Que son los Milagros

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PLANTILLA
Se llama milagro a un evento atribuido a la intervención divina. La palabra milagro encuentra su raíz en el latín miraculum que significa «mirar». Los latinos llamaban miraculum a aquellas cosas prodigiosas que escapaban a su… entendimiento, como los eclipses, las estaciones del año y las tempestades. Así entonces, miraculum proviene de mirari, que en latín significa «contemplar con admiración, con asombro o con estupefacción».
Esta forma latina se mantiene en francés y en inglés como miracle, y en italiano como miracolo, entre otras lenguas neolatinas.
Es así como, desde el punto de vista etimológico, la palabra milagro no dice relación necesariamente con una cierta intervención divina, sino que se liga al asombro ante lo inefable, tal como lo plantearan los latinos. Según el cristianismo, un milagro es en sí un hecho sobrenatural en el cual se manifiesta el amor de Dios hacia los seres humanos.
Cuando se analiza un relato de milagro desde la perspectiva literaria, no se hace ningún juicio sobre el valor histórico del mismo. La investigación histórica tienen sus propias reglas, que son diferentes de las literarias Para el cristianismo en general, el milagro sería un hecho sin explicación científica razonable.
Agustín de Hipona ofreció la siguiente definición de milagro: «Milagro llamo a lo que, siendo arduo e insólito, parece rebasar las esperanzas posibles y la capacidad del que lo contempla» (De utilitate credendi, 16,34). Pero el mismo autor no pone tanto énfasis en los milagros como «desafíos a las leyes naturales».
Agustín de Hipona marca que todos los hechos (ordinarios o extraordinarios) tienen una significación religiosa: visto desde el punto de vista de la fe, «tanto el crecimiento de la mies como la multiplicación de los panes tienen el sello del amor y del poder del Dios». El filósofo Karl Popper argumentó que los milagros, entendidos como una intervención en el universo de una entidad todopoderosa superior al propio universo, no pueden ser estudiados por el método científico.
Según Popper, una proposición no puede considerarse ajustada al método científico si fuese imposible verificar su eventual falsedad. Hablando de los milagros mismos, científicamente, se pueden hacer hipótesis que buscan explicar un determinado fenómeno, para demostrar o no una explicación al suceso por medio de un experimento.
El problema es que, muchos de los que afirman la existencia de milagros, suelen no efectuar un análisis serio antes de concluir que algo no tiene explicación. Además, parece para muchos una contradicción lógica afirmar que a “algo que no tiene explicación científica” pueda atribuírsele una “explicación sobrenatural”. Eso hace que, en parte del mundo académico, la existencia de milagros haya perdido credibilidad -aún para personas teístas liberales-, y se busque descartar su existencia por medio de la lógica, aún cuando se trate de supuestos hechos no explicables por las leyes naturales.
El psiquiatra Sigmund Freud escribía que, a la ciencia le corresponde encontrar una verdad objetiva detrás de las cosas y, por lo tanto, no es posible declarar que la ciencia es sólo un campo de la actividad humana, y que la interpretación “mágica” (o de religiosos conservadores) sea un campo “diferente”.Se trata de un argumento que suele ser usado para reclamar la “veracidad” de hechos no ordinarios, argumento que suele ser simplemente una interpretación personal dada en base a sus creencias.
Freud llama a la búsqueda de la verdad e insta a hacer una crítica a las creencias que quieran usurpar el terreno de la objetividad y de la misma ciencia. Se suele invertir la carga de prueba por parte de quien afirma la existencia de un milagro. Sin embargo, desde el punto de vista de la filosofía de la ciencia, “quien dice que algo existe es quien lo debe demostrar”, mediante razones lógicas.
En ese caso, la carga de prueba del escéptico se restringe a refutar y descartar la descripción del milagro. Por esa misma razón, en el pensamiento escéptico, la posibilidad de un milagro se autodestruye cuando la atribución de milagro a un suceso se funda únicamente en la percepción o el pensamiento subjetivo. Eso, porque desde el siglo XVIII, el empirismo dejó expuesto que los sentidos o las percepciones pueden engañarnos.
Por lo tanto, no se puede afirmar que no existan razones, dentro del mundo académico, para sostener una postura escéptica ante tales sucesos, puesto que pueden ser analizados en el marco de la lógica, como hizo David Hume.A veces, los llamados “milagros” en sentido laxo carecen de una investigación seria, y no suelen tomar en cuenta otros aspectos que pueden ser condicionantes de la opinión: fanatismo, efecto placebo, efectos de tratamientos previos, o el estado psíquico o emocional de la persona.
Sin embargo, no es posible generalizar una única postura científica. “Le Bureau des Constatations Médicales” y de “Le Comité Médical International” de Lourdes, que rigen el análisis científico de las curaciones producidas en Lourdes, siguen protocolos estrictos.5 6 Para que una curación se considere “inexplicable” para la ciencia se deben cumplimentar una serie de requisitos, entre los que se cuentan: (a) que la dolencia sea incurable; (b) que se haya puesto de manifiesto la total ineficacia de los medicamentos o protocolos empleados en el tratamiento de dicha dolencia; (c) que la curación haya sobrevenido de manera instantánea o casi instantánea; (d) que la curación haya sido absoluta; (e) que la curación no sea resultante de una interpretación derivada del estado psíquico de la persona. De los aproximadamente 7000 casos de curaciones registrados en expedientes, sólo 67 han sido reconocidos como “milagros”.
Tal es el grado de rigor manifestado en este tema que la curación de Marie Bailly, aquejada de peritonitis tuberculosa en último estadio (el famoso “Dossier 54” de los Archivos de “Le Bureau des Constatations Médicales” de Lourdes), y testimoniada por el Dr. Alexis Carrel (premio Nobel de Medicina en 1912), no se encuentra incluida entre los casos considerados “milagrosos” por la Iglesia Católica, simplemente por una insuficiente constatación del estado psíquico de la paciente previo a su curación.
En una opinión editorial, el Center for Inquiry calificó algunas de las certificaciones del Bureau como «vagas y poco científicas». Desde diciembre de 2008 “Le Comité Médical International” de Lourdes dirigido por el doctor Patrick Theiller cesó en definir cualquier curación como milagro. Jamey Keaten puntualizó los conceptos del secretario de ese panel internacional de médicos: el Bureau sigue reconociendo casos de curación “notable”, pero dejan en manos de la Iglesia decidir si se trata de “milagros”.
El doctor Theiller acotó: «La comunidad médica no está tan segura de sí misma como hace 20 o 30 años. En aquel entonces, era mucho más triunfalista, y pensaba que sabía todo, antes de que las nuevas enfermedades surgieran a desacreditar la idea».
Desde que David Hume demostró que nuestras percepciones pueden engañarnos, los “testimonios” carecen para algunos de credibilidad en el mundo académico.
Desde el punto de vista médico, el milagro no es considerado por muchos una contradicción de las leyes de la naturaleza, sino una aceleración inexplicable del proceso normal de curación”. Tomás de Aquino, en el siglo XIII, definió milagro como algo hecho por Dios más allá de las causas conocidas por los hombres (cf. Suma teológica, I parte, q. 105, a. 7). Como consecuencia de lo anterior, la posición actual de la Iglesia católica no es opuesta a la ciencia.
El milagro no es considerado hoy un “suceso mágico” que controla las fuerzas cósmicas, sino -en la postura de los creyentes- un suceso que dependería de Dios (de quien, por otra parte, también dependerían todas las leyes naturales). Para los creyentes, científicos o no, la atención no se centra en lo sorprendente o extraordinario del hecho ocurrido, sino en la autoridad de quien supuestamente lo realizó (Dios).4 Además, el milagro, en el pensar de los creyentes, sólo se concede por motivos que escapan al intelecto del ser humano, y que se sitúan en el mismo misterio de Dios.
Hay, pues, hechos que resultan para la ciencia “inexplicables” por las leyes naturales, al menos hasta el día de hoy. La forma de interpretación de esos hechos depende de la creencia o del pensamiento de cada cual, y no definen al hecho en sí, sino al individuo que lo interpreta.
Twitter: @Mpdesconocido

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