de las de los dogones.

En Babilonia había mucha gente de diversos orígenes que moraban en Caldea y vivían sin leyes, como animales en los campos.

Durante el primer año apareció un ser que salió del Mar Erytheraeum, que corre paralelo a Babilonia. Se dice que su nombre era Oannes, y era un animal dotado de razón. Su cuerpo parecía el de un pez. Tenia bajo su cabeza de pez otra cabeza; también tenia pies como los de un hombre, saliendo de su cola de pez. Su voz y lenguaje eran humanos en su articulación. Esta representación ha sido conservada hasta nuestros días.

Este ser estaba acostumbrado a pasar el día entre los hombres, pero nunca tomo alimento alguno. Les dio elementos para aprender en letras, ciencia, metalurgia, arte, el modo de construir ciudades, de fundar templos, de crear leyes. Enseñó los principios de la geometría. Les mostró como distinguir los granos de la tierra y a cosechar frutos. En resumen, los instruyo en cada cosa que les sirviera para acomodar sus necesidades y humanizar su vida.

En aquel tiempo, ningún material necesito ser añadido para mejorar estas instrucciones. Y cuando se ponía el sol, este ser, Oannes, regresaba al agua para pasar la noche en las profundidades, porque era anfibio.

Allí siguieron otros animales parecidos a Oannes.

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Los registros del egipcio Helliadius informan que un hombre-pez llamado Oe vivio en el Golfo Pérsico. Había salido de un huevo luminoso y se consagro a la erudición de la humanidad. Hay un mito entre las tribus indígenas Pomo de California que cuenta la historia de la llegada de un supremo ser fundador que “salió del océano y se transformo en un hombre”.

En China aparecieron los Lingyus, seres acuáticos con rostros, manos y pies humanos, pero con el cuerpo de un pez.

!En Egipto, el pescado era consumido por el pueblo, pero estaba estrictamente prohibido en la mesa real del Faraón! Sin duda alguna, los faraones conocían la verdad simbólica del pez. De alguna manera, algunos de ellos recordaban los orígenes “anfibios” de su “dios”, Osiris, que fue “masacrado” por su enemigo, Seth.

Curiosamente, Jesucristo fue sacrificado en un viernes, el día en el que los cristianos comen pescado. La Iglesia cristiana , obviamente, ha optado por apropiarse de los símbolos.

Anubis, el dios embalsamador, encargado de la momificación de Osiris y del rito del KRST (funeral). Osiris fue el primer “dios” en ser enterrado y traído de regreso de entre los muertos. Tumba de Khabeknet, 19ª dinastía.

Hay un cuasi-homófono de Abdju [consulte la sección anterior, Abzu (2)] en la lengua egipcia: Abtu. Segun Budge, este término tiene el significado: masacre, matanza, derramamiento de sangre. Observo que el termino igualmente significaba “sacrificio(s)”, y que todavía en la 19a dinastía, como se refleja en El Libro del Amduat (Div 7), los egipcios creían que los sacrificios humanos se originaban en la época en que Osiris fue enterrado.

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