Los onironautas: ¿Podemos controlar nuestros sueños?

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1:13:17 PM

Los sueños pertenecen a una dimensión que ha suscitado interés en el hombre desde la antigüedad. Son un mundo paralelo, alternativo y dotado de una fantasía sugerente, capaz de asustarnos y fascinarnos. Se nos abren nuevas puertas donde a veces, queda a un lado la propia identidad para desplegar nuestras alas y, simplemente, jugar a nuevas posibilidades, a nuevas vidas.

Queremos hablarte de los llamados Onironautas. Puede que el nombre te suene a una curiosa raza, típica de cualquier libro de Julio Verne, pero en realidad son personas comunes como todos nosotros, que practican una curiosa técnica: la de controlar sus sueños. ¿Que cómo lo consiguen? Descúbrelo con nosotros.

Los onironautas y los sueños lúcidos

El término “onironauta” aparece en algunas áreas de la psicología y en el movimiento New Age. En Internet puedes encontrar diversos foros y blogs con el mismo nombre, donde muchas personas comparten sus experiencias y técnicas en busca de un mismo objetivo: controlar sus sueños.

El modo de conseguirlo es mediante los sueños lúcidos, un estado de conciencia muy parecido al de la vigila, del que ya te hablamos en alguna ocasión en Supercurioso. Se trataría básicamente de tomar control sobre el sueño en un instante en el cual, somos conscientes de que estamos “soñando”, un reconocimiento que nos puede permitir tomar ese timón de lo onírico en beneficio personal.

Los sueños lúcidos, según nos explican los onironautas, pueden aparecer durante el sueño o en un momento de vigilia. Hay momentos por ejemplo en los que estamos sufriendo una pesadilla y, sin embargo, en un instante dado, sentimos cierto alivio al decirnos a nosotros mismos aquello de “menos mal que es un sueño”. Es decir, seguimos dentro de ese estado onírico y, no obstante, somos conscientes de que lo experimentado no es real. Ese sería un momento idóneo para tomar “el timón“.

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Otras personas, en cambio, suelen experimentar los sueños lúcidos a partir un estado de vigilia. Hay onironautas muy experimentados, que concilian el sueño sumiéndose en un estado de conciencia en el cual, buscan ya el sueño lúcido. Es decir, se duermen ya con esa idea. Saben en todo momento que están soñando, y esa autoafirmación les abre directamente la puerta hacia esta dimensión tan personal y “especial”

Si te interesa el tema de los sueños lúcidos hemos de decirte que existen numerosas técnicas con las que, según nos explican estos gurús de lo onírico, es posible conseguirlos. En la red dispones de varios blogs y grupos con esta finalidad. Se habla, por ejemplo, de diferentes niveles de lucidez onírica, donde iríamos desde la inconsciencia, la sensación de que algo falla, hasta el descubrimiento en sí de que lo que estamos viviendo no es real y que se trata de un sueño, momento en el cual deberíamos tomar el control cuidando además de “no despertar”. Es posible que tú mismo lo hayas experimentado en alguna ocasión. Ocurre sobre todo en esas primeras horas de la mañana, estamos soñando, pero sentimos que estamos a punto de despertar, un fragmento de tiempo en el cuál nos decimos aquello de “ahora me encantaría soñar qué….”

¿Qué es lo que buscan los onironautas?

Para los onironautas, los sueños son una dimensión habitada por conocimiento y no sólo eso, es además un modo para explorar la realidad de otro modo. Un modo más intenso y en un plano más satisfactorio e intenso. Es posible que pienses que quién aprecia más lo onírico que lo real, debe ser una persona con una vida poco interesante, pero un onironauta te responderá que no es así. Que se trata quizá, de todo lo contrario.

Para ellos es un modo de crecimiento personal. Hay quien practica yoga, quién va al gimnasio o hace pilates. ¿Por qué no practicar también el ejercicio de los sueños lúcidos y ser un gran onironauta? Es un modo de experimentar nuestra realidad desde un plano diferente y con los sentidos más abiertos. Es ser más receptivo y a la vez más creativo. Pero también debes saber que dentro de los onironautas, hay diferentes clases:

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Onironautas Innatos: en este grupo estarían todas estas personas que disponen de aptitudes innatas para los sueños lúcidos y para explorar este mundo onírico. Se dice que son personalidades que además, tienen la capacidad de recordar todo lo que sueñan.

Onironautas Místicos: Son personas que ven los sueños lúcidos desde un punto de vista místico, como un modo de aprendizaje interior que les acerca, por ejemplo, al mundo astral y a la espiritualidad. Se esfuerzan cada día en aprender técnicas nuevas a la vez que a instruir a otros.

Onironuta Psicólogo: este onironauta ve esta dimensión como un modo de adentrarse en el mundo de los sueños pero desde una perspectiva científica. No busca lo espiritual, solo acercarse a la actividad cerebral para entender todos sus procesos y buscar pruebas tangibles de determinados fenómenos.

Onironauta Curioso: aquí por ejemplo entrarías tú. Personas que descubren el mundo de los onironautas y que, sin haber tenido ninguna experiencia anterior, van a intentar controlar sus sueños a partir de ahora. Si es así, no lo olvides…¡Cuéntanos tus sensaciones!

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“La carretera de los huesos” de Siberia

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11:06:21 AM

Testimonios de una ruta comercial que necesitaba de una luz imperecedera que alumbrara el tráfico marítimo, sin necesidad de mano humana. En esta ocasión, en pleno mando de Stalin, la Unión Soviética necesitaba que se habilitara una carretera de unos 2000 kilómetros, capaz de unir dos ciudades imprescindibles. Dos núcleos comerciales como eran Magadan y Yakutsk.

Era un modo de conseguir más poder en esta zona del país. Y no solo eso, puesto que se necesitaba mucha, pero mucha mano de obra para la construcción de esta carretera, Stalin ganaba así una nueva jugada: enviaría a aquellas tareas a todos sus enemigos políticos y cómo no, a miles de disidentes al régimen. Personas condenadas a trabajar desde el amanecer hasta el anochecer para dar forma a esa carretera a base pico, pala… y resistencia.

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Esta zona se sitúa a lo largo de gran parte del Círculo Polar Ártico, ahí donde se alzan las ciudades más gélidas de nuestro planeta. Ya puedes imaginar cómo avanzó la construcción de dicha carretera… basta decir que aún hoy, por ejemplo, es complejo tener que cavar una tumba para dar sepultura a los fallecidos, ya que el suelo está casi siempre congelado. Y lo que es peor, en ocasiones la descongelación eleva los cuerpos del suelo de nuevo hasta el exterior. Toda una calamidad, y una lucha constante contra la naturaleza.

Los prisioneros morían uno tras otro. La congelación era un enemigo doloroso que los dejaba inmovilizados casi a las pocas horas, dependiendo de la salud de la persona. Fueron miles y miles las personas que fallecieron en este rincón de Siberia, es más, cuenta la leyenda más negra que cada metro construido costó una vida… si fueron 2000 los kilómetros construidos, la cifra es algo descomunal. Pero como decimos, no se tienen datos fiables del número de cuerpos que allí se esconden aún.

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Los que fallecían, no se enterraban. Simplemente, se colocaban bajo los cimientos de la propia carretera. Un manto de escalofriante silencio que dejó bajo sus entrañas las vidas de miles de personas. Es por ello, que a esta carretera se la considera la más tétrica del mundo, ahí donde los coches pasan diariamente sobre los restos de infinidad de huesos humanos.

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Pero cuidado, si eres de los que dispone de una curiosidad realmente morbosa y tiene el capricho de visitar esta carretera de Siberia, debes saber que son muchos los accidentes que se sufren en esta zona. En invierno la nieve te puede cubrir al completo, y en verano, el deshielo ocasiona inmensos barrizales por donde es muy complicada la conducción, y aún menos vislumbrar la propia carretera.

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¿Qué ocurrió de verdad en la isla de Pascua?

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10:52:24 AM

Isla de Pascua. El océano baña sus costas mientras los gigantescos Moai observan avizores con sus expresiones serias y sus miradas pétreas, como si estuvieran vigilando un horizonte de otro tiempo custodiando a su vez un indescifrable secreto.

¿Qué ocurrió de verdad con los Rapanui?

Una civilización entera disuelta de nuestros libros de historia sin que podamos conocer qué ocurrió de verdad, sin qué comprendamos qué los hizo escapar dejando un legado tan peculiar poblando esta famosa isla.

Los vigilantes de la Isla de Pascua

La isla de Pascua es sin duda uno de los emplazamientos más enigmáticos de nuestro mundo. Situada a medio camino entre Chile y Tahití, esta tierra en forma de triángulo se despierta cada día con el silencio del océano atendiéndola expectante, temeroso aún por esos gigantes de piedra llamados Moai. Son rostros simétricos de perfilados labios y singulares moños de piedra roja llamados Pukao; el tiempo los ha desteñido un poco pero aún se puede advertir en ellos esta tonalidad decorando esas esculturas elaboradas de toba del volcán de Rano Raraku.

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Sus dimensiones son impresionantes, oscilan entre los 4 y los 11 metros y su peso suele estar entre las 150 y 200 toneladas, un peso extraordinario que siempre llena de incógnitas a los especialistas, preguntándose de qué modo desplazaría la población esas grandes representaciones megalíticas pascuenses a los bordes de la isla (800 se sitúan en la linea de su borde y sobre sus plataformas). De hecho, en la isla aún quedaron casi 400 moais que los Rapanui nunca llegaron a finalizar. Pero ¿Cómo fue esto, qué ocurrió realmente?

Un desastre ecológico

Los Rapa Nui crearon una organización social muy destacada basada en los pastores religiosos y la pesca. Solían talar bastantes árboles en vista de su necesidad para construir canoas y sobrevivir de las capturas de peces y delfines, también para trasladar moais. Se dice que un día los árboles llegaron a agotarse, la deforestación era ya tan acusada que las consecuencias para su modo de vida era ya insostenible.

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Dejaron de pescar. De hecho los hallazgos arqueológicos nos demuestran que tuvieron que sustituir el pescado por otros animales como aves migratorias… Su realidad era ya muy grave, se iniciaron las épocas de hambre, de guerra, la mortalidad… según los expertos esta fue una de las causas por la que los Rapa Nui acabaron abandonando la isla de Pascua.

Nuevos y curiosos descubrimientos: ¿Las ratas?

Hace tiempo que un par de científicos, Hunt y Lipo, trajeron nuevos y desconcertantes datos sobre la desaparición de los Rapa Nui en la isla de Pascua. Según ellos, varios depósitos hallados en Anakema nos demuestran la enorme población de ratas que llegaron a poblar la Isla de Pascua. Una verdadera invasión. Y es que, según estos expertos, la isla se vio invadida por varios colonizadores Polinesios que trajeron en sus embarcaciones varias especies de ratas. La multiplicación de estos roedores en la tierra de los Moai fue espectacular.

Las ratas provocaron la extinción de varias aves e incluso la deforestación no solo de la Isla de Pascua, también de otros archipiélagos. Un colapso ecológico al que la población no pudo hacer frente, viendo como devoraban las palmeras y todas sus semillas. Puede que incluso trajeran algún tipo de enfermedades…

Sea como sea, lo que sí tenemos claro es que los Rapa Nui se quedaron sin recursos naturales para poder sobrevivir en aquella preciosa isla. Tal vez, lo ocurrido en la isla de los Moai debería servirnos de ejemplo ante la explotación que nosotros mismos ejercemos en nuestros países. Tal vez llegue un día en que también debamos abandonar las ciudades dejando a nuestros pétreos monumentos como silenciosos testigos de lo que fuimos un día…

¿Y tú ¿Qué opinas?

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Las brujas de Zugarramurdi

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10:40:42 AM

“¡Sorgiñak, sorgiñak!” este es el grito que solía escucharse en una pequeña aldea de la montaña Navarra cercana a Labourd allá por el siglo XVI. Brujas. Y es que, en Zugarramurdi, en este rincón norteño de nuestro país aconteció en aquellos años de oscuridades y tinieblas de la sinrazón, el caso más famoso de brujería registrado hasta ahora: un hecho que aún hoy sigue escampando los ecos ahogados de las seis mujeres que fueron quemadas vivas y las cinco abrasadas en efigie porque ya habían perecido antes.

Muchos conocerán la historia gracias a la reciente película que Álex de la Iglesia ha llevado a los cines, pero sin lugar a dudas la realidad va mucho más allá de esas atractivas imágenes del celuloide. Lo ocurrido en Zugarramurdi es parte indispensable de nuestra historia, de ese baúl oscuro donde se esconden las negras historias de un país y que, seguramente, aún podemos recordar gracias a Goya y su estremecedor cuadro de “El aquelarre”.

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La purga de un rey francés

En 1608, el rey francés Enrique IV, fiel a la doctrina de Cristo y ferviente defensor de la fe, se embarcó en una cruzada personal por eliminar de sus tierras todo vestigio de “oscuridad y hechicerías”, desplegando un auténtico ejército de hombres y jueces en busca de brujas.

Todo este despliegue hizo que muchas mujeres huyeran de tierras francesas temiendo ser perseguidas o ajusticiadas por el más mínimo motivo o la más insignificante sospecha, ante aquellos “vigilantes de la fe” capaces de ver confabulaciones con el mismísimo Diablo en el acto más cotidiano.

Temerosas de ser purgadas, muchas de estas jóvenes llegaron hasta tierras españolas, entre ellas una joven que aprovechó para volver al que era su pueblo natal: Zugarramurdi. Allí, el velo de la brujería también estaba extendido, eran habituales las sospechas, los murmuros, las historias… el miedo y las tradiciones de estas gentes provocaron que, sin saber cómo, unos empezaran a acusarse a los otros, María acuso a otras mujeres de practicar ritos extraños, otras personas la difamaron a ella… se alzó tal columna de habladurías que al poco todos estos ecos llegaron a los siempre expectantes oídos de la mismísima Inquisición.

María de Jurateguía se derrumbó ante su parroquia confesando ser bruja desde niña, desde que su tía María Chipia de Barrenechea la hubiera iniciado en estas artes. Pero eso no fue todo, la presión de las interrogaciones la obligó a dar más nombres, nombres de otros vecinos del pueblo: brujos y brujas con los que salía a buscar sapos, plantas milagrosas y a aprender artes prohibidas con el demonio en los bosques.

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Vano intento de salvación

El 9 de febrero de 1609, cuatro días antes de que la Inquisición enviara una carta dando instrucciones de actuación ante los hechos investigados, se presentaron ante el tribunal de Logroño varios vecinos de Zugarramurdi demandando justicia y piedad: ninguno de ellos eran brujos, las únicas sospechas se basaban en la costumbre de varias mujeres por buscar plantas medicinales con las que remediar algunas dolencias, hechos comunes en cualquier aldea, pero aquel viaje desgraciadamente no les sirvió de nada. Aquellas personas cansadas, asustadas, de raro atuendo y extraña lengua, fueron encarceladas por la inquisición tras que el propio guía que los acompañó en aquel largo viaje declarara que eran brujos.

Entre ellos estaban Graciana de Barrenechea, y sus dos hijas: Estevania y María.

El proceso inquisitorial:

Juan Valle Alvarado fue el inquisidor encargado de investigar todo lo que se sucedía en la pequeña localidad de Zugarramurdi: “Estas tierras están infestadas de brujas”, le dijo el abad del monasterio de Urdax. Los brujos y las brujas se reunían en el Mongastón (el prado del Cabrón), al lado de una cueva con un túnel subterráneo donde se alzaba una catedral al culto satánico o pagano. Allí aparecía el demonio, decían, se sentaba en una silla de oro -a instantes de manera negra- con su rostro feo y triste. Ellos provocaban que el mar se alzase y que los barcos naufragaran, que las cosechas se malograran, que las casas se llenaran de sabandijas y de que los recién nacidos murieran…

En junio de 1610 los inquisidores del tribunal de Logroño acordaron la sentencia de culpabilidad de 29 acusados. Pero el Inquisidor Alfonso de Salazar votó en contra de la condena de María de Arburu por falta de pruebas, así como de otros diez. Sus dudas por aquel proceso quedaron redactadas en un informe que hoy en día sigue conservándose: “Cometimos culpa al no reconocer la ambigüedad de la materia. Cometimos defectos en la fidelidad y el recto modo de proceder…”

Todo ello no evitó que el 7 de noviembre de 1610, se celebrara el “auto de fe” en Logroño: once “supuestas brujas” ardieron en la plaza mayor, aunque cinco de ellas ya habían fallecido durante el proceso debido a las torturas o al suicidio.

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Para proteger aquella plaza de las garras del mal y de la sombra del demonio, la Iglesia decidió alzar diez cruces durante un tiempo para proteger el pueblo tras aquel ajusticiamiento. La repercusión de aquel acto llegó a toda Europa en poco tiempo, alzando la oscura leyenda de “Zugarrramurdi” o el pueblo de las brujas, que aún hoy, seguimos conservando en nuestro oscuro legado popular…

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