Evidencias de una conciencia extracorpórea

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Pocos fenómenos del ámbito de lo paranormal resultan tan controvertidos y suscitan tantos debates como el de las experiencias extracorpóreas, vivencias en las que los protagonistas aseguran dejar atrás su cuerpo físico para moverse con absoluta conciencia a través del espacio, sin las limitaciones propias de la materia y de las leyes que rigen nuestra realidad. ¿Estamos ante meras ilusiones neurofisiológicas o por el contrario nos enfrentamos a los indicios de una conciencia no local operativa más allá de nuestro cuerpo?

Todo fue muy inesperado, pero impregnado de una inexplicable sensación de naturalidad que me serenó. El día había ­sido muy agitado y me costó conciliar el sueño, pero eso ya había sucedido otras veces, por lo que ignoro si esa fue la causa de lo ocurrido. Sencillamente me desperté con un sonido penetrante de vibración, como una aceleración, y me vi despegándome de mi cuerpo, elevándome. Me desconcertó, pero soy muy cerebral y de inmediato me estaba preguntado cómo era ­posible que pudiese ver mi cuerpo tumbado en la cama y el techo de la habitación simultáneamente… lo que dejaba atrás y lo que tenía por delante. Al instante fue como si ese ejercicio intelectual me ayudara a focalizar o enfocar mi ‘conciencia’ o ‘visión’, de manera que comencé a observar de una forma más convencional. Contemplé mi cuerpo, la habitación… y con tan solo pensarlo, instantáneamente estaba en el punto de la casa que quería. Me sentía en un cuerpo vaporoso, pero fui incapaz de verlo. Aún así intenté meter una “mano” en el acuario para ver si sentía el agua o si los peces reaccionaban, me pareció buena idea, pero en ese momento saltó la alarma de un coche en la calle e inmediatamente estaba por fuera de mi casa observando lo que ocurría. Aquello me incomodó y me asustó un poco, y de inmediato estaba metida en mi cuerpo y con el corazón a mil”.Aquel fue el primer episodio del largo y vigente historial de experiencias extracorpóreas de Cecilia L.M., una doctora en ciencias químicas a quien el fenómeno que nos ocupa se le presentó sin avisar. “Ahora lo controlo y lo utilizó –confesaba a ENIGMAS– y he conocido a otras personas con experiencias similares, pero hablo poco del asunto para evitar discusiones estériles en las que alguien que no lo ha experimentado te intente convencer de que lo que tú misma has vivido, no es real”.Viajes astrales, proyección astral, desdoblamiento, experiencias más allá del cuerpo, clarividencia viajera, visión remota, sueños lúcidos… estos son algunos de los nombres que, con matices y un acierto variable, se han venido utilizando para describir a lo largo del tiempo experiencias como la de Cecilia, un fenómeno que parece tan antiguo como el ser humano. Y es que para muchos antropólogos y un creciente número de neurofisiólogos –neuroteólogos–, es bastante probable que el concepto humano de transcendencia y la idea de vida después de la muerte, tengan mucho que ver con la experimentación espontánea de este tipo de vivencias en el hombre primitivo. Enfrentarse a una situación tremendamente real en la que somos capaces de vernos a nosotros mismos como una dualidad –el cuerpo físico inerte y una parte inmaterial o etérea observadora– es bastante probable que con el tiempo condujera a nuestros antepasados a la elaboración de creencias en un más allá en el que la vida tenía continuidad tras la desintegración de lo físico.