EL MISTERIOSO MURAL QUE PRUEBA LA EXISTENCIA DE LA ATLÁNTIDA .

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La foto es la Historia. Circula desde hace décadas en el ámbito de los investigadores de las Civilizaciones Desaparecidas y es referida, aunque es voz baja (muy baja) por algunos historiadores y arqueólogos, temerosos de despertar la iracundia del academicismo.

No es necesario explicarla: un dignatario, quizás un sacerdote, huye a bordo de una canoa mientras un volcán surgidos de las aguas crea un cataclismo que ahoga a otros seres humanos y derrumba (obsérvese arriba a la izquierda) sus edificios. Si alguien -como es mi caso- le seduce la idea de suponer la Atlántida como una región insular en el área del Caribe sumergida por algún cataclismo remoto, esta es clara evidencia.

Tres detalles llamaron siempre mi atención. Que la vestimenta del personaje central sea tan consistente con el de recientes momentos históricos de la América precolombina (reciente en términos geológicos, casi diría, en términos de la Atlántida concebida como tal); la indudable antigüedad de esta fotografía -observable en el juego de claroscuros típico de los revelados del principios del siglo XX- y en el hecho de que este friso… no ha vuelto a ser hallado. A lo primero, argumento que no es más que la adaptación al marco sociocultural del artista que lo esculpió. Así como en el Medioevo tenemos representaciones de la época de Jesucristo o de tiempos romanos donde los personajes aparecen vestidos a la usanza del siglo XII, bien puedo suponer que el desconocido artista ubicó los hechos que trató de ilustrare más cercanos a su propia época que a la suposición histórica. Y respecto a lo tercero, mi indagación me llevó a encontrar autor y circunstancias. Que no es poco. Teoberto Maler (1842-1917) se llamaba el responsable de esta captura fotográfica. Arquitecto e ingeniero dedicado a la investigación y preservación arqueológica. El prestigio de Maler es indiscutible al punto de que uno de los complejos de edificaciones en Tikal lleva su nombre: Complejo Maler. Mayista reputado por derecho propio, llegó a México como soldado del emperador Maximiliano. Derrotado este y rendido a los mexicanos, eligió, al quedar libre, permanecer en ese país.

La fotografía
La foto tomada por Maler nos muestra una escena por demás sobrecogedora, intrigante y a la vez familiar. Un hombre ataviado indudablemente con vestimenta de la cultura maya, se encuentra en una canoa escapando de una situación escalofriante: un gran cataclismo, el cual se hace evidente en la erupción del volcán que está al fondo y otros más allá del horizonte; la portentosa actividad sísmica está presente en el derrumbe de una pirámide justo a la izquierda del volcán. Las consecuencias de un poderoso tsunami se pueden apreciar en la persona que flota en las aguas a la deriva; y el pez muerto, símbolo de un gran desastre ecológico marino. ¿Pero por qué esta fotografía debería considerarse una excelente evidencia en vez de una prueba endeble? Para responder esta pregunta debemos remitirnos a un posible amigo de Maler, el arquitecto inglés Robert Stacy-Judd , quien utilizó dicha fotografía en un libro que este publicó en 1939 Atlantis: Mother of Empires. Aparentemente la foto original habría estado en poder del propio Robert Stacy-Judd y según declaraciones del propio Stacy-Judd, antes de morir Maler habría revelado que lo que muestra la fotografía es solo una porción de un extenso friso que circunda la totalidad de una cámara subterránea. No deberíamos dudar que el arquitecto inglés dijo la verdad, pero además conociendo su inclinación e interés por el arte maya, deberíamos sospechar que si Maler le confió la ubicación de esa cámara, Stacy-Judd jamás revelaría su ubicación sin antes ser el ‘primero’ en llegar hasta ese lugar perdido en las selvas guatemaltecas. Pero eso tal vez nunca lo sabremos.

Historias paralelas
En algunas páginas de Internet hay quienes aseguran que Maler llevó el segmento de roca a Alemania y que estuvo expuesto en el Museo de Berlín hasta que en la Segunda Guerra Mundial, tras los bombardeos, la pieza, invaluable, se habría perdido. Yo creo que conociendo la postura conservadora que tenía Maler, según lo mencioné más arriba, sería bastante difícil creer que la estela fuera llevada a Alemania por él mismo usurpando así el contenido de un sito arqueológico. Confirmar la presencia del fragmento del friso en el museo alemán es una asignatura pendiente que constará en contactar personal de archivo del Museo de Berlín que pueda confirmarlo. Sin embargo más allá de que pueda probarse la existencia física del segmento de friso en el museo antes de la guerra, en base al prestigio y antecedentes de Maler, no tengo dudas de que la fotografía es absolutamente auténtica y con ella nos bastará para encarar los diferentes temas que a partir de esa imagen podemos interpretar.
Por otro lado, suponiendo que la historia de la existencia del friso en el museo alemán fuese cierta, eso no necesariamente querría decir que Teoberto Maler contradijo sus propios principios de conservación arqueológicos; ya que la roca podría haber sido llevada al museo por ‘alguien’ más a quien Maler podría haber confiado el secreto de la ubicación del sitio, y esta persona a su vez llegar hasta allí, remover el trozo de friso y levarlo hasta Alemania después de la muerte de Maler en 1917. Recordemos que si, como se dice, el objeto permaneció en el museo hasta 1939, pasaron muchos años desde el fallecimiento de Maler y esta podría ser la mejor evidencia de la presencia de “otra mano” en el traslado de la pieza desde su lugar de origen.
Pero también debemos considerar otra posibilidad: sabiendo de la depredación que hasta bien entrado el siglo XX se realizaba en todo territorio de interés arqueológico por parte de individuos que se decían pertenecer al “mundo civilizado” de Norteamérica y Europa, es factible que, o bien el friso haya sido literalmente robado para algún coleccionista particular, o bien, quizás peor aún, destruido para no conmover la bases de una historia ortodoxa con ínfulas de infalible….

Twitter: @Mpdesconocido

El Árbol de Los Ahorcados

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En una pequeña comunidad de Victoria de Cortázar, en Guanajuato, dentro de México, yace un famoso árbol de mezquite, del cual pendieron alguna vez, ahorcados, inertes y derrotados, muchos revolucionarios caídos durante la Revolución Mexicana; aunque, según la versión popular, los ajusticiados eran bandidos dedicados al pillaje…

Sea como sea, todavía hoy en día se dan fenómenos paranormales en torno al árbol. Así no son pocos los testimonios; y por ejemplo, Uriel Almanza (un morador del lugar) cuenta que muchos van hasta el Árbol de Los Ahorcados para pedir favores (generalmente económicos…) al rostro demoníaco que de forma aparentemente inexplicable se ha plasmado en lo alto del tronco y que, tras la medianoche, cuentan que cobra vida, a la par que las almas de los ahorcados empiezan a llenar el aire con sus escalofriantes lamentos…

Twitter: @Mpdesconocido.

BUZLUDZHA, EL OVNI COMUNISTA ABANDONADO EN BULGARIA

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9:22:54 PM

¿A quién se le ocurriría construir un gigantesco pabellón circular con capacidad para miles de personas en lo alto de una cordillera montañosa, a más de 1.400 metros de altura? Los sueños de grandeza de los soviet nos han dejado miles de extraños monumentos repartidos por los territorios que un día formaron el hermético Bloque del Este. Hoy nos acercamos a uno de los más sobresalientes de todos ellos: Buzludzha.

Algo tan singular no ha dejado de disparar la imaginación de los pocos visitantes que llegan hasta aquí. Cuando la nieve cubre los picos del Cordillera de los Balcanes, esta mole de hormigón parece una estructura rebelde en el planeta Hoth del Imperio contraataca. También serviría como la fortaleza del malo de turno para cualquier película del 007.

El caso es que este edificio relativamente contemporáneo (fue inaugurado en 1981), parece tener los días contados. El país que podría explotarlo como atracción turística le ha dado la espalda, y los chatarreros del lugar lo que van a darle es el tiro de gracia, a medida que destripan su armazón metálico que lo deja a merced de los elementos:

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Corría el año 1971 cuando los líderes de turno eligieron este emplazamiento por ser en estas montañas donde se fundó de forma clandestina, a finales del siglo XIX, el partido socialista búlgaro
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Ahora reparar el coliseo rojo cuesta unos millones que nadie en Bulgaria puede o quiere costear.
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El complejo cuenta con una torre de 70 metros de altura y este corredor de grandes ventanales con vistas al magnífico paisaje, y ahora también al cielo.
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Los mejores artistas del momento trabajaron en los extensos mosaicos que cubrían sus muros.
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(Don’t) forget your past. No seáis unos malditos ignorantes: Quien olvida el pasado está condenado a repetirlo.
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Sopa de letras cirílica. Al fin y al cabo Buzludzha es como los santuarios religiosos, que también se levantan en los sitios más inverosímiles.
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Desde el aire se observan los enormes agujeros en la cubierta del templo de una ideología ya despreciada.
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Si la bóveda principal se derrumba, este puede ser el fin de un conjunto que hasta hubiese podido formar parte del patrimonio de la UNESCO
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Esta es una de las pocas imágenes que corren por la red del mastodonte, cuando aún era el orgullo del partido comunista
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El interior mezclaba realismo socialista con estética futurista a lo Odisea del espacio, o en este caso más bien tipo Solaris de Tarkovsky
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En su rampa de lanzamiento
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La silueta de Buzludzha antes del amanecer, ahora rodeada por campos de molinos de viento.

ENCUENTRAN RASTROS DE UNA CIVILIZACIÓN DESCONOCIDO QUE HABITO LA TIERRA

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9:01:58 PM

Un nuevo e impactante estudio del ADN recuperado de los restos fósiles de uno de los primeros europeos conocidos (un hombre que vivió hace 36.000 años en Kostenki, al oeste de Rusia) muestra que la ascendencia genética de los primeros habitantes de Europa logró sobrevivir al último máximo glacial, el punto álgido de la última Edad de Hielo. El mismo ADN, además, aporta pruebas de la existencia de una población hasta ahora desconocida que, hace más de 36.000 años, se cruzó brevemente con nuestros antepasados y desapareció después sin dejar rastro. El trabajo se acaba de pulbicar en Science.

El estudio proporciona también una escala temporal mucho más precisa sobre el periodo durante el que humanos modernos y neandertales (que poblaban Europa cuando los primeros llegaron) pudieron cruzarse, y aporta evidencias sobre un contacto muy temprano entre los grupos de cazadores-recolectores de Europa y los de Oriente Medio, que después desarrollaron la agricultura y la extendieron por todo el Viejo Continente hace unos 8.000 años, transformando el «pool» genético de los europeos.

Según las teorías más extendidas, las poblaciones euroasiáticas se separaron por lo menos en tres grandes grupos hace alrededor de 36.000 años: los euroasiáticos occidentales, los orientales y un tercer y misterioso linaje cuyos descendientes habrían desarrollado las características únicas de la mayoría de los pueblos no africanos, aunque no antes de haberse cruzado con los neandertales.

La investigación se llevó a cabo bajo la batuta del Centro de Geogenética de la Universidad de Copenhague y ha sido realizado por un equipo internacional de investigadores de varias instituciones, entre ellas la Universidad de Cambridge.

Unidad genética
Por medio de referencias cruzadas entre el genoma humano antiguo (en concreto, se usó el segundo genoma humano más antiguo nunca secuenciado) con investigaciones anteriores, el equipo descubrió una sorprendente «unidad genética» que parte de los primeros humanos modernos de Europa, lo que sugiere con fuerza que una «meta población» de cazadores-recolectores del Paleolítico logró sobrevivir más allá del Último Máximo Glacial y colonizar la masa continental de Europa durante los más de 30.000 años posteriores.

A medida que las comunidades dentro de estas poblaciones se fueron expandiendo, mezclando y fragmentando debido tanto a los cambios culturales como al feroz cambio climático se produjo, en palabras de los investigadores, una «reorganización de la misma cubierta genética», de forma que las poblaciones europeas, en su conjunto, mantienen el mismo hilo genético surgido de su primer establecimiento fuera de África y que dura hasta que las poblaciones de Oriente Medio llegaron a Europa hace unos 8.000 años, trayendo con ellos la agricultura y un tono de piel más claro.

«Que hubiera una continuidad genética desde el Paleolítico Superior más antiguo hasta el Mesolítico, y que esa continuidad se mantuviera a través de una gran glaciación – explica Marta Mirazón Lahr, coautora del estudio- supone un hito en la comprensión del proceso evolutivo que subyace a los logros humanos».

«Durante 30.000 años -prosigue la investigadora- las capas de hielo llegaron y se fueron, llegando a cubrir, en un momento dado, las dos terceras partes de Europa. Viejas culturas murieron y otras nuevas, como el Auriñacense y el Gravetiense, surgieron a lo largo de miles de años, al tiempo que las poblaciones de cazadores-recolectores iban y venían. Pero ahora sabemos que en todo este tiempo no llegaron nuevos conjuntos de genes. Los cambios en las estrategias de supervivencia y en los modelos culturales se superponen sobre un mismo fondo biológico. Sólo cuando los agricultores procedentes del Cercano Oriente llegaron, hace unos 8.000 años, la estructura de la población europea cambió de forma significativa».

Genes de Neandertal
El genoma de Kostenki también contiene, igual que el de todos los euroasiáticos actuales, un pequeño porcentaje de genes de Neandertal, lo cual corrobora los resultados de hallazgos anteriores que muestran que existió un «evento de mezcla» justo al principio de la colonización de Eurasia, un periodo durante el cual los neandertales y los primeros humanos modernos que abandonaron África se cruzaron brevemente.

El nuevo estudio ha permitido a los científicos establecer que este cruce entre ambas especies humanas se produjo hace alrededor de 54.000 años, antes de que la población euroasiática empezara a separarse en grupos. Lo cual significa que, incluso en la actualidad, cualquier persona que tenga ascendencia euroasiática (desde los chinos a los escandinavos o los norteamericanos) lleva en su genoma una pequeña parte de ADN neandertal.

Sin embargo, y a pesar de que tras aquél primer contacto los euroasiáticos occidentales compartieron el continente europeo con los neandertales durante otros 10.000 años, no se produjeron nuevos periodos de mestizaje.

¿Qué fue lo que ocurrió para que ambas especies no volvieran a cruzarse? ¿Acaso las poblaciones de neandertales fueron disminuyendo de forma muy rápida? ¿O es posible que quizá nunca más volvieran a encontrarse con los humanos modernos? Al principio, cuando se demostró que hubo mestizaje entre ambas especies, se produjo una gran sorpresa. Pero ahora la cuestión es otra. ¿Por qué ese mestizaje fue tan escaso?

Una población desconocida
Existe, además, algo único en el genoma de Kostenki. Un pequeño elemento genético que comparte la gente que en la actualidad vive en Oriente Medio y que también estaba presente en los grupos de agricultores que llegaron a Europa, hace unos 8.000 años, para mezclarse con los cazadores-recolectores. Este contacto tan temprano resulta sorprendente, y encierra las primeras pistas sobre un tercer y misterioso linaje desconocido y que podría ser tanto o incluso más antiguo que las otras líneas genéticas principales de Eurasia.

Esa misteriosa población tuvo por fuerza que mezclarse brevemente con el resto de las poblaciones euroasiáticas conocidas, hace más de 36.000 años, para quedar después aislada de todos los demás durante decenas de miles de años.

«Este elemento del genoma de Kostenki -explica Andaine Seguin-Orlando, del centro de Geogenética de Copenhaguen- confirma la presencia de un importante linaje euroasiático aún desconocido».

Mirazón Lahr puntualiza que, después de ese breve contacto, no hubo más cruces con esa misteriosa población durante cerca de 30.000 años, lo que significa que debió de existir alguna clase de barrera geográfica que resultó infranqueable durante milenios, y ello a pesar de que Europa y Oriente Medio parezcan, por lo menos ahora, tan próximos y accesibles entre sí.

Barrera geográfica permeable
Pero el genoma de Kostenki no solo revela la existencia de esa población desconocida, sino que demuestra que hubo por lo menos una breve ventana temporal durante la que esa barrera geográfica resultó permeable.

«Esta población misteriosa podría haber sido muy pequeña durante mucho tiempo, sobreviviendo en refugios en áreas como, por ejemplo, los montes Zagros de Irán e Irak», explica Mirazón Lahr-. Por el momento no tenemos ni idea de dónde estuvieron metidos durante estos primeros 30.000 años, solo que estaban en Oriente Medio a finales de la Edad del Hielo, cuando se inventó la agricultura».

http://www.abc.es/