Otro Vive En Mi.

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Pacientes trasplantados manifiestan rasgos de personalidad de su donante. Familiares de donantes reconocen al difunto en el comportamiento del receptor… Un fenómeno que incomoda, remueve y plantea una pregunta:¿tienen los órganos una memoria celular? Testimonios, análisis y elementos de respuesta.

Se suele considerar que el aprendizaje, primero pasa por el sistema nervioso y luego por el sistema inmunitario. En consecuencia, los pacientes que recibieron trasplantes de órganos “periféricos” no tendrían que padecer los cambios de personalidad ni adquirir los rasgos propios de unos donantes que nunca encontraron.

Cuando, después de unos trasplantes de órganos se observaron tales transformaciones, intentaron explicarlas por los efectos de los medicamentos inmunosupresores, el estrés psico-social y por otra patología preexistente de los receptores. No obstante, la teoría de los sistemas vivos enuncia explícitamente que cada célula viva posee una “memoria” y unos subsistemas funcionales determinantes. Por otra parte, la integración reciente del concepto de energía en la teoría de los sistemas (llamada “teoría de los sistemas de energía dinámica”) permite lógicamente llegar a la conclusión de que todos los sistemas dinámicos almacenan informaciones y energía en grados variables.

El mecanismo de memoria sistémica constituye una explicación plausible de la evolución de las propiedades sistémicas emergentes (nuevas) por medio de retroacciones recurrentes ; es decir, por la circulación no lineal de información y energía que refleja las interacciones constantes de los componentes en una red dinámica compleja.

Existen bucles de retroacción recurrentes en todos los sistemas atómicos, moleculares y celulares.

Por ende, habría que encontrar en estos sistemas pruebas de memoria sistémica, atómica, molecular y celular.

Una historia almacenada en los tejidos

El mecanismo de memoria sistémica fue aplicado a diversas observaciones controvertidas y aparentemente anormales en las medicinas suaves y alternativas, entre ellas la homeopatía.

Permite también sacar nuevas conclusiones. Por ejemplo, que los receptores sensibles de órganos trasplantados pueden manifestar algunos aspectos de la historia personal del donante almacenados en los tejidos trasplantados.

En 1977, se publicó un libro titulado “ Un cambio de corazón” que relata los cambios aparentes de personalidad observados en Claire Sylvia, una mujer joven que recibió un trasplante de corazón- pulmón en el Yale New Heaven Hospital en 1988. Declaró haber notado cambios en sus actitudes, costumbres y preferencias después de su operación. Tenía antojos inexplicables de alimentos que no le gustaban antes. Por ejemplo, a pesar de ser una bailarina y coreógrafa muy cuidadosa con su salud, cuando salió del hospital, no pudo resistirse a ir a un fastfood para encargar nuggets de pollo, alimento que nunca consumía.

Claire se sintió atraída por los colores fríos y dejó de lado el rojo y el naranja que llevaba antes. Empezó a comportarse de manera agresiva e impetuosa, lo que no era propio de ella, pero sí típico de su donante.

Un hecho interesante : encontraron en la chaqueta del joven donante, en el momento de su muerte, nuggets de pollo frito del mismo fastfood.

Otra perspectiva sobre el rechazo

William Novak, co-autor del libro, estudió las diversas opiniones relativas a la plausibilidad del concepto de memoria celular.

Pearsall sugería que los medicamentos inmunosupresores podían teóricamente rebajar el umbral a partir del cual unos pacientes eran capaces de registrar recuerdos celulares almacenados en los órganos trasplantados.

Schwartz y Russek pensaban que el proceso del rechazo podía reflejar no solamente el rechazo del “material” componente de las células sino también el de la energía y de las informaciones sistémicas almacenadas en las células. El caso de Claire era muy peculiar porque recibió una cantidad muy importante de tejido nuevo (corazón y pulmón); se preocupaba por su salud, era abierta y emocionalmente sensible. Según Swartz y Russek, Claire Sylvia era, sin duda, el caso típico representativo de la memoria sistémica.

Diez testimonios-clave

Este artículo presenta las observaciones clave de los diez casos más representativos entre los 73 trasplantados (entre ellos, 23 de corazón) quienes presentaron, en distintos grados, estas transformaciones que Pearsall estudió durante los últimos diez años.

Estos testigos aceptaron compartir su experiencia sobre los cambios de personalidad consecutivos a su operación que sustentan la hipótesis de la memoria sistémica. Para preservar la intimidad de las familias de los donantes y de los receptores y el anonimato de los médicos y hospitales, los donantes y receptores están identificados por un número, excepto cuando su nombre fue mencionado por familiares o amigos en las transcripciones. Todos los receptores, familiares o amigos de los donantes fueron interrogados por Pearsall y grabados en magnetófono. Schwartz y Russek examinaron las transcripciones y las seleccionaron para este artículo.

Cada uno de estos diez casos incluye el testimonio de un familiar del donante (o equivalente), el testimonio del receptor (o equivalente) y el testimonio de un familiar o amigo del receptor. Las palabras de los familiares del donante, de los receptores y de los familiares del receptor han sido directamente extraídas de las transcripciones. Las opiniones personales (incluidas las secuencias más discutibles) están reproducidas textualmente. Cada caso presenta entre dos y cinco ejemplos de paralelismo entre el donante y los cambios observados por el receptor después del trasplante.

Caso no 1:

“Sé que está dentro de mí y que está enamorado de mí.”

El donante era un joven de 18 años que falleció en un accidente de coche. La receptora era una joven de 18 años con endocarditis e insuficiencia cardiaca.

El padre del donante (psiquiatra):

“Mi hijo se pasaba el tiempo escribiendo poesía. Tras su muerte, esperamos más de un año para ordenar su habitación. Descubrimos un libro de poemas que nunca nos había enseñado y jamás hemos hablado de esto a nadie. Uno de ellos nos conmovió tanto emocionalmente como espiritualmente. En este libro, mi hijo presentía su repentina muerte. También era músico y encontramos una canción titulada: “Danny, mi corazón es tuyo” (las palabras indicaban que mi hijo presentía que iba a morir y dar su corazón a alguien). Decidió donar sus órganos cuando tenía 12 años. Esto nos pareció muy valiente, pero pensamos que era porque hablaban de ello en la escuela.. Cuando encontramos a la receptora, estuvimos tan… no entendimos lo que había pasado. Hoy todavía seguimos sin entenderlo. Es sencillamente incomprensible.”

La receptora:

“Cuando me enseñaron fotos de su hijo, lo reconocí inmediatamente. Lo hubiera reconocido en cualquier sitio. Está dentro de mí. Sé que está dentro de mí y que está enamorado de mí. Siempre estuvo enamorado de mí ; quizá en otra época, en alguna parte. ¿Cómo podía saber, años antes de su muerte, que iba a morir y dejarme su corazón? ¿ Cómo podía saber que me llamaba Danny? Después, cuando me hicieron escuchar algunas de sus canciones, podía acabar las frases sola. Anteriormente no tocaba ningún instrumento, pero, después del transplante, me empezó a encantar la música. Me salía del corazón. Mi corazón necesitaba tocar música. Le dije a mi madre que quería tomar cursos de guitarra (el instrumento que Paul – el donante – tocaba). Su canción está en mí. Lo siento muy intensamente a la noche. Es como si Paul me cantara una serenata.”

El padre de la receptora:

“Mi hija tenía, si se puede hablar así, una vida un poco disoluta. Hasta que enfermara – supuestamente por culpa de un dentista- estaba alocada. Después, se calmó mucho… Pienso que esto se debe a su enfermedad, pero ella afirma que se siente con más energía y no al contrario. Dijo que quería tocar un instrumento y cantar. Cuando escribió su primera canción, describió en ella su nuevo corazón así como el de su enamorado. Decía que su enamorado había venido a salvarla.”

Caso no 2:

“Cuando me hacía mimos, tenía la sensación de tener a mi hijo en los brazos”.

El donante era un niño de 16 meses que se ahogó en su bañera. El receptor era un niño de 7 meses que padecía tetralogía de Fallot (agujero en el tabique interventricular con desplazamiento de la aorta, estenosis pulmonar y espesor del ventrículo derecho).

La madre del donante:

“ La primera de las cosas es que no solamente escuché el corazón de Jerry (el donante). Lo sentía en mí. Cuando Carter (el receptor) me vió por primera vez, corrió hacía mí y no paró de frotarse la nariz contra mí. Es exactamente lo que hacíamos Jerry y yo. El corazón de Jerry y Carter tiene ahora 5 años pero Carter tiene los ojos de Jerry. Cuando me hacía mimos tenía la sensación de tener a mi hijo en los brazos. Lo podía sentir, no sólo de manera simbólica. Estaba ahí. Sentía su energía.

Soy médico. Aprendí a observar finamente y siempre tuve una naturaleza escéptica.

Pero esto era bien real. Sé que algunas personas dirán que necesito sentir que mi hijo está vivo y quizá sea cierto. Pero lo sentí verdaderamente.

Mi marido y mi padre tuvieron la misma impresión. Y, os lo juro (se lo pueden preguntar a mi madre) : Carter tenía el mismo lenguaje infantil que Jerry. Carter tiene ahora 6 años, pero a la misma edad, hablaba como Jerry y jugaba con mi nariz exactamente como lo hacía él. (…) Esa noche, nos quedamos en casa de los (nombre de la familia del receptor). Durante la noche, Carter vino a preguntarnos si podía dormir con nosotros. Se apelotonó entre mi marido y yo, como lo hacía Jerry, y nos pusimos a llorar. Carter nos dijo que no llorásemos porque Jerry había dicho que todo iba bien. Mi marido y yo, mis padres y todos los que conocíamos bien a Jerry no tenemos la menor duda. El corazón de nuestro hijo lleva muchas cosas suyas y late en el pecho de Carter. En algún nivel, nuestro hijo sigue vivo.”

La madre del receptor:

“Ví a Carter ir hacia ella (la madre del donante). En esto no se parece a él. Es muy tímido, pero se fue hacia ella como corría hacía mí cuando era bebé. Cuando murmuró : “ Todo está bien mamá,” me derrumbé, me hundí. Le llamó “mamá” ¿No sería el aún corazón de Jerry quién estaba hablando? Hay otra cosa. Hablando con la madre de Jerry, descubrimos que este padecía una parálisis cerebral benigna que afectaba sobre todo al lado izquierdo. Carter presenta rigidez y temblores del mismo lado. Esto nunca ocurrió cuando era bebé. Solamente apareció después del trasplante. Los médicos dicen que estos síntomas están probablemente relacionados con su enfermedad, pero estoy convencida de que no es la única explicación.

Otra cosa que me gustaría entender: cuando fuimos a la iglesia juntos, Carter nunca había encontrado antes al padre de Jerry. Llegamos con retraso y el padre de Jerry estaba sentado con un grupo de gente en medio de la asamblea. Carter soltó mi mano y se precipitó derecho hacia este hombre. Trepó sobre sus rodillas, le abrazó fuerte y le llamó “papá”. Nos quedamos atónitos. ¿Cómo le podía conocer? ¿Por qué le llamó “papá”? Nunca hacía este tipo de cosas. Nunca me soltaba la mano en la iglesia y nunca corría hacia desconocidos. Cuando le pregunté por qué hizo esto, lo negó. Dijo que lo hizo Jerry y que él le siguió.”

Caso no 3:

“ ¡ Siempre quiere ir de compras, cuando antes odiaba el shopping !”

La donante era una mujer de 24 años, víctima de un accidente de coche. El receptor era un joven diplomado de 25 años con mucoviscidosis fibrosis quística y recibió un trasplante de corazón-pulmón.

La hermana del donante:

“Mi hermana era una persona muy sensual. Le encantaba pintar. Se encaminaba hacia su primera exposición como artista única en una pequeña galería de arte, cuando un borracho la atropelló. Es una galería que apoya a artistas homosexuales. Mi hermana no lo solía contar demasiado pero era lesbiana. Decía que los paisajes que pintaba representaban en realidad a la madre o a la mujer. Observaba un cuerpo de mujer desnudo y a partir de ahí creaba un paisaje. Increíble¿ no? Tenía talento”.

El receptor:

“No lo comenté con nadie al principio, pero pensaba que, teniendo un corazón de mujer, me iba a volver homosexual. Desde mi operación, estoy sexualmente más excitado que nunca y las mujeres me parecen aún más eróticas y sensuales que antes. Siento entonces que he tenido internamente una inversión sexual quirúrgica. Mi médico me dijo que mi incremento de vitalidad y energía era lo que me producía esta sensación, pero estoy distinto. Sé que estoy distinto. Cuando hago el amor, sé exactamente lo que siente el cuerpo de la mujer y cómo reacciona, casi como si fuera mi propio cuerpo. Tengo el mismo cuerpo, pero creo que ahora considero el sexo desde un punto de vista femenino”.

La novia del receptor:

“Es mucho mejor amante ahora. Claro, estaba más débil antes de la operación pero no se trata de esto. Parece que conoce mi cuerpo igual que yo misma. Él quiere hacerme mimos y caricias, abrazarme fuerte y tomarse todo su tiempo. Antes, era buen amante pero no de esta manera. Es simplemente distinto. Siempre quiere achucharme e ir de compras. ¡Cuando antes odiaba el shopping! Y ¿sabe qué? Ahora suele llevar un monedero. ¡Su monedero! Se lo cuelga en el hombro y dice que es su bolso, pero es un monedero. No le gusta nada que se lo diga, pero ir de compras con él es como ir con una amiga.

Y otra cosa: le encanta visitar los museos. Nunca hacía esto antes, nunca jamás. Ahora, va todas las semanas. A veces, se para durante largos minutos ante una pintura, sin decir una palabra. Le encantan los paisajes y se queda ahí admirándolos. Algunas veces lo dejo y vuelvo más tarde.”

Caso no 4:

“Odiaba la música clásica pero ahora me encanta”.

El donante era un estudiante de raza negra de 17 años alcanzado por una bala disparada desde un coche. El receptor era un trabajador de fundición blanco de 47 años y padecía estenosis de aorta.

La madre del donante:

“Nuestro hijo se dirigía a clase de violín cuando una bala lo alcanzó. Nadie sabe de dónde vino el disparo, pero le alcanzó y cayó. Murió en el acto, en medio de la calle, abrazado a su estuche de violín. Le encantaba la música y sus maestros decían que tenía verdadero talento. Se impregnaba de la música que escuchaba. Pienso que un día habría acabado en el Carnegie Hall pero los otros chicos siempre se reían de la música que le gustaba.

El receptor:

“Lo lamento por el muchacho que murió y me dio su corazón, pero realmente me incomoda el hecho de que fuera negro. Ojo, no soy racista, en absoluto. La mayoría de mis amigos de la fábrica son negros, pero la idea de tener un corazón negro en el interior de un cuerpo blanco me parece realmente.. en fin, no sé cómo decirlo… Le dije a mi mujer que quizás mi pene iba a crecer hasta llegar al tamaño del de los negros. Dicen que tienen un pene más grande, pero esto queda por comprobar. Después del amor, a veces me siento culpable porque me pasa por la cabeza que quién ha hecho el amor a mi mujer es un negro, pero no lo pienso realmente en serio. Sin embargo, le puedo decir una cosa: odiaba la música clásica y ahora, me encanta. Sé que no viene de mi nuevo corazón porque esto no es el tipo de cosa que les gusta a los negros. Esta música calma mi corazón. La escucho siempre. Se ha vuelto una pasión para mí. No dije a ninguno de mis colegas que tenía un corazón negro pero pienso mucho en ello”.

La mujer del receptor :

“Cuando se enteró de que iba a recibir el corazón de un donante negro, estuvo muy incómodo. Incluso me preguntó si era posible pedir al médico un corazón blanco en el caso de que se presentara una oportunidad. No es Archie Bunker (racista), pero casi… Me mataría si supiera que le cuento esto, pero por primera vez ha invitado a casa a sus compañeros de trabajo negros. Parece que ahora, no presta más atención a su color a pesar de que a veces sigua hablando del tema. Por lo visto, cada vez está más a gusto con ellos, pero él no parece darse cuenta. Una última cosa: me está volviendo loca con su música clásica. La escucha sin pausa, sentado durante horas. Y también reproduce con silbidos piezas clásicas que jamás había escuchado. ¿De qué las conoce ahora? Hubiera podido creer que iba a sentirse atraído por el rap o este tipo de cosas, con su corazón negro.”

Caso no5:

“Me creía homosexual… desde entonces, ya no lo soy…”

La donante era una joven de 19 años que se mató en un accidente de coche. La receptora, una mujer de 29 años que padecía una miocardiopatía derivada de una endocarditis.

La madre de la donante:

“Mi Sara era la más encantadora de las chicas. Era propietaria de un restaurante dietético que gestionaba y siempre me reprochaba el no ser vegetariana. Era una niña formidable. Loquita, pero formidable. Estaba a favor de la unión libre y cambiaba de pareja cada dos o tres meses. Desde niña estaba loca por los hombres y nunca se le pasó. Consiguió escribirme algunas palabras mientras se estaba muriendo. Ya se había ido a medias, pero no dejaba de decir cuánto sentía el impacto del coche que les había pegado. Decía que podía sentir el recorrido del impacto en todo su cuerpo”.

La receptora:

“Puede contar esto a la gente si quiere, pero le tomarán por loco. Cuando tuve mi nuevo corazón, me pasaron dos cosas. Primero, casi todas las noches e incluso ahora, siento realmente el accidente que tuvo mi donante. Siento el impacto en mi pecho. Es un choque violento pero mi médico dice que al parecer, todo está bien. Por otra parte, ahora odio la carne. No la soporto. Era uno de los pilares del McDonald y ahora la carne me hace vomitar. De hecho, el simple olor a carne es suficiente para acelerar o volver loco a mi corazón.

Pero esto no es lo más importante; mi médico dice que sólo se debe a mis medicamentos. No se lo pude decir a él, pero lo que realmente me preocupa es que ahora tengo novio. Mi novio es un chaval formidable y nos adoramos. A nivel sexual, es genial. El problema es que soy homosexual. Bueno, creía serlo. Desde mi trasplante, ya no lo soy. Por lo menos, no lo creo… Lo estoy a medias, o estoy desorientada. Las mujeres me siguen atrayendo pero es mi novio quién me hace efecto, no las mujeres. No tengo la menor gana de estar con una mujer. Me digo a mí misma que me han debido de hacer un trasplante de sexo”.

El hermano de la receptora :

“Susie se ha vuelto más tranquila ahora. Estoy hablando en serio. Era homosexual y su corazón la hizo heterosexual. Tiró todos sus libros y documentos de política gay y no habla más del tema. Antes militaba mucho. Ahora coge a Steven de la mano y le hace mimos al igual que hace mi novia conmigo. Habla de cosas de chicas con mi novia cuando, antes, se habría pasado horas dándole lecciones sobre el sexismo masculino. Y mi hermana, la reina del Big Mac, odia la carne. Ni siquiera puede aguantar que la haya en casa”.

Caso no 6:

“ Veo al mundo con ojos jóvenes”

La donante era una joven de 14 años, víctima de un accidente de gimnasia. El receptor, un hombre de 47 años que padecía un mioma benigno y miocardiopatía.

La madre de la donante:

“Mírela Vd. (enseña su fotografía). Mi hija irradiaba salud. Era gimnasta y su entrenador la podía levantar encima de su cabeza con una sola mano. Estaba tan llena de vida que se pasaba el tiempo saltando como un gatito. Sin embargo, tenía un pequeño problema con la alimentación. Se saltaba comidas y en algún momento tomó purgantes. Pienso que era un poco anoréxica. La llevamos a seguir una terapia, pero simplemente no estaba atraída por la comida. Y hacía este ruido estúpido con la boca cuando estaba molesta. Se parecía a un pajarito”.

El receptor:

“ Siento que vuelvo a vivir. Tengo la impresión de ser un adolescente. Me siento realmente ligero. Sé que sólo es la nueva energía del nuevo corazón, pero me siento más joven en todos los planos, no sólo físicamente. Veo el mundo con ojos jóvenes. Soy realmente joven en mi corazón. Tengo una tendencia irritante a resoplar de risa, lo que enerva mucho mi mujer. Y hay algo en la comida. No sé lo qué es. Tengo hambre, pero después de haber comido suelo tener nauseas y me parece que me aliviaría vomitar”.

El hermano del receptor:

“ Gus es un verdadero adolescente. De esto no hay ninguna duda. Es un jovencito o por lo menos se lo cree. Incluso cuando jugamos al bowling, grita y salta como un loco. Ahora tiene una risa extraña. Es una risa de chica y se lo hemos dicho. No le importa. Nunca volvió a recuperar su apetito después de la operación ; casi siempre tiene nauseas. Después de la cena de Thanksgiving _que sin embargo le encantó _ subió a vomitar. Le condujimos a Urgencias pero esto no tenía nada que ver con su nuevo corazón. Nos dijeron que probablemente era una reacción a algo que había comido. Sin embargo, ningún otro miembro de la familia enfermó. Tendrá que vigilar esto. Su peso preocupa un poco a su médico.”

Caso no 7:

“Le tiene miedo al agua y no sabe por qué”.

La donante era una niña de 3 años que se ahogó en la piscina familiar. El receptor era un chico de 9 años con una miocarditis y una malformación congénita del septum ventricular.

La madre del receptor:

“No conoce ni la identidad de su donante ni la causa de su defunción. Nosotros sí. Se ahogó en casa del compañero de su madre. La madre y su compañero le dejaron con una cuidadora joven que estaba hablando por teléfono cuando ocurrió. Nunca encontré al padre, pero la madre declaró que tuvieron un divorcio muy feo y que el padre nunca veía a su hija. Dijo también que ella misma trabajaba mucho y sentía no haber pasado más tiempo con su hija. Pienso que se siente bastante culpable de todo esto… entiende, por el hecho de que los dos, de alguna manera no hayan sabido valorar a su hija antes de que fuera demasiado tarde.”

El receptor que no conoce la identidad de la donante:

“A veces, hablo con ella. Siento que está aquí. Parece que está muy triste. Tiene mucho miedo. Le digo que todo está bien, pero tiene mucho miedo. Dice que le habría gustado que sus padres no rechazaran a su hija. No sé por qué dice esto.”

La madre del receptor: “Lo que más mi impacta es que Jimmy tiene ahora pánico al agua. Antes le encantaba. Vivimos cerca de un lago y se niega a salir al jardín trasero de la casa. No para de cerrar la puerta trasera y echar los cerrojos. Dice que le tiene miedo al agua y no sabe por qué. Se niega a hablar del tema.”

Caso no 8:

“Llevo a mi ángel a todas partes conmigo.”

La donante era una chica joven de 19 años que se rompió el cuello en un curso de baile. La receptora era una joven de 19 años que padecía una míocardiopatía.

La madre de la donante:

“Encontramos a Angela (la receptora), y es el perfecto reflejo de nuestra hija (Stacy). Parecen gemelas. Las dos son chicas inteligentes ; bueno, mi hija también era inteligente. Quería ser actriz, pero pensábamos que tenía muchas posibilidades intelectuales. Su padre era médico y deseaba mucho que ella siguiera el mismo camino.”

El padre de la donante:

“Stacy era muy inteligente. Es trágico. Habría sido una médico entrañable, pero ella quería cantar y bailar. Es lo que la mató. Se derrumbó durante un curso de baile. Siempre discutíamos cariñosamente cuando le decía lo mucho que me decepcionaría si se fuera a Hollywood en vez de a Harvard. Espero que ella sepa que solamente quería su felicidad.”

La receptora:

“La considero como mi hermana. Pienso que tuvimos que ser hermanas en una vida anterior. Lo único que sé es que mi donante era una chica de mi edad, pero no solamente esto. Le hablo a la noche o cuando estoy triste. Siento que me contesta. Lo puedo sentir en mi pecho. Pongo la mano izquierda sobre mi corazón y aprieto con la derecha. Tengo la impresión de entrar en comunicación con ella. A veces, parece triste. Creo que quería ser enfermera o algo así, pero otras veces parece que soñaba con Broadway. Quiero ser enfermera pero también podría ser médico. Espero que sea feliz porque siempre será mi ángel, mi hermana de corazón. La llevo a todas partes conmigo.”

La madre de la receptora:

“A veces, la oímos hablar a su corazón. Es como si se confiara a su diario íntimo. Se pone la mano sobre el pecho y habla a la imagen que se hace de su donante. Una vez, la encontramos sujetando un estetoscopio contra su pecho para intentar oír a su nuevo corazón. Pienso que lo hace de vez en cuando. Otra cosa: ahora está muy determinada en ir a la facultad de medicina. Nunca antes había expresado tal deseo, pero es probablemente porque no pensaba vivir mucho tiempo. Ya se ha cambiado de carrera universitaria”.

Caso no 9:

“Daryl me sonrió exactamente como lo hacía Timmy”.

El donante era un niño de 3 años que se cayó de la ventana de un piso. El receptor era un niño de 5 años con una malformación congénita del septum interventricular y una miocardiopatía.

La madre del donante:

“Me descolocó. Cuando me encontré con la familia de Daryl (el receptor), en la reunión de los trasplantados, rompí a llorar y empecé a sollozar. Después, nos dirigimos hacia el árbol de los dones, donde cada uno lleva un bono simbolizando a su donante. Ya estaba llorando cuando mi marido me dijo que mirara la mesa ante la cual estábamos pasando. Era la familia del receptor, con Daryl sentado en el centro. Lo supe enseguida. Daryl me sonrió exactamente como lo hacía Timmy (el donante). Después de haber hablado durante horas con los padres de Daryl, estábamos aliviados. Después de un momento, esto ni siquiera nos parecía extraño. Cuando escuchamos que Daryl había adivinado el nombre y la edad de Timmy, nos pusimos a llorar. Pero eran lágrimas de alivio porque sabíamos que el espíritu de Timmy estaba vivo”.

El receptor:

“Dí un nombre al niño. Es más joven que yo y se llama “Timmy.” Todavía es pequeño. Es como un hermano dos veces más joven que yo. Sufrió muchísimo cuando se cayó. Creo que le gustan mucho los juguetes Power Rangers, como a mí antes. Pero ya no me gustan. Me gusta Tim Allen de Tool Time; por eso le llamé Tim. También me preguntó qué pasó con mi viejo corazón. Estaba roto, fastidiado, pero cuidó de mí durante un tiempo”.

El padre del receptor:

“Daryl nunca supo el nombre ni la edad de su donante. Aún hace poco lo ignorábamos nosotros mismos. Lo único que sabíamos era que el niño pequeño había muerto al caerse de una ventana. Ni siquiera sabíamos su edad. Daryl lo había adivinado. Probablemente sería un golpe de suerte, pero acertó. Pero lo que pone la piel de gallina, es que no solamente adivinó su edad y la manera en que murió sino también su nombre. El niño se llamaba Thomas, pero no sé por qué razón, sus allegados le llamaban Timmy”.

La madre del receptor:

“¿No le vas a decir lo más increíble de todo? Timmy murió al intentar coger un Power Ranger que se había caído sobre el borde de la ventana. Daryl ni siquiera quiere tocar los suyos ahora”.

Caso no 10:

“Ví directamente a Carl en los ojos de Ben”.

El donante era un agente de policía de 34 años que fue matado por una bala cuando intentaba a detener a un traficante de drogas. El receptor era un profesor de colegio de 56 años que padecía una arterioesclerosis y una cardiopatía isquémica.

La mujer del donante:

“Cuando encontré a Ben (el receptor) y Casey (la mujer de Ben), casi me desmayé. Primero, se me hizo extraordinario ver a este hombre con el corazón de mi marido en el pecho. Prácticamente vi a Carl (el donante) en los ojos de Ben. Cuando pregunté a Ben qué tal se sentía, en realidad era a Carl a quién se lo estaba intentando preguntar. Nunca se lo dije pero me habría gustado tocar el pecho de Ben y hablar con el corazón de mi marido. Sin embargo, lo que realmente me preocupa es que Casey haya dicho con desenvoltura que unos haces de luz en la cara sean el único verdadero efecto secundario del trasplante. Así es exactamente como Carl murió. El cabrón le disparó una bala en plena cara. La última imagen que debió de tener sería la de un terrible relámpago. La policía nunca detuvo a este tipo, pero cree saber quién es. Vi su retrato robot. Tiene el pelo largo, unos ojos hundidos, una barba y una mirada muy tranquila. Se parece un poco a ciertas imágenes de Jesucristo.”

El receptor:

“Si prometéis no divulgar jamás mi nombre, os voy a decir lo que nunca dije a ningún médico. Sólo mi mujer está al tanto. Únicamente sabía que mi donante era un chico de 34 años, de excelente salud. Algunas semanas después de la operación, empecé a soñar. Veía un haz de luz alcanzarme en plena cara y mi rostro se ponía muy, muy caliente. Realmente ardiendo. Justo antes, apercibía a Jesús. Desde entonces, no paro de tener visiones, de noche como de día: Jesús y un relámpago. Es la única diferencia que haya notado, excepto el hecho de sentirme bien por primera vez en mi vida”.

La mujer del receptor:

“Soy muy feliz de que le haya interrogado sobre su trasplante. Está más molesto de lo que confiesa respecto a estos relámpagos. Dice que vé a Jesús y luego, un relámpago alumbrante. Habló de los relámpagos al médico pero mencionó a Jesús. Le dijeron que se trataba probablemente de los efectos secundarios de la medicación, pero, por Dios, cuánto quisiéramos que cesaran de una vez !”

ANÁLISIS E HIPÓTESIS

Dado que estos testimonios estuvieron reunidos de manera clínica y esporádica, no es posible calcular un porcentaje de pacientes que hayan revelado cambios de carácter relacionados o no con la personalidad del donante. Este informe justificaría, desde un punto de vista teórico y empírico, un estudio más profundo y controlado.

Desde siempre, los trasplantados dudaron en compartir tales experiencias con sus médicos (incluso en muchos casos con sus propios familiares y amigos). Además, si se da crédito a la opinión general según la cual los recuerdos estarían primero almacenados en el sistema nervioso (y después en el sistema inmunitario), parece, a primera vista, altamente improbable que los familiares, amigos, cirujanos y profesionales de la salud en general, estén dispuestos a escuchar de hablar de memoria celular.

En consecuencia, no es posible determinar el verdadero porcentaje de los cambios de personalidad: la “infra- declaración” parece ser más la regla que la excepción. El caso no 4 confirma expresamente este punto. Cuando un trabajador de fundición de 47 años recibió el corazón de un estudiante negro, presumió que el joven negro prefería la música rap. Entonces, rechazó la idea según la cual su entusiasmo repentino por la música clásica podía proceder del corazón del donante. Sin embargo, lo que el receptor ignoraba era que el donante sentía pasión por la música clásica y murió agarrado a su estuche de violín.

Tras la redacción de este artículo, Schwartz y Russek entrevistaron a un paciente del Dr Copeland, que recibió un corazón de mujer y manifestó muchos cambios de personalidad. Entre otras cosas, desarrolló una pasión súbita por el rosa (color que no le gustaba antes de su operación) y un gusto pronunciado por los perfumes (que no soportaba antes : prohibía a su mujer que los usara). Ahora, toma baños aromatizados y lleva perfumes de mujer. Sus hijas le vacilan y teme hablar de todo ésto con sus médicos. Lo hizo con Schwartz y Russell, sabiendo que estaban abiertos a estos fenómenos y le ayudarían a descubrir una eventual relación con su donante (actualmente están intentando contactar con la familia del donante).

Su caso es interesante porque le declararon muerto y le reanimaron dos veces antes de su trasplante. Vivió una experiencia de muerte inminente que, según sus palabras y las de su mujer, le transformó y le hizo más abierto. No todos los receptores son tan receptivos a las informaciones celulares ni viven o cuentan estos cambios tan claramente.

Un lector crítico del manuscrito preguntó: “ ¿los receptores controlan estos fenómenos? Si todos fueran receptivos a ellos, vivirían todos estos fenómenos? ” Es una pregunta importante que podrá ser investigada en el futuro.

En teoría, más personas tendrían que ser capaces de recuperar estas informaciones si se les animará para que las recibieran y fueran más receptivas. Se podría plantear la utilización de la hipnosis como herramienta de investigación clínica. Los casos aquí presentados son excepcionales (pero no únicos) en el sentido de que los receptores observaron cambios que fueron después comprobados por los los miembros de su familia o por sus amigos. Por otra parte, en cada caso, las informaciones referentes a los donantes fueron claramente validadas por los familiares o amigos del donante. En cada caso, los cambios ocurridos en el receptor precedieron a todo contacto con los miembros de la familia o amigos del donante.

¿ FENÓMENOS PSÍQUICOS Y COINCIDENCIAS?

Los receptores aquí citados no fueron sometidos a ningún diagnóstico psiquiátrico. No padecían ninguna ansiedad ni depresión extrema, a pesar de que algunos hayan manifestado cierta inquietud respecto a sus experiencias, como aparece en el caso no 10. Este profesor de colegio no sólo soñó con relámpagos blancos en la cara, sino también declaró que antes del relámpago “ a veces apercibía a Jesucristo”. Como temía a esta alucinación y a su posible significado diagnóstico, no compartió esta información con sus médicos (a pesar de haberles hablado de los relámpagos). Ahora bien, según la esposa del donante, el asesino de su marido se parecía a Jesús.

¿ Semejantes testimonios se pueden explicar por una coincidencia estadística? La concordancia de los nombres relatada en los casos no1, 8 y 9 podría ser una simple coincidencia. En el caso no 9, por ejemplo, el hecho de que el receptor haya elegido el nombre de Tim (por el donante que nunca encontró) se puede atribuir a sus gustos personales. El receptor declaró: “ Me gusta Tim Allen de Tool Time, por eso le llamé Tim”. Sin embargo la explicación de la coincidencia estadística no tiene peso ante esta declaración del receptor: “Creo que a él (el donante) le gustan mucho los Power Rangers, como a mí antes. Pero ahora no me gustan más.” El donante se cayó “al intentar coger un Power Ranger que se había caído en el borde de la ventana.

Las revelaciones procedentes de estos diez casos presentan demasiadas coincidencias para ser accidentales (hipótesis de la coincidencia estadística). Son necesarias futuras investigaciones para determinar sistemáticamente el fenómeno de coincidencia donante-receptor. En la Universidad de Arizona, se están llevando a cabo unas investigaciones sobre una muestra de 300 trasplantados, para estimar la incidencia de semejantes coincidencias, mediante entrevistas semi dirigidas y preguntas sistemáticas. Además, un subconjunto de trasplantados está siendo sometido a un examen fisiológico con el propósito de estudiar las medidas biofísicas de la sincronía corazón-cerebro.

LA HIPOTESIS DE LA CARDIO-ENERGÍA

Estas investigaciones intentan comprobar unas hipótesis elaboradas a partir de la Teoría de los Sistemas de Energía Dinámica aplicada al corazón – llamada “cardio-energía” -.

La hipótesis de base es que la información y la energía son transmitidas electro-magnéticamente entre el cerebro y el corazón y que, por resonancia electro-magnética, el cerebro puede tratar informaciones procedentes del corazón del donante. Otras formas de comunicación energética son igualmente plausibles y tendrían que ser contempladas en unas futuras investigaciones. Pearsall observó, de manera informal, que no sólo los receptores de corazón sino incluso los que recibieron un riñón, un hígado u otros órganos, presentaban también cambios olfativos, alimenticios y emocionales.

Sin embargo, eran generalmente transitorios y se podían asociar a los medicamentos y a otros factores relacionados con el trasplante. Los descubrimientos referentes a los trasplantados de corazón parecen más sólidos y más fuertemente relacionados con el pasado del donante. Llegar a averiguar esta información, podría tener implicaciones significativas para la fisiología de base, así como para la medicina clínica. Pearsall se interesó sobre la posibilidad de una memoria celular en los trasplantados, en parte a causa del trasplante de médula ósea al que fue sometido en 1987, como por su procedencia hawaiana, según la cual el corazón es “el órgano del pensamiento, de los sentimientos, de la comunicación y de la espiritualidad”.

Schwartz y Russek se interesaron por el tema de la memoria celular, en parte como consecuencia del descubrimiento de Schwartz sobre la “Lógica Memorial Sistémica”, a principios de los años 80 (cuando era profesor de Psicología y de Psiquiatría en la Universidad de Yale) y, en parte, por la evolución de la Teoría de los Sistemas de Energía Dinámica desarrollada a mediados de los años 90 y aplicada al corazón por Russek y Schwartz.

Sin embargo, la memoria sistémica es sólo uno de los mecanismos posibles de memoria celular. Se tienen que contemplar asimismo otros, como, por ejemplo, la memoria micro tubular, que puede también afectar al proceso de memoria sistémica. Si las investigaciones del futuro aportan la prueba de la existencia de una memoria celular en los trasplantados, las implicaciones teóricas, clínicas y éticas serán amplias. Los presentes descubrimientos son aportados con la esperanza de fomentar nuevas investigaciones para examinar seriamente esta hipótesis.

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