LOS OBELISCOS, SON NAVES ESPACIALES ANTIGUAS ?

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El contenido simbólico del obelisco sólo puede ser abordado por vía de los jeroglíficos, que son en sí mismos simbólicos. La palabra “obelisco” viene del griego antiguo “obeliskos” y no fue utilizado como un término para esos delgados pilares de la piedra hasta mucho después. En griego antiguo, “obelos”  significa “lanza, pilar puntiagudo, o espetón.” Esto ha llevado a la enciclopedia alemana “Brockhaus” a traducir “obeliskos” con la palabra usada para “espetón” que no es lo que significaba para los griegos. Debe, en cambio, ser “como un pilar puntiagudo; o como un espetón”, y estos términos sólo deben usarse para comparar su apariencia exterior.(3)

 

Los primeros escribas árabes usaron por otro lado el término“misallat Fit aun”, que quiere decir “la gran aguja del faraón” (por ejemplo, Abd-il-Latif, duodécimo siglo), y “ain ash-shems”, o “las fuentes del Sol”.  Estos nombres  tampoco nos ayudan mucho inicialmente.

 

La antigua palabra egipcia para los pilares puntiagudos es el thn(techen). Está basada en el palabra thnj (techenj) que significa “que daña el ojo, el globo ocular; que hiere/penetra los cielos.” (4). Spiegelberg (5) tradujo una inscripción de los textos de la pirámide como sigue: “Dos grandes obeliscos están de pie firmemente al descubierto delante de ellas (Isis y Nephthys, nota del autor) y agujerean las nubes en el cielo.” A estas alturas se ofrecen dos hipótesis de trabajo para discusión:  

 

A)     La convencional: estamos tratando con una visión metafórica en el sentido de nuestro moderno término “rascacielos”.

B)     La nueva: estamos tratando aquí con un uso metafórico del idioma, como un objeto parecido a un cohete que “hirió, penetró” el cielo al despegar.

  

Para Martin (6)  thn  deriva del verbo hnj. Su significado es algo como “sosteniéndose en el aire”, con la “t” entendida como un prefijo que denota un proceso continuo. De nuevo, pueden ofrecerse dos maneras diferentes de mirarlo:

 

A)     En el obelisco vemos “la expresión lingüística simbólica de la “corriente de misericordia” desde el Cielo a la Tierra, (en tanto que) el apuntar hacia arriba en el cielo, hacia el Sol…y su vuelta atrás de allí a la Tierra…indica el intercambio de energía de ida y vuelta entre la Tierra y el Cielo…Esto es en realidad una imagen abstracta del Rey y su rol” (7).

B)     Posiblemente se estaba haciendo referencia aquí a un proceso real, observado, de un trasbordador que desciende del cielo a la Tierra (con forma de obelisco). Después, este apuntar al cielo del obelisco, hacia el Sol, y su retorno a la Tierra, también se usó como un símbolo de intercambio de energía entre el Cielo y la Tierra. Un término utilizado en el Nuevo Reino (hacia el 1550-1080 a.C.), llamado “mn”, se referiría a otro aspecto de la interpretación según el cual el obelisco se convirtió en un persistente recuerdo de un evento extraordinario.

 

En las publicaciones populares, e incluso en las guías de turismo semi-académicas, se hacen a menudo referencias fálicas sobre los obeliscos. Ahora, uno puede argumentar sobre si los pilares de piedra neolíticos encontrados en la región sirio-palestina son  símbolos fálicos o no(8), pero esta interpretación no se aplica al período egipcio temprano. Tal interpretación o alusión no se ajusta a los obeliscos hasta el final del período de las pirámides. ¿Cómo ocurrió esto?

 

Entre los Textos de la Pirámide (N° 1178 a) encontramos lo siguiente, “el Rey Pepi es uno que pertenece a los dos obeliscos de Re que están en la Tierra.” El término “thn” (para obelisco) está escrito en esta inscripción como “la imagen del toro que embiste”, puesto que los obeliscos se llamaron después “los que se clavan en el cielo” (9). (Éste también es el sentido del griego “obeliskos”, que se clava en el cielo como una poderosa lanza de piedra).

 

Esta conexión con un toro es probablemente la razón por la que el significado del obelisco fue ampliado a un aspecto de fertilidad (19).

 

Por las fuentes originales más antiguas se sabe que los egipcios basaron la forma del obelisco (o más bien una parte de él) en el llamado “bnbn” (la piedra ben-ben). Este obelisco prototípico no puede ser respaldado por hallazgos arqueológicos, pero sí lo está por los jeroglíficos. En egiptología, para los símbolos de las figuras que eran llevadas a los textos se usaba a menudo la forma original del objeto. Esto es, claro, un proceso legítimo, ya que los jeroglíficos – de modo parecido a la escritura china – se basaban directamente en el mundo real. Se representaba el agua con líneas onduladas, la pirámide por un triángulo, etc. De acuerdo a eso, el “ben-ben” tenía un extremo de forma puntiaguda o cónica (11).

 

Según los antiguos mitos egipcios, se supone que este algo ominoso, así como muy  interesante, “ben-ben” ha estado de pie en Heliópolis, la bíblica, o la egipcia “jwnw.” Heliópolis, situada a 25 km (15.5 millas) al norte de la vieja capital real, Memphis, había ocupado un largo e importante papel en el desarrollo de la teología egipcia, e incluso en tiempos de Herodoto, tenía la reputación de ser un lugar de especial sabiduría. El mito del  “ben-ben” estuvo arraigado en las primeras tres dinastías del Reino Viejo (2900-2040 a.C.), o posiblemente en siglos anteriores, y por consiguiente existe desde comienzos de reinado faraónico (12).

 

Se supone que el “ben-ben” en sí, que está representado por los obeliscos, ha sido un objeto que descendió a la Tierra desde el Cielo. En él estaba el dios Re (asimilado  después por el dios Atum), quien de esta manera vino a visitar a la humanidad y se convirtió en el primer gobernante de todo Egipto. Según las creencias de los egipcios, el más grande de sus dioses había gobernado el territorio a lo largo del Nilo a través de varias dinastías, “y si uno quisiera describir una institución como sumamente antigua, uno diría que había existido desde la época de Re” (13). El texto de la pirámide N° 1652 nos dice lo siguiente sobre Re: “Tú apareciste ante nosotros como el “ben-ben” (la piedra).” Mirándolo de este modo, el obelisco significa la “casa del dios” (14). En textos posteriores, fue incluso elevado junto con un hombre de pie ante una imagen del dios.

 

¿Qué significa esta palabra “bn-bn”?  Etimológicamente, no puede identificarse de manera precisa o indiscutible. Por un lado, la construcción consonántica “bn” hace pensar en

“piedra.” De hecho la palabra “bn” existe desde la era de la pirámide con el significado de un “tipo de piedra.” Durante el Reino Medio (2040-1537 a.C.) la palabra “bnw.t” (benut) entra en la literatura. Aquí simboliza un “tipo de piedra dura.” Sin embargo, “la tendencia hoy en día es a derivar el nombre “bnbn” del verbo “wbn”, que tiene el significado de “elevación”, “reluciente”, pero también “brillante” – del sol y las estrellas…” (15). Las interpretaciones, tales como “eso que sale”, “eso que se dispara al cielo” también se dan (16), como el verbo “wbn” es definido “por los rayos o haces de luz salidos del disco del Sol” (17).

 

Aquí, llama la atención un hecho notable señalado por Erich von Däniken en su libro (18). En la magnífica ciudad de piedra de Petra (actualmente Jordania), a sólo unos 350 km (217.5 millas) en línea recta de Heliópolis, el dios de la Luna, Dushara, fue adorado desde los primeros tiempos. Su símbolo era el bloque de piedra o el obelisco. Dushara viene del término árabeDhu-esh-Shera y significa “el de Shera”.  Shera, a su vez, es idéntico al “Seir” del Antiguo Testamento. Allí, Jehovah es llamado “el de Seir”, en otras palabras, él es la misma persona que Dushara, y Jehovah también vivió en un bloque de piedra, a menudo llamado “Beth-El” (= “la casa de Dios”). Los nabateos que fundaron Petra, imaginaron a Dushara desde el principio como “celestial y extraterrestre.” Él se movía sobre “algo como una piedra.” En India, la misma piedra semejante a un obelisco se convirtió en “lingam”, la columna de fuego que desciende del cielo.

 

Para recapitular, se presentan juntas aquí la tesis tradicional y la antítesis moderna:

 

A)     El obelisco es una piedra míticamente constituida con un aspecto solar.

B)     El obelisco simboliza un tipo de cohete en el que una vez Atum-Re descendió a la Tierra desde el cielo, y contribuyó a la creación de la avanzada civilización de Egipto. Este vehículo celestial, probablemente de metal, fue llamado un “tipo de piedra dura”, debido a que era sólido, impenetrable, y que despedía “destellos o brillos” en el cielo.

 

Esta última manera de verlo está bien sustentada por el hecho de que la punta del obelisco, el piramidón, fue llamada “bnbn.t” (benbenet) desde la época del Reino Viejo. El piramidón estaba tradicionalmente cubierto con una capa de cobre o electrum (una aleación de oro y plata), para que resplandeciera brillantemente al recibir los primeros rayos del Sol. La íntima conexión con la idea de “echar luz”, creada por los jeroglíficos que acompañan a menudo los obeliscos, puede remontarse al muy impresionante lanzamiento de una nave espacial.  

 

El “benben” es representado junto con el dios, Min, en un dibujo clasificado como “el retrato significativo.” Min era, entre otras cosas, el dios del trueno.

 

A)     Los egiptólogos conjeturan: “Hasta ahora él (Min) va muy bien con la piedra benben que podría haber sido un meteorito y, como el Ka´aba después, gozó de gran adoración debido a su origen celestial” (19).

B)     Un contra-argumento moderno: la íntima conexión con el dios del trueno, junto a la cuestión óptica (luz), también apunta al ruido generado por el lanzamiento de un cohete. Su origen celestial es una conclusión inevitable. La forma es también menos característica de un meteorito que de un cohete.

 

El “benben”, el “objeto secreto”, fue albergado en una estructura especialmente construida para él, la “h.tbnbn” (“hwt-benben”, o “casa del benben”) en Heliópolis. Pueden encontrarse referencias a él en el Texto de la Pirámide N° 1652: “Atum-Chepre, tú eras alto como una colina. Tú parecías como el benben en la casa del benben en Heliopolis/jwnw”, o en el N° 2069ª: “Un benben se encuentra en la casa de Sokar.” Esta casa del benben y el santuario solar de Heliópolis fueron, con toda la probabilidad, lo mismo.

 

Dos grupos de dioses custodiaban el benben en la casa del benben. Tres dioses, que “poseían el secreto”, cuidaban el objeto en el interior del edificio; otros ocho dioses lo custodiaban por fuera. En el Libro de los Muertos, los doce dioses son también llamados los remeros de Ra, que atendían el “barco de un millón de años”.  Estos dioses también tenían la tarea de “creación” de las llamas para el barco de Ra.  No siendo posible aquí ocuparse en profundidad de la barca del Sol de Ra, sobre la que se hizo en otra parte una concisa referencia escrita (20), debe señalarse brevemente que una imagen de piedra de este celestial “navío” se alzaba derecha otrora al lado del santuario solar en Heliópolis.

 

A qué puede haberse parecido esta casa del benben es materia de especulación. La base de esto es un jeroglífico que estaba estrechamente relacionado con la “alta arena”, un tipo de pared de anillo o pared de cercamiento en Heliópolis. Ésta era llamada “la isla de las llamas.”   

 

En el jeroglífico de “h.t-bn”  hay incorporado un pájaro junto a la piedra benben. Este pájaro es por consiguiente llamado el pájaro del benben. El  “bnw” (el benu) aparece en la literatura como“la sagrada ave Fénix, como el Sol, está asociada con el dios Re en los Textos de la Pirámide, y explicada en el Libro de los Muertos como la estrella de la mañana, o como una expresión visual de Osiris” (24).

 

La imagen del Fénix probablemente sea conocida en general.  Está unida al mito de ese  ser parecido a un águila que volaba a Heliópolis cada 500 años, para elevarse de nuevo desde las cenizas de su propia pira fúnebre. El Fénix, que también se volvió un símbolo de inmortalidad en la literatura de los alquimistas de milenios más tarde,  y entró en la literatura medieval sobre el “Santo Grial” bajo esta referencia, realmente nunca fue de origen griego. En cambio,  el nombre “Fénix” está basado en un error auditivo de los griegos que tomaron la palabra como probablemente era pronunciada, algo así como “boine”,  y la tradujeron incorrectamente como“bnw” durante la era griega (por el 323 a.C.). También pueden encontrarse entre los jeroglíficos representaciones que incluyen al Fénix sentado sobre un piramidón. Es el pájaro de la luz en el que el dios-sol, Ra, se manifiesta (22).

 

El mito relacionado con el “benben”, del pájaro que se eleva de nuevo desde sus propias cenizas, ha sido interpretado en la egiptología como sigue:  

 

A)     La piedra puntiaguda, la punta del obelisco, según el modo egipcio de ver las cosas, participa en el luminoso aspecto del pájaro, de manera que es una mutatis mutandis, o centro del alma (23).  

B)     La tesis alternativa: el pájaro era un símbolo antiguo del vuelo en el antiguo Egipto(24). El pájaro que desciende hace conexión con la nave espacial que está aterrizando. El pájaro de luz fue escogido para hacer referencia al vehículo divino ascendiendo y descendiendo. El ave Fénix/benben, elevándose desde sus propias cenizas, simboliza aquello ardiente (“cenizas”) que se generaba en el lanzamiento (“la isla de las llamas”). El mismo “pájaro” subía periódicamente al cielo y, para el asombro general, no se quemaba.

 

Una inscripción en la estela del faraón Piankhi dice: “El faraón Piankhi ascendió las escaleras hacia la gran ventana, para mirar por encima al dios, Re, dentro del benben. El rey mismo estaba de pie allí solo por completo, entonces abrió las dos alas de la puerta. Allí él vio a su padre, Re, en el brillante santuario abierto sobre el hwt-benben” (25)

  

  El faraón Piankhi vivió alrededor del 751 a.C. Fue uno de los poderosos reyes etíopes que había llegado al Nilo con un fuerte ejército y que fundó allí la vigésima quinta dinastía. Si el “benben” todavía estaba allí y podía ser “visitado” es una cuestión para la especulación. La inscripción, sin embargo, proporciona la evidencia de que, incluso en este período más tardío, el “benben” en la “casa del benben” aún existía como una cosa real en la cosmovisión de los egipcios. Según la leyenda, la casa del benben contenía también nueve piezas (shem). La búsqueda de estos artefactos daba a entender que eran regalos  de Re. Tal reliquia podría bien todavía aparecer enterrada en las arenas del desierto.

  

La ciudad de Heliópolis,  en la que tuvieron lugar todos estos extraños eventos, se llamaba originalmente “jwnw” (se pronuncia “joonoo”). Esto se debía a los pilares que había allí, los cuales pueden haber sido idénticos o casi idénticos a la piedra benben. De esta manera la metrópoli recibió su nombre, la Ciudad de los Pilares. Pero si estos “jwnw” pilares no representaban obeliscos ordinarios, sino naves del espacio, entonces el jeroglífico significaría en efecto “la ciudad del cohete” (o consiguientemente algo como “la Ciudad de los Dioses”, “el lugar donde ascienden y descienden los hijos del cielo”). La pregunta surge aquí, ¿hubo aquí originariamente sólo un pilar alrededor del cual se desarrolló luego la ciudad, o el pilar fue el símbolo de un vehículo divino que bajó ahí, en especial desde que “el jwnw” fue también visto como un “pilar o apoyo de los cielos?” (26).

Si resumimos ahora,  surge el siguiente punto: que todo habla inequívocamente de una interpretación del obelisco como una reproducción de un objeto parecido a una nave espacial.  

Los tecnológicamente ignorantes nativos ven un vehículo divino aterrizando y yéndose. La forma del objeto es reproducida en piedra (ver “culto-cargo”). El pilar es cubierto de cobre/electrum, porque se intenta que el objeto brille metálicamente como el vehículo celestial.  

Los nativos llaman a la nave espacial  “benben” (“tipo de piedra dura”), lo cual se supone que indica que era tan sólida y resistente como la piedra. Al mismo tiempo, la palabra también significa “brillando o circulando, o disparándose en el cielo” y con esto señala la sucesión de eventos del lanzamiento. Otro término, “thn/thnj”  indica que “la lanza” aparentemente hería o agujereaba el cielo en su vuelo, pero quieta “se sostenía o se deslizaba en el aire continuamente.” Esto es puesto de relieve de nuevo por medio de un jeroglífico, y relaciona al obelisco con la imagen de un toro que embiste enérgicamente a través del cielo – exactamente igual a como el poderoso vehículo divino lo había hecho antes. Al describir esto, ellos también asociaron la imagen del vehículo divino con Min, el dios del trueno, para señalar los sonidos como truenos que se oían cuando el vehículo despegaba o aterrizaba. (Una acotación: los Vedas indios, también, comparan el lanzamiento y aterrizaje de los “señores celestiales” con truenos y temblores.)

 

El dios Ra, quien, según esta interpretación, fue un visitante extraterrestre, era el comandante de la nave espacial. Él aterrizó en el lugar que más tarde se llamó “la ciudad del jwn.” Allí se construyó un tipo de hangar (la casa del benben) para el vehículo  celestial. Re gobernó una vez en Egipto durante algún tiempo y creó una avanzada civilización  inicial “salida de la nada” en el país del Nilo. Según la tradición, Re se convirtió en un dios que había descendido a la Tierra en su “benben” que “brillaba como el Sol.” También se informan sus vuelos a través del espacio; él emprendió éstos en su “barca”, su “celestial nave del Sol” (el “ojo de Ra”, el “ojo de Horus”, etc.). Pero Re  había volado de vuelta a su planeta natal, y el lanzamiento tuvo lugar desde una plataforma que se llamó después “la isla de las llamas”.  Los estudiosos y sacerdotes idearon el símbolo del pájaro del benben para preservar para las generaciones futuras este inexplicable acontecimiento. Este pájaro se convirtió en el símbolo por definición del “resurgir”, por el renacimiento desde las cenizas, y a pesar de la conflagración que había sucedido antes. Al mismo tiempo el pájaro apunta al vuelo del vehículo celestial. El lugar donde este evento maravilloso y memorable tuvo lugar es llamado “jwnw”, en memoria del acontecimiento, y para brindar la esencia de él, podría llamarse “Ciudad del Cohete.”

 

El nombre ulterior del lugar, Heliópolis, vino de los griegos. Re es la palabra egipcia para “sol” (dios-sol). El “sol” es helios en griego, que nos da Heliópolis, la Ciudad del Dios Sol. Casi ninguna excavación arqueológica ha sido llevada a cabo en Heliópolis, ya que el área a ser excavada pertenece a los suburbios del noroeste de El Cairo. La tierra está en uso agrícola o bien se ha construido encima. Aparte de unas pocas ruinas mal conservadas y un obelisco del faraón Sesostris I (1971-1926 a.C.), nada puede verse ahora en Heliópolis. Los obeliscos egipcios se han transformado posteriormente en minaretes y torres de iglesia. A pesar de los cambios en las religiones, un contenido simbólico original ha permanecido: el obelisco – minarete – torre de iglesia: dedos que apuntan al cielo, lugares desde donde vienen “palabras divinas”.

 

La creación de los mitos egipcios más antiguos se remonta muchos miles de años. Probablemente los mitos surgieron en una época anterior a la de cualquier escritura. La mitología de los egipcios es tan multi-estratificada como confusa. Los mitos surgieron localmente, después fueron cargados de connotaciones y adaptados y son, por consiguiente, difíciles de comprender. No obstante, paso a paso puede construirse un panorama a partir de los textos existentes, los monumentos y las tradiciones sacerdotales. La investigación futura demostrará si las consideraciones presentadas aquí pueden convertirse en puntos de partida para nuevas maneras de mirar estas cuestiones. Muchas inscripciones todavía esperan ser descifradas. Pero aquellos que se han descifrado tienen cosas asombrosas para decir, y sus interpretaciones abren muchas posibilidades:

 

“El Cielo habla, la Tierra tiembla, la Tierra se sacude; los dos reinos de los dioses convocan, las fracturas de la tierra se abren, cuando él se mueve sobre la bóveda [del Cielo]. La Tierra ríe, el Cielo ríe, cuando el Rey sube al cielo. El cielo le grita alegremente a él, la Tierra tiembla por él. La tormenta de truenos lo azotan, y hay un trueno como Seth. Los guardianes del Cielo le abren a él sus puertas…Ellos ven al Rey que vuela como un halcón, como un dios. Para vivir con sus padres, comer con sus madres. El Rey es una criatura del Cielo, cuyo vientre está lleno de la magia de la isla de las llamas. Él vuela, este Rey…lejos de ti, de ustedes los mortales. Él no es de la Tierra, él es del Cielo. Este Rey vuela como una nube al Cielo, similar a un pájaro…” (27).

  

Referencias

 http://www.antiguosastronautas.com

(1)     Däniken, E.v.: The Eyes  of the Sphinx, Berkley Book, New York, 1996

(2)     Ver Kohlenberg, K.F.: Enträtselte Vorzeit, Munich, 1974

(3)     Lang, K.: Agyptologische Berichtigungen, en: Anthopos; 60, 1965

(4)     Erman, A. y Grapow, H.: Wörterbuch der ägyptischen Sprache, Berlin, 1926-31

(5)     Spiegelberg, en: Zeitschrift für ägyptische Sprache und Altertumskunde, Leipzig-Berlin, 1908, Vol. 25, pág. 34f

(6)     Martin, K.: Ein Garantsymbol des Lebens, Hildesheim, 1977

(7)      Martin, K.: Ein Garantsymbol des Lebens, Hildesheim, 1977

(8)      Negev, A.: Archäologisches Lexikon zur Bibel, Munich, 1972

(9)      Ver Pyramidentexte N° 1266c

(10)   Ver Dondelinger, E.: Der Obelisk, Graz, 1977

(11)   Erman, A. y Grapow, H.: Wörterbuch der ägyptischen Sprache, Berlin, 1926-31,  Vol. 1, pág. 459

(12)   Beltz, W.: Die Mythen der Agypter, Düsseldorf, 1982

(13)   Erman, A.: Agypten und ägyptisches Leben im Altertum, Tübingen, 1923

(14)    Ver Dondelinger, E.: Der Obelisk, Graz, 1977, pág. 28

(15)    Erman, A. y Grapow, H.: Wörterbuch der ägyptischen Sprache, Bd. 1, pág. 292  Berlin, 1926-31

(16)   Ver Sitchin, Z.: The Stairway of Heaven, New York, 1980

(17)    Ver Dondelinger, E.: Der Obelisk, pág. 29, Graz, 1977

(18)    Däniken, E.v.: Wir alle sind Kinder der Götter, Munich, 1987

(19)    Wainwright, en: JEA XVI, 1930, pág. 35

(20)    Ver Habeck, R. y Krassa, P.: Licht für den Pharao, Luxemburgo, 1982

(21)    Champdor, A.: Das Agyptische Totembuch, Munich, 1977, pág: 198

(22)    Ver Dondelinger, E.: Der Obelisk, pág. 19, Graz, 1977

(23)     Messiha, K.: Flugmodelle im alten Agypten, en: Fiebag, J. y P.: Aus den Tienen des Alls, Tübingen, 1985, págs. 99-105

(24)   Messiha, K.: Flugmodelle im alten Agypten, en: Fiebag, J. y P.: Aus den Tienen des Alls, Tübingen, 1985, págs. 99-105

(25)    Ver Sitchin, Z.: The Stairway of Heaven, New York, 1980

(26)    Erman, A. y Grapow, H.: Wörterbuch der ägyptischen Sprache, Berlin, 1926-31,  Vol. 1, pág.10-11, 53

(27)    Ver Sitchin, y también: Kolpaktchy, G.: Das Agyptische Totembuch, Bern u.a. 1988; Rossiter, E.: The book of the dead, Londres, Sethe, K.: Ubersetzung und Kommentar zu den altägyptischen Pyramidentesten, Glückstadt, 1935-39.

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