Tesoros encontrados en tumbas antiguas en las orillas del Nilo

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2:52:50 PM

Los arqueólogos han descubierto una serie de tumbas subterráneas elaborados que contienen artefactos preciosos en un cementerio de 2.000 años de edad, en las orillas del río Nilo, en Sudán, según un informe en Live Science . Los ajuares funerarios incluyen una caja de loza ricamente decorado con grandes ojos pintados en el frente, lo que los investigadores creen que fue diseñado para proteger contra el mal de ojo. El cementerio se encontró por primera vez por los pueblos cercanos a la ciudad moderna de Dangeil en Sudán, y los investigadores del Proyecto Arqueológico bereber-Abidiya han estado llevando a cabo excavaciones en el sitio desde entonces.

El lugar de enterramiento se remonta a un período en el que el reino de Kush reinó sobre la región. Fundada después de la caída la Edad de Bronce y la desintegración del Imperio Nuevo de Egipto, el reino de Kush controló un vasto territorio, cuya frontera norte se extendía a controlado por Egipto romano. Al igual que los egipcios, el Kushites tenía una extendida creencia en el más allá y lo enterró al difunto con una serie de bienes que estaban destinados a su servicio después de la muerte.

Un número de estas mercancías han surgido de las excavaciones, incluyendo varios frascos grandes que originalmente contenían cerveza hecha de sorgo, que debía proporcionar sustento en la otra vida, una “bandeja de fiesta ‘, que consta de siete cuencos unidos juntos, y un anillo de plata grabado que representa una deidad con cuernos. Los eruditos creen que la deidad es el dios Amón que, en el reino de Kush, se muestra a menudo con la cabeza de un carnero. Los Kushites compartieron algunos de los mismos dioses adorados en Egipto, especialmente Amón e Isis. Con el culto a estos dioses los Kushites comenzó a tomar algunos de los nombres de los dioses como sus nombres de trono.

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El anillo de plata que representa a una deidad con cuernos que lleva una corona. Crédito: El Museo Británico

Uno de los tesoros más importantes es la caja de loza decorada con ojos udjat. El Ojo Udjat, o el ojo de Horus, es un símbolo egipcio antiguo de la protección, el poder real y la buena salud, una tradición que también fue adoptado por los Kushites. Amuletos funerarios fueron hechos a menudo en la forma del ojo de Horus para proteger al difunto en la otra vida y alejar el mal.

Los marineros pintarían con frecuencia el símbolo en el arco de su buque para asegurar viaje por mar seguro. La forma y la ceja derivan de un ojo humano, mientras que las líneas corresponden debajo de las marcas del ojo de un halcón. A medida que el ojo de Horus en su origen fue el ojo lunar, o el ojo izquierdo del dios del cielo, pero la mayoría de los amuletos representan el ojo derecho, originalmente el ojo solar. Esto fue en parte debido a la asociación de los egipcios de la derecha con las cosas buenas y positivas. Era menos común para representar ambos ojos a la vez, como se ve en el cuadro de loza.

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El cuadro de fayenza descubierto en una tumba Kurshite de 2.000 años de antigüedad. Crédito: Berber-Abidiya Proyecto Arqueológico

http://www.ancient-origins.net/

Antiguos egipcios en Australia

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2:24:07 PM

La imagen más extendida de la navegación de los antiguos egipcios se ha asociado siempre a sus viajes a través del Río Nilo, sin embargo existen gran cantidad de indicios que señalan inequívocamente su presencia sobre los mares.

En pinturas murales de más de 3.000 años de antigüedad, aparecen escenas de marineros que desde sus embarcaciones comprueban las profundidades del mar próximas a la costa con una pesa atada a una larga cuerda.

Los barcos egipcios más antiguos que se conocen estaban construidos sobre un armazón de madera y eran lo suficientemente grandes para albergar como mínimo a 20 remeros. Iban equipados con un solo mástil dotado de una vela rectangular y uno o dos grandes remos situados en popa que realizaban la función de timón, siendo capaces de transportar varias cabezas de ganado o el peso equivalente en mercancías.

Su actividad comercial se extendía a varios puntos geográficos del Mediterráneo y Mar Rojo.

En la Piedra de Palermo aparecen datos de tiempos del Faraón Snefru (IV Dinastía), en los que se narra una expedición comercial de cuarenta barcos a la ciudad de Biblos en tierras de Canaán para cargar madera de cedro, un material muy apreciado por los antiguos egipcios, así como de la construcción de un barco de 52 metros de longitud.

En uno de los papiros que se guardan en el British Museum aparece el nombre de un gran puerto comercial, “Per Neferu” (Buen Viaje), punto estratégico para la llegada y salida de las rutas marítimas comerciales hacia tierras asiáticas. Del mismo modo también aparecen distintas relaciones del material necesario para la construcción de diferentes clases de barcos.

En el templo funerario del Faraón Sahure (V Dinastía), existen distintos relieves de barcos egipcios que regresan después de una expedición por tierras asiáticas cargados de esclavos y prisioneros.

LAS GRANDES EXPEDICIONES MARÍTIMAS

Existe una leyenda que incluso llegó a ser recogida por el historiador griego Herodoto, en la que se relata que, durante el reinado de Necao II (616 a.C.) se emprendió una expedición por mandato del propio faraón, y en la que se empleó a los más expertos marineros de aquellos tiempos, los fenicios.

Durante un periodo de dos años, una flota fenicia armada por Necao II realizó un viaje de más de 20.000 kilómetros alrededor del continente africano.

Los griegos recogieron también historias de otros de los mejores navegantes del mundo antiguo junto a los fenicios, los

cartagineses. El caudillo cartaginés Hannon recorrió en numerosas ocasiones la costa occidental africana, fundando diferentes colonias como, Karikon, Teichos, Gytte, Akra, Thymiaterión, etc…

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En una de las ocasiones organizó una expedición desde Cartago en la que participaron unos 60 barcos y en la que a lo largo de su recorrido se llegaron a fundar siete colonias.

No se sabe con exactitud hasta donde llegaron en su aventura, pero las descripciones nos hablan de una montaña muy alta que arrojaba fuego y que denominaron “el trono de los dioses”, que ha hecho sospechar a los expertos que la expedición Hannon llegó a alcanzar el Camerún.

En el año 330 a.C., Piteas organizó una expedición rumbo al Círculo Ártico, surcando el Mar Báltico a través de los peligrosos témpanos flotantes de hielo.

En la narración de sus aventuras aparecen aspectos que confirman completamente la veracidad de esta expedición, como la descripción con todo rigor de las interminables noches polares, un fenómeno desconocido en el mundo mediterráneo.

Egipto fue en su momento toda una potencia política, económica y militar, y dispuso de todo tipo de recursos, bien propios o de pueblos satélites como los fenicios, cartagineses o griegos para realizar grandes expediciones a distintos puntos geográficos del planeta.

Pero, ¿hasta dónde llegaron sus límites?

AUSTRALIA DESTINO FINAL

Una de las obras maestras de la literatura egipcia que ha llegado hasta nosotros es la conocida como “Relato del náufrago”.

En ella aparecen las aventuras de un desafortunado marinero que naufragó cuando se dirigía en su barco a recoger minerales de territorio nubio. El barco lo formaba una tripulación de 120 marineros y sus medidas eran 60 metros de eslora por 20 de manga.

Sucumbió en medio de una fuerte tempestad y ante el empuje de olas de 4 metros de altura.

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A la izquierda la conocida como una “Piedra Tjurunga“, localizada en Australia Occidental, un símbolo clásico del arte egipcio durante el reinado de Akenatón, donde los rayos solares eran siempre representados con “pequeñas manos” que tocaban a la humanidad.
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A la derecha la familia de Akenatón es envuelta por los rayos de Atón (el Sol). Obsérvense las pequeñas manos al final de los rayos del Sol en ambas representaciones

Algo parecido tuvo que suceder en la narración que nos hace un conjunto de jeroglíficos ubicado en un lugar un tanto extraño y alejado de las correrías de los antiguos egipcios.

Nos referimos a Australia, y más exactamente al Parque Nacional del Valle del Cazador, al norte de Sidney.

Sobre las rocas de un monte aparecen más de 250 jeroglíficos egipcios, entre los que destaca en un cartucho el nombre de Djedf-Ra (Diodefre), hijo de Keops y nieto de Snefru, lo que sitúa este hecho histórico dentro del Antiguo Imperio y más exactamente durante la IV Dinastía.

En estos jeroglíficos se narra la aventura de una expedición al mando de Djes-Djes-Eb, un noble egipcio que junto a su tripulación naufraga en tierras extrañas, y en las que después de pasar muchas calamidades fallece por la mordedura de una serpiente venenosa.

En Queensland, otra zona de Australia, fueron encontrados varios escarabajos sagrados egipcios y la estatua de un babuino, un animal desconocido en estos parajes y al que los egipcios usaban al igual que al pájaro ibis, para representar al dios de la ciencia, Thot.

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A la izquierda un obelisco con caracteres egipcios cerca del yacimiento australiano. A la derecha una estatua de un babuino también cercana a dicho yacimiento Este animal representaba al dios de la ciencia egipcia Thot.

Otra de estas curiosas estatuas fue localizada en Leura, en las Montañas Azules de Nueva Gales del Sur.

En este mismo lugar, cerca de la localidad de Kyogle, la hija de un agricultor encontró en el campo un amuleto de ámbar

con forma de obelisco y extrañas inscripciones. Expertos del Museo de Departamentos de Minas dictaminaron que el amuleto era egipcio y que su antigüedad alcanzaba los 5.000 años.

En una cueva de Tierra de Arnhem existe el dibujo de un Ojo de Horus, e incluso en el Museo de Katoomba se pueden ver diferentes monedas localizadas en distintos punto de Australia de origen egipcio y romano.

Dos estatuas fueron halladas junto al Río Hawkesbury en Nueva Gales del Sur, y en ellas aparecen las cabezas de dos hombres con unos claros rasgos faciales semíticos. En el Museo de Perth se puede ver un plato descubierto en 1972 de origen fenicio, donde aparece una estrella de David junto a caracteres fenicios y egipcios.

La conocida como “Piedra Tjuringa”, encontrada en Australia central, es una copia idéntica de como los antiguos egipcios representaban el símbolo de Aton (el Sol) allá sobre el año 1.000 a.C.

HUELLAS EN EGIPTO

Pero no sólo existen vestigios de la visita de antiguos egipcios a Australia.

También en el propio Egipto podemos hallar huellas que nos indican que en algún momento de la historia los pobladores de Egipto y Australia cruzaron sus destinos.

En 1.984 el periódico “Cairo Times” publicó la noticia del hallazgo de fósiles de canguros cerca del Oasis de Siwa. (Ver “Lost cities of ancient Lemuria & the Pacific” por David Hatcher Childress).

En la necrópolis de Sakkara, en el conjunto funerario del Faraón Unas (VI Dinastía), se han localizado escenas de caza de distintos animales, entre los que increíblemente aparecían canguros. También en Tell al-Amarna, la capital que mando construir Akhenatón se han encontrado dibujos de estos animales.

La presencia de “boomerang” en relieves egipcios que ya en su momento aparecieron en la tumba de Tutankamon constituye uno de los mayores misterios, ya no sólo por su presencia en tierras del Nilo, sino incluso por su utilización por parte de los aborígenes australianos.

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Arriba imagen de un canguro aparecido en el complejo funerario del Faraón Unas en Sakkara (VI Dinastía) entre otras escenas de animales.  Al lado la misma imagen pintada de negro para resaltar las formas de este animal típicamente australiano.Abajo el fósil de un canguro hallado en el oasis de Siwa

Sin embargo no todos los “boomerang” utilizados por los aborígenes tienen la propiedad de regresar a su punto de partida una vez lanzados, e incluso esta característica era desconocida para muchos de ellos. Sólo algunas tribus eran poseedoras de introducir esta capacidad en la construcción de los “boomerang” que fue heredada en tiempos remotos.A finales del siglo XVIII fue descubierta la existencia de este extraño artilugio con increíbles capacidades aerodinámicas producto de muchos años de estudio y que no deja de representar todo un anacronismo histórico dentro de estos pueblos primitivos.

Esta circunstancia nos ha hecho pensar que, la fabricación de los “boomerang” estaba en pleno proceso involutivo a la llegada de los descubridores europeos a Australia, y que sólo algunas tribus de aborígenes conservaban una técnica, una estética y una calidad de acabado capaces de obtener la forma aerodinámica perfecta para ser dotados de la capacidad de regresar de nuevo una vez lanzados.

El uso que hicieron los egipcios de los “boomerang” parece que fue el de arma de mano, y ocasionalmente como arma arrojadiza para la caza.factos.

A pesar de ello se han encontrado “boomerang” perfectos, capaces de volver de nuevo al punto de lanzamiento, una característica que desconocían y que es sinónimo del origen exterior de esto arte

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 A la izquierda colección de boomerang del Museo Egipcio en El Cairo. A la  derecha un aborigen australiano prepara su boomerang para ir de caza.

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A la izquierda escena de caza de aves en el antiguo Egipto con boomerang.A la derecha boomerangs encontrados por Howard Carter e la Tumba de Tutankamon

OTROS JEROGLÍFICOS ENCONTRADOS

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PIRÁMIDES AUSTRALIANAS

Son varias las noticias que apuntan a la presencia de construcciones piramidales en Australia, algunas de ellas aprovechando accidentes geográficos naturales para su realización. Naturalmente esta posibilidad ha sido completamente desechada por los arqueólogos.

Una de las más famosas ”pirámides” se puede localizar en Gympie, al norte de Queensland, una construcción escalonada de unos 40 metros de altura, dónde curiosamente se encontraron numerosas piezas con representaciones de escarabajos sagrados y la estatua de uno de los “babuinos” a los que hacíamos referencia anteriormente.

Según las tradiciones aborígenes, esta y otras construcciones megalíticas existentes en toda Australia fueron realizadas por una raza de gigantes (se pueden ver huellas de pisadas fósiles de un tamaño gigantesco de fisonomía humana en estratos de esquisto en las Montañas Azules, Nueva Gales del Sur).

Oficialmente esta construcción es achacada a agricultores inmigrantes llegados a Australia en el siglo XIX, que levantaron terrazas para el cultivo, pero que la mala calidad del terreno les hizo abandonar. Otra de estas construcciones piramidales más famosas se localiza cerca de Port McQuarie, en Nueva Gales del Sur. Para su construcción se emplearon bloques de piedra que en algunos casos alcanzaban las 40 toneladas.

También cerca de Gordonvale, al sur de Cairns existe otra construcción de tipo escalonado.

En cualquier caso, todas estas evidencias de un pasado desconocido son completamente ignoradas y desechadas por quienes de una forma interesada han escrito la historia.

Fuente:http://www.bibliotecapleyades.net

Nativos de Chihuahua, LOS RARAMURI son uno de los pueblos más antiguos y misteriosos de la Tierra

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2:13:39 PM

Desconocida incluso para muchos mexicanos, la historia del pueblo rarámuri es una de las más apasionantes de Norteamérica. Descendientes de los primeros hombres que cruzaron el estrecho de Bering hace 30.000 años, los también llamados tarahumaras han conservado sus costumbres ancestrales con una tenacidad asombrosa, resguardados en un territorio esquivo a las influencias de la modernidad. De ahí que todavía defiendan la existencia de gigantes en tiempos no tan remotos, o que sus vidas giren en torno a lo sobrenatural y a inquietantes rituales chamánicos.
Hasta la década de los 90 del siglo pasado, los rarámuris apenas eran conocidos lejos de México y, si nos apuran, siquiera más allá de las fronteras del estado de Chihuahua, en cuya inhóspita pero hermosa Sierra Madre sobreviven desde hace milenios. No resulta extraño, pues esta misteriosa tribu desconfía sobremanera de los «chabochis», término que usan para referirse a los extranjeros, «hombres barbados» y, en particular, a los mestizos mexicanos.
Sin embargo, en 1993, varios tarahumaras abandonaron sus hogares de la Sierra Madre para dirigirse a otra mítica cordillera, la de las Montañas Rocosas, en el estado norteamericano de Colorado. Como cabría esperar dado su carácter huraño, no lo hicieron de buen grado, sino empujados por la sequía y el hambre o, más exactamente, atraídos por la posibilidad de conseguir unos cuantos sacos de grano y algunas cabras para el sustento de sus familias.
Pero no se trataba de recoger los alimentos sin más. En realidad, los nativos debían participar –y ganar, si les era posible– en una de las pruebas de fondo más exigentes del mundo: la Ultratrail de Leadville, una carrera a pie de 160 kilómetros con constantes desniveles y ascensos a picos por encima de los 3.000 metros, un verdadero rompepiernas al alcance de muy pocos atletas.
Claro que los rarámuris están más que acostumbrados a este tipo de desafíos. De hecho, son capaces de afrontar con naturalidad distancias superiores a los 700 kilómetros, a nuestros ojos una proeza sobrehumana. Conocidos sus antecedentes, ya no resulta tan chocante que un corredor de esta etnia se coronase vencedor en la carrera celebrada en Leadville. O que en las dos siguientes ediciones de esta misma ultramaratón, la victoria también se decantase a favor de los fibrosos corredores de Chihuahua. Y eso que partían con desventaja.
Por ejemplo, al contrario que el resto de participantes –la mayoría estadounidenses–, los tarahumaras no estaban familiarizados con las normas o el trazado de la ruta. Además, ni siquiera llevaban zapatillas deportivas, sino sus tradicionales y humildes «huaraches», unas simples sandalias fabricadas con goma de neumático.
Poco o nada debieron importarles estas carencias. Los rarámuris han nacido para correr…

VIAJEROS DEL DESIERTO

No parece improbable que esta rara habilidad, quizá inscrita en su ADN, provenga de quienes se cree fueron sus antecesores más lejanos, los humanos que llegaron procedentes de Mongolia, atravesando el estrecho de Bering, hace alrededor de 30.000 años.
Sabemos que la Sierra Madre Occidental –más conocida como Sierra Tarahumara– ya fue poblada por los antepasados de los rarámuris hace 15.000 años, como lo prueba el hallazgo de puntas clovis en sus cavernas y laderas, enclaves donde los tarahumaras dejaron muestras de sus inquietudes artísticas y de sus extraños rituales; los mismos lugares, por cierto, en los que continúan haciéndolo hoy…
http://www.akasico.com