Los Seres de Horseshoe Canyon

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7:15:32 PM
Una remota área localizada al oeste del río Green, en el norte del Parque Nacional Canyonlands (Utah), el Horseshoe Canyon es célebre por sus petroglifos y pictografías, especialmente los representados en la Gran Galería, o “Holy Ghost Panel Great Gallery” (“Panel de los Espíritus Sagrados de la Gran Galería”), una inmensa superficie rocosa de 61 metros de largo y 4.5 de alto, con unas 20 representaciones antropomorfas a tamaño real, de etérea y extraña apariencia, la más alta de las cuales posee 2.1 metros de altura, objeto de las más variadas interpretaciones.

 Great Gallery Panel

Pero ¿quiénes son estos misteriosos personajes? Durante decenios arqueólogos, investigadores de lo insólito y aficionados han intentado interpretar estas extrañas figuras. Como suele suceder ante la visión de algo desconocido y tan distinto a nuestra realidad circundante, surgieron con el correr del tiempo interpretaciones de lo más variadas y heterodoxas, sobre todo por parte de investigadores de fenómenos relacionados con visitantes de otros planetas, que llegaron a sugerir, por las formas y tamaños de las figuras, que podrían ser seres extraterrestres.
Sin embargo, es bien sabido que eran los chamanes quienes, en sus viajes místicos para comunicarse con los espíritus, producían estas manifestaciones durante ceremonias bajo los efectos de plantas alucinógenas, por lo tanto, eran visiones reproducidas sobre los paneles, que no se correspondían con la realidad que ven nuestros ojos en situaciones normales, sino formas producidas por estados alterados de conciencia.
Así es que actualmente, es consenso entre los investigadores que se trata probablemente de los espíritus que los chamanes veían durante sus ritos y ceremonias, y que obviamente, están íntimamente relacionados con la muerte y el más allá, evidenciado por la constante presencia de perros, que eran considerados guías hacia la vida más allá de la muerte.

Horseshoe Gallery Panel

Great Gallery Panel

Reencuentro con el pasado. Ya antes de llegar al área a la que nos dirigimos, nos sobrecogen los impresionantes paisajes salpicados de picos de piedra rojiza, riscos, y empinados cerros y mesetas que conforman el Parque Nacional Canyonlands.
En cuanto llegamos al área de The Maze, el recorrido para ver el arte rupestre de Horseshoe Canyon es además de un deleite para los ojos, un verdadero reencuentro con el pasado. El tiempo se detiene, y simplemente no existe nada a nuestro alrededor que nos indique que nos encontramos en pleno siglo XXI. Retrocedemos, casi sin percatarnos, a miles de años atrás en el tiempo, cuando allí habitaban los pueblos que plasmaron esas extrañas figuras en las rocas. Para llegar a presenciarlas, es necesario descender una pared rocosa de varios metros, y luego caminar varios kilómetros, por lo que es imprescindible gozar de buena forma, y por supuesto, llevar una buena provisión de agua.
Pero vale la pena, y además, en el camino nos encontramos con otros elementos arqueológicos y paleontológicos, antes de llegar a los cuatro grandes paneles rupestres. El Horseshoe Gallery Panel, el High Gallery Panel, y el Alcove Gallery Panel, son los tres primeros, este último muy erosionado, ya que presenta algunos grafitis de la época de los vaqueros y buscadores de nuevos territorios de principios del siglo XX.
El Great Gallery Panel es el último del recorrido y el más espectacular. Llegamos algo cansados, pero es un esfuerzo más que justificado. Ante nuestros ojos se abre un mundo onírico impresionante, enigmático y fabuloso, que nos obliga a transportarnos a aquellos tiempos de grandes ceremonias al calor del fuego y al ritmo de los tambores, hace entre 5.000 y 9.000 años.
El arte rupestre es un elemento del pasado sumamente difícil de datar, y existen grandes controversias entre los investigadores en torno a las cronologías de Horseshoe Canyon. Sin embargo, se han encontrado pequeñas figurillas antropomorfas y zoomorfas representando seres del mismo estilo que las pictografías, datadas en 4700 a.C., que han permitido establecer una cronología relativa para la creación de los paneles rupestres, de al menos esa antigüedad.
Alcove Gallery Panel
Great Gallery Panel
El alma del chamán. Algunos de los pictogramas parecen haber sido realizados como soplando el pigmento sobre la superficie rocosa para conseguir ese efecto etéreo único. Probablemente, los chamanes se introducían el pigmento en sus bocas, para luego soplarlo y esparcirlo por la superficie.
El pigmento lo conseguían mezclando minerales de grano fino, especialmente hematita, con aceites animales o vegetales, hechos con gran maestría para conseguir que después de miles de años, nuestros ojos aún puedan maravillarse al observarlos como si el tiempo no hubiera transcurrido para ellos. Muchas de las grandes figuras antropomorfas en rojo, marrón y blanco, están rodeadas a la altura de su cabeza y tronco, de pequeñas aves y perros con el rostro pintado de blanco, lo que los identifica como espíritus.
En todas las leyendas y tradiciones de los pueblos americanos, se considera a los perros como guías hacia el más allá después de la muerte. Otros personajes, tienen unas figuras antropomorfas más pequeñas pintadas en el torso o en los hombros, y la mayoría de ellos, parecen momias, ya que están representados sin sus brazos y piernas, y lo que es más extraño: sus cabezas cuadrangulares y sus grandes ojos, les dan la apariencia como de un enorme insecto, o tal vez… una calavera.
Todos los elementos parecen hablar de lo mismo: la muerte metafórica, el trance chamánico, el vuelo mágico y la transformación. En otras palabras, al observar estos enormes cuadros prehistóricos, podemos fácilmente reconocer que efectivamente, eran las visiones místicas que el gran chamán plasmaba mientras su alma realizaba un vuelo mágico hacia los reinos celestiales y el inframundo para comunicarse con los espíritus de los antepasados.
High Gallery Panel
Huellas de gigantes.
La espectacularidad de los paisajes y los paneles rupestres nos distrae la atención del suelo, donde también se encuentran algunos testigos de un pasado aún mucho más remoto que los misteriosos dibujos en las rocas: unas grandes huellas fosilizadas de dinosaurios que han subsistido desde hace millones de años.
Hay docenas, la mayoría de ellas, cerca de un tanque construido en los años ’40 para proporcionar agua a los caballos, vacas y ovejas de los buscadores de minerales, pero actualmente abandonado. No es fácil reconocerlas ya que están muy erosionadas y se confunden en el suelo arenoso del sitio, pero algunas de ellas han sido rodeadas con círculos de guijarros para su protección y una más fácil detección por parte de los visitantes.
Supone sin duda un añadido al tesoro artístico sobre las rojizas superficies rocosas, dándole un toque de “parque jurásico” fascinante, que además se suma a los paisajes circundantes, de una belleza apabullante, donde la naturaleza se impone con fuerza sobre el hombre que no puede hacer otra cosa más que rendirse ante su poderío.
Horseshoe Canyonlands

Huella de dinosaurio

El arte de los Arcaicos. Una pregunta que surge al observar los paneles es: ¿quiénes realizaron tan hermosas obras de arte hace tantos miles de años? Desde hace siglos se sabe de la existencia de los últimos habitantes originarios del lugar, los conocidos Anasazi.
Pero ellos lo ocuparon mucho más recientemente que los creadores de los paneles rupestres. En realidad, fue recién a partir de los años ’40 que los arqueólogos comenzaron a realizar excavaciones para descubrir evidencias de los primeros pobladores del área, aquellos que desde hace quizá 12.000 años, iban detrás de los grandes mamíferos pleistocénicos, como mastodontes y mamuts, a los que daban caza con las célebres puntas de flecha Clovis y Folsom. Sin embargo, poco se sabía sobre qué había pasado después de estos grandes cazadores de magafauna, y antes de la llegada de los Anasazi.
Un largo período de tiempo en que los hombres realizaron los enigmáticos pictogramas de Horseshoe Canyon, que hoy en día, después de concienzudos estudios, son atribuidos a la cultura Desierto Arcaico, o Gente Arcaica, un grupo de nómadas cazadores-recolectores que precedieron a los Anasazi. Estos hombres de la cultura Arcaica no construyeron habitaciones permanentes, pero modificaron el paisaje de forma exquisita en los paneles de las rocas donde habitaban temporalmente y donde realizaban sus ritos y ceremonias.
Tal vez debido a la fragilidad del ambiente, a todas las dificultades contra las que tuvieron que luchar por causa de las variaciones atmosféricas y los cambios climáticos, los arcaicos se interiorizaron hacia actividades de carácter religioso para, mágicamente, gracias a los poderes sobrenaturales de los chamanes, incrementar la presencia de animales y plantas que estaba en franca decadencia.
La presencia de figurillas zoomorfas en estos contextos, indica una indudable función mágico-religiosa de las mismas, que usaban aquellos hombres para atraer a los grandes animales que representaban, y que estaban desapareciendo del castigado entorno. Sus descendientes, los Anasazi, fueron los últimos en habitar el área, abandonándola por el 1300 d.C., y desapareciendo misteriosamente, algo con lo que los supervivientes originarios de esas zonas, no están tan de acuerdo.
Falso Kiva
Anasazi: misterio de una desaparición. No sabemos cómo los Anasazi se designaban a sí mismos. La palabra “anasazi” significa “antiguos enemigos” en la lengua de los actuales Navajo, que fueron quienes les designaron con ese nombre.
Sin embargo los Hopi no utilizan este vocablo, que consideran despectivo, sino Hisatsinom. Como fuera que se llamaran, los actualmente conocidos como Anasazi, y otros pueblos vecinos descendientes de los creadores de los paneles de Horseshoe Canyon, se enfrentaron a múltiples crisis entre los siglos XII y XV d.C. y fueron diversos los factores que parecen indicar las causas, aunque por el momento no exista un consenso al respecto.
El frágil y cambiante entorno, que les obligó a practicar variadas técnicas agrícolas y abandono frecuente de las tierras que ocupaban, con gran variabilidad entre temporadas buenas y malas, parece uno de los factores más evidentes. Tal vez ejercieron una presión desmesurada sobre el ambiente, en su afán por sobrevivir a las hostilidades.
Los Anasazi, que desconocían la escritura, la rueda o la metalurgia, construyeron sin embargo miles de casas en abruptos e inaccesibles acantilados, para las que tuvieron que acarrear toneladas de bloques de gres y vigas, lo que constituye aún hoy un misterio. Pero a pesar de su innegable astucia, desaparecieron en algún momento entre el 1150 y 1300 d.C., idea con la que muchos de sus descendientes, los indios Pueblo, entre ellos los Zuñi y los Hopi, no están en absoluto de acuerdo. Aun asumiendo la desaparición de los Anasazi, su cultura rica en leyendas y tradiciones, sobrevive en las costumbres de los Hopi y demás habitantes de estas tierras, aunque no esté totalmente claro para la ciencia, si la continuidad es sólo geográfica y cultural, o también étnica.
Cartel del Canyonlands National Park
Regreso al atardecer. Cansados con la larga caminata y algo sedientos, emprendemos el camino de regreso. Girando sobre mis talones y regalando a mis ojos una fugaz visión del Great Gallery Panel unos segundos más, recuerdo que en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y el Museo de Historia Natural de Denver, se pueden apreciar reproducciones del mismo: un recorrido sin duda más cómodo.
Pero luego oteo a mi alrededor, por última vez el impresionante paisaje árido pero rico en bellezas únicas, y me doy cuenta que nada se compara a la maravilla de estar allí mismo, en medio de la nada y el todo. Incluso pienso en permanecer bajo el cielo estrellado, para al día siguiente volver a ver todo otra vez, pero lamentablemente no se permite pernoctar en el parque. El sol fue cayendo. No deseábamos volver a la ciudad.
Recuerdo con estupor una frase de “Ángeles y demonios” de Dan Brown referente a los indios Hopi: “…vio ciclomotores, autobuses turísticos y ejércitos de coches en miniatura que se movían en todas direcciones. ‘Koyaanis-qatsi’, pensó, al recordar la palabra que utilizaban los indios Hopi para designar la “vida desequilibrada”…”.
Me despido del lugar con la sensación de que las almas de sus antiguos pobladores continúan vagando por los abrigos rocosos que hace miles de años les albergaron, viajando en el tiempo a su libre albedrío tal como lo hicieron cuando, bajo los efectos de plantas que alteraban sus conciencias, se comunicaban con los espíritus de sus ancestros para intentar comprender su lugar en el cosmos.
Huella de dinosaurio
Guardianes de la tierra. Ser un Hopi es esforzarse en un estado de total reverencia y respeto por todas las cosas, estar en paz con éstas, y vivir de acuerdo a las instrucciones de Maasaw, el creador o cuidador de la tierra. No basta con que el hombre sea feliz en su carne, sino que debe ser feliz en su espíritu.
Porque sin felicidad y fuerza espiritual la vida es engañosa. Pero vida espiritual no es apartarse una hora de un día para estar en adoración, sino buscar las cosas del espíritu cada hora de cada día. No basta con buscar las cosas del espíritu a un nivel personal. Es egoísta hacerlo así, y quienes buscan lo espiritual sólo para sí mismos no están buscando cambiar al espíritu que se mueve a través de los corazones de los hombres.
Están escapando, eludiendo su responsabilidad, y usando su conocimiento para su propia glorificación. Un hombre espiritual debe trabajar por un principio, por una causa, por una búsqueda mucho mayor que la glorificación de sí mismo, para cambiar el espíritu que dirige a los hombres hacia su destrucción. Intentar vivir una vida espiritual en la sociedad moderna es un camino de dolor, aislamiento y pruebas de fe.
La verdadera búsqueda en la vida, es vivir la Sabiduría de la Tierra, dentro de los confines del hombre. No hay iglesia ni templo que necesitemos para encontrar la paz, porque nuestros templos están en la naturaleza. No hay líderes espirituales, porque nuestros corazones y el Creador, son nuestros únicos líderes.
Roca de las Profecías Hopi
Las profecías Hopi. Para los Hopi la Tierra está muriendo y la destrucción del hombre está cerca; tan cerca, que todos debemos trabajar para cambiar el camino de destrucción. La extraordinaria profecía Hopi, descubierta en un manuscrito a mediados del siglo XX, y publicada algo más tarde, cuenta cómo Pluma Blanca, del clan del Oso, relata el fin del Cuarto Mundo (que vivimos actualmente) y la espera de la llegada de Pahana, el verdadero Hermano Blanco (que no es el actual), quien traerá consigo los símbolos y la pieza faltante de la sagrada tabla que custodian los sabios Hopi.
Los signos que vaticinaban el fin, se han ido presentando uno a uno: la llegada del hombre blanco parecido al Pahana, de la rueda de madera, de un animal parecido al búfalo (las vacas), de serpientes de acero que surcarán la tierra (vías del ferrocarril), de una gigantesca telaraña que atravesará el cielo (tendido eléctricos y telefónicos), y la invasión de ríos de piedra (autopistas y carreteras).
Los últimos tres signos, se espera que lleguen muy pronto: el mar se volverá negro y mucha gente sucumbirá (¿invasión del petróleo?), muchos jóvenes se unirán a los Hopi para aprender su sabiduría (aunque en los años ’60 y ’70 ya ocurrió, puede que haya un fenómeno de mayor envergadura en un futuro cercano), y una morada del cielo (como una gran estrella azul) caerá con todas sus fuerzas sobre la tierra (¿una estación espacial?).
Después del gran cataclismo, Pahana regresará trayendo consigo el amanecer del Quinto Mundo. Muchas de estas advertencias, están simbolizadas en un gran panel rocoso de Arizona, la Roca de las Profecías Hopi.
Butch Cassidy. Después del abandono de la región de Horseshoe Canyon por los Anasazi, varios siglos pasaron sin que se supiera nada del mismo, hasta que a finales del siglo XIX hizo historia como un notorio escondite, cuando el famoso Butch Cassidy utilizó su intrincada y confusa red de cañones como refugio, sobre todo en las cercanías de Robbers Roost, al suroeste, cuando huía de la ley.
Más tarde, rancheros y buscadores de minerales y nuevos territorios invadieron el remoto lugar construyendo tanques de agua para sus vacas, ovejas y caballos, y ya a mediados del siglo XX, fue añadido al Parque Nacional Canyonlands (1971) para preservar su historia y sus legendarias expresiones rupestres.

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