El caso de las monjas endemoniadas de Loudun


Gritando palabras promiscuas en una postura imposible y con los ojos en blanco, las novicias de Loudon se convulsionaban, arrancaban su hábito y se desnudaban por completo. En un tono irreconocible, que se convertía en algo aterrador, las monjas repetían Asmodeo, Zabulón, Isacaaron, Astaroth, Grésil, Amand, Leviatom y los nombres de otros demonios escupiendo por el suelo, riendo con la cara hinchada y blasfemando mientras corrían de un lado al otro en un cuarto que se había convertido en el grotesco escenario donde la histeria colectiva de una posesión demoniaca había tomado lugar.

Esta historia, además de real, fue el inicio de un periodo religioso que marcó al pueblo de Loudon para siempre. Como una de las posesiones endemoniadas más famosas y peligrosas de toda la historia, las protagonistas de esta terrible tragedia se convirtieron en una leyenda que, hasta ahora, los escépticos no han podido explicar. De hecho, tal evento ha inspirado varias películas como “Madre Juana de los Ángeles” de Jerzy Kawalerowicz, “Los demonios” de Ken Russell y los “Los demonios de Loudun” de Krzysztof Penderecki. Estos filmes narran los episodios en los que las monjas del convento fueron poseídas por varios entes malignos que aparentemente las llevaron al lugar más oscuro del infierno sin tener que abandonar la Tierra.

El caso de las Monjas Endemoniadas de Loudon no terminó en el consuelo de un exorcismo exitoso, pues además de varios encuentros con los enviados del diablo, hubo muertes y un eterno aire de terror que a partir de este suceso se sembró en Loudon.

La posesión

En 1634 en el pueblo de Loudon, una pequeña región de Francia, un grupo de monjas del convento de las ursulinas de la ciudad se vieron implicadas en algunas situaciones extrañas a raíz de la llegada del nuevo párroco a una de las iglesias de Loudon. Urbail Granier, el nuevo párroco, llegó al pueblo en 1617 y era un hombre culto; educado; y de excelente oratoria, mismas características con las que enamoró a múltiples de sus feligresas lo que le valió la condena del pueblo entero por desobedecer e irrespetar sus votos de castidad.

Grandier llevó todo muy lejos cuando embarazó a la hija mayor del fiscal de la ciudad, quien se sumó al grupo de enemigos del sacerdote. A pesar del rechazo que el párroco sufría en Loudon, él continuó teniendo amoríos con diversas mujeres. Fue hasta que se fundó el convento de monjas ursulinas en 1626, que conoció a la superiora Juana de los Ángeles, una mujer de menuda complexión que padecía una enfermedad que afectó su desarrollo. A pesar de la fama de Grandier, él rechazo a la superiora, quien parecía estar enamorada del párroco. Debido a la negativa del problemático Grandier ella se ofendió enormemente y decidió otorgarle la posición de confesor del convento al padre Mignon, uno de los enemigos más peligrosos de Grandier.

A partir de ese momento lo único que escuchaba el padre Mignon giraba en torno a extraños sucesos, apariciones fantasmales, inexplicables ruidos y algunas otras situaciones que llevaron a las 17 monjas del convento a enloquecer. Incluso se rehusaron a comulgar mientras todo esto ocurría, por lo que Mignon llamó a otro sacerdote para verificar que las religiosas estaban poseídas y que por tanto necesitaban ser exorcizadas.

El exorcismo colectivo

Se practicaron exorcismos a todas las involucradas. Ellas chillaban como animales enjaulados, se convulsionaban agresivamente, se desnudaban frente a todos, repetían los nombres de diversos demonios y hacían proposiciones sexuales a todos los que se encontraban reunidos allí. Lo más intrigante del exorcismo colectivo llegó cuando Juana de los Ángeles dijo que todas habían sido endemoniadas por el padre Urbain Grandier.

La confesión de la monja fue la razón que todos los enemigos de Grandier estaban esperando para condenarlo a la hoguera. Y así fue, en agosto de 1634 el párroco fue condenado por haber pactado con el diablo. Antes de su ejecución, Grandier fue torturado cruelmente durante horas hasta quemarlo el 18 de agosto.

La venganza de Grandier

Después de la muerte del supuesto autor de estas posesiones demoniacas, los trágicos eventos continuaron hasta 1637 y Juana de los Ángeles siempre fue la protagonista indiscutible de estos salvajes exorcismos. De hecho, se convirtió en una figura tan popular que fue invitada a Versalles para conocer a Richelieu y a la reina. A pesar de su popularidad, comenzó a sospecharse sobre la monja, pues parecía disfrutar la atención que muchos le daban cada vez que tenía que ser exorcizada.

Muchos de los participantes en la condena de Grandier murieron al poco tiempo, como si el sacerdote hubiera lanzado una maldición sobre ellos para castigar su injusta decisión de torturarlo hasta matarlo.

La sospecha

A pesar del traumático evento, muchos han especulado que este curioso suceso, además de convertirse en una época de terror para Loudun, fue más bien una perturbadora idea de la monja Juana de los Ángeles, quien además de querer vengarse del rechazo de Grandier, quería manifestar su inconformidad. Pues en ese entonces, convertirse en novicia era casi una obligación y no una alternativa, pues muchas eran encerradas en conventos de por vida en contra de su voluntad. a pesar de que la mayoría se veían forzadas a recluirse en la religión, otras como Juana aprovecharon la histeria de los exorcismos para demostrar su rechazo a una doctrina que las mantenía encerradas bajo las sombras toda su vida.

La verdad sobre el caso de las Monjas endemoniadas de Loudon jamás se supo ni se sabrá; sin embargo, a nadie le gustaría toparse con una monja que mientras se contorsiona grita con una voz irreconocible los nombres de demonios que parecen poseerla. Ya sea que se trate de una historia sobre la venganza de un grupo de mujeres que no soportaron vivir en el encierro o de un cruel y curioso caso de posesión colectiva, el caso de las endemoniadas de Loudon resulta escalofriante.

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