Aizen Myo, deidad budista de la Sabiduría

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10:05:10 PM

Aizen Myō-ō es una de las deidades vidyaraja del budismo (tanto Tendai como Shingon) cuyo origen encontramos en la India, y se le considera como un símbolo del amor divino capaz de transformar las bajas pasiones carnales en elevados sentimientos de amor y compasión. Esta cualidad de convertir lujuria en amor es objeto de reverencia por parte de los religiosos que buscan el camino hacia la Iluminación, siendo fundamental como medio de purificación de los sentimientos y como consecuencia del propio espíritu, a través de la conversión de la energía sexual en una sublime misericordia.

Podemos encontrar su origen en la deidad hindú Rāgarāja, que fue asimilado por los budistas y posteriormente conocido en China como Àirǎn Míngwáng, cuya traducción es Rey de la Sabiduría Teñido de Lujuria. Aizen Myō-ō es el nombre por el que se le conoce en Japón y se traduce literalmente como “Dios del Amor”.

Es representado con llamas sobre su cabeza (como símbolo de las pasiones), coronado con una cabeza de león (como símbolo de la supresión) y una expresión furiosa en su rostro, algo que choca bastante con los preceptos de amor y misericordia de los que es adalid, pero esto se explica porque es una de las ocho deidades protectoras o “Myō-ō” del budismo. Los Myō-ō son representados con aspecto amenazador y portando armas debido a que son los encargados de someter a los espíritus y entidades malignas.

Aizen Myō-ō tiene un tercer ojo en la frente y seis brazos en los que sostiene diversos objetos tales como una campana, una flor de loto cerrada, un objeto ritual llamado vajra y un arco con sus flechas. Curiosamente en la última de sus manos aparenta no sostener nada, pero la tradición nos dice que se trata de un objeto invisible que sólo los iniciados pueden ver.

Leyendas, mitologías y misterios

Tyr, hijo de Odín y dios del valor y la guerra

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10:03:00 PM

Tyr, también conocido como Tiu o Ziu, era hijo del dios nórdico Odín y de su esposa Frigg, reina de todos los dioses. Se le considera como el dios de la guerra, del valor y del honor, ocupando un puesto entre las 12 divinidades de los salones de Asgard, así como uno de los 12 tronos de Gladsheim. De su nombre (Tiu) proviene el nombre dado al Martes en los países anglosajones: Tuesday, así como Freija (o Freya) dio nombre al Fryday (Viernes). Los antiguos nórdicos invocaban tanto a Odín como a Tyr antes de entrar en combate para que les procurase la victoria sobre sus enemigos.

Quizá sus principales seguidores fueron los suevos, quienes incluso dieron a su capital el nombre de Ziusburgo en honor a Tyr (Ziu), en el lugar que actualmente ocupa la ciudad de Ausburgo. Los suevos tenían como costumbre grabar en la hoja de su espada una runa que representaba a Tyr, una “T” similar a una flecha apuntando hacia arriba, con la creencia de que les ayudaría a vencer en combate. Curiosamente y pese a ser el dios de la guerra Tyr es manco, y puede ser zurdo o diestro según nos centremos en el mito nórdico o en el sajón.

Cuenta la tradición que las Valkirias, las mujeres encargadas de llevar las almas de los guerreros hasta Valhalla donde esperarían la llegada del Ragnarok, necesitaban primero de la confirmación de Tyr, puesto que era él (además de Odín) el encargado de decidir que guerreros merecían ir a Valhalla y cuales no eran dignos de ello.

Su espada es llamada “Tyrfing” y cuenta con su propia leyenda, ya que fue forjada por los mismos enanos artesanos que forjaron la poderosa lanza de Odín, capaz de atravesar y cortar cualquier material sin mellarse jamás. Pero Tyr no tuvo tanta suerte como Odín ya que los enanos, en rebelión por ser obligados a forjar armas para los dioses constantemente, decidieron añadir a la espada de Tyr una maldición. Cada vez que la espada fuese desenvainada una vida terminaría, pero si era desenvainada para un combate injusto sería su dueño el que moriría.

Leyendas, mitologías y misterios

Chalchiuhtlicue, diosa azteca

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9:58:19 PM

Chalchiuhtlicue (Matlalcueitl para los tlaxcaltecas) es la diosa del amor dentro de la mitología azteca, la belleza y las aguas de ríos, lagos, tormentas, mares, protectora de los navegantes y patrona del bautismo, siendo una de las principales deidades en el México precolombino.

En el mito creacionista azteca de los Cinco Soles Chalchiuhtlicue fue la diosa principal del cuarto ciclo, en el que el mundo entero quedó anegado bajo las aguas tras una portentosa inundación, y en el que los hombres fueron transformados en peces para evitar que perecieran. Tal era la relevancia de esta diosa para los antiguos habitantes de México que en la ciudad de Teotihuacan existe una enorme escultura de 20 toneladas de peso en su honor.

Conocida con el sobrenombre de “La de la falda de Jade”, en la mayoría de mitos se la reconoce como pareja dual de Tlaloc (dios de la lluvia) y como la madre del dios lunar Tecciztecatl, habiendo sido creada por los cuatro Texcaltipocas.

Generalmente se la representa como una joven de hermosos rasgos, con los ropajes propios de la nobleza y portando un chal y una falda de llamativo color verde jade de la que parece surgir una corriente de agua, en la que flotan o nadan dos bebés (un niño y una niña), aunque en ocasiones se representa a un bebé con ambos sexos. Esta corriente que surge de su falda de jade se asocia a las aguas puras y cristalinas, siendo elaboradas en piedra verde la mayor parte de sus estatuillas y representaciones.

En sus manos porta dos objetos, en la derecha lleva un báculo que representa los rayos del cielo y en la izquierda una bolsa de la que surgen las nubes, aunque también se pueden encontrar pinturas y estatuas en las que lleva una cruz, símbolo de los cuatro vientos que traen las lluvias a las cosechas y también de la fertilidad.

Leyendas, mitologías y misterios

Aspidochelone, el mito de la isla viviente

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9:55:51 PM

La Aspidochelone, también conocida como la Tortuga Escudo, es un animal legendario procedente de la mitología griega y predecesora de otros muchos mitos de gigantescas bestias marinas, dando lugar también a numerosas leyendas sobre islas que desaparecen y aparecen a voluntad.

A la Aspidochelone se la describe como una gigantesca tortuga marina, de un tamaño tan colosal que su caparazón puede ser confundido con una isla cuando este ser se encuentra durmiendo y permanece completamente quieto. Algunos relatos van mas allá y se cuenta como su caparazón está recubierto de especies vegetales, pudiendo ser confundida fácilmente con una isla exótica, aunque otras versiones la describen como un gigantesco pez al que llaman Fastitocalon.

Pese a que no se trata de una criatura agresiva la mitología la presenta como peligrosa, pero simplemente debido a su colosal envergadura y su apariencia de “tierra firme”, hablándose en numerosas leyendas de incautos marineros que tras desembarcar sobre su lomo creen hallarse en alguna isla desierta. La tragedia llega cuando la Aspidochelone se sumerge bajo las aguas, llevando a sus “inquilinos” a una muerte segura en las profundidades.

En la mítica narración de Simbad el Marino, perteneciente a “Las mil y una noches”, se nos cuenta como Simbad y sus marineros decidieron desembarcar y acampar en una pequeña isla que no constaba en los mapas, despertando en mitad de la noche sacudidos por un violento terremoto. Con horror el intrépido marinero contempló como la isla se revelaba como una gran bestia marina, que se hundía bajo sus pies llevándose a muchos de sus marineros al abismo y logrando sobrevivir por muy poco.

El mito irlandés de San Brandán (recopilado de una serie de manuscritos de los siglos X y XI) y su viaje en busca del Jardín del Edén habla de las peripecias de este abad de Clonfert durante el siglo VI. Él y su tripulación de 14 monjes navegaron sin rumbo fijo durante 7 años, en el transcurso de los cuales desembarcaron en una extraña isla en la que no crecía ninguna planta. Cuando decidieron encender un fuego para cocinar un cordero la isla comenzó a estremecerse pero en esta ocasión no se hundió. El pez-isla conocido como Jasconius fue quien guió al monje hasta su soñado destino en el Jardín del Edén y fue renombrado posteriormente como la “Isla de San Brandán“.

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