¿El fin del Cielo? La ciencia cuántica dice que SIEMPRE has existido y SIEMPRE existirás


Los científicos todavía están desconcertados por la conciencia, y las preguntas sobre por qué lo tenemos y cómo lo tenemos constantemente quedan sin respuesta.

Una teoría es que la conciencia se crea en una escala cuántica, subatómica a través de la energía que está constantemente contenido en el universo.

La teoría se basa en la famosa cita de Einstein, cuando dijo: “La energía no puede ser creada o destruida, sólo puede ser cambiada de una forma a otra”.

El Dr. David Hamilton dijo que toda conciencia está y siempre ha estado en el universo a través de partículas cuánticas, y cuando naces, se canaliza en un ser físico.

Escribiendo para el sitio web Heal Your Life, el Dr. Hamilton dijo: “Creo que cada uno de nosotros existe antes de nacer en la tierra”.

Y agregó: “Cada uno de nosotros es pura conciencia, actualmente enfocada en una dimensión física.

“La ciencia diría típicamente que la vida es al azar, en última instancia proviene del nacimiento aleatorio de partículas subatómicas, pero no estoy totalmente de acuerdo con eso.

“La Ciencia de la corriente principal dice que la conciencia debe ser un efecto secundario de la química del cerebro.

“Pero creo que el cerebro meramente afecta a la conciencia, de la misma manera que la calidad del cableado en un televisor afecta el procesamiento de la señal y por lo tanto la calidad de la imagen que obtiene.

“La TV no crea el programa, ni el cerebro crea la conciencia.

“La conciencia es algo fundamental para la naturaleza – está cosida en el tejido mismo de la realidad”.

La conciencia trasciende el tiempo y el espacio, dijo.

Él agregó: “Si empiezas con la suposición de que existes como conciencia pura, entonces debes haber existido antes de que nacieras.

“¡De verdad, estás en todos lados y en todas partes!”

El Dr. Robert Lanza comparte una teoría similar.

Él cree que nuestras mentes existen a través de la energía que está contenida en nuestros cuerpos y se libera una vez que nuestros seres físicos cesan en un proceso que él llama “biocentrismo”.

Como tal, cuando nuestros cuerpos físicos mueren, la energía de nuestra conciencia podría continuar en un nivel cuántico.

El Dr. Lanza dice que “hay un número infinito de universos, y todo lo que podría suceder ocurre en algún universo”.

Como resultado, teoriza que la conciencia continúa existiendo en un universo paralelo.

El Dr. Lanza señala el principio de la incertidumbre – una teoría de 1927 del físico alemán Werner Heisenberg que dice que la velocidad y la posición de un objeto se pueden medir al mismo tiempo.

El científico dijo en un artículo que escribió para Huffington Post: “Considere el principio de incertidumbre, uno de los aspectos más famosos e importantes de la mecánica cuántica. Los experimentos confirman que está construido en el tejido de la realidad, pero sólo tiene sentido desde una perspectiva biocéntrica”.

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Arqueólogos creen haber descubierto la tumba de Anjesenamón, esposa de Tutankamón


La reina egipcia desapareció de improviso de los registros históricos poco después de la misteriosa muerte de Tutankamón. Ahora, el egiptólogo Zahi Hawass cree haber encontrado su tumba en el Valle de los Reyes.

Cerca de la tumba del faraón Ay, los arqueólogos encontraron cuatro depósitos de fundación que apuntan a la existencia de una tumba hasta ahora desconocida. Es un indicio claro, porque los antiguos egipcios solían hacer cuatro o cinco de estos escondites o agujeros en el suelo que llenaban de objetos votivos, antes de comenzar a construir una tumba. «Estamos seguros de que hay una tumba allí, pero no sabemos a quién pertenece», señaló el líder del equipo Zahi Hawass a Live Science. El mapeo tridimensional de la zona realizado entre febrero y mayo bajo la dirección de Gianfranco Morelli con una técnica geofísica de resistividad eléctrica de positrones ERT también reveló anomalías conductoras en la roca donde Hawass ha identificado los depósitos de fundación.

«El radar detectó una subestructura que podría ser la entrada de una tumba», añadió Hawass. El famoso egiptólogo, que fue ministro de Antigüedades en el país de los faraones, cree que la tumba podría pertenecer a la joven esposa de Tutankamón que, al quedar viuda en el año 1327 a.C., contrajo de nuevo matrimonio con su abuelo Ay. La cercanía de esta nueva tumba con la de Ay refuerza esa idea, aunque habrá que esperar a las futuras excavaciones.

Poder y conspiración

Anjesenamón fue la tercera de las seis hijas de Akenatón y de la Gran Esposa Real, Nefertiti. Aparece en muchas representaciones, acompañada siempre de sus padres, así como de sus dos hermanas mayores. Se cree además que, en un cierto momento de finales del reinado de su padre, se casó con él​ e incluso se habla de la existencia de una hija nacida de este incesto real. Sea como fuere, a la muerte de su padre, contrajo matrimonio con el príncipe Tutankamón,​ hijo y sucesor de Akenatón, convirtiéndose así en la Gran Esposa Real, en 1327 a.C.

Ay, consejero de Akenatón y posteriormente de su hijo, llevando a cabo la ceremonia de «la apertura de la boca». Escena presente en la tumba de Tutankamón.

El paso por la historia de esta reina egipcia fue breve. Al quedar viuda cuando Tutankamón murió —sospechosamente— en el año 9 de su reinado, se casó con su abuelo Ay y luego desaparece de los documentos egipcios. Esto ha hecho pensar que ella pudo ser la reina viuda que escribió una carta a los hititas, los acérrimos enemigos de los egipcios, solicitando un príncipe con el que casarse y con el que se convertirían en la nueva pareja real.

La repentina subida al trono de Ay ha hecho pensar que fue tras desbaratar aquella insólita conjura, y es lógico que la reina viuda Anjesenamón fuese silenciada e incluso eliminada por su traición. Una traición, dicho sea de paso, que contrarrestaría otra perpetrada por el propio Ay, quien ha sido acusado por algunos historiadores de haber asesinado al joven Tutankamón —hijo de un faraón considerado hereje— para subir al trono. De pertenecer esta tumba recientemente descubierta a Anjesenamón, tal vez se revele finalmente el misterio de su desaparición de los registros históricos.

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Popol Vuh y antiguo relieve maya revelan viajes transoceánicos hace más de 3.000 años


El Popol Vuh, un corpus de narraciones mitológicas e históricas vinculadas a los pueblos Quiché-Maya, y la Estela 5 de Izapa, una losa de piedra labrada con relieves hallada en el antiguo yacimiento arqueológico mesoamericano de Izapa (México), aportan una fascinante visión de la historia mexicana. De hecho, tanto la estela como el Popol Vuh podrían revelar que algunos de los ancestros de los Quiché-Maya llegaron a América por mar.

El Popol Vuh revela un origen extraterrestre

En la traducción al inglés del Popol Vuh podemos leer: «Esto lo escribiremos ya dentro de la ley de Dios, en el Cristianismo, lo sacaremos a la luz, porque ya no se ve el Popol Vuh, el Libro del Consejo, donde se veía claramente «La Luz que vino del otro lado del mar», la narración de «Nuestro lugar entre las sombras», y se veía claramente «El nacimiento de la vida.» (Tedlock, 1992, pág.63).

El Popol Vuh se refiere a los ancestros que llegaron del este, lo que supone una afirmación realmente significativa. Al este de los mayas se encontraría la región del Golfo de México. Continúa el Popol Vuh: «No sabían a dónde se dirigían. Hicieron esto durante largo tiempo, cuando estaban allá en las praderas: los hombres negros, los hombres blancos, pueblos de muchos rostros, de muchas lenguas, vacilantes, allá en el límite del cielo» (Tedlock, 1992, págs.149-150).

Traducción del Popol Vuh realizada en el siglo XVIII.

La Estela 5 de Izapa coincide con el Popol Vuh

El arte de la región de Izapa se caracteriza por las estelas de piedra verticales halladas en el yacimiento de Izapa, situado cerca de Tapachula, en el estado de Chiapas. Izapa se encuentra en la llanura de la costa del Pacífico, en una zona conocida como Soconusco. La estela número 5 de Izapa es una de las muchas estelas con relieves descubiertas en Izapa y que datan aproximadamente del período comprendido entre el 300 a. C. y el 50 a. C. Este monumento presenta interesantes imágenes iconográficas que confirman algunos de los relatos migratorios transmitidos de generación en generación por los antiguos mesoamericanos.

Fotografía nocturna de la Estela 5 en las ruinas de Izapa, Tapachula, México.

La investigación realizada por New World Archaeological Foundation («Fundación Arqueológica Nuevo Mundo») apunta a que este asentamiento ha estado habitado ininterrumpidamente desde el 1500 a. C. Mucho de lo que sabemos acerca del arte de Izapa nos llega de las obras Izapa Relief Carving («Relieves de Izapa», 1984), de Virginia Smith, Izapa Sculpture («Esculturas de Izapa», 1976) y Izapan-Style Art («El arte de Izapa», 1973). Garth Norman, de la Fundación Arqueológica Nuevo Mundo, ha hecho públicas muchas de las estelas de piedra y altares hallados en Izapa y ha hablado en profundidad de su probable significado religioso.

Simbología de la Estela número 5

La estela número 5 incluye numerosos elementos glíficos comunes a otras piezas preclásicas, entre ellos el jaguar, cascadas de agua, montañas, aves, dragos (un tipo de árbol), serpientes y peces, además de otros motivos. Esta estela aporta además gran cantidad de elementos relacionados con las tradiciones maya y mexicana, como analizó Norman de forma precisa (páginas 165-236). Algunos factores e ideas de los que no se ha tratado en profundidad en relación con esta estela son los elementos vinculados a la religión olmeca y las tradiciones migratorias de los antiguos mesoamericanos.

Leyendas mesoamericanas de antiguas migraciones

Los mayas no fueron los primeros en habitar el Yucatán y las demás regiones cercanas al Golfo de México. Resulta evidente por las tradiciones mayas y los objetos recuperados de numerosos yacimientos arqueológicos mexicanos que una raza diferente vivía en la región antes de que se asentaran en ella los pueblos de etnia maya. Las evidencias lingüísticas sugieren que un nuevo grupo humano que hablaba una lengua diferente de la maya llegó a la región del Golfo de México hacia el 1200 a. C. M. Swadesh (1953) ha presentado pruebas de que, hace por lo menos 3.200 años, un grupo humano que no hablaba una lengua maya se introdujo como una cuña entre los huastecas y los mayas.

Ruinas de Izapa, Chiapas, México.

Las tradiciones citadas por Bernardino Sahagún, un sacerdote misionero que participó en la evangelización católica de México, registran la historia de los asentamientos en México. Sahagún escribe que estos «colonos orientales de México desembarcaron en Panotha, en el Golfo de México. Ahí se quedaron por un tiempo hasta que emigraron al sur en busca de montañas.»

Fray Diego de Landa, en su obra Relación de las cosas de Yucatán, escribió que «algunos ancianos de Yucatán dicen haber oído de sus antepasados que este país estaba habitado por cierta raza llegada del Este, a la que Dios distribuyó abriendo para ellos doce caminos a través del mar” (pág. 28) Esta tradición es la más interesante, ya que probablemente se refiere a las doce corrientes migratorias que desembocaron en México. Esta hipótesis se sustenta además en la Estela 5 de Izapa. En ella podemos ver un grupo de hombres surcando las olas a bordo de una embarcación.

Dibujo del relieve de la Estela 5 de Izapa.

Está claro que la Estela número 5 no es únicamente un árbol de la vida simbólico. Su relieve da credibilidad a los relatos tradicionales mencionados por fray Diego de Landa, en los que se narra que estos pueblos realizaron doce migraciones con destino al Nuevo Mundo. En el centro de la embarcación de la Estela número 5 observamos un árbol de gran tamaño. Este árbol tiene siete ramas y doce raíces. Las siete ramas probablemente representen los siete clanes principales de los inmigrantes, mientras que las doce raíces del árbol extendiéndose hacia el agua desde la barca probablemente simbolicen los «doce caminos a través del mar» de los que habla fray Diego de Landa. Esta estela también confirma la tradición documentada por el famoso historiador maya Ixtlixochitl por la que algunos pueblos habrían llegado a México en «barcos de corteza de árbol» y desembarcado en Potonchán, asentándose en la región. Los relatos mayas sobre migraciones y los relieves de la Estela 5 de Izapa probablemente estén relacionados con un segmento de la antigua población mesoamericana que llegó en embarcaciones a Panotha o Pantla (los huastecas) y se desplazó a lo largo de la costa hasta alcanzar lo que hoy es Guatemala. Este pueblo correspondería al grupo humano de lengua no maya detectado por Morris Swadesh y que se habría asentado entre mayas y huastecas hace unos 2.000 años.

http://www.ancient-origins.es

Arqueólogos hondureños dicen haber encontrado la Ciudad Blanca


En una sesión del entonces presidente de Honduras, Porfirio Lobo, se anunció en mayo de 2012 el descubrimiento de una ciudad perdida en la zona donde se creía que podía estar la mítica Ciudad Blanca. Todo gracias a la perseverancia durante casi 22 años del explorador y cineasta Steven Elkins y su sueño de descubrir la realidad que se esconde tras la leyenda de la Ciudad Blanca o Ciudad Mono. Según el arqueólogo Chris Fisher, hay muchas posibilidades de haber encontrado una civilización desconocida, dato que se deduce de las características que poseen las piezas que se están extrayendo. Fisher es el experto de la Universidad de Colorado y el encargado de realizar las prospecciones del equipo de Elkins. Así que ahora se investiga la posibilidad de no sólo haber descubierto una ciudad perdida, sino incluso una posible civilización. Otro importante elemento de este descubrimiento es el sistema LIDAR, que es lo que técnicamente ha hecho posible este hallazgo. Pero, para quien no conoce la leyenda ni las expediciones e intentos por hallar este mítica ciudad, empecemos por el principio.

La leyenda de esta ciudad perdida, según el antropólogo Lázaro Heliodoro Flores, se encuentra en la tradición oral de los indios Pech y los Payas, habitantes de la Mosquitia, posiblemente desde hace unos 3.000 años. El estadounidense Chris Begley, quizá el mayor experto en la arqueología de la Mosquitia, con más de 20 años de expediciones en la zona, cuenta que los pueblos Pech y Tawahka de Honduras tienen mitos sobre Wahai Patatahua –lugar de los antepasados– y Kao Kamasa –la casa blanca–. La mitología Pech dice que la Ciudad Blanca es donde los dioses se retiraron tras llegar los españoles.

Pero es Hernán Cortés en 1526 el primer occidental en asociarse a la leyenda hondureña, ya que en esas fechas reportó al emperador Carlos V en una de sus cartas la existencia de una supuesta región extraordinaria, después de pasarse seis años tras su “rastro”, como él mismo decía en esos informes. Una zona que, decía Cortés, era de gran riqueza y a la que denominaban Hueitlapatlán o Xucutaco. Aunque algunos se referían a una ciudad, en realidad Cortés lo que buscó era una región, lo cual coincidiría con los últimos descubrimientos.

Años después, en 1544, el obispo de Honduras, Cristóbal de Pedraza, llamado “Protector de los Indios”, en una carta al rey de España narró un arduo viaje a la orilla de la Costa de los mosquitos. En ella habló de un territorio inexplorado, donde vio una gran ciudad. Sus guías le contaron historias de las riquezas y el oro de sus habitantes. Desde entonces, el mito de otro Dorado en las selvas de Honduras ha inspirado muchas búsquedas durante casi 500 años.

EXPEDICIONES Y EXPLORADORES

Durante el siglo XIX, hubo un auge de la visión romántica de la búsqueda de ciudades perdidas, estimulada por los nueve volúmenes de Antigüedades de México, iniciados en 1830 y los best-seller en temática de viajes qu escribió el explorador John Lloyd Stephens. Pero la mayoría fueron organizadas por exploradores aficionados o con pocos medios. Con las declaraciones del famoso aviador y aventurero estadounidense Charles Lindbergh se reavivarían las exploraciones en el siglo XX. Decía haber contemplado en el año 1929 una “increíble metrópolis antigua” cuando sobrevolaba Honduras. Otra aportación curiosa es la de William Duncan Strong, explorador de la Smithsonian Institution en Honduras. Según cuenta, en 1933, el prestigioso historiador del arte Herbert Spinden le hizo unas fantásticas confidencias. Afirmaba que la leyenda de los Pech era cierta, ya que en el lugar que decían estaba la Ciudad Blanca encontró artefactos arqueológicos muy sugerentes, como grandes cuencos con cabezas de animales y placas de metal, aunque también dice que nunca vio las ruinas.

EXPEDICIONES MODERNAS

Durante la década de los 80 del pasado siglo, arqueólogos reconocidos como el mencionado Begley, George Hasemann y Gloria Lara Pinton, estudiaron la zona con diversas expediciones y prospecciones arqueológicas, logrando documentar cientos de sitios arqueológicos que mostraban que el territorio fue un lugar muy poblado, aunque no hallaron nada que pudiera identificarse con una gran urbe.

En la década de los 90, el explorador Ted Maschal se embarcó en varias expediciones en busca de Ciudad Blanca, siendo pionero en el uso de medios tecnológicos para atravesar la densa vegetación con sondas.

Maschal se valió de la teledetección, método de radar de apertura sintética –SAR– y con “técnicas radargramétrico” para recrear un modelo digital de elevación del terreno. Pero tampoco obtuvo resultados positivos.

En 2009, el arqueólogo Christopher Begley y el periodista Christopher Stewart, emprendieron una expedición siguiendo la ruta de Morder, obtenida a través de los diarios de éste. El objetivo era investigar qué había de falso y qué de real en el descubrimiento de la Ciudad Mono que Morder dijo haber encontrado.

Ambos visitaron diversos lugares arqueológicos de la región siguiendo las pistas del diario, pero no pudieron certificar que fuera la ruta correcta.

El hallazgo de unas posibles grandes estructuras en la selva de la Mosquitia se produjo en mayo de 2012 y fue recibido como un acontecimiento por parte del gobierno hondureño.

Durante más de siete días, sobrevolaron con un Cessna 337 Skymaster las cuatro zonas seleccionadas para explorar con el revolucionario equipo tecnológico llamado LIDAR, fusionado con los datos del GPS. Con este sistema lo que se consigue es crear una imagen 3D del terreno, por muy tupida que sea la vegetación, y no tardaron en detectar posibles estructuras manufacturadas en tres de las cuatro áreas. Se trataba de estructuras que parecían pirámides, edificios, plazas… La noticia dio la vuelta al mundo. Nada podía ser verificado hasta que se pudiera tomar tierra, lo que era una operación difícil, ya que no se podía acceder por aire ni agua. Juan Carlos Fernández, ingeniero de la Universidad de Houston y técnico de LIDAR del equipo de Elkins, sería también el encargado de buscar el mejor acceso.

Fernández, cuando estaba en preparativos de esa expedición, nos comentó: “Hay algunas pequeñas zonas abiertas a lo largo de los ríos que recorren la zona, pero suponen caminar demasiados kilómetros a través de la selva”. Una vez encontrado el punto de acceso y tras haber superado algunos escollos, incluidos los económicos, en febrero de 2015 llegaron por primera vez al lugar detectado con el LIDAR. Gracias al auspicio del gobierno de Honduras y National Geographic, Elkins y su equipo llegaron al lugar esta vez capitaneados por Chris Fisher. Después de una ardua caminata y con la ayuda del GPS pudieron dar con el sitio exacto que había localizado el LIDAR. La confirmación del descubrimiento llegó cuando vieron, en palabras de Elkins, que: “Estaba todo lo que indicaba el LIDAR y más”. La pirámide se había convertido en un montículo aparentemente natural, ya que estaba enterrado en barro, pero a ojo experto se podían ver los contornos rectangulares y lo que parecía un templo en ruinas.

Pero la apoteosis llegó con el hallazgo de unas 70 piezas arqueológicas semienterradas. Entre ellas, la famosa cabeza que denominaron de “hombre-jaguar”, fotografía que dio la vuelta al mundo con la noticia de la toma de tierra de la expedición.

ÚLTIMA EXPLORACIÓN Y DESCUBRIMIENTOS

La última incursión que se produjo fue para recuperar y estudiar las piezas semienterradas. Esta vez quiso estar Juan Orlando Hernández, presidente hondureño, que presentó dos de las piezas a los periodistas y unas 200 personas en una carpa acondicionada para el momento en el aeropuerto militar El Aguacate, departamento de Olancho, convirtiéndolo en acto oficial. En su discurso, el Sr. Hernández habló en repetidas ocasiones de la importancia de este descubrimiento. En esta ocasión, además, bautizó el lugar que antes se llamaba T1 como “Ciudad Jaguar”, y hasta entonces los tres lugares con hallazgos se llamaban T1, T2 Y T3.

Las primeras 60 piezas arqueológicas extraídas de la llamada ciudad Jaguar, pueden aportar tras su estudio información relevante. Además, es la única de las tres zonas pisadas hasta ahora con construcciones y es la más pequeña, así que quién sabe lo que se puede encontrar, tanto en ésta como en las otras, a simple vista y aún más cuando se empiece a excavar.

Entre los objetos arqueológicos se encuentran cerámicas con decoraciones de guacamayos y lagartijas, jarrones y tazones de piedra con figuras de jaguares. También encontraron una interesante vasija adornada con la cabeza de un buitre, que puede tratarse de un vaso ritual, que según Chris Fisher se elaboró entre los años 1.000 y 1.500 d.C. Asimismo, se extrajo la famosa cabeza de hombre–jaguar que, en su conjunto, es una tinaja con cabezas de jaguar y con forma humana, la cual Fisher especuló que “podría ser” un hombre-jaguar. “Posiblemente representa a un chamán en un transformado estado espiritual”. Aparte, existe una silla ceremonial que tiene muy interesados a los arqueólogos, que consideran que probablemente tuviera una función ritual y creen que fue un asiento para algún líder espiritual o político. El experto del Instituto Hondureño de Antropología e Historia –IHAH–, Norman Martínez, comentó que también fueron descubiertas una acrópolis y dos plazas, entre otras construcciones, escondidas entre árboles frondosos que dificultan el acceso.

Hay que tener en cuenta que los árboles en la zona alcanzan fácilmente alturas correspondientes a las de edificios de unos 20 pisos, es decir, de unos 60 metros de altura, lo que dificulta cualquier hallazgo.

¿UNA CIVILIZACIÓN PERDIDA?

Pero lo más interesante no es que quizás hayan encontrado la Ciudad Blanca, sino que hay muchas posibilidades de que se hallará una civilización perdida mesoamericana. De momento, todo es especulación hasta que no se puedan hacer estudios más profundos de la zona y de las piezas, pero los expertos ven muy probable que estén ante una cultura desconocida.

Según Virgilio Paredes, director del Instituto de Antropología, “la civilización descubierta no es maya ni azteca, ni olmeca o inca. Se trata de una cultura nueva o una diferente”. Fisher dice: “sabemos que eran socialmente complejos, que tenían recursos y habilidades para modificar el entorno y producir comida. Sabemos que estaban conectados íntimamente con sus vecinos”, y añade, “los mayas tenían que estar entre sus vecinos”. No se sabe por qué desaparecieron. Los arqueólogos especulan con la posibilidad de que agotaran los recursos naturales del territorio o con la llegada de europeos con enfermedades. De momento, están ante un enigma histórico del que se sabe tan poco que aún se desconoce hasta el nombre de esta posible civilización perdida. Pero, poco a poco, irán desvelando sus secretos a los expertos y quién sabe qué páginas no escritas de la historia de América nos serán desveladas y cuántas se reescribirán.

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