El Obispo De Mar

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Se trata de un monstruo marino, un particular tipo de hombre pez que también es conocido como fraile de mar y responde a descripciones muy diversas.

Hacia medidados del siglo XVI, un naturalista francés, Guillaume Rondelet, cuenta que, tras una gran tormenta, un ejemplar del Obispo de Mar fue atrapado en el mar de Noruega. Según su descripción, posee un deformado rostro humano, cabeza rapada y lisa y un capuchón de monje sobre los hombros. Dos largas aletas como miembros superiores y una enorme cola.

Konrad von Gesner, otro naturalista del mismo siglo, lo describe como una criatura de expresión feroz, dos cuerpos, orejas largas, brazos humanos y cuerpo de pez.

Los relatos marionos de la epoca, relatan avistajes de este monstruo con rasgos humanos y se cree que la convicción de su existencia perduró hasta el siglo XIX.

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El Oso Nandi Parte 2

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“Tenía un pequeño perro color caqui llamado Mbwambi conmigo, un perro mestizo, pero feroz y valeroso, y lo até conmigo a la puerta de mi tienda” escribió Hichens dos años después del incidente. “Era más de medianoche cuando lanzo un gruñido agudo, quejumbroso que me sobresaltó. Pero antes de que pudiese salir de la cama, toda la tienda se tambaleó, el poste al que estaba atado Mbwambi desapareció y el techo de la tienda se vino abajo, envolviéndome a mí, que inmovilizado por el toldo de la tienda, pugnaba por salir. En ese mismo instante, el aullido más terribe que he oído jamás rasgó la noche. Un puro horror demoníaco me heló la sangre”.

Oí a mi perro gritar una sola vez”, continúa Hichens estremeciéndose. “Hubo un chasquido de ramas en los arbustos y luego un ruido sordo, de alguna bestia alejándose. ¡Pero aquel aullido! He oído media docena de leones rugiendo a la vez en una estampida a menos de veinte metros; he oído balitar a un elefante enloquecido, he oído a un leopardo atrapado transformando la noche silenciosa en una agonía estremecida con rugidos atronadores y desgarrados. Pero nunca había oído, ni deseo volver a hacerlo, un aullido como el de aquella criatura.

Hichens salió afuera corriendo, donde encontró que su perro no estaba y un rastro de sangre que llevaba a la jungla. Junto al camino había huellas enormes, cuatro veces el tamaño de [las huellas de ] un hombre”, señanl Hichens. Al amanecer, él y una partida de hombres del pueblo rastrearon las huellas hasta el bosque, pero una semana después el rastro se perdió. Hichens no encontró nunca al anumal cuyo aullido había hecho que su propia alma se estremeciese.

Muchos científicos creen que aquellos que han visto al Oso Nandi han confundido un animal conocido, como una hiena, un baboo [baboon, ¿babuino?] o un ratel (un mamífero carnivoro nocturno, parecido a un tejón, que se encuentra en Äfrica, Arabia e India). Pero al menos un experto, Charles Williams, antiguamente del Museo Británico de Historia Natural, ha propuesto una teoría más sorprendente. Sugiere que el Oso Nandi pudiera ser un descendiente viviente de un grupo prehistórico de mamíferos conocidos como calicotéridos. Estas extrañas criaturas, que guardan relación con los actuales caballos, tenían patas traseras cortas, lomo curvo, una cabeza pesada de hocico cuadrado, cola corta y unas formidables garras. No se sabe en que momento pudieron extinguirse, aunque los paleontólogos creen que fue hace al menos 10,000 años”.

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EL GNOMO DE GERONA

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El llamado Gnomo de Gerona es el nombre dado al cuerpo de un animal o un feto animal (normal o deforme) encontrado cerca de Gerona, Cataluña (España) en septiembre de 1989.

Historia

Según la versión inicialmente difundida, el ser habría sido capturado por unos excursionistas a once kilómetros de Gerona, en la ruta que va de Bañolas a Olot, quienes según esta primera recreación de los hechos, se encontraban en un bosque cuando vieron al ser, que trató de huir velozmente hasta que le cazaron. Entre las afirmaciones de esta primera versión se encontraría la de que emitía “una especie de chillido que recordaba la carcajada de un anciano”.

Siguiendo este relato, el ser permaneció vivo durante veinticuatro horas (otras versiones dicen que durante cuatro días) tras su captura. Posteriormente habría sido entregado todavía vivo al parapsicólogo español Ángel Gordon quien tras la muerte del animal lo conservó en un frasco con formol.

A partir del examen de una serie de fotografías del cuerpo conservado, el patólogo estadounidense John Altshuler y el doctor español Luis Linares de Mula descartaron que se tratara del feto normal de un animal.

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El emela-ntouka

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El emela-ntouka (en congolés “matador de elefantes”), es un animal mítico en la cultura de las tribus pigmeas del África Central.

Generalidades

Del tamaño de un elefante y color verde pálido, su descripción general recuerda superficialmente a la de un rinoceronte, incluyendo un cuerno (de marfil) de unos dos metros de largo. Su enorme cuerpo está sostenido por cuatro gruesas patas cortas y posee una cola similar a la de los cocodrilos. Sus mandíbulas están armadas con largos y afilados dientes de forma triangular.

El emela-ntouka es muy temido por los aborígenes, quienes afirman que suele cazar y devorar humanos. También enfrenta elefantes, a quienes atraviesa con su afilado cuerno para luego dejarlos desangrarse. Existen elementos de corte anecdótico que sugerirían la posibilidad de la existencia real del animal: Lucien Blancou, jefe inspector del África Ecuatorial Francesa en el decenio de 1950, escribió acerca de una feroz criatura, más grande que un búfalo, que era considerada como de gran peligrosidad por los pigmeos locales: “…también se sabe de la presencia de una bestia que ocasionalmente destripa elefantes, pero no parece prevalecer allí tanto como en los distritos mencionados. Se supone que un espécimen fue muerto unos veinte años atrás en Dongou, pero en la (margen) izquierda del Ubangi y en el Congo Belga.” transladado por Bernard Heuvelmans, “En la pista de animales desconocidos”, 1959.

Los mitos coinciden en situar al animal en los vastos terrenos pantanosos que conforman la cuenca del Río Congo. Es, por lo tanto, de naturaleza anfibia. Las historias coinciden al afirmar que rara vez se lo encuentra reunido en grupos: se lo considera un cazador solitario.

Posibles explicaciones

¿Un dinosaurio?

En 1981 el Dr. Roy Mackal viajó al Congo buscando posibles rastros del Mokèlé-mbèmbé, criatura recurrente del folclore local; en seguida tomó conocimiento de la existencia presunta de otra bestia distinta. Según Roy Mackal, la descripción dada por los lugareños sugeriría que el monstruo misterioso es en efecto un ceratópsido sobreviviente a la extinción de fines del Cretácico. Mackal y otros, quienes sostienen esta idea consideran que la cuenca del Congo reúne ciertas características únicas que habrían hecho posible la supervivencia de especies arcaicas. Otras de estas bestias incluirían al kongamato, al nandi y al mokèlé-mbèmbé.

Sin embargo, esta postura es descartada de plano por la mayoría de los zoólogos. Incluso esta postura es descartada por la mayoría de los criptozoólogos; que postulan que estas criaturas pueden ser animales desconocidos, pero no emparentados con los dinosaurios.

¿Confusión con otro animal?

La primera explicación racional que salta a la vista luego de conocer la descripción física de emela-ntouka es que se trata de un rinoceronte. En el caso de su comportamiento anfibio, sería producto de una confusión con un hipopótamo visto desde lejos.

¿Un nuevo animal?

Los supuestos testigos coinciden en afirmar que el cuerno único sería de marfil y no de pelo modificado como en el caso del género rhinoceros. El comportamiento anfibio mencionado sería así mismo sospechoso, así como también la presencia del enorme apéndice caudal. Esto descartaría la posibilidad de algún mamífero u otro animal clasificado actualmente; e indicaría la posible existencia de un nuevo animal desconocido, pero lo más factible y probable, no perteneciente al grupo de los dinosaurios.

¿Un mito?

Al igual que otros animales misteriosos, por su naturaleza, es muy probable que sea solo un mito.

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