Antigua ciudad subterránea encontrada en Rusia?


A comienzos del 2014 un increíble descubrimiento se realizó en Rusia. En el remoto Monte Shoria en el sur de Siberia, investigadores habían encontrado una pared absolutamente masiva de piedras de granito.

Algunas de estas gigantescas piedras de granito se estima que pesa más de 3.000 toneladas, y como se verá más adelante, muchos de ellos fueron cortados “con superficies planas, ángulos rectos y esquinas agudas”.

Nada de esta magnitud ha sido descubierto antes. La piedra más grande encontrado en las ruinas megalíticas de Baalbek, Líbano, es de al menos 1.500 toneladas.

Ruinas megalíticas de Baalbek, Líbano.

Cuando compartieron las asombrosas imágenes de estas estructuras apedreadas, muchos argumentaban que eran formaciones naturales, quizás porque tenían problemas para concebir tales enormes ruinas antiguas en tales lugares remotos. Descubrimientos que parecen ser de muchos cientos de miles de años.

Tal vez incluso tan antiguo como la gran esfinge.

Cada vez se están aprendiendo más sobre ellos, con cada vez más audaces exploraciones de las ruinas que se están llevando a cabo.

Recientemente un equipo descubrió una bóveda en uno de los megalitos de piedra, una falla de acceso que los llevó a un sistemas de cavernas de piedra artificialmente construida.

Estas estructuras subterráneas son verdaderamente masivas, y sin duda han sido construidas por un constructor inteligente. Escondido durante muchos milenios, estas cavernas no sólo son masivas, sino fueron construidas con bloques colocados unos sobre otros que tienen más de 15 metros de longitud en algunos casos, haciendo que estas piedras tengan miles de toneladas de peso, y aparentemente fueron colocados sin esfuerzo en la forma de paredes subterráneas.

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Este descubrimiento no ha arrojado realmente luz sobre cómo los antiguos construyeron tales estructuras, Sino más bien empujaron sus aparentes capacidades más lejos de nuestra comprensión.

No sólo es el propósito de estas estructuras un vasto misterio, sino también contienen piedras colocadas más grandes que cualquiera que hemos descubierto, eclipsando incluso la piedra inacabada encontrada en la antigua cantera china conocida como yangshan, una piedra se puede encontrar a medio corte desde el lecho de roca y que se calcula pesa más de 16.000 toneladas.

Los académicos dicen que la enorme piedra yangshan se ha quedado en la cantera debido a que no pudieron moverla, sin embargo en Rusia tenemos piedras colocadas en un diseño de sistema de cuevas que incluso superan a la de yangshan.

Esto no sólo demuestra que podían moverlos, sino levantarlos y trabajarlos.

¿cuántas citas “formaciones naturales” en realidad se están resistiendo extremadamente a unas estructuras construidas de piedra extremadamente grandes?

Tal vez hay muchas colinas de granito de piedra e incluso quizás montañas que salpican nuestra tierra, que fueron, varios miles de años atrás, las grandes estructuras de una avanzada civilización olvidada.

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La misteriosa línea recta que une siete santuarios dedicados a San Miguel


Una impresionante y misteriosa línea recta que va desde Irlanda a Israel une siete monasterios relacionados con el Arcángel Miguel. ¿Es mera coincidencia? ¿fue esto hecho intencionalmente?

Los Siete santuarios están a grandes distancias entre sí, pero increiblemente están perfectamente alineados. Y no sólo es una línea recta perfecta, estos monasterios toma en cuenta la curvatura de la Tierra, variando en esa gran distancia en cerca de 24 kilómetros.

La Linea Sacra de San Miguel Arcángel simboliza, según la leyenda, el golpe de espada que el Santo infligió al Diablo para enviarlo al infierno, tras una apocalíptica batalla en los cielos.

Cada uno de los monasterios es muy antiguo. Además, la Linea Sacra está en perfecta alineación con el ocaso del sol en el día del Solsticio de Verano. Y todos tienen leyendas de que fueron construidos ahí debido a visiones de apariciones del Arcángel Miguel.

Según los creyentes esta alineación es una advertencia del Santo Arcángel para que se respeten siempre las leyes de Dios y los fieles prosigan en la rectitud.

Los expertos en cartografía medieval dicen que la gente medieval no podía haber llegado a una cosa así. Otros señalan que los lugares de culto cristianos a menudo se encuentran en sitios de antiguos lugares paganos. Y hay algunas iglesias de Francia en las colinas dedicadas a ‘St Michel de Mercure’ lo que une a San Miguel con el alado dios pagano Mercurio.

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¿Casualidad o ritos paganos?

¿Se trata de construcciones paganas al dios Mercurio alineadas en clave ocultista y luego reconvertidas para San Miguel? ¿o por el contrario, responden a genuinas apariciones de san Miguel en la Tierra? ¿Y si fueron apariciones de San Miguel, porque esa forma geométrica tan precisa?

En todo caso es sorprendente la disposición de estos santuarios en la línea: los tres sitios más importantes, Mont Saint Michel en Francia, la Sacra de San Miguel en val de Susa y el santuario de Monte Sant’Angelo en el Gargano están todos a la misma distancia.

Conoce los siete santuarios de la línea sagrada.

1) SKELLING MICHEAL

Skellig Michael, beehive cells and Small Skellig

El trazado comienza en Irlanda, en una isla desierta, donde el Arcángel Miguel se habría aparecido a san Patricio para ayudarle a liberar a ese país del demonio. Y aquí surge el primer monasterio: el de Skellig Michael (“roca de Miguel”)

2) SAINT MICHEAL’S MOUNT


La línea se dirige después hacia el sur y se detiene en Inglaterra, en St. Michael’s Mount, un islote de Cornualles que con la marea baja se une a tierra firme. Justo aquí, san Miguel habría hablado a un grupo de pescadores.

3) MONT SAINT MICHEL

La linea sacra prosigue después en Francia, en otra célebre isla, en Mont Saint-Michel, también esta entre los lugares de aparición del Arcángel Miguel. La belleza de su santuario y de la bahía en que surge en la costa de Normandía lo convierten en uno de los sitios turísticos más visitados de toda Francia, y es patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1979. Este lugar ya desde tiempo de los galos estaba lleno de fuerte misticismo, después en el año 709, el Arcángel se apareció al obispo Avranches, San Auberto, intimándole a que construyera un santuario. Los trabajos comenzaron, pero hasta el año 900 no se construyó la abadía benedictina.

4) SACRA DI SAN MICHELE

A unos 1000 kilómetros de distancia, en Val de Susa, Piamonte, surge el cuarto santuario: la Sacra di San Michele. La línea recta une también este lugar sagrado al resto de los monasterios dedicados a san Miguel. La construcción de la abadía empieza en torno al año mil y, en el curso de los siglos, se han añadido nuevas estructuras. Los monjes benedictinos la desarrollaron añadiendo también la hospedería, pues este santo lugar estaba en el camino de los peregrinos que iban por la vía Francígena.

5) SANTUARIO DI SAN MICHELE ARCANGELO

Trasladándose otros mil kilómetros en línea recta, se llega a la Puglia, al Gargano, donde una caverna inaccesible se ha convertido en lugar sagrado: el Santuario de San Miguel Arcángel. El Santuario comenzó alrededor del año 490, cuando la primera aparición del Arcángel Miguel a san Lorenzo Maiorano.

6) MONASTERIO DE SYMI

Desde Italia, la huella del Arcángel llega al sexto santuario, en Grecia, en la isla de Symi: aquí el monasterio alberga una efigie del santo ángel de tres metros de alta, una de las más grandes del mundo.

7) MONASTERIO DEL CARMELO

La línea sacra termina en Israel, en ll Monasterio del Monte Carmelo en Haifa. Este lugar es venerado desde la antigüedad, y su construcción como santuario cristiano y católico se remonta al siglo XII.

LA LÍNEA DE SAN MIGUEL es sin duda una de las más importantes e interesantes de las muchas líneas imaginarias que atraviesan la Tierra.

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El enigma del “Mar Báltico” contiene metales que la naturaleza NO PUEDE reproducir


La Anomalía del Mar Báltico es quizás uno de los descubrimientos submarinos más misteriosos de los últimos años. La “anomalía” fue detectada el 19 de junio de 2011 por el equipo sueco “Ocean X Team” durante una inmersión en el Mar Báltico entre Suecia y Finlandia mientras buscaban un viejo naufragio. Desde que se descubrió la anomalía, surgieron innumerables teorías tratando de explicar qué diablos es este misterioso objeto.

La Anomalía del Mar Báltico es redonda, de 3 a 4 metros de espesor y aproximadamente 60 metros de diámetro, se levanta sobre algo parecido a un pilar de 8 metros de altura, y se encuentra en una Profundidad de 85 a 90 metros.

Un año después de descubrir el objeto, el equipo decidió explorar más la anomalía y aclarar el misterio detrás del llamado OVNI sumergido. Sin embargo, el grupo surgió con más preguntas que respuestas.

“No puedo explicar lo que vimos, fui allí buscando respuestas, pero me encontré con más preguntas”, dijo Stefan Hogeborn, uno de los buzos de Ocean X en el 2012.

“Durante mis 20 años de carrera de buceo, incluyendo 6.000 inmersiones, nunca he visto nada como esto. Normalmente las piedras no se queman”, dijo Hogeborn en un comunicado de prensa.

“Hemos escuchado un montón de diferentes tipos de explicaciones, desde la nave espacial de George Lucas, el Halcón Milenario, hasta que es una especie de tapón hacia el mundo interior”, como si fuera un infierno o algo así”, dijo el buzo Peter Lindberg.

En los últimos años, el descubrimiento ha generado hipótesis de todo tipo.

Mientras que algunos dicen que podría ser los restos de un meteorito o un buque de guerra, varios medios de comunicación y ufólogos creen que podría ser un platillo volador.

Los más escépticos, por otro lado, creen que toda la investigación es una farsa y es parte de una campaña de marketing viral, es decir, un truco publicitario de Ocean X para tratar de recaudar dinero que les ayudaría en otros proyectos relacionados con la búsqueda de tesoros perdidos.

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Curiosamente, después de que Ocean X trajo a la superficie una muestra de la supuesta anomalía, se encontró que contenía limonita y goethita. El geólogo israelí Steve Weiner afirmó que estos materiales son “metales que la naturaleza no podría reproducir”

Además, si los metales no fueron lo suficientemente extraños, Stefan Hogerborn, parte del equipo de Ocean X, dijo que su equipo dejó de funcionar cuando se aproximaban a la Anomalía del Mar Báltico dentro de los 200 metros.

Se le cita diciendo: “Cualquier cosa eléctrica que teníamos ahí – y el teléfono satelital también – dejó de funcionar cuando estábamos por encima del objeto”.

“Y luego nos alejamos unos 200 metros y se activaron de nuevo, y cuando volvimos sobre el objeto no funcionaban.”

El buceador Peter Lindberg dijo: “Hemos experimentado cosas que realmente no podía imaginar y he sido el más escéptico del equipo con respecto a estos diferentes tipos de teorías”.

“Yo estaba un poco preparado para encontrar una piedra, un acantilado, un afloramiento o una pila de lodo, pero no era nada como eso, así que para mí, ha sido una experiencia extrañable lo debo decir”.

El miembro de Ocean X Dennis Åsberg dijo: “Estoy cien por ciento convencido y seguro de que hemos encontrado algo que es muy, muy, muy único”.

“Entonces si es un meteorito o un asteroide, o un volcán, o una base de, por ejemplo, de un submarino de la Guerra Fría que ha sido fabricado y colocado allí – o si es un OVNI …”

“Bueno, honestamente tiene que ser algo.”

Las citas fueron informadas por primera vez en NDTV.

Sin embargo, otros expertos -como Fredrik Klingberg y Martin Jakobsson- discrepan y sugieren que la composición química de la muestra se asemeja a la de los nódulos que no son infrecuentes en los fondos marinos y que los materiales encontrados, incluyendo la limonita y goethita, pueden de hecho ser formados por la naturaleza misma.

El profesor de Geología Volker Brüchert sugiere que la Anomalía del Mar Báltico es muy probablemente un depósito glacial. Los glaciares que se formaron cerca del Mar Báltico habrían transportado esta formación desde su lugar de origen. De manera similar a las numerosas piedras equilibradoras que se encuentran en la parte superior de muchas montañas.

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NOS CREARON PARA UTILIZARNOS ?


Algunos científicos de avance y los legados más antiguos de nuestra historia convergen en una explicación lógica para el origen de la humanidad: una civilización cósmica para nosotros desconocida nos fabricó en un pasado remoto.

Más adelante alguien, ya sea el mismo programador original u otro distinto, efectuó una mutación en el ser programado, para encarrilar nuestro desarrollo genético hacia nuestra condición humana actual.

Pero, ¿qué hicieron nuestros programadores después de habernos fabricado y posiblemente mutado en un estadio más tardío? ¿Nos abandonaron a nuestra suerte? ¿O, más bien, han venido controlando el desarrollo de nuestra existencia?

Existen suficientes ejemplos que evidencian que en el pasado y también hoy en día alguien más, y por lo menos tecnológicamente, más avanzado, se mantuvo y se mantiene cerca de nosotros, acompañándonos a lo largo de toda nuestra historia.

Pero no solamente se han dedicado a controlarnos, sino que en determinados momentos históricos decisivos para la marcha de la humanidad, han intervenido directamente para encauzarla en uno u otro sentido. En la etapa antigua de nuestra historia, los seres para nosotros desconocidos descendían habitualmente de las alturas para convivir con el ser humano sobre el planeta que habitamos.

Dado que sus actuaciones y su tecnología se escapaban a la comprensión del hombre primitivo, que era incapaz de imitar lo que estos seres desconocidos podían hacer, tales visitantes fueron tomados necesariamente por nuestros antepasados por auténticos dioses, cosa que en cierta forma no deja de ser cierta para nosotros, en el supuesto de que ellos sean nuestros fabricadores.

Sus actuaciones fueron interpretadas naturalmente por el hombre primitivo y medieval como expresiones inequívocas de la divinidad. Pero con el paso del tiempo, la situación ha cambiado: los que fueron dioses hasta hace poco, comienzan a esconder su careta divina para irse diluyendo en el anonimato. ¿Por qué?

Porque nuestra propia evolución nos ha conducido a un punto en el que nuestros actuales conocimientos no les permiten ya ser identificados con la imagen de seres divinos. Hoy ya sabemos que lo que ellos hicieron en el pasado, lo pueden hacer otros, le podemos en parte hacer nosotros, simples humanos.

Y lo qué aún no podemos hacer hoy lo podemos, extrapolando nuestros conocimientos actuales, alcanzar hipotéticamente en el futuro. Así, el contacto con ellos, en vez de darse en un contexto religioso como se dio en la antigüedad y en el medioevo, se intuye en un futuro a un nivel científico posiblemente.

No estamos solos

Semejante hipótesis debe de fundamentarse naturalmente en una premisa ineludible: que haya efectivamente vida inteligente en el universo, más allá de los límites de nuestro planeta Tierra.

Y que estos supuestos seres inteligentes sean capaces de llegar hasta aquí. ¿Es esto posible?

El 11 de septiembre de 1952, Marshall Chadwell, a la sazón director adjunto del departamento de Inteligencia Científica, le escribe en comunicado interior al director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA):
“El problema OVNI excede el nivel de las responsabilidades individuales del departamento de Inteligencia Científica de la CIA, y es de tal importancia que merece la competencia y la acción del Consejo de Seguridad Nacional.”
El 2 de diciembre de aquel mismo año, le vuelve a comunicar a su director que:
“Algo está ocurriendo y debe tener nuestra atención inmediata. Los avistamientos de objetos inexplicados a grandes alturas viajando a altas velocidades en las cercanías de importantes instalaciones defensivas americanas son de tal naturaleza que no pueden ser atribuibles a fenómenos naturales o a vehículos aéreos de tipo conocido.”
La presencia de objetos volantes no identificados y la presencia de seres inteligentes no pertenecientes a nuestra comunidad humana terrestre, se manifiesta como una constante en el curso de nuestra evolución, desde la antigüedad hasta nuestros días. Si bien la ciencia académica se niega a aceptarla como un hecho.

Argumenta para ello que el viaje interplanetario preciso para que seres de otra civilización cósmica visitaran efectivamente nuestro planeta es de todo punto imposible.

Pero tal y como afirma el premio Nobel de química Ilya Prigogine, las teorías acaban siempre por ser rebatidas: su verdad es parcial, provisional. No debemos adaptar los hechos a nuestra inteligencia, sino que debemos aspirar a elevar esta inteligencia a un grado en el que pueda entender y asimilar los hechos, aunque en estos momentos aún se le antojen absurdos.

También era un absurdo para los hombres del siglo XVIII el hecho o la simple idea de que el hombre viajara algún día hasta la Luna y pegara torpes saltos sobre su superficie, y, sin embargo, ésta es una experiencia superada hoy en día y aceptada por todos: por los hechos consumados, en definitiva.

A lo que debemos aspirar es a lograr comprender algún día la realidad subyacente y el sentido de los fenómenos inexplicados que se han venido produciendo a lo largo de la historia humana y que actualmente se siguen produciendo y prodigando.

Ansias de contacto

Pero así como la mayoría de la comunidad científica no contempla la posibilidad de la presencia de seres extraños en nuestro planeta, sí acepta como probable la existencia de otras civilizaciones en la inmensidad del cosmos.

Tanto, que las busca ansiosamente y elabora planes para establecer contacto con las mismas. Los intentos de búsqueda de inteligencias extraterrestres en las profundidades del cosmos, objetivo del programa SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence = Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), y los intentos de comunicación con supuestas inteligencias extraterrestres en el espacio, que conforman el programa CETI (Communication with Extratrrestrial Intelligence = Comunicación con Inteligencias Extraterrestres) siguen un constante curso de perfeccionamiento, lo que pone de manifiesto la voluntad de ciertos sectores de la comunidad científica en entrar en contacto con otros seres inteligentes del universo.

El programa SETI se verá notablemente incentivado a partir de 1992; para conmemorar el 500 aniversario del descubrimiento oficial de América, con una nueva inyección presupuestaria de 100 millones de dólares, aprobada en 1988.

Este dinero cubrirá una etapa de diez años de búsqueda de inteligencias extraterrestres, concretada en la instalación de seis analizadores multicanal del espectro radioeléctrico, tres en Arecibo, en Puerto Rico, y otros tres volantes, que se trasladarán periódicamente del hemisferio norte al sur, en una búsqueda totalmente automatizada.

Con este sistema se escudriñarán secuencialmente las 773 estrellas similares al Sol que se encuentran a una distancia inferior a los 80 años-luz, chequeando en cada una de ellas 2.000 millones de canales, mientras que por otra parte se barrerá todo el firmamento visible, en busca de alguna señal extraña que pudiera proceder de una civilización desconocida. El equipo que se empleará para ello es un analizador multicanal de espectros, el MCSA 2.0, que puede sintonizar simultáneamente hasta 10 millones de frecuencias.

En lo que al proyecto CETI respecta, cabe decir que en marzo de 1974, la Junta del Consejo Científico del Área del Problema de Radioastronomía de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética discutió y aprobó un programa de investigación del problema de la comunicación con civilizaciones extraterrestres.

El programa fue elaborado por la sección de búsqueda de señales cósmicas de origen artificial del Consejo de Radioastronomía, a partir de las recomendaciones de la Conferencia Nacional Soviética sobre el Problema de la Comunicación con Civilizaciones Extraterrestres que tuvo lugar en el observatorio astrofísico de Byurakan, en Armenia, en mayo de 1964, y la conferencia soviético-norteamericana sobre CETI mantenida en el mismo Byurakan en septiembre de 1971.

El programa proyectado fue expuesto previamente en la VII Conferencia Nacional Soviética sobre Radioastronomía, convocada en Gorki en 1972, para ser aprobado definitivamente por la Academia de Ciencias de la URSS en 1974.

En el texto del programa aprobado por los soviéticos destaca la afirmación de que:
“Merece particular atención la posibilidad de que sondas lanzadas por civilizaciones extraterrestres se encuentren actualmente en el Sistema Solar e incluso en órbita alrededor de la Tierra”.

Nos visitan desde siempre

Pero hay otro camino para averiguar si existen y si son capaces de venir a visitarnos.

Frente a la totalidad del establishment científico, que apoya la lenta y costosa búsqueda de señales de radio procedentes de seres inteligentes en el universo, cabría proponer una solución mucho más sencilla: intentemos examinar si nuestra Tierra ha sido visitada alguna vez en el pasado, o si está siendo visitada en el presente por seres no terrestres.

No debemos perder de vista para ello que, sin necesidad de recurrir a testigos dudosos, a textos equívocos, a grabados de diversa interpretación, los textos que a lo largo de los tiempos han ido reflejando los pasos de la historia de la humanidad, están salpicados de testimonios que ilustran la presencia de objetos volantes que evolucionan de forma inteligente a baja altura, sobre la superficie terrestre.

Tampoco es preciso recurrir al cúmulo de leyendas y textos religiosos que claramente hacen referencia a seres que procedentes del cielo entran en contacto con los habitantes de la Tierra. No. Sólo hace falta releer los textos de historia. Así, Plinio habla de objetos volantes no identificados en el Libro II de su Historia Natural.

Cayo Suetonio refiere que el 1 de enero del año 49 a. JC. Julio César se topó con una figura sobrehumana junto al río Rubicón. En el año 312 el pagano Constantino y todo su ejército contemplaron una cruz luminosa en el cielo. Beda, en su Historia Eclesiástica, afirma que en el año 664 se presentó sobre las cabezas de las monjas de un monasterio de Barking, junto al Támesis, una sábana volante luminosa.

Mientras Carlomagno irrumpía en Italia, los sajones sitiaron Sigisburg, hasta que hicieron acto de presencia en el aire dos escudos volantes rojizos, que les hicieron huir precipitadamente y someterse luego a Carlomagno y al cristianismo. El 21 de febrero de 1345 una luz misteriosa procedente de las montañas de Montserrat en Catalunya se desplazó en el aire hasta detenerse encima de la población de Manresa, cuyos habitantes siguen celebrando desde entonces anualmente la “vinguda de la misteriosa llum”.

En un texto que figura en los anales de la Inquisición, el Dr. Eugenio Torralba afirma que efectuaba viajes desplazándose por el aire guiado por una nube de fuego. Bernal Díaz del Castillo, cronista de Hernán Cortés, narra en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, que en el año 1527 los expedicionarios españoles observaron en el aire sobre sus cabezas una enorme espada larga (comparable a la cruz que vio Constantino) que no se mudaba del cielo durante más de veinte días.

Mientras que el historiador catalán Geroni Pujades escribe en su Díari el día 30 de septiembre de 1604 que en la madrugada de aquel día los habitantes del obispado de Urgell asistieron a un combate aéreo a baja altura.

En la publicación “L’Année Scientifique” aparece publicada en el año 1874 la noticia del avistamiento de gran número de cuerpos negros que cruzaban la Luna. En 1885, el astrónomo José A. Bonilla publica un artículo en la revista “L’Astronomie”, en el que explica que los días 12 y 13 de agosto de 1883 contempló desde el observatorio mexicano de Zacatecas, del que era director, el paso de un total de 116 objetos volantes no identificados que en oleadas sucesivas cruzaban por delante del disco solar. Etcétera.

La lista se hace interminable.

La historia bien habla de estos fenómenos. Si no los omitiéramos, si explicáramos la historia en su totalidad, sin omisiones ni retoques, asimilaríamos con naturalidad que los fenómenos que evidencian la actuación de una inteligencia distinta de la nuestra, forman parte integrante y continuada de la historia de la humanidad. Sabríamos todos un poco mejor en donde nos encontramos.

Estamos programados

El premio Nobel Francis H.C. Crick, bioquímico inglés, que en 1953 descubrió la estructura del ácido desoxirribonucleico (ADN), adoptó a finales de 1981 una postura sorprendente: afirmó que en sus orígenes nuestra especie fue creada por una supercivilización galáctica.
“Cuando el sistema solar estaba empezando a configurarse -dice- en alguna parte de la galaxia existía una civilización que debía hallarse en el grado de progreso en que nosotros nos encontramos ahora, aproximadamente. Esos seres, bastante parecidos a nosotros, indudablemente, comenzaban a trabajar con la vida.

“Un James Watson y un Crick extraterrestres habían descubierto la estructura del ADN. Otros, explotando sus trabajos, habían empezado a crear microorganismos, del mismo modo que nosotros, hoy, ‘sintetizamos’ las primeras bacterias en probetas.

“Esos seres descubrieron nuestro mundo en formación. Entonces se embarcaron en una experiencia que hoy nos parece imposible, pero que, dentro de unas decenas de años, estaremos nosotros mismos en condiciones de emprender: crear la vida inteligente. No exactamente igual que el Dios de la Biblia, que bajó a la Tierra a fin de modelar un poco de barro para formar a Adán, pero casi. Ellos hicieron que, en ese barro original, se pudiera sembrar una bacteria (u otro microorganismo), programado de tal forma que, al cabo de varías decenas de miles de años, desembocara en nosotros.

“Esos seres sembraron la Tierra igual que nosotros sembraremos quizá mañana un mundo lejano, todas cuyas probabilidades de llevar a la vida a su término más elevado, la inteligencia, estarán determinadas de antemano por nosotros.”

En su libro Lífe itself (La vida misma) Francis H.C. Crick expone todos los argumentos de su tesis.

¿Un simple experimento?

Pero también podríamos ser un simple experimento. Imaginemos que una supercivilización que todavía existe en algún punto de la galaxia , o incluso fuera de ella, decidiera, por ejemplo, hace algunos millones de años, crearnos a plazo.

Para ella, el tiempo no cuenta. Cuando criamos un ganado que vive sólo unos cuantos años, o simples bacterias en un tubo de ensayo, ¿pensamos ni por un momento que, para esos microorganismos, nosotros somos prácticamente inmortales?

Crick confiesa que esta última idea es de los soviéticos. En efecto, la tesis de una siembra de la Tierra desde una galaxia cobró forma en el Congreso Internacional de Byurakan, en 1971.

Especialistas como Vsevolod Troitsky, de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética, emitieron allí la teoría de que la Tierra podría ser un campo de experimentación para seres superiores, con los cuales no hay ni que pensar en ponerse en contacto, porque van muy por delante de nosotros.

Entonces, ¡son como dioses!

Vida por doquier

Casi simultáneamente con la publicación de la obra de Crick, el profesor de matemáticas aplicadas y astronomía en el University College de Cardiff, en el País de Gales, y director del Instituto de Estudios Fundamentales de Sri Lanka, Nalin Chandra Wickramasinghe, publicó sendos libros escritos en colaboración con el astrónomo Sir Fred Hoyle, y titulados Space TraveIlers: the Bringers of Life (Viajeros del espacio: los que trajeron la vida) y Evolution from Space (La evolución desde el espacio), respectivamente.

De la lectura de ambos libros, así como de las manifestaciones de otros científicos que investigan la existencia de formas de vida en el universo, se deduce claramente -no sólo como reflexión filosófica o lógica, sino decididamente como resultado de comprobaciones puntuales- que la vida no es una prerrogativa del planeta Tierra que habitamos, sino que sus bases se hallan repartidas por doquier en la vasta inmensidad del universo.

De forma que la afirmación del premio Nobel Francis H.C. Crick, descubridor como dije de la estructura del ADN, en el sentido de que una supercivilización galáctica nos creó en un pasado remoto, no carecen de base lógica.

Nuestra creación fue, en su opinión -recuerdo-, una fabricación programada.

El muñeco humano

Exactamente de esta fabricación programada a la que aluden algunos científicos de avance, nos hablan también las tradiciones más antiguas del planeta, que quedan perfectamente reflejadas en el legado sagrado de los indios quichés, de la gran familia maya.

Cuando el planeta Tierra aún no se había solidificado, y antes de poblarlo por tanto el ser humano, ya estaban ahí los constructores, los fabricadores, los poderosos del cielo.

Con esta afirmación, el Popol-Vuh, el libro del Consejo de los quichés, está en línea con las afirmaciones de Francis H.C. Crick:
“Solamente el agua limitada, solamente la mar tranquila, sola, limitada. Nada existía. Solamente la inmovilidad, el silencio, en las tinieblas, en la noche. Sólo los Constructores, los Formadores, los Dominadores, los Poderosos del Cielo, los Procreadores, los Engendradores, estaban sobre el agua, la luz esparcida.”
Así reza el Popol-Vuh, que además nos cuenta cómo los Dominadores construyeron al ser humano, al hombre, para que éste les adorara y les invocara, ya que sin este detalle de vanidad su creación, su fabricación, no resultaba completa y, más aún, carecía de sentido.

Esta necesaria adoración se repite en las tradiciones religiosas más antiguas de numerosas comunidades humanas.

¿Cabe pensar acaso que la energía que emitimos durante semejantes actos de adoración sirve de nutrición a quienes presumiblemente nos diseñaron?
“Es tiempo de concentrarse de nuevo sobre los signos de nuestro hombre formado, como nuestro sostén, nuestro nutridor, nuestro invocador, nuestro conmemorador”, afirma el Popol-Vuh.
Narra este mismo ‘libro del Consejo’ que el primer muñeco formado con tal finalidad no hablaba, por lo cual no los invocaba, motivo por el que fue destruido:
“No tenían ni ingenio ni sabiduría, ningún recuerdo de sus Constructores, de sus Formadores; andaban, caminaban sin objeto. No se acordaban de los Espíritus del Cielo; por eso decayeron. Solamente un ensayo, solamente una tentativa de Humanidad.”
La imperfección de este primer intento de biorrobot provocó su destrucción por medio del agua, del diluvio:
“Entonces fue hinchada la inundación por los Espíritus del Cielo, una gran inundación fue hecha, llegó por encima de las cabezas de aquellos maniquíes.”

Con la mente frenada

Al segundo intento, les salió un hombre tan inteligente y de tan perfecta comprensión, que temieron que supiera y viera demasiado, lo que no les convenía a Los de la Construcción, a los Poderosos del Cielo:
“‘No está bien lo que dicen nuestros construidos, nuestros formados. Lo conocen todo, lo grande, lo pequeño, dijeron. Por lo tanto, celebraron consejo. ‘¿Cómo obraremos ahora para con ellos? ¡Que sus miradas no lleguen sino a poca distancia! ¡Que no vean más que un poco la faz de la Tierra! ¡No está bien lo que dicen! ¿No se llaman solamente Construidos, Formados?

Serán como dioses, si no engendran, si no se propagan, cuando se haga la germinación, cuando exista el alba; solos, no se multiplican. Que eso sea.

Solamente deshagamos un poco lo que quisimos que fuesen; no está bien lo que decimos. ¿Se igualarían a aquéllos que los han hecho, a aquéllos cuya ciencia se extiende a lo lejos, a aquéllos que todo lo ven?’, fue dicho por los Espíritus del Cielo, Dominadores, Poderosos del Cielo.

Así hablaron cuando rehicieron al ser de su construcción, de su formación.

Entonces fueron petrificados los ojos por los Espíritus del Cielo, lo que los veló como el aliento sobre la faz de un espejo; los ojos se turbaron; no vieron más que lo próximo, esto sólo fue claro. Así fue perdida la Sabiduría y toda la Ciencia de los cuatro hombres, su principio, su comienzo.

Así primeramente fueron construidos, fueron formados, nuestros abuelos, nuestros padres.”
De esta forma, para evitar que supiera y que viera demasiado, se corrigió a este segundo prototipo de hombre, para conformar definitivamente a la raza humana actual, previo ajuste de clavijas y recorte de su capacidad de comprensión.

Así, no se nos concedió más que una mínima parte del saber. ¿No nos están confirmando las más avanzadas investigaciones de las potencialidades de nuestra mente que solamente estamos usando aproximadamente un 10 % del total de nuestras posibilidades?

O sea, solamente una mínima parte del saber que nos corresponde de acuerdo con nuestro plan de fabricación original. Sorprendentemente, exactamente lo mismo le confirma Gabriel al contactado Mahoma, amén de darle un símil minúsculo que acaso pueda hacer alusión al microorganismo que menciona Francis H.C. Crick, al hacer referencia al origen del ser humano:
“¡Predica en el nombre de tu Señor, el que te ha creado! Ha creado al hombre de un coágulo. ¡Predica! Tu Señor es el Dadivoso que ha enseñado a escribir con el cálamo: ha enseñado al hombre lo que no sabía.”
Pero, aparte de enseñarnos lo que no sabíamos, el Dadivoso también recalca en el mismo Corán algo bastante más grave y que enlaza con el Popol-Vuh mesoamericano:
“No se os ha concedido más que una mínima parte del saber.”

La máquina humana

De acuerdo con todo lo expuesto, puede concluirse -al menos como hipótesis- que una supercivilización cósmica recurrió a la ingeniería genética para dar origen al ser humano: a nosotros.

Pero, ¿es posible concebir el organismo humano -aquí no entraremos en la discusión de la parte espiritual, anímica o energética de nuestras personalidades, que ocupa este organismo durante el lapso de tiempo de cada una de nuestras vidas individualizadas- como una fabricación, entendiendo esta fabricación en el sentido más amplio de la palabra, y no como una auténtica ‘creación’, sino como manipulación de los elementos disponibles?

Si echamos una vez más una ojeada a la ciencia de avance, veremos que efectivamente, es posible. Solamente hay que tener presentes los progresos que se están realizando en los campos por ejemplo de la biónica -pronto no habrá prácticamente ningún órgano o parte del cuerpo humano que no pueda reemplazarse por un sofisticado dispositivo de recambio (actualmente se producen en Utah, en los Estados Unidos, más de dos millones de unidades de más de mil recambios para el cuerpo del ser humano- y de los biochips, que permiten construir ordenadores con la misma materia de la que está hecho el cerebro humano.

No debe perderse de vista que nuestro cerebro es una compleja computadora biológica que recibe informaciones a través de los órganos sensoriales de nuestro cuerpo físico, como también los recibe por vía paranormal, sin intervención de estos órganos sensoriales.

A base de estas informaciones recibidas y debidamente codificadas, el cerebro elabora planes de actuación y envía las órdenes de reacción precisas para cada situación a los respectivos ‘departamentos’ de nuestro cuerpo. Nuestro cerebro es, así, la computadora que actúa a modo de centro de control de nuestro cuerpo.

Y éste se atiene a unas leyes y normas constantes en cuanto a composición, estructuración, reacciones, posibilidades de acción y vulnerabilidad.

Manipulaciones genéticas

No es por otra parte ningún secreto el hecho de que -sirviéndose de los ácidos nucleicos y de su función como portadores de información- los genetistas están desde hace años investigando la forma de manipular las cadenas de ADN con el objeto de influir en los caracteres hereditarios y así moldear a los seres vivos a su voluntad.

Todo ello -que no es posible detallar en este breve espacio, pero que sí lo hago en mi libro El muñeco humano (Ediciones Kaydeda, Madrid)- conduce indefectiblemente a que en un futuro más o menos lejano se pueda diseñar y fabricar un ordenador capaz de copiarse, de reproducirse a sí mismo a su imagen y semejanza.

Puesto que no hará otra cosa que atenerse a la constante vital basada en la doble espiral del ADN.

Las posibilidades que se abren en el campo de la biónica y del ordenador biológico, nos llevan a la ineludible reflexión de que, si todo esto lo estamos intuyendo y ensayando nosotros ahora, y lo llevaremos a la práctica en un futuro más o menos lejano, pero no inexistente, es fácil suponer que una civilización cósmica muchísimo más desarrollada tecnológicamente que nosotros, haya logrado en el pasado el modelo más avanzado: el biorobot super automático e independizado, construido o criado a imagen y semejanza de los propios fabricadores.

Este modelo somos nosotros mismos.

Las afirmaciones de Francis H.C. Crick y el conocimiento del Popol-Vuh, o sea la ciencia de avance y las más antiguas tradiciones del planeta estarían así en lo cierto: alguien programó nuestra fabricación en algún lejano momento del pasado.

Lo más grave de esta situación es que este alguien, precisamente por ser nuestro fabricador, puede seguirnos controlando a voluntad.

A la suya, que no es necesariamente la nuestra.

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