Aspidochelone, el mito de la isla viviente

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9:55:51 PM

La Aspidochelone, también conocida como la Tortuga Escudo, es un animal legendario procedente de la mitología griega y predecesora de otros muchos mitos de gigantescas bestias marinas, dando lugar también a numerosas leyendas sobre islas que desaparecen y aparecen a voluntad.

A la Aspidochelone se la describe como una gigantesca tortuga marina, de un tamaño tan colosal que su caparazón puede ser confundido con una isla cuando este ser se encuentra durmiendo y permanece completamente quieto. Algunos relatos van mas allá y se cuenta como su caparazón está recubierto de especies vegetales, pudiendo ser confundida fácilmente con una isla exótica, aunque otras versiones la describen como un gigantesco pez al que llaman Fastitocalon.

Pese a que no se trata de una criatura agresiva la mitología la presenta como peligrosa, pero simplemente debido a su colosal envergadura y su apariencia de “tierra firme”, hablándose en numerosas leyendas de incautos marineros que tras desembarcar sobre su lomo creen hallarse en alguna isla desierta. La tragedia llega cuando la Aspidochelone se sumerge bajo las aguas, llevando a sus “inquilinos” a una muerte segura en las profundidades.

En la mítica narración de Simbad el Marino, perteneciente a “Las mil y una noches”, se nos cuenta como Simbad y sus marineros decidieron desembarcar y acampar en una pequeña isla que no constaba en los mapas, despertando en mitad de la noche sacudidos por un violento terremoto. Con horror el intrépido marinero contempló como la isla se revelaba como una gran bestia marina, que se hundía bajo sus pies llevándose a muchos de sus marineros al abismo y logrando sobrevivir por muy poco.

El mito irlandés de San Brandán (recopilado de una serie de manuscritos de los siglos X y XI) y su viaje en busca del Jardín del Edén habla de las peripecias de este abad de Clonfert durante el siglo VI. Él y su tripulación de 14 monjes navegaron sin rumbo fijo durante 7 años, en el transcurso de los cuales desembarcaron en una extraña isla en la que no crecía ninguna planta. Cuando decidieron encender un fuego para cocinar un cordero la isla comenzó a estremecerse pero en esta ocasión no se hundió. El pez-isla conocido como Jasconius fue quien guió al monje hasta su soñado destino en el Jardín del Edén y fue renombrado posteriormente como la “Isla de San Brandán“.

Leyendas, mitologías y misterios

La Mantícora, criatura mitológica

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9:51:38 PM

La mantícora, cuyo nombre significa “devorador de personas”, es una criatura originaria de la mitología persa que generalmente es representada como una especie de león (algo similar al Grifo) de cuerpo rojo intenso con unas grandes alas de murciélago, además de tener cabeza humana con largos cabellos, una espesa barba y una boca dotada de tres filas de afilados dientes.

Quizá la característica más temible de esta bestia sea su cola rematada en un aguijón similar al de un escorpión, con la que lanza dardos envenenados para inmovilizar a sus víctimas y poder llevarlas a su guarida, donde serán devoradas más tarde.

Algunos relatos muestran a la mantícora como un animal muy inteligente capaz de tender trampas y emboscadas a los hombres, por cuya carne tienen preferencia, aunque otros las tachan de simples animales salvajes. También hay distinciones en cuanto a su tamaño, siendo descrito en ocasiones como del tamaño de un león y en otras de la altura de un caballo. Son territoriales y viven en manada (entre 3 y 12 miembros) y pueden llegar a aliarse con otras bestias para obtener protección, además de emparejarse de por vida.

La mantícora trascendió la mitología persa para ser descrita en el libro “Historia de la India” (Indika), escrito por el médico griego Ctesias en el siglo IV a. C., un libro que tristemente no ha llegado hasta nuestros días. Hay quienes contemplan la posibilidad de que la mantícora provenga de un intento de descripción de los tigres de la India, aunque con más imaginación que rigor descriptivo, pero otros como Plinio aseguran que se trata de una criatura real, tal y como cita en su libro “Historia Natural” (Naturalis Historia) escrito en el año 77.

La llegada de la mantícora a los bestiarios de la vieja Europa medieval se produjo de la mano de Claudio Eliano, cuando fue mencionada en su obra “Animales de la Naturaleza” (De Natura Animalium).

Leyendas, mitologías y misterios

Astarté, la diosa de la Fertilidad

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9:48:51 PM

La diosa Astarté (o Ishtar) pertenece en origen al panteón mesopotámico y es su principal figura femenina, siendo asimilada posteriormente por los cananeos (o fenicios) como Anat, por los sumerios (Inanna), los acadios (Ishtar), los etruscos (Uni-Astre) y un largo etcétera. Astarté es la deidad de la Naturaleza, la fertilidad y las pasiones tanto carnales como sublimes, aunque con el paso del tiempo también tomó partido como diosa de la guerra.

Astarté es una figura matriarcal, en el sentido de que es responsable de los aspectos más importantes de la existencia, como el amor, la reproducción, el orden y también la muerte. Muchos de sus rasgos pasaron a formar parte de la Artemisa de la mitología griega y de la pareja complementaria del cananeo dios Baal (Ashtaroth).

Generalmente se la representa como una hermosa mujer en toda su desnudez, aunque también hay representaciones en las que cubre su cuerpo de velos, y suele portar gran cantidad de joyas y ornamentos y en ocasiones sostiene en sus manos un disco lunar. En un aspecto resulta inquietante la figura de Astarté y es que fue la primera divinidad femenina en ser relacionada con la sangre y la guerra, por lo que en ocasiones se la puede contemplar de pie sobre un león y llevando armas en sus manos.

El culto a Astarté está basado en los oráculos de sus templos, que llegaron a extenderse prácticamente por todo el Mediterráneo y por los que esta diosa manifestaba su voluntad a los hombres, siendo capaz de ejercer las artes adivinatorias mediante la lectura de los astros. Tras entrar en trance mediante danzas al ritmo de músicas extáticas e inciensos narcóticos, los esclavos del templo (hieródulos) eran los encargados de dar voz a la voluntad de Astarté e iluminar así el camino de quienes pedían su consejo.

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Pazuzu, el demonio del viento

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9:46:19 PM

El demonio Pazuzu, hijo del dios Hanbi (o Anu), fue venerado en tiempos del Imperio Asirio, el imperio Acadio y de Babilonia, aproximadamente entre los años 800 a.C. y 550 a.C., un ser temible al que se suele representar con una cabeza similar a la de un perro o un león, un cuerpo semi-humano con el torso cubierto de escamas, cola de escorpión, alas, garras de águila y un miembro viril terminado en la cabeza de una serpiente. En la mayor parte de sus representaciones aparece con la mano derecha alzada y la izquierda hacia abajo, una postura que simboliza el ciclo de creación y destrucción, la dualidad de la vida y la muerte.

Pazuzu puede ser considerado tanto una entidad malévola (era uno de los 7 demonios malignos) como benigna, dependiendo de si los mortales le ofenden y debe castigarles o si por el contrario éstos le complacen y quedan bajo su protección. El principal papel que cumple en favor de los hombres es protegerles de los vientos que traen la enfermedad y la muerte, principalmente del viento del Oeste al que se consideraba como el portador de plagas, del delirio y la fiebre.

Se le veneraba como protector de los recién nacidos, y era práctica común el tener amuletos con la efigie de Pazuzu en los dormitorios para la protección de los bebés, además de los colgantes que lucían en sus cuellos las mujeres embarazadas. Pazuzu también podía ser invocado para que ahuyentase a otros demonios menores, obligándoles a volver a los infiernos mediante su poder. Como contrapunto, su pareja y principal enemiga era Lamashtu, un demonio femenino que devoraba las almas de los recién nacidos y de sus madres.

Como curiosidad hay que destacar que Pazuzu es el demonio que posee a Regan en la película “El Exorcista” de William Friedkin, y su estatua se nos muestra en la excavación arqueológica del principio; y en un tono más humorístico se nos presenta como la gárgola-mascota del profesor Farnsworth, en la serie de dibujos animados Futurama.

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