Dullahan, jinete decapitado

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9:09:00 PM

El Dullahan, un siniestro jinete sin cabeza que cabalga durante las noches sin luna, puede considerarse como uno de los seres más terribles de la mitología celta y ha servido como semilla para el relato “Sleepy Hollow“, en el que un hombre llamado Ichabod Crane se veía enfrentado a una de estas criaturas.

El Dullahan porta su cabeza decapitada en su mano, una cabeza que por otra parte tiene la cualidad de brillar en la negrura de la noche (teniendo especial preferencia por la medianoche) y le sirve para encontrar a viajeros solitarios por los campos y caminos de Irlanda, además de estar dotado de una visión sobrenatural con la que puede ver en la lejanía.

Su montura es un corcel tan negro como la misma noche y cuyos cascos lanzan chispas al cabalgar. Los Dullahan también pueden llevar armas, o bien una espada o bien un extraño látigo hecho con una columna vertebral humana, que utiliza para atacar a aquellos que le espíen o vigilen a propósito, o también al desafortunado que hayan tenido la desgracia de toparse con él. Resulta cuando menos curioso que un ser tan terrorífico tenga especial aversión a dos cosas, una a que le observen y la otra al oro, por lo que los viajeros que se aventuren en la noche deberán llevar algo de este metal para no sufrir la cólera del Dullahan.

Hay quien sostiene que este ser fantasmal es la encarnación terrenal de Crom Dubh, un antiguo dios celta cuyo culto exigía de sacrificios humanos anuales (y a quien se veneró hasta bien entrado el siglo VI, momento en que los primeros misioneros empezaron a evangelizar Escocia e Irlanda), y que se ha retornado a nuestro mundo en busca de nuevas almas humanas. Sin duda el Dullahan es un terrorífico contrapunto al resto de seres que se pueden hallar en la mitología celta.

Leyendas, mitologías y misterios

Hachiman en la mitología japonesa

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8:45:59 PM

Hachiman es considerado como el dios de los guerreros samurai (no de la guerra) y del tiro con arco dentro de la mitología japonesa aunque curiosamente su origen no se encuentra en los escritos clásicos japoneses, siendo el mito creado tras el fallecimiento del primer emperador Ojín, quien fue ascendido a deidad y rebautizado. Su origen último está en la fusión entre el dios sintoísta de la guerra y las creencias budistas procedentes de China, país en el que es conocido como Gran bodhisattva Hachiman, protector de los devotos del Sutra del Loto.

Las corrientes sintoístas de Japón le consideran además como el dios de la agricultura y el protector de Japón, encargado de mantener la paz, la prosperidad y la felicidad de sus habitantes. La paloma es el animal que le representa y también el que le sirve como mensajero. Durante las batallas se hacían sonar los tambores tradicionales llamados Odaiko y se creía que el espíritu de Hachiman habitaba en el sonido producto de los tambores y el choque de las espadas en la batalla.

Hachimán, cuyo nombre se puede traducir como “Dios de los 8 estandartes” en referencia a los ocho estandartes celestiales que anunciaron y marcaron el nacimiento del primer emperador Ojín, es también protector de las vidas de los hombres y en algunas regiones del país incluso los marineros y pescadores que le veneran como su guía y tutor y a quien rezan en busca de una jornada de pesca fructífera. Otro colectivo que venera a Hachiman es el de los agricultores y campesinos, a quienes protege y tutela.

Tal es su importancia que cuenta con cerca de 25.000 templos erigidos en su nombre dentro de Japón, y no son pocas las ciudades, pueblos y aldeas cuyo nombre hace referencia a Hachiman.

Leyendas, mitologías y misterios

La Cosmogonia Solar y la Eneada Heliopolitana

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8:40:30 PM

Heliópolis fue el centro de la religión solar egipcia. Situada antiguamente en lo que hoy sería el extremo noroeste de El Cairo, de ella apenas se conserva nada salvo sus antiguas creencias.

Fue su cercanía a Menfis, antigua capital de Egipto durante la etapa del Reino Antiguo, la que posibilitó la influencia de los sacerdotes heliopolitanos sobre los antiguos reyes que gobernaban desde Menfis. Fue por esa influencia por lo que durante cientos de años la religión del culto heliopolitano al Sol se impuso en todo el territorio.

En ella se explicaba su peculiar doctrina de la Creación, aquella a la que conocemos como la Cosmogonia Solar.

Según sus sacerdotes, antes de crearse el Mundo sólo existía el Nun, en contraposición a lo que los cristianos llamamos, “la Nada”. No obstante, aquel Nun era un universo formado por agua, que se encontraba totalmente en silencio y en tinieblas.

De aquellas aguas del Nun surgiría la Colina Primordial, a la que conocieron como Benben, como primer ente surgido en el Universo. Era la claracontraposición al líquido existente: tierra contra agua, elemento que además serviría de símbolo en las futuras construcciones de las pirámides adaptadas en forma y significado a aquella colina primigenia.

Pero aún existiendo tierra sobre el agua, aquel Universo permanecía en silencio y tenebroso.

Surgió entonces el Pájaro Primordial, el ave Benu, quien con su primer grito rompió el silencio existente. Aquel pájaro primordial, representado en los jeroglíficos egipcios como una lavandera egipcia o una garza real, se elevó hacia el cielo desde la Colina primordial… más seguía habiendo oscuridad…

Apareció, como tercer ente primordial, el Demiurgo solar, el dios Sol, Atum, y entonces surgió la luz frente a la oscuridad. Precisamente los Textos de las Pirámides mencionan a este dios Atum al indicar…

Eneada-de-Heliopolis

Salud a tí, Atum

Salud a tí, Khepri

Que tú te eleves en este nombre

Que tú vengas a la existencia en este nombre de Khepri

En este texto ya se deducen dos de los tres aspectos con los que se mostraba el demiurgo solar, el de Atum, corrrespondiente al sol del atardecer, el de Khepri, dios de la mañana, y el de Re, dios del sol cenital.

La Creación continúa a partir de aquí por la tarea del demiurgo solar quien engendró a la primera pareja divina, formada por el dios Shu, símbolo del Aire, y Tefnut, que simboliza a la humedad o la luz.

Oh, Atum-Khepri, tú te has elevado en tanto que elevación

tú has ascendido en tanto que Benben en la Morada de Benu, en Heliópolis

tú has escupido a Shu y has expectorado a Tefnut

Como se lee en este trozo del Texto de las Pirámides, la génesis sucede por unos procedimientos muy particulares, derivados de la expectoración de líquidos corporales, e includo en otros trozos del mismo Texto de las Pirámides se habla del proceso de masturbación y orgasmo al que se sometió Atum.

De la unión de Shu y Tefnut nacería la segunda pareja de dioses, Geb y Nut, dioses de la Tierra y el Cielo respectivamente. Fue a Shu, dios del Aire, al que le correspondió separarlos, elevando al cielo a Nut, mientras en tierra permanecía Gen. Es por eso por lo que su imagen se representa con Geb tumbado en el suelo, mientras la diosa Nut aparece en forma de arco elevado sobre él. Sobre las piernas y brazos de Nut aparecen las tradicionales barcas solares con las que posteriormente navegaban los faraones tras dejar este mundo, pero que en la imagen llevan al dios Atum.

De Geb y Nut nacerían los dioses del ciclo osiríaco, Osiris, Isis, Seth y Neftis.

Todos ellos conforman lo que es la Enéada de Heliópolis, los nueve dioses primordiales, los principales del culto heliopolitano.

Leyendas, mitologías y misterios

UN DYBBUK. UN DEMONIO QUE QUIERE VIVIR

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12:28:11 AM

Un Dybbuk (que significa “aferrarse” en hebreo) es un ser místico nacido en el folclore judío, son originarios de Israel y las primeras historias conocidas sobre ellos tienen fecha en el siglo XVI. Se dice que es un demonio ancestral o el alma de un pecador que deambula entre los dos mundos para escapar del castigo que le espera por sus acciones pero también puede tratarse de la esencia de una persona muerta a la cual le han quedado cosas pendientes que hacer en vida.

Un Dybbuk es sólo energía no posee una forma corpórea y carece de género sexual, lo que hace este personaje es poseer los cuerpos humanos, en su mayoría mujeres, para vivir en ellos ya que él es un espíritu errante que no tiene cabida en el cielo, no puede o no sabe cómo llegar a él.

Este alma errante puede apoderarse de quienes no tienen el espíritu y cuerpo totalmente conectados a raíz de algún problema emocional o psicológico, esa rendija entre lo corpóreo y lo etéreo es espacio suficiente para que el Dybbuk puede ingresar y dominar la entidad de la persona. También puede ser razón de posesión que el individuo en cuestión esté atravesando una situación semejante a la que el Dybbuk experimentó en vida y éste vea la oportunidad propicia para terminar lo que le ha quedado pendiente.

La Kabbalah, texto místico del judaísmo, relata sobre los Dybbukyn (Dybbuk en plural) y especifica la forma de exorcizarlos, según estos escritos este demonio puede ser ahuyentado mediante la música ceremonial tocada con un cuerno de carnero, por otro lado alerta que cuando todo objeto que suena con el viento produce alguna melodía es señal que un Dybbuk está merodeando los alrededores.

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El exorcismo judío para ahuyentar al Dybbuk debe realizarse por un rabino experto en la Kabbalah junto a 10 personas capaces de soportar la experiencia y que puedan formar un círculo santo de protección en derredor del poseído mientras repiten los textos sagrados.

Todos deben recitar el Salmo 91 tres veces mientras el rabino hace sonar el shofar (cuerno de carnero), este sonido desorientará a la entidad y será posible la comunicación en donde se le pedirá que abandone el cuerpo que no le pertenece y se le indicará el camino a seguir para su propia salvación.

A pesar de que la mayoría de las veces un Dybbuk es maligno, hay circunstancias que entidades benévolas acuden en el auxilio de alguien que está pasando una situación difícil, a este fenómeno le llaman Ibbur o misterio de impregnación, es una posesión por un espíritu positivo capaz de guiar a la persona extraviada en el sendero de la vida.

Una entidad que cuando encarnada ha luchado y salido airosa de las vicisitudes asiste a quienes necesitan un empujoncito y cuando la persona logra salir del pozo o consigue lo que busca, el espíritu salvador abandona el cuerpo. Puede pasar que en ese momento quien ha recibido el auxilio se sienta vacío, con una ausencia en su interior pero no deben ponerse mal por ello sino alegrarse de que una energía guía los haya socorrido y es señal de que a partir de entonces son capaces de luchar con sus propios medios.

Etimología
La palabra dibbuk se deriva del hebreo דיבוק que significa “adhesión”, el Dybbuk se adhiere al cuerpo de una persona viva y lo habita. De acuerdo con la creencia, un alma que no pudo cumplir su misión durante su vida, tiene una segunda oportunidad de hacerlo en la forma de un Dybbuk. dybbuk forma parte de algunas frases que sirven mejor a la comprensión de la palabra en sí (funcionando como un apócope o una abreviatura), tales como dibbuk me-ru’aḥ ra’ah (que se traduce como una hendidura de un espíritu maligno) o dibbuk min ḥa-hiẓonim (dibbuk del exterior) cuando se encuentra en una persona. Supuestamente deja el cuerpo del anfitrión una vez que ha llevado a cabo su objetivo, a veces siendo exorcizado3 por alguien calificado para llevar a cabo este proceso.

La palabra ‘dibbuk’ significa tambiém “espíritu atado” en yiddis y designa un concepto judío que expresa una de las posibles situaciones del alma tras la muerte. Concretamente un dybbuk es el alma —en la que predomina el mal sobre el bien o simplemente es espiritualmente poco evolucionada— de alguien que, tras morir, no ha podido continuar con el ciclo natural de encarnaciones necesarias para llegar a cumplir el fin espiritual individual que Dios le ha dado y, en consecuencia, se ha quedado en el mundo y busca poseer el cuerpo de alguien que, por su naturaleza y situación de vida, resulte propicio para cumplir aquellos fines y deseos que no fueron satisfechos mientras el dybbuk vivía.

Sea cual sea el caso, todo dybbuk ha sufrido el “karet”; esto es, la situación de separación que, como consecuencia natural de las malas acciones efectuadas en vida, experimenta un alma con respecto a Dios. A pesar de eso el grado de oscuridad espiritual de un dybbuk puede variar, dándose el caso de quienes en vida fueron auténticamente malvados (violadores, asesinos, torturadores, etc) y el de quienes simplemente tomaron caminos equivocados (drogadicción, dedicación completa de la voluntad a conseguir dinero y cosas mundanas, etc) o muy alejados de Dios pero no por ello propios de ser encasillados en la esfera de la maldad. Por ello la finalidad principal que un dybbuk busca con la posesión puede variar; siendo, por ejemplo, huir del castigo divino en un caso extremo o el acabar ciertos asuntos pendientes en el caso de un dybbuk que, por haber pecado menos, tiene menos que temer.

Las primeras referencias a este término aparecen por primera vez en varias escrituras del siglo XVI,4 aunque fuera ignorado por los estudiosos cuando Shloime Anski presentó su obra teatral El Dybbuk ante los círculos literarios de su tiempo. Los testimonios más tempranos (tal como lo dice Flavio Josefo) de dybbuk, eran de posesión demoníaca más que por fantasmas o fenómenos paranormales.

Los dibbuks es una de varias formas de transmigración del alma en la mitología judía. En contraste con el dybbuk, el Ibbur (traducido como la impregnación) es una posesión positiva, de que gane la sabiduría para reincorporarse con Dios (algo parecido al Karma) como mitzvah. El gilgul (Yidis גלגול הנשמות), traducido literalmente como “el balanceo”, echa la idea que un alma debe sobrevivir muchas vidas aque pasa cuando un alma honrada posee temporalmente un cuerpo. Esto siempre se hace con el consentimiento del Oriente.

Origen teológico del dybbuk

En el Talmud se habla de espíritus desencarnados y de exorcismo pero sin embargo no se destaca el concepto de la transmigración (reencarnación), necesario para la concepción del dybbuk propiamente dicho. Y es que la idea del dybbuk aborda el judaísmo con la introducción de la creencia en la reencarnación, hecho éste vinculado a la presencia de su raíz conceptual en fuentes griegas, indias, gnósticas, cristianas (del cristianismo primitivo) e islámicas (de la escuela Mu’tazili principalmente), fuentes todas ellas que en alguna u otra forma y medida no estuvieron del todo desvinculadas al misticismo judío que abrazó la teoría de la reencarnación otorgándole, desde luego, un fundamento teológico en el corpus de la revelación judía y de la teología desarrollada en torno a aquel.

Puntualmente fue en el siglo octavo, dentro del misticismo desarrollado por ciertos eruditos de las comunidades judías de Europa, cuando y pese a la oposición de muchos teóricos la idea de la reencarnación realmente entró. Ejemplo de la fuerza que obtuvo la vemos en un libro tan clave como el Zohar (s. XIII), en cuyo versículo 186b dice: ‹‹Siempre que una persona fracasa en su propósito en este mundo, Dios, Bendito Sea, la arranca de raíz y la vuelve a plantar una y otra vez, repetidamente››. Ya en el siglo XII ésta idea de la reencarnación pasó a formar parte establecida de la Cábala; y después, en el siglo XVI, algunas escuelas y sobre todo la del Círculo de Safed, tomaron esta teoría en el marco de la cual el místico Isaac Luria (líder del Círculo de Safed) sentó las bases de la creencia judía en el dybbuk, concepto que, junto a los del gilgul y el ibbur, sería clave para la comprensión teológica de las posibilidades situacionales del alma en su dinámica evolutiva orientada a la consecución del propósito divino.

Finalmente los discípulos de Isaac Luria llevaron la idea un paso más allá con la teoría de la posesión efectuada por el dybbuk y, más adelante en lo que fueron los inicios del s. XX, el folklorista y erudito judío S. Ansky dio un salto a la popularidad del dybbuk cuando en 1916 publicó su obra Der Dybbuk, inicialmente escrita en yiddish pero posteriormente traducida a varios idiomas.

Gilgul, dybbuk e ibbur, tres situaciones distintas del alma tras la muerte

En la idea judía de reencarnación ocurre que, cuando una persona muere, normalmente su alma experimenta la situación de gilgul (palabra hebrea que literalmente significa “rodar”), lo cual no es otra cosa que el hecho de transmigrar, de pasar de forma natural a encarnarse (al momento de nacer, no en la concepción como creen los católicos) en otro cuerpo, durante un número de años previamente fijado por decreto divino. Así el gilgul es el proceso normal que media entre una vida y otra en el ciclo de reencarnaciones, ciclo que en el judaísmo no es indefinido sino que se detiene cuando el alma ha cumplido el propósito individual que Dios le otorgó.

Ahora bien, hay veces en que el alma no pasa a encarnarse en su siguiente vida sino que se queda paralizada en el proceso, se queda sin cuerpo dentro del mundo. Es entonces, y en virtud de que las almas presentan una tendencia natural a buscar estar en un cuerpo (al menos eso es lo que se cree en el marco teológico del dybbuk), cuando puede ocurrir uno de los siguientes casos:

El primer caso, y que corresponde a la segunda forma de transmigración, es el del dybbuk. En este caso y como ya se dijo, el alma corresponde a una persona mala o poco evolucionada. Ésta alma busca entonces poseer el cuerpo de otra persona: sea para evitar el castigo de los ángeles que ayudan a separar el alma del cuerpo, sea para superar (con acciones en el cuerpo a poseer) o evitar castigos relacionados a su vagabundeo por la Tierra, sea para buscar venganza o simplemente para huir de su situación de extravío. Así, bien puede ser que la persona viva no sienta que un dybbuk le ha poseído o por el contrario si el dybbuk se manifiesta puede atormentar a su portador.

El segundo caso, correspondiente a la tercera forma de transmigración, es el del ibbur (palabra hebrea para “impregnación”), un caso que se diferencia del dybbuk en el hecho de que siempre es temporal (solo dura un periodo de la vida del poseído) y siempre se trata de un alma altamente evolucionada en la que despuntan la bondad y la sabiduría, alma ésta que no necesariamente entra en el cuerpo del viviente porque ha estado vagando por la Tierra sino que bien puede darse el caso de que el ibbur haya estado junto a Dios y, por un puro impulso de bondad y amor, haya pedido descender a la Tierra para tomar el cuerpo de una persona y así ayudarle, con su naturaleza superior, a cumplir el plan que Dios le asignó. No obstante también puede ser que el ibbur busque poseer el cuerpo del viviente para cumplir un propósito propio, tal como cumplir una promesa, realizar un mitzvá (deber religioso) o efectuar cualquier otra tarea (siempre moral y espiritualmente buena) que precisa de un cuerpo físico para su cumplimiento; más, aunque así fuere, la posesión del ibbur resultará igualmente muy positiva para la vida espiritual del viviente. Y es que tal es la luminosidad espiritual del ibbur que, según los cabalistas, puede explicar muchos casos en los que una persona común ha tenido estados místicos o en los que un místico ha sido arrebatado a estados en los que ha oído y/o visto cosas sorprendentes, cosas de una naturaleza tan lejana a las cosas usuales que, en virtud de aquello, no pueden ser explicadas por el discurso racional y precisan del lenguaje de la poesía, las paradojas y otros rodeos de la expresión figurativa e indirecta. Podemos sin embargo preguntarnos a quiénes tienden a ayudar más los ibbur que entran en un cuerpo para cumplir fines propios del plan divino asignado a la persona poseída. La respuesta es clara: a aquellos que están extraviados en el sendero de la vida, que no encuentran su propósito espiritual, a quienes están atravesando situaciones difíciles que el ibbur ha superado exitosamente cuando estaba vivo; y claro, a quienes sin estar espiritualmente desorientados se hayan intentando superar algún defecto o problema interno (que el ibbur ya superó) o bien se hayan queriendo conseguir una meta (externa) elevada y difícil. Es debido a ese papel de guías e inspiradores espirituales que los ibbur, cuando han cumplido su tarea y se marchan, suelen dejar en quien fue poseído (la palabra técnica es “impregnado”) una sensación de vacío y muchas veces un estado de depresión ligado a la pérdida de un pálido reflejo (el ibbur) de la luz del Creador, estado éste que los rabinos aconsejan superar considerando todo lo bueno que el ibbur hizo por nosotros y teniendo en cuenta que, si se marchó, es que ya hizo lo que tenía que hacer el ibbur.

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Cuándo un dybbuk intenta poseer a una persona

El dybbuk busca personas en las que se ha abierto cierta separación entre el cuerpo y el espíritu (y tiene una gran capacidad para detectar dichas personas), ya que es a través de esa separación que el dybbuk puede colarse y efectuar la posesión. Es por eso que el dybbuk generalmente prefiere tomar el cuerpo de una mujer, puesto que las mujeres son más propensas a sufrir problemas emocionales y enfermedades psicológicas en las cuales el cuerpo y el espíritu desarrollan una problemática que los desvincula en cierto grado. O al menos eso es lo que en general creen en el judaísmo.

Pero las razones de elección del dybbuk van más allá de eso. Según Gershon Winkler, estudioso con más de 25 años de experiencia[2] en el campo de la investigación sobre folklore judío, espiritualidad judía y raíces chamánicas del judaísmo, “el dybbuk elije a alguien que está en el estado donde su alma y su cuerpo no están totalmente conectados entre sí a causa de la melancolía severa, la psicosis y ese tipo de cosas. Entre los no que no están integrados, busca a alguien en particular cuya vida actual esté atravesada por situaciones que el espíritu poseedor tuvo que pasar, por lo cual éste espíritu percibe compatibilidad con alguien que está luchando con lo mismo que él luchó. Digamos que en mi corazón tengo un deseo de robar todas las tiendas que me convenga robar, pero no sigo este deseo porque no tengo agallas. Bien pues, el espíritu de alguien que haya hecho eso se sentirá atraído por mi deseo de hacerlo y me poseerá porque somos compatibles”. Pero las palabras de Winkler no deben dar lugar a la interpretación equívoca de que una persona que cede a sus peores deseos o inclinaciones está siendo víctima de un dybbuk pues, como de otras palabras suyas se desprende claramente, la posesión del dybbuk presenta signos específicos: “Se puede decir que es real si la persona es capaz de hablar las cosas que de otro modo no sería capaz de conocer. Debido a que el alma que hay en el poseído no se integra lo suficiente para ser sujeta al tiempo, espacio y materia, éste sería capaz de decirte cosas que no se conocen normalmente, cosas como lo que soñaste la noche anterior, lo que está pasando en la calle, tal vez incluso pueda hablar un idioma diferente que nunca ha conocido antes”.

Cómo se expulsa a un dybbuk

La Cabalá dice que existe una forma específica para exorcizar al dybbuk. Dicha forma se basa en tocar música ceremonial con un cuerno de carnero (el shofar). Pero no cualquiera debe tocar el cuerno: debe ser un rabino experto en la Cábala. Además, el rabino deberá estar acompañado de 10 personas (reunidas preferentemente en una sinagoga) capaces de soportar la experiencia y de formar un círculo santo de protección en torno al poseído, todo esto mientras se repiten textos sagrados. Concretamente todos deben recitar el Salmo 91 mientras el rabino hace sonar el shofar para desorientar a la entidad. El proceso de recitación del Salmo 91 se repetirá tres veces, pues solo así será posible la comunicación con el dybbuk, dentro de la cual se le pedirá que abandone el cuerpo del poseído y se le indicará qué camino seguir para su propia salvación.

Muchas historias muestran que el rabino, que debe ser siempre un individuo piadoso, está asistido por un maguid (espíritu benéfico) o por un ángel. El rabino Gershon Winkler es alguien que ha llevado a cabo varios exorcismos. Él contó lo siguiente: “Nosotros soplamos el cuerno de carnero de cierta forma, con ciertas notas, en vistas a romper el cuerpo, por así decirlo. Así el alma que está poseyendo será soltada. Después de que se ha soltado nosotros podemos empezar a comunicarnos con ésta y preguntarle por qué está aquí. Podemos orar por dicha alma y hacer una ceremonia para permitir que se sienta segura y así terminar para que pueda dejar el cuerpo de la persona”

No obstante en ciertos casos el primer paso del proceso es la entrevista con el dybbuk, cosa que se realiza para determinar por qué el espíritu no ha cambiado, información ésta que será clave para que el rabino convenza al dybbuk de salir. Otra cosa importante es descubrir el nombre del dybbuk, ya que según el folklore judío, es preciso conocer el nombre de una entidad para poder darle órdenes. También, al menos según muchas historias, la entrevista es importante pues son muchos los dybbuk que encuentran gran complacencia en saber que alguien se interesa por ellos y por los problemas que les han llevado a hacer lo que han hecho.

Para el autor Howard Chajes existen diversas combinaciones de objetos y conjuros empleados para expulsar al dybbuk. Un gran ejemplo es el de la fórmula en la que el exorcista utiliza un frasco vacío y una vela blanca. En esa variante, el exorcista recita un conjuro para ordenar (si aún no se conoce el nombre) al dybbuk a decir su nombre, tras lo cual recita un segundo conjuro en el que se ordena al dybbuk que abandone el cuerpo de la persona y llene el frasco. Sorprendentemente y cual si de un videojuego o historia fantástica se tratase, el frasco se iluminará de rojo si el dybbuk cumple la orden.