Los seres que se nutren de nuestro miedo y ansiedad


La cadena trófica excede lo material. En ese mundo espiritual del cual parece que nos alejamos cada vez más, la energía que generan las emociones humanas negativas podrían servir de alimento a oscuros seres de otros planos de existencia. Así lo expresó en sus días Rudolf Steiner, un filósofo austriaco, erudito literario, educador, artista, autor teatral, pensador social y ocultista, en una de sus obras. A continuación, reproducimos un texto de este autor que hace referencia a tal «vampirismo energético».

En los reinos espirituales existen seres para quienes la angustia y el miedo emanados por los seres humanos son un bienvenido manjar. Cuando los humanos no están sometidos a estas emociones, estos espíritus perecen de hambre. Aquellas personas que no se vean muy convencidas de ésto, creerán que es una simple comparación. Pero para quienes estén familiarizados con lo expuesto, es una realidad.

Si el temor y la angustia irradia desde la gente, entrando en pánico, entonces estos seres se nutren de ésto y se vuelven cada vez más poderosos. Estos seres son hostiles a la humanidad. Todo lo que promulgue los pensamientos negativos, la ansiedad, el miedo y la superstición, desesperación o incertidumbre, en verdad son fuerzas hostiles de los mundos suprasensibles, provocando crueles ataques contra el ser humano mientras se alimentan.

Rudolf Steiner (foto) fue el fundador de la antroposofía, la educación Waldorf, la agricultura biodinámica, la medicina antroposófica y de la nueva forma artística de la euritmia.

Por lo tanto, lo más importante será que la persona que ingrese al mundo espiritual supere el miedo, los sentimientos de vulnerabilidad, desesperación y el temor. Pero justamente tales son los sentimientos que se corresponden con la cultura contemporánea y con el materialismo; ya que enajena a las personas del mundo espiritual, es especialmente indicado para crear desazón y temor frente a lo desconocido, provocando lo mencionado anteriormente como fuerzas hostiles en su contra*. Hasta aquí el texto de Steiner. Teniendo en cuenta lo dicho, ¿podría ser que estos seres, desde las sombras más recónditas de la realidad, generen eventos de discordia entre los humanos para alimentarse del miedo y el odio resultante?

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La Gran Esfinge, ¿Vestigio de la Atlántida?


La Gran Esfinge de Guiza es uno de los monumentos emblemáticos de la civilización egipcia. Con su mirada milenaria que contempla, cargada de misterio, el sol naciente en el horizonte, la Esfinge ha atraído a todos los viajeros que han visitado Egipto y han osado clavar sus ojos en los de la eterna reina del desierto.

Orígenes y Características

Se trata de una escultura colosal ubicada sobre la ribera occidental del río Nilo, en la meseta de Guiza, unos 20 kilómetros al sudoeste del centro de la capital egipcia. Tal y como sucede con las pirámides de Guiza, la esfinge no presenta ninguna inscripción que identifique a su constructor.

Pese a ello, los expertos estiman que fue esculpida en el siglo XXVI a. C. durante el reinado del faraón Kefrén (2520-2494 a.C.), perteneciente a la IV dinastía egipcia. Dicha datación se argumenta, principalmente, en base a su proximidad con la Pirámide de Kefrén, lo que fue razón suficiente para asociar su construcción a la figura de este faraón, e incluso a la idea de que el rostro de la esfinge es el del propio Kefren. Debido a las escasas pruebas en este sentido, la identificación de su constructor y periodo de construcción siguen siendo aún a día de hoy objeto de encendidos debates.

La esfinge se realizó esculpiendo un saliente calcáreo que quizá ya había sido moldeado groseramente por la acción del viento. Es decir, se obtuvo de igual forma que una escultura ordinaria: tallando la roca en bruto, pero a una escala descomunal. Posteriormente se la identificó con el dios Harmakhis, o mejor dicho: con una divinidad sincrética que reunía en sí la triple forma de la divinidad solar durante su recorrido diurno: Jepri por la mañana, Ra al mediodía y Atum por la tarde. Sus estratos calizos inferiores se descomponen fácilmente con la humedad del ambiente, pero la arena arrastrada por los vientos del desierto cubrió su cuerpo periódicamente, protegiéndola de la erosión durante milenios y ocultándola por completo según las épocas.

Fotografía de autor desconocido fechada en 1872.

Con una envergadura de alrededor de 20 metros y una longitud de 57, su rostro supera los 5 metros de altura. Para hacernos una idea, pensemos que desde la base de la estatua hasta la punta superior de su cabeza tiene la altura de un edificio de cinco pisos, mientras que su longitud, desde el extremo de las patas delanteras hasta lo que pudiera ser el comienzo del rabo, equivale al ancho de un campo de fútbol. Originalmente, estaba pintada en vivos colores: el cuerpo y la cara de rojo y el nemes que cubría la cabeza con rayas amarillas y azules. Constituye la representación del faraón, dotándolo de la fuerza de un león y de la inteligencia humana. La Gran Esfinge fue la primera esfinge escogida como guardián de una tumba real, emplazándose junto a las grandes avenidas que sirvieron para abastecer los materiales necesarios para la construcción del complejo funerario.

Las gentes del lugar la llamaban Abu el-Hol (‘Padre del Terror), un término derivado de la expresión copta bel-hit, que se aplica a quien manifiesta su inteligencia a través de los ojos y que se traduce por la denominación egipcia hu o ju, que significa ‘el guardián’ o ‘vigilante’. Debido a su deterioro, resulta difícil determinar con precisión qué representa, ni con qué fin fue levantada. No sabemos qué clase de rostro tenía originalmente, ni si representaba a un ser alado. Resulta imposible averiguar el número de obreros que trabajaron en su construcción ni que tiempo les llevó. Tampoco se han encontrado textos de la antigüedad que puedan ayudar a descifrar sus misterios.

Durante un tiempo se dijo que su nariz había sido destruida por un cañonazo del ejército de Napoleón, pero se comprobó que esta historia era falsa tras encontrarse unos dibujos que un explorador realizó antes de que Napoleón naciera y en los que ya aparece sin nariz. Aún se desconocen los motivos de su desaparición.

Napoleón contemplando la Gran Esfinge, semienterrada por las arenas del desierto. Óleo de Jean-Léon Gérôme (1867-1868).

Excavaciones y trabajos de restauración

En 1798, tras la Campaña de Egipto, varios científicos efectuaron una excavación y llevaron a cabo una serie de mediciones y relieves. Sin embargo, fue un capitán de marina de origen genovés, Giovanni Caviglia, quien en 1816 realizase la excavación más importante. A él se deben interesantes observaciones sobre el monumento, del que también encontró fragmentos esparcidos, entre ellos una parte de la falsa barba que adornaba el mentón y que se trasladó al British Museum donde hoy continúa expuesta al público.

Grandes egiptólogos del siglo pasado como Auguste Mariette, fundador del Museo de El Cairo y del Service des Antiquités Égyptiennes y su sucesor Gastón Maspero, se interesaron por esta enigmática escultura, pero fueron los trabajos que llevaron a cabo entre 1925 y 1936 los egiptólogos Emile Baraize -que restauró el cubrecabezas- y Selim Hassán quienes confirieron a la Esfinge su aspecto actual. Posteriormente, se llevaron a cabo nuevas intervenciones sobre el gigantesco monumento durante los años 1980 y 1992. A día de hoy prosigue la restauración de los desperfectos originados por la erosión. Las primeras restauraciones de las que se tiene constancia datan de la dinastía XVIII, durante el Imperio Nuevo.

Detalle de la cabeza y el tocado de la esfinge, en el que pueden observarse los daños provocados por la erosión.

Atlantes y Antigüedad

La Gran Esfinge es, desde el siglo XIX, un tema recurrente para los amantes del misterio, lo legendario y hasta lo paranormal. Así, Edgar Cayce, supuesto vidente y sanador estadounidense, conocido como «el profeta durmiente», aseguraba haber vivido en la Atlántida hace 15.000 años, época en que se habría esculpido la Gran Esfinge.

Cayce mantenía que, tras la destrucción de la Atlántida, huyó con los archivos de dicha civilización a Egipto, enterrándolos muy cerca de la esfinge. En una de sus sesiones visionarias, mientras se hallaba bajo los efectos de la hipnosis, afirmó:

Allí dentro se encuentra una Biblioteca –llamada también el Salón de los Registros– que custodia el registro de los acontecimientos transcurridos en la Atlántida desde los tiempos en que la Esfinge fue edificada, así como de los logros de su portentosa civilización. También alberga un registro de los contactos que esta mítica civilización tuvo con otras naciones, así como la crónica de la destrucción del mítico continente y los cambios que se produjeron en el mundo como consecuencia. La biblioteca guarda registros de cómo se construyó la gran pirámide de la iniciación –la pirámide de Keops–, que junto con la Esfinge no son más que copias de objetos ya existentes en la Atlántida, ahora sumergida. Pero la Atlántida resurgirá de nuevo del fondo de los océanos. La Esfinge ha sido desde su construcción el centinela que guarda el secreto y el acceso a la biblioteca, a la cual nadie tendrá acceso hasta que llegue el tiempo adecuado.” 

Retrato de Edgar Cayce en 1910. Cayce aseguraba haber vivido en la Atlántida 15.000 años atrás y haber enterrado muy cerca de la Gran Esfinge los archivos más importantes de aquella civilización cuando fue destruida

Posteriormente, en 1973, Mark Lehner, ferviente defensor de Cayce y de su hipótesis de los atlantes, intentó encontrar esta misteriosa biblioteca de la Atlántida, pero fue en balde. Sin embargo, en 1850 Auguste Mariette, descubrió la llamada «estela del inventario». Dicha estela consiste en una lista de monumentos y su controvertido texto ha logrado enfrentar a la egiptología alternativa con la oficial. Dice así:

Él lo construyó para su madre Isis, Madre Divina; Hathor, Señora de (Nun). La investigación fue colocada en la estela. Él dio una vez más para ella una ofrenda, y construyó su templo de piedra otra vez. Él descubrió (las estatuas de) estas diosas en su lugar. […] El distrito de la Esfinge de Harmakis se encuentra al sur de la casa de Isis, Señora de la Pirámide; al norte de Osiris, Señor de Rostau. Las escrituras de Harmakis, fueron traídas para estudiarlas. (¿?) Permite que crezca, haz que viva eternamente, hacia el este. Qué viva Horus: Medjer, Rey del Alto y del Bajo Egipto: Keops, que posee la vida. Él encontró la casa de Isis, Señora de la Pirámide, detrás de la Casa de la Esfinge de [Harmakis] al noroeste de la casa de Osiris, Señor de Rostau. Él construyó su pirámide detrás del templo de esta diosa, y construyó una pirámide para la hija del rey Henutsen detrás del templo.

Para los amantes de la egiptología alternativa, la estela indica que cuando Khufu (Keops) era faraón, ya existía la Esfinge (la casa de Isis) y la Gran pirámide (Isis, la «señora de la pirámide»), y que éste construyó otra pirámide que no es la Gran Pirámide. Por esto afirman que la estela es la prueba de que tanto la Gran Pirámide como la Esfinge ya existían mucho antes de la aparición de los faraones de la IV Dinastía. Asimismo, denuncian que la estela nunca fue tomada en serio puesto que habría destruido los pilares de la versión de la egiptología oficial.

La misteriosa Gran Esfinge junto a los restos de su templo. Detrás, la pirámide de Kefrén

Por su parte, los científicos oficialistas indican que la estela pertenece a la dinastía XXVI en la que los Saítas realizan un inventario de estatuas contenidas en el pequeño templo de Isis de Guiza, que se encuentra junto a la pirámide de Henutsen, y comentan su restauración. Afirman que la estela utiliza el nombre de Khufu (Keops) como autor figurado, y que en realidad «suplanta» la personalidad del verdadero autor de las obras en un intento Saíta de rendirle culto y honrar su memoria, como ocurre en otros ejemplos en los que también se nombra a los reyes de las primeras dinastías en esta época. Optemos por una explicación u otra, lo cierto es que la Gran Esfinge de Guiza alberga milenarios misterios que esperan ser explicados. Innumerables misterios para los que se han desarrollado otras tantas hipótesis explicativas. Apasionantes relatos que tendrán que ser protagonistas de futuros nuevos artículos acerca de esta eterna y vigilante reina del desierto.

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La NASA destruyó cintas de la era Apolo por considerar que «no tenían valor histórico»


Documentos obtenidos mediante el Acta de Libre Información (FOIA) y dados a conocer esta semana, revelan que la NASA destruyó cientos de misteriosas cintas pertenecientes a dos computadoras de la era Apolo, utilizadas durante el auge de la carrera espacial.

La mayoría de las cintas (215 de 325) estaban sin rotular, pero otras tenían relación con las sondas Pionner 10 y Pionner 11, misiones de la NASA a Júpiter y Saturno en los tiempos de los alunizajes, reporta la web arsTechnica. Estos archivos «perdidos» estuvieron almacenados en el sótano de un ingeniero de IBM por más de 50 años.

El ingeniero trabajó para la NASA en los 1960s y 70s. Tras el fallecimiento del ingeniero, el tiempo y el descuido por parte de sus herederos hizo su trabajo deteriorando el material. Finalmente, las computadoras propiedad de la NASA fueron entregadas a un chatarrero en 2015, quien se puso en contacto con la agencia espacial.

«Por favor, dile a la NASA que estos ítems no fueron robados», le dijo el heredero del ingeniero al comerciante de chatarra, según el documento liberado. «Pertenecían al Centro IBM de Allegheny, en Pittsburgh (PA 15212). Entre 1968 y 1972, la compañía decidió deshacerse de estas computadoras por lo que [nombre del ingeniero tachado] solicitó llevárselas consigo».

La NASA inspeccionó las cintas magnéticas de almacenamiento de datos y encontró que las mismas efectivamente databan de entre 1967 y 1974.

El documento FOIA también destaca que la agencia espacial ordenó que todas las cintas fueras destruidas debido a que no existía evidencia de que contuvieran «material históricamente significante». Además, de acuerdo al archivista que examinó el material, la recuperación de los datos almacenados hubiera sido —debido al «enmohecido» estado de las cintas— «muy costosa» y, en realidad, no había garantía de que se pudiera recuperar algo. Por otra parte, la NASA le comunicó al chatarrero que alguien más debería encargarse de retirar las computadoras de allí, ya que ellos «no las necesitaban».

¿Qué oculta la NASA?

Este hecho llamó la atención de algunos internautas aficionados a las teorías de conspiración, quienes se preguntaron por qué el ingeniero de IBM se preocupó tanto por conservar el material y salvarlo de su destrucción si es que este no era «significante». Una de las dos computadoras —tan pesada que se hubiera necesitado una grúa para retirarla del sótano— estaba rotulada con el código de contrato NAS5-2154, del cual no existe registro en el gobierno de Estados Unidos.

Un usuario de Reddit comentó: «¿Cómo es que algo relacionado con el alunizaje no es históricamente significante? Solo destruyen cosas que no quieren que la gente vea». Otro dijo que: «Incluso las máquinas por sí mismas son lo suficientemente interesantes como para ponerlas en un museo. Si yo tuviera espacio, me las llevaría». Sin embargo, otro usuario (mastermindo4) sugirió una explicación al porqué de la destrucción de las cintas: «Si son cintas de computadoras de hace 60 años, probablemente no haya muchos datos que puedan recuperarse, especialmente si fueron mantenidas en tan pobres condiciones.

Es probable que solo contengan cálculos y programas que usaban para hacerlos, nada que no esté ya archivado y valga la pena rescatar. La NASA sería muy cuidadosa con cualquier dato sensible relacionado con alienígenas o por el estilo, no hubiera permitido que alguien se llevara ese material a casa».

El documento FOIA completo puede ser consultado AQUÍ.

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Enoquiano: La misteriosa lengua perdida de los Ángeles


En el año 1581, los ocultistas John Dee y Edward Kelly afirmaron haber recibido comunicaciones procedentes de ángeles en las que estos les habían revelado los fundamentos de un lenguaje con el que comunicarse con «el otro lado». Este lenguaje «angélico» disponía de sus propios alfabeto, gramática y sintaxis, que más adelante fueron publicados en revistas. La nueva lengua fue denominada «Enoquiano» y su nombre proviene de la afirmación de John Dee de que el patriarca bíblico Enoc había sido el último humano en conocer este el lenguaje.

El Dr. John Dee, (1527-1609) fue un ocultista, matemático, astrónomo y astrólogo que vivió en el barrio de Mortlake, al oeste de Londres, durante la mayor parte de su vida. Era un hombre cultivado que estudió en el St. John’s College de Cambridge, y fue con el tiempo aceptado en círculos de poder relacionados con la élite dominante. Ejerció de consejero científico y confidente de la reina Isabel I.

Se le asocia con la expresión «Imperio Británico», que se dice que acuñó él mismo. Durante su edad más temprana, Dee mostró poco interés por lo sobrenatural. Más adelante, se desilusionó con la ciencia y empezó a experimentar con lo oculto. Dee buscaba descubrir el conocimiento espiritual perdido y recuperar la sabiduría que creía oculta en los libros de la antigüedad. Entre estos libros se encontraba el entonces legendario Libro de Enoc , que Dee concebía como un libro que describiría el sistema mágico empleado por el patriarca bíblico Enoch.

El término «Enoquiano» proviene del personaje bíblico Enoc, a quien se consideraba fuente de ocultos conocimientos místicos y a quien, según la leyenda, Dios subió a los cielos en vida. De acuerdo con el Génesis (5,24), «caminaba con Dios» y en Hebreos 11,5 se afirma que «fue arrebatado de esta vida a fin de que no experimentara la muerte». De 1581 a 1585, Dee empezó a desarrollar una larga serie de actividades de tipo mágico. En 1581, a la edad de 54 años, Dee escribió en su diario personal que Dios había enviado «Ángeles bondadosos» a comunicarse directamente con la humanidad. Para el año 1582 ya estaba colaborando con su colega Edward Kelley (1555-1597), ocultista y vidente, a fin de comunicarse con estos ángeles.

Cientos de conversaciones con numerosos espíritus fueron registradas, entre ellas muchas en las que se revelaba lo que decían ser un lenguaje angélico llamado «Enoquiano», compuesto de palabras no inglesas. El alfabeto Enoquiano fue comunicado al Dr. John Dee y Edward Kelley durante «sesiones adivinatorias», en las que recibieron numerosos textos y tablas revelados por los ángeles. La adivinación (en inglés scrying) es un método empleado por videntes, magos y brujos para predecir el futuro, que incluye técnicas como mirar fijamente a una superficie reflectante para así recibir mensajes del «otro lado».

John Dee realizando un experimento ante la reina Elizabeth I. Óleo de Henry Gillard Glindoni. 1913

Está documentado que Dee y Kelley usaban ciertos objetos, como un espejo de obsidiana negra y una bola de cristal para experimentar estas visiones. Dee ejercía de orador, dirigiendo sus plegarias a Dios y a los Arcángeles durante sesiones que duraban entre 15 minutos y una hora. Colocaban sobre la mesa una piedra adivinatoria y los ángeles eran invocados para que se manifestaran. Dee y Kelly observaban atentamente la piedra y tomaban nota de todo aquello que veían y oían.

El espejo de obsidiana de Dee utilizado para sesiones «adivinatorias»

Los ángeles les explicaron que la magia otorgaría poderes sobrehumanos a sus practicantes, cambiaría la estructura política de Europa y anunciaría la llegada del Apocalipsis. Dee creía que lo que estaba haciendo beneficiaría a la posteridad, así que transcribió toda la información recibida en una serie de manuscritos y libros que incluían ejercicios prácticos. Jamás describió el lenguaje utilizado a lo largo de las sesiones como «Enoquiano», prefiriendo llamarlo «Angélico», el «Habla Celestial», el «Primer Lenguaje de Jesucristo» y particularmente «Adánico», ya que aseguraba que había sido utilizado por Adán en el Jardín del Edén para dar nombre a todas las criaturas de Dios. Hay dos versiones diferentes del Alfabeto Enoquiano siendo las letras de uno de ellos ligeramente diferentes a las del otro.

El Sello de Dios de John Dee

La primera versión la encontramos en un manuscrito de Dee, los primeros cinco «Libros de los Misterios» ( Books of the Mysteries) , y la segunda, en general la más aceptada, está en el Liber Loagaeth , versión manuscrita del propio Kelley. Se escribe de derecha a izquierda, y puede incluir acentos. Algunas letras enoquianas tienen equivalentes en las letras inglesas y una pronunciación similar, pero muchas de ellas se pronuncian de forma diferente. El alfabeto se usa en la práctica de magia Enoquiana sobre Claves Angélicas o Enoquianas.

Llegó hasta nosotros por medio de Edward Kelley en 1584, en Cracovia (Polonia). Ese año escribió en su diario una serie de diecinueve encantamientos mágicos. Las Claves comprenden 48 versos poéticos y se corresponden con diversas funciones dentro del sistema de Magia Enoquiano. El gráfico a continuación muestra las letras originales del alfabeto Enoquiano con su transcripción en inglés moderno basada en los escritos de John Dee en inglés antiguo

Las letras Enoquianas se leen de derecha a izquierda. Tienen diferentes formas, cada una tiene su nombre y, en ocasiones, sus equivalentes en inglés. Se muestran tal como aparecen en el diario de John Dee.

Las letras Enoquianas se leen de derecha a izquierda. Tienen diferentes formas, cada una tiene su nombre y, en ocasiones, sus equivalentes en inglés. Se muestran tal como aparecen en el diario de John Dee. (Wikipedia.org) Debido a la pérdida de algunas partes de los manuscritos originales de John Dee, han surgido interpretaciones diversas en relación con el significado, validez y autenticidad del lenguaje Enoquiano. Algunos magos aseguran que es el lenguaje más antiguo del mundo, habiendo precedido a todos los demás lenguajes humanos.

En algunos círculos se considera uno de los tipos de magia más poderosos y un método para entrar en contacto con otras dimensiones. Sus detractores, sin embargo, señalan que la sintaxis del Enoquiano se asemeja notablemente a la del inglés, la lengua nativa de Dee y Kelley. Entre estas semejanzas podemos citar la palabra luciftias, que significa «brillo», y que guarda conexión con Lucifer, cuyo nombre significa «Portador de Luz». Londoh, la palabra Enoquiana para «reino», puede representar simplemente la conexión de Dee con su real protectora, la reina de Inglaterra. Análisis informáticos también han demostrado una similitud gramatical con el inglés. Los textos del Liber Loagaeth muestran rasgos fonéticos que no aparecen en los lenguajes naturales. Estos rasgos se asocian a menudo con la glosolalia, o «don de lenguas».

Necromancia: El arte de conjurar a los muertos y comunicarse con ellos, imagen de John Dee y Edward Kelley. De: Astrology (1806) por Ebenezer Sibly.

Los ocultistas modernos consideran difícil reconstruir el sistema Enoquiano, aunque se han realizado progresos estudiando los manuscritos originales hallados en la biblioteca de Sir Hans Sloane. A partir de estos estudios, diversos grupos y autores han creado un efectivo sistema de magia. El lenguaje Enoquiano fue recuperado y popularizado por ocultistas como los miembros de la Hermética Orden de la Aurora Dorada («Golden Dawn»), Aleister Crowley, Israel Regardie y Antón La Vey, fundador de la Iglesia de Satán. Muchos satanistas han llegado a incluir claves Enoquianas en sus rituales, y algunos de ellos hasta han adoptado el lenguaje entero para su uso.

El lenguaje Enoquiano fue también estudiado por el ingeniero espacial Jack Parson, miembro de O. T. O. ( Ordo Templi Orientis) . En 1994 las letras Enoquianas se utilizaron como glifos para activar una puerta dimensional en la película «Stargate», un año antes de que el programa «Stargate» de visión remota se hiciera público. Otro aspecto de la magia Enoquiana es el ajedrez Enoquiano.

Es al mismo tiempo un juego y una herramienta de adivinación, procedente de los escritos originales de John Dee. Es un complejo sistema que requiere sólidos fundamentos en el estudio de la Cábala, Geomancia, Tarot, Alquimia y Astrología. Muchos de los objetos utilizados por Dee y Kelly pueden contemplarse hoy día en el British Museum de Londres, en Inglaterra.

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