EL PROYECTO “Y” Un platillo volador para los EE.UU.?


El 5 de julio de 1954, la revista Life publicó un curioso artículo en el que se hablaba de prototipos de aeronaves basadas en la forma de los clásicos platillos volantes. Por entonces podría clasificarse como un artículo de contenido científico con su toque de ciencia ficción, hoy no deja de ser una curiosidad de hemeroteca… o quién sabe… Os dejo con el artículo.

Los EE.UU. piensan en la construcción de un platillo volador el cual, según los diseñadores se elevará verticalmente, desarrollará una velo­cidad de 2.895 Km. por hora y tendrá un radio de combate de 2.415 Km. Esta aeronave, gober­nada por un solo piloto podrá estacionarse en el aire, moverse lateralmente o retroceder. tal vez será muy semejante a la que aparece en el dibujo superior. Empero, todavía se encuentra en una etapa totalmente experimental y varios peritos en aerodinámica dudan mucho que sea posible, actualmente, construir un platillo que supere las características de los aeroplanos de estructura más convencional que hoy están en embrión sobre las mesas de diseño.

EL “PROYECTO Y” semiplatillo que fue ideado por Frost, tenía forma de disco y producía explosiones de reacción solamente por la parte posterior.

El platillo volador, en el cual se espera que la Fuerza Aérea estadounidense invierta pronto mucho dinero, fue proyectado por John C. M. Frost, un ingeniero inglés, de 35 años de edad. Se originó en el llamado “Proyecto Y”, de una máquina también en forma de platillo que el propio Frost preparó por cuenta de la A. V. Roe Canada Ltd. Se cree que funcionará de esta manera: las toberas de reacción que se ven en el borde del platillo expelerán hacia abajo, obli­cuamente, sendos chorros de gas, y éstos ab­sorberán el aire de la cubierta, con lo cual disminuirá la presión atmosférica en la super­ficie superior. Cuando ésta sea bastante menor que la presión en la superficie inferior, el pla­tillo iniciará su ascensión.

UN CORTE TRANSVERSAL, muestra como penetra el aire en el compresor y como se mezcla con el combustible, en la cámara de combustión. Al salir de esta, en forma de gases calientes, mueve la turbina (que hace girar el compresor) y sale por las toberas de reacción que impulsa al platillo.

De acuerdo con la teoría, el piloto, sentado en el centro del platillo, arriba del motor, abrirá las válvulas de escape de las 180 toberas de gas de la nave y ésta se elevará lentamente. Para equilibrarla, reducirá la potencia del motor; y cuando ajuste las toberas posteriores, de ma­nera que los chorros gaseosos salgan horizon­talmente, y las cierre todas menos las de la cola, el platillo volará hacia adelante, como cualquier aeroplano de reacción. Cada vez que cambie de dirección—cerrando las toberas de la derecha si desea desviarse a la derecha, o las de atrás, si prefiere retroceder—la cabina girará automáticamente y así estará siempre de cara hacia donde se dirija. También podrá detener­se en el espacio y ladear la nave para ver hacia abajo. Mientras los EE.UU. se preparaban para la edad de los platillos, su Fuerza Aérea reci­bió fotografías de algunas naves de este tipo, tal vez soviéticas, en vuelo sobre Escandinavia.

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El platillo de Imjärvi 1970


El miércoles 7 de enero de 1970, y en la localidad finlandesa de Imjärvi, dos hombres que cruzaban el bosque calzando esquíes, efectuaron una extraordinaria observación de un «platillo» de características adamskianas, pero acompañado de un «ocupante» enano.

Vamos a relatar a continuación este interesante caso:

El incidente ocurrió, como hemos dicho, el miércoles 7 de enero de 1970, a las 4,45 de la tarde, en un bosque que se extiende en las afueras del poblado de Imjärvi, 16 kilómetros al nornordeste de la ciudad de Heinola, situada al sur de Finlandia y a 130 kilómetros al nordeste de Helsinki. Los dos testigos fueron el guardabosque Aarno Heinonen, de treinta y seis años a la sazón, y el agricultor Esco Viljo, entonces de treinta y ocho anos. Ambos se hallaban cruzando el bosque nevado, con esquíes, pues eran activos esquiadores que habían participado en numerosas competiciones de fondo. Debido a sus inclinaciones deportivas, ninguno de los dos bebía ni fumaba, por lo que se hallaban perfectamente serenos en el momento de ocurrir su extraño encuentro.

Descendiendo los dos la ladera de una pequeña loma, se detuvieron en un calvero para hacer una pequeña pausa. En aquellas latitudes el sol iba ya a la puesta y empezaban a verse algunas estrellas. Hacía mucho frío: el termómetro registraba 17º C bajo cero, y no soplaba viento.

Aarno Heinonen (left) and Esko Viljo return to the site of their encounter. (credit: FSR)

Llevarían en el calvero unos cinco minutos cuando oyeron un zumbido. Levantaron simultáneamente la mirada y distinguieron una luz brillantísima que cruzaba el cielo. Venía del Norte, y, después de efectuar una amplia curva, se acercó a ellos desde el Sur, a tiempo que descendía. El zumbido, débil al principio, se hizo más fuerte. La luz se detuvo, y ambos pudieron ver que la rodeaba una nube luminosa giratoria. Era como una niebla rojogrisácea que pulsaba con una extraña luminosidad. Simultáneamente surgieron nubecillas de humo de lo alto de la nube mayor. Ambos hombres permanecían quietos, contemplando la extraña visión y sin atreverse a pronunciar palabra.

La «nube, descendió al poco tiempo hasta unos 15 metros de altura, y fue entonces cuando pudieron ver en su interior un objeto circular, de fondo plano y aspecto metálico. Calcularon que media unos 3 metros de diámetro. En su parte inferior o panza vieron tres hemisferios regularmente espaciados, y en el centro observaron un tubo de unos 25 centímetros de diámetro y que se extendia unos 20 centímetros.

El objeto se inmovilizó en el aire durante un rato, mientras seguía oyéndose el zumbido. Luego éste aumentó de intensidad y el objeto descendió lentamente, al tiempo que la niebla grisrojiza se disipaba poco a poco. El objeto volvió a detenerse cuando se encontraba a 3 ó 4 metros sobre el suelo, y entonces el zumbido cesó por completo. Heinonen declaró posteriormente que lo tenían tan cerca, que habría podido tocarlo con su bastón de esquiar.

El tubo central emitió de pronto un brillante rayo de luz. El rayo osciló un par de veces antes de detenerse, formando un brillante círculo iluminado en la nieve (como el circulo luminoso que forma el proyector de un teatro al enfocar a un artista). Este círculo medía aproximadamente 1 metro de diámetro y estaba rodeado por un reborde negro como de 1 centímetro de ancho. Los dos hombres permanecían completamente inmóviles, muy impresionados, mientras una niebla rojogrisácea volvía a descender sobre el lugar.

Dejemos que sea Heinonen quien nos explique con sus propias palabras lo que entonces ocurrió:

«Sentí de pronto como si alguien me hubiese agarrado por la cintura desde atrás y tratara de hacerme retroceder. Creo que di un paso hacia atrás, y en el mismo instante distinguí al ser. Estaba de pie en el centro del rayo luminoso, con una caja negra en las manos. De una abertura redonda que ésta tenía, brotaba una luz amarillenta y pulsante. El ser tenía menos de 1 metro de estatura, con brazos y piernas muy delgados. Su cara era muy blanca, como de cera. No me fijé en los ojos, pero tenía una extraña nariz ganchuda. Sus orejas eran muy pequeñas y se estrechaban hacia su parte superior. Aquel ser diminuto llevaba una especie de mono de buzo, de un material verde claro. Tenía los pies metidos en unas botas de un verde más oscuro, que le subían por encima de las rodillas. También llevaba unas manoplas blancas, que le cubrían el brazo hasta el codo, y agarraba la caja negra con unos dedos que parecian garras.»

Veamos a continuación cómo describe al humanoide Esko Viljo:

«Yo también lo vi. El pequeño ser estaba de pie en el centro del círculo luminoso y parecía fosforescente, aunque tenía el rostro muy pálido. Sus hombros eran estrechos y caidos, y sus brazos, delgados como los de un niño. No me fijé mucho en su traje; sólo observé que lo cubría algo de color verdoso. En la cabeza llevaba un casco cónico que brillaba como si fuese de metal. El ser era un enano, pues medía menos de 1 metro, y todo él era muy delgado.»

Artist’s impression of the Imjarvi incident. (UFO-Nyt; credit: Evans and Spencer, 1987)

Mientras los dos esquiadores permanecían de pie, mirando fijamente a la extraña aparición, el humanoide se volvió un poco y asestó la abertura de la caja hacia Heinonen. La luz pulsante era brillantísima, casi cegadora. Mientras el humanoide permanecía dentro del círculo luminoso, volvió a descender una espesa niebla de color rojo oscuro del objeto, y brotaron enormes chispas del círculo luminoso sobre la nieve. Estas chispas medían hasta 10 centímetros de longitud. Eran rojas, verdes y violáceas. Se alejaron flotando en amplias curvas y muy lentamente. Algunaa de estas chispas alcanzaron a los dos hombres, pero éstos no notaron ningún efecto. La niebla fue espesándose, hasta el punto de que Heinonen y Viljo dejaron de verse. Por último, se hizo tan densa que ya no pudieron ver al hombrecillo iluminado por el rayo. Cuando esto ocurrió, juzgaron que habían estado viéndolo entre quince y veinte segundos. Cedamos nuevamente la palabra a Esko Viljo:

«Repentinamente, el círculo luminoso que se veía en la nieve se hizo menos intenso, el rayo luminoso ascendió como una llama temblorosa y desapareció por el tubo del objeto. Luego pareció como si la niebla se rasgase, y vimos que en el aire, sobre nosotros, no había nada.»

Ambos permanecieron muy quietos y sin moverse durante unos tres minutos, sobrecogidos por la impresión. Dijo Heinonen:

«En realidad, no teníamos miedo ni ganas de hablar; sólo estábamos allí sin hacer nada.»

Witness drawings of the face of the creature, and of the black box from which emanated the pulsating light which had been aimed at Heinonen. (credit: FSR)

Veamos ahora lo que les ocurrió a ambos testigos después del incidente. Al cabo de dos minutos de haberse dispersado la niebla, Aarno Heinonen notó que su costado derecho se había vuelto insensible, y, cuando intentó dar un paso adelante con su esquí, cayó al suelo.

«Aquella luz me había dado en el costado derecho ‑explicó‑. La pierna derecha me dolía y no sentía absolutamente nada desde el pie derecho hacia arriba. Por más que lo intenté varias veces, no conseguí levantarme.»

Tuvo que quitarse los esquíes y apoyarse en Viljo para andar. De este modo, tardaron una hora en recorrer dos kilómetros. Cuando llegaron al pueblo y a la casita donde vivían los padres de Heinonen, éste no se sentía nada bien. Le dolía la espalda y las extremidades. También tenía una fuerte jaqueca, y al cabo de poco vomitó. Cuando, apremiado por la necesidad, efectuó una micción, observó que su orina era negra como café. (Este síntoma siguió manifestándose durante dos meses.) También tenía dificultades respiratorias.

Aquella misma noche, a las 8, fue a que le viese el doctor Pauli Kajanoja, de Heinola. El facultativo le tomó la presión sanguínea y comprobó que ésta era mucho más baja de lo normal, lo que indicaba un estado de shock. Administró a Heinonen un somnífero. El dia 8 de enero volvió a visitarle el mismo médico, quien esta vez le recetó un calmante. Sin embargo, los síntomas continuaban. Le dolían las cuatro extremidades y le costaba mantener el equilibrio. Tiritaba, pero no tenía fiebre.

El 14 de enero fue a ver al doctor por tercera vez, y éste le dio un medicamento para la circulación sanguínea. Los síntomas no cesaban y le impedían trabajar. A mediados de mayo, y en una carta dirigida al investigador sueco Sven‑Olof Fredrickson, que es quien más ha investigado este caso, refirió lo siguiente:

«Continúo enfermo. Tengo dolor en la cabeza y en el cogote, y también en el estómago y en la espalda. Me noto la mano derecha muy pesada. No puedo trabajar. Mi estado apenas ha mejorado desde el pasado invierno. Los médicos de Heinola no saben qué hacer conmigo. ¿Es que el Gobieno no tiene dinero para ayudarnos? He tratado de obtener algún subsidio de las autoridades, pero no he conseguido nada. Creo que tendrían que darme alguna clase de subsidio, porque no puedo trabajar y nadie sabe qué tengo. Fui a visitar el lugar donde vimos el objeto, y después de esto me sentí aún más enfermo.»

Además de todo lo anterior, Heinonen sufría ataques de amnesia. No recordó plenamente lo ocurrido hasta transcurrido algún tiempo después del incidente. A comienzos de junio seguía sintiéndose aún muy débil. Desde enero apenas probaba bocado. Antes del fatídico 7 de enero, su forma física era excelente, pero después el trabajo más insignificante lo dejaba muy fatigado.

En cuanto a su compañero Esko Viljo, no sintió nada anormal inmediatamente después del encuentro con el disco y el humanoide, pero transcurrida una hora la cara se le hinchó y se le enrojeció, y le costaba guardar el equilibrio al caminar. El doctor Kajanoja le prescribió y le entregó dos pildoras para dormir. A la mañana siguiente, Viljo seguía teniendo problemas de equilibrio, acompañados de una sensación de falta de peso, especialmente en las piernas. Las manos y el pecho también se le enrojecieron. El 9 de enero volvió a ver al médico, y éste le dio un calmante. Sufrió dolores de cabeza durante un par de días.

El 12 de enero visitó a un oftalmólogo de Lahtis, porque le dolían los ojos y los tenía hinchados. El oftalmólogo le prescribió un colirio.

El 14 volvió a visitar al médico de Heinola, quien le recetó un medicamento para activar la circulación.

El 17 visitó de nuevo al doctor Kajanoja, que, tras reconocerlo cuidadosamente, no le encontró nada anormal. Pero luego, en la sauna, todo el cuerpo de Viljo se puso rojo.

En una carta al citado investigador, y fechada a mediados de mayo, declaró lo siguiente:

«Algunas personas que visitaron el lugar de la observación, también se sintieron mal un par de días después. ¿Puede esto ser alguna clase de infección?»

El doctor Kajanoja, después de haber reconocido a los dos hombres, manifestó: «Creo que ambos sufrieron un tremendo shock. Esko Viljo tenía la cara roja y congestionada, y los dos parecían hallarse abstraídos. Hablaban atropelladamente y con incoherencia. No encontré nada clínicamente anormal en Heinonen. Manifestaba no encontrarse bien, pero esto podía deberse a una reacción estomacal provocada por el shock. Los síntomas que manifestaba corresponden a los que produce la exposición a una fuente radiactiva. Por desgracia, yo no disponía de instrumental adecuado para medir la radiactividad. En cuanto a la orina negra, no le encuentro explicación. Es posible que contuviera sangre, pero tal estado no podía prolongarse durante meses. Me resultó imposible establecer un diagnóstico, y, en consecuencia, no pude prescribirles ningún tratamiento concreto.»

Cuando un reportero de un semanario sueco visitó el lugar con un fotógrafo y acompañado de Viljo y Heinonen, que se brindaron a llevarles allí a comienzos de junio, ocurrió lo siguiente: al poco tiempo de estar allí, enrojecieron las manos de Viljo, Heinonen y un intérprete que se habían traído los suecos. Heinonen se vio obligado a marcharse, porque sintió de pronto un violento dolor de cabeza.

Por Antonio Ribera

La misteriosa abducción de Beatriz


Días después del carnaval de 1975 Beatriz y Barbosa viajaron a Brasilia. Iban empezar sus cursos universitarios tras haber aprobado sus exámenes de admisión.

La nueva capital brasileña era reciente, había sido inaugurada en 1960, en la fecha histórica del 21 de abril, después de 41 meses de construción totalmente planeada.

Viajaban a gran velocidad por la carretera en un Kharmanghia, un auto deportivo brasileño fabricado por la Volkswagen. Barbosa dijo que se olvidó de poner en su maletero algunas ropas. Eran alrededor de las 22:30 h cuando las luces y el motor del coche se apagaron. Barbosa frenó hasta parar en medio del asfalto, ya que su visión no tubo tiempo de acostumbrarse a la oscuridad para ir con seguridad por su carril.

Venía una luz muy fuerte en dirección a ellos. Beatriz, con 18 años de edad, sintió el peligro de una colisión, ya que estaban sin la luz de posición y dificultaba el paso de otro coche por la carretera. Dijo a su compañero:

– Corre, Barbosa, es muy peligroso dejar el coche parado aquí.

Los dos bajaron para empujar el Kharmaghia al lado de la carretera y, en ese momento, empezaba a amanecer. El coche ya estaba al lado de la carretera sin que ellos lo hubiesen llevado hastá allí. Muy nerviosa con todo eso, Beatriz dijo:

– Está amaneciendo. ¿Qué ocurrió? Vamonos de aquí, tengo miedo.

Los dos entran en el coche, el motor arranca sin ninguna dificultad y ellos continúan su viaje. Algunos minutos después, Beatriz se percata de que le falta el diamante del anillo. Buscan dentro del coche y no está. A Beatriz se le ocurre que pudiera haber caído cuando estaban fuera del coche y vuelven hastá allí. Buscan por todas partes y no lo encuentran. Era una piedra muy hermosa y el anillo había sido comprado en la Maison Cartier por su abuela que se lo regaló a su madre y luego se lo dió a ella.

Muy aburridos con la pérdida del anillo y por no saber lo que ocurrió por la noche, continuaron el viaje. Como ya habían oido historias de platillos volantes, al llegar a la capital buscaron la Fuerza Aérea Brasileña donde un brigadier les dijo, como era de esperar, que no se registró nada raro en los radares.

Todo eso molestó mucho a Barbosa y que pocos meses después interrumpió sus estudios y fue internado en un hospital psiquiátrico. La madre de Beatriz se quedó muy molesta con la perdida de la joya y dudó mucho de toda la história de la noche que desapareció.

Cinco años después, el 23 de agosto de 1980 conocí a Beatriz en un hotel en Curitiba, capital del estado de Paraná donde queda la parte brasileña de las Cataratas del Iguazú, a 700 kilómetros. Ella estaba muy nerviosa y no lograba dormir. Yo le hize una hipnosis en la sala, fué a su habitación, durmió toda la noche y al dia siguiente nos encontramos casualmente en el desayuno. Ella me pidió que le hiciiera una hipnosis más y me contó esa história, diciendo que no deseaba saber lo que ocurrió en la noche del viaje y que hiciera para que no lo recordase.

La hipnosis fue muy profunda. Cuando fue hecha la regresión aquella noche, inmediatamente después que vió la luz en la carretera, ella ya estaba sola, parada dentro de un local muy amplio, redondo y bajo, sintiendo una gran presión en todo su cuerpo y temblaba de frío. Delante suyo había algo que ella no lograba entender, porque debía de estar en el suelo donde ella pisaba, pero le parecia que no. Una fuerza le sacó el anillo de su dedo y lo llevó a ese sítio, donde el diamante brillaba mucho, pero ella tenía miedo de pegarlo, pues le parecia que eso iba dañar su mano. Les fueron quitados los metales que tenía en su ropa y, de manera muy dolorosa, una gargantilla de su cuello.

Beatriz estaba muy molesta con todo, con mucho miedo y buscando a Barbosa, que no vio dentro. Lloraba. Temblaba. Sentía frio. En ese luminoso lugar no había puertas, ventanas, lámparas, ningún mueble. Su cabeza casi alcanzaba el techo y tenía esa cosa como la pantalla de una televisión que examinaba su diamante y que le parecia muy peligroso de poner su mano. Le parecía estar volando de una manera que la molestaba mucho, que le causaba una presión en su cuerpo, como si estuviera como un trapo en una lavadora. Después, de una manera también muy dolorosa, el anillo volvió a su dedo, pero sin la piedra. La sensación era de tener arena en los ojos.

Luego después estaba nuevamente en el suelo, al lado de Barbosa y del coche, que no sabían como fué parar en el lado de la carretera.

Como Beatriz deseaba, le mantuve la amnesia, y ella no sabe nada de lo que me contó.

Ella recordó apenas una parte de lo que ocurrió. No dijo como subió al OVNI, por donde entró en el, ni como bajó. Además, como estuvo probablemente unas 6,5 horas dentro de el, deben haber ocurrido muchas más cosas de las que contó.

Por Mario Rangel

Mário N. Rangel es autor de “Seqüestros Alienígenas: Investigando Ufologia com e sem Hipnose”, publicado por la revista brasileña UFO, la única que lo vende, y que muestra la tapa y comenta la obra en su site www.ufo.com.br. El libro tiene 418 páginas, 14 de las cuales a pleno color, 175 ilustraciones, 69 capítulos y más de 20 casos inéditos de abducción ocurridos en Brasil y uno muy raro ocurrido en febrero de 1984 en la playa de Villa Gessel, en Argentina.. El “Caso Beatriz” es el capítulo 6, donde hay más informaciones y la transcripción exacta de las emocionantes palabras de la abducida, grabada en cinta durante la hipnosis.

Proyecto A119: El Plan de EE.UU. para hacer estallar un bomba nuclear sobre la Luna


En las profundidades gélidas de la guerra fría entre EE.UU. y la Unión Soviética, los militares de Estados Unidos, trabajando con Carl Sagan y dirigido por el eminente físico nuclear Leonard Reiffel, proveyeron la ejecución de un increíble plan — volar parte de la Luna con un cohete portando una bomba termonuclear.

Hace casi 60 años, el gobierno militar y federal de Estados Unidos trabajó con científicos escogidos a dedo y se embarcó en un proyecto diseñado para vaporizar parte de la Luna y aterrorizar a los líderes de la Unión Soviética.

El sumamente riesgoso proyecto A119, involucraba lanzar una poderosa bomba nuclear a la Luna. Después de viajar durante días y cruzar casi aproximadamente 380 mill kilómetros, habría explotado el artefacto atómico tras el impacto, creando un flash intenso y un cráter brillante que habría sido visible por todo el mundo durante días, incluidos por los militares rusos.

Los miembros del equipo planificaron el increíble objetivo tomando la decisión de utilizar una bomba atómica especialmente construido para la explosión impulsada por un cohete. Debido a la ingeniería y la capacidad de levantamiento, se dieron cuenta que la más grande y más pesada bomba de hidrógeno no sería práctico.

De acuerdo a Leonard Reiffel, el líder de la operación, la idea era intimidar a los dirigentes soviéticos y aumentar la confianza de los medios de comunicación y ciudadanos después de la conmoción que el primer satélite artificial del mundo, Sputnik, tenía en la psique estadounidense.

De acuerdo a Leonard Reiffel, el líder de la operación, la idea era intimidar a los dirigentes soviéticos y aumentar la confianza de los medios de comunicación y ciudadanos después de la conmoción que el primer satélite artificial del mundo, Sputnik, tenía en la psique estadounidense.

‘Un estudio de los vuelos de investigación lunar’ alias Proyecto A119

Hablando sobre el proyecto A119, Reiffel dijo que “probablemente podría haber llevado a cabo la misión en 1959, cuando la fuerza aérea desplegó los misiles balísticos intercontinentales,”. “Los militares aparentemente abandonaron la idea debido al peligro de las personas en la Tierra en caso de que la misión fallará.”

Sin embargo, un coronel dijo que no abandonaron el proyecto de explotar una bomba atómica sobre la Luna debido a la preocupación del daño que podría causar tal detonación a las personas de la Tierra, sino que seres extraterrestres les impidieron hacerlo.

Coronel retirado Ross Dedrickson

En la década de 1950, el Coronel Ross Dedrickson era responsable de mantener el inventario de las reservas de armas nucleares de la AEC y de los equipos de seguridad que verificaban la seguridad de las armas, entre otras muchas tareas. En una entrevista realizada al coronel de alto rango estadounidense que ocupó posiciones muy sensibles en el Departamento de Energía durante años, explica cómo el gobierno estadounidense intentó detonar un arma nuclear en la Luna, pero fueron impedidos de hacerlo.

Él dijo:”También me enteré de incidentes relacionados con armas nucleares, y entre estos incidentes, un par de armas nucleares enviadas al espacio fueron destruidas por los extraterrestres. A finales de los años setenta y principios de los ochenta, intentamos poner un arma nuclear en la luna y explotarla para mediciones científicas y otras cosas, lo que no era aceptable para los extraterrestres. Destruyeron el arma antes de que llegara a la luna.”

¿Fueron los extraterrestres los que impidieron que los terrícolas hicieran explotaran una bomba sobre la luna como dice el coronel?

Algunos ufólogos creen que la luna esta habitado por seres de otro mundo y que la utilizan como una base para monitorear a la tierra. Y dicen que el proyecto no era científico como se sugiere, sino que tenía un propósito muy diferente, el de bombardear las bases que los extraterrestres tienen en la luna.

Se buscó un comentario de la Fuerza Aérea Estadounidense sobre el Proyecto A119 y si la causa del abandono del proyecto fue debido a los extraterrestres, pero se negaron a comentar sobre el proyecto.

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