La leyenda de Long Dog

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10:50:27 AM

El estado de Tennessee, en los Estados Unidos, figura entre el resto del país en cuanto a temas sobrenaturales. En sus rincones nunca faltan historias sobre lugares macabros, influencia de apariciones, criaturas extrañas vagando por los bosques y pantanos, fantasmas vengativos en busca de sangre y espíritus de asesinos en serie que aun buscan víctimas. Un lugar sin duda muy “pintoresco”.

Long Dog

Sin embargo, la historia que más destaca en su folclore es una que hace referencia a un ente paranormal diferente, algo que los habitantes locales han apodado “Long Dog” (Perro grande, en traducción libre).

Parece un nombre bastante lindo pero…

En medio de las carreteras que cortan a Tennessee, flanqueando los bosques tupidos y las regiones pantanosas, tan estériles y densas que todavía hay algunas sin explorar, se guardan historias muy antiguas. El Long Dog es una de estas.

El primer registro moderno de este ser se hizo en un periódico de la ciudad de Knoxville hace más de 160 años, concretamente en el año de 1847. El escrito daba fe de un cuerpo horriblemente mutilado que había sido encontrado en las inmediaciones de un pantano. El cadáver, encontrado en un camino por unos viajeros, había sido cortado y mordido hasta el punto de quedar casi irreconocible. Si bien las autoridades responsabilizaron a los bandidos por el horrible crimen, los testigos se empezaron a preguntar si aquello no había sido obra de Long Dog.

Para el año 1888, en la región de Piney Flats, en el condado de Sullivan, sucedió algo con las mismas características que lo de Knoxville. Dos cuerpos, pertenecientes a un hombre y una mujer, fueron localizados en las proximidades de un camino que rodeaba un pantano. Los dos parecían haber sido atacados por perros salvajes (apodados mongrels) dada la cantidad de heridas hechas con mordidas y garras que habían quedado impresas sobre los cadáveres. Nuevamente, la sospecha fue que habían sido asesinados por ladrones y que posteriormente una jauría de perros había encontrado los restos. Pero no fue eso lo que indicó el examen de los restos. Las evidencias forenses apuntaron a que ambos habían sido asesinados por perros, o por sólo un perro, ambos con feroces mordidas en el cuello.

La prensa exigió que se tomaran acciones urgentes. Un ataque de perros salvajes no podía tener lugar en una región que se hacía llamar civilizada, mucho menos ataques con víctimas fatales. Las autoridades convocaron a cualquier interesado como delegados temporales, a cada uno de los cuales se les pagarían 15 centavos por cada perro salvaje abatido. Básicamente todo aquel que tenía entre manos un fusil respondió al “llamado cívico” y una gran cantidad de animales fueron muertos. Pese a la campaña, se extendió el rumor de que el responsable por las muertes no era un mongrel, mucho menos una jauría, sino un único animal, el Long Dong.

Hay otros relatos parecidos que suceden hasta nuestros días, muertes inexplicables que acaban siendo atribuidas a esta entidad sobrenatural.

La leyenda sobre esta creatura se encuentra profundamente arraigada en el folclore de sur de los Estados Unidos y se extiende por varios estados, siendo más ampliamente divulgada en Tennessee. La leyenda tuvo su origen entre los nativos americanos que habitaban la región, mucho antes de la llegada de los primeros colonos.

perro del infierno

Los indios Cherokee llamaron a este monstruo “Oolonga-daglalla“, que puede ser traducido como “espíritu con dientes afilados”. Se le consideraba una especie de monstruo que vagaba por las praderas siguiendo el curso de los ríos o descansando temporalmente en los pantanos. El sonido de su rugido podía ser escuchado durante la noche, un largo lamento que helaba la sangre en las venas de quien lo escuchaba. Este espíritu, según la leyenda, odiaba a muerte a los humanos, siendo una fuerza primal de venganza y salvajismo, un depredador feroz que cazaba y mataba a quien se cruzaba en su camino.Para algunos chamanes este ser simbolizaba la venganza de la naturaleza y de los animales cazados por el hombre.

Al paso del tiempo, el nombre fue corrompido por los blancos dejando de ser “Oolonga-daglalla” y pasando a ser llamado “Long Dog”. El nombre se incrustó perfectamente en el inconsciente colectivo de los colonos, y parecía adecuado a los ojos de aquellos que alegaban haber visto a la creatura y sobrevivido a la experiencia.

Long Dog es descrito como un animal extremadamente rápido que saltaba a grandes distancias mientras corría sobre cuatro patas. Siempre que saltaba lograba caer de pie o alcanzar una presa tan velozmente que resultaba inútil intentar escapar. Cuando el monstruo elegía un objetivo nunca lo perdía de vista, incluso si este intentaba escapar corriendo entre otras personas, la creatura jamás cambiaba de elección. Las leyendas cuentan que el animal capturaba a sus presas y las torturaba con sus afiladísimas garras, causando dolorosas heridas, pero lo suficientemente leves como para mantenerlas con vida. Luego de rasgar la carne de la víctima, el monstruo se deleitaba lamiendo la sangre que escurría de las heridas. A veces, el ser llegaba al punto de dejar que la presa escapara fingiendo desinterés, solamente para emprender una nueva persecución, capturarla y atormentarla una vez más. Cuando finalmente se cansaba de juguetear, Long Dog simplemente mataba, generalmente con una mordida lacerante en el cuello.

A diferencia de otros animales salvajes, el Long Dog no mataba para alimentarse o defender su territorio. Todo lo contrario, el ser sentía un placer casi humano en la caza y con la masacre de sus víctimas. Los Cherokee le temían de tal manera que evitaban ciertas partes del bosque y colocaban símbolos de protección en la corteza de los árboles a fin de mantenerlo alejado. Aquel que sufría heridas, pero lograba escapar del monstruo, era expulsado de la tribu, pues era cuestión de tiempo hasta que el Oolonga-Daglalla regresara a terminar el trabajo. Los cazadores marcados por el monstruo recibían un cuchillo o una lanza y eran obligados a adentrarse en el bosque donde debían permanecer por 7 días. Si en ese periodo el monstruo no los atacaba, entonces podían regresar, sabiendo que estaban relativamente seguros.

long dog ilustración

Según la descripción tradicional, el Long Dog sería un animal de grandes dimensiones, con entre 1.50 y 1.80 m de largo, las mismas dimensiones que una pantera o puma. Su cuerpo sería musculoso y ágil, las patas traseras muy largas y la cabeza relativamente pequeña, con hocico plano y orejas levantadas. En comparación, la boca sería extremadamente grande, repleta de dientes afilados. Long Dog era una mezcla de Wolverine, pantera y lobo, con las peores características de cada uno de estos. Peor aún, según la tradición, los ojos de la bestia, de un color rojo amarillento, brillaban en la oscuridad como dos brasas incandescentes. El aliento del monstruo tendría un característico olor a azufre que podía cegar. Su pelaje era muy ralo, bastante pegado al cuerpo, con una característica brillante y aceitosa, casi fluida. Los rastros que dejaban cuando eran encontrados, evidenciaban una pata colosal dotada de enormes garras.

Pero las historias sobre Long Dog no están limitadas a sus habilidades como depredador y asesino. Las leyendas cuentan que la creatura también tenía capacidades sobrenaturales. Esta sería capaz de asumir una forma incorpórea (Los Cherokee decían que se transformaba en humo) y de esa manera podía atravesar los árboles, la vegetación y hasta surgir directamente del suelo o en el propio aire. Para otros tenía la capacidad dehacerse invisible o al menos mimetizarse en la naturaleza de tal forma que no podía ser visto, hasta que ya era demasiado tarde.

Otra horrible capacidad de Long Dog implicaba poder esclavizar a aquellos a quienes mató o de quien probó su carne y sangre.

Algunas veces, la victima de Long Dog simplemente desaparecía y nada era encontrado en el lugar del ataque más que un hedor a azufre, tierra removida y rastros de sangre. Según la leyenda, Long Dog era capaz de devorar el espíritu de su presa y después de masticarlo, devolver su cuerpo hecho de pedazos. Como resultado, la víctima se levantaba y era capaz de andar nuevamente, aunque queda claro que no se trataba ya de una persona, sino de una abominación ni viva ni muerta. En esta condición, la víctima se volvía incontrolable y peligrosa. Como impulsada por una furia ciega, arremetía contra cualquiera que se cruzara en su camino, intentando morder y rasguñar. En las descripciones del pueblo Cherokee, la víctima ya no era una persona, sino un “esclavo de la rabia”, que gradualmente se iba haciendo menos humano hasta convertirse en una cosa perversa con ojos sangrientos, boca babeante y que andaba sobre las cuatro extremidades.

Existe una relación entre la leyenda de Long Dog y las historias macabras relatadas sobre el Túnel Sensabaugn.

perro del demonio

Una de estas historias hace mención de que durante la construcción del túnel fueron contratados muchos obreros inmigrantes, chinos e italianos, principalmente. Como sucedía casi siempre en esa época, las condiciones del trabajo eran inhumanas y los accidentes eran bastante frecuentes en el lugar de la construcción.

Según la leyenda urbana, uno de estos “accidentes”, en el cual varios obreros fueron victimados (tres según algunas versiones) estaría relacionado a “Long Dog”. Cuando el túnel estaba siendo construido en el año 1920, la región estaba bastante aislada y para facilitar el progreso, los empleados montaron un campamento y dormían en el lugar en tiendas de campaña improvisadas. Hay rumores de que los obreros escucharon en repetidas ocasiones ruidos extraños en las inmediaciones, aullidos y rasguños, además percibían un olor a azufre que dejó a los hombres con los nervios de punta.

No tardó mucho tiempo para que los trabajadores supieran de la leyenda de Long Dog y empezaran a tener miedo de salir del campamento. Algunos renunciaron al trabajo, pero otros persistieron creyendo que aquello no pasaba de una simple superstición y locura de los nativos que hacía mucho tiempo habían partido. Pese a esto, cada noche encendían una fogata que se quemaba hasta el amanecer.

A pesar de las historias, el trabajo continuó hasta meses después, el túnel quedó listo y sólo faltaban algunos detalles para que fuera inaugurado. La mayoría de los obreros fueron liquidados, y aliviados se llevaron su dinero y abandonaron el lugar. Algunos pocos hombres se quedaron para concluir los detalles que faltaban. La tragedia sucedió una noche, cuando los hombres que permanecieron en el campamento estaban distraídos y con la guardia baja. Dicen que el capataz de la construcción los había consentido con una caja de cerveza que bebieron sin medida olvidándose de encender el fuego. La verdad es que nadie sabe a ciencia cierta…

A la mañana siguiente, el capataz se dirigió al campamento y se encontró con algo espeluznante, una verdadera masacre que evocaba a los sangrientos ataques que los colonos sufrían a manos de los nativos. Los hombres no sólo habían sido asesinados, sus cuerpos fueron salvajemente desmembrados.

El capataz regresó a la ciudad y buscó a los responsables de la obra, entre los cuales se encontraba el Sr. Sensabaugn, quien lo acompañó hasta el lugar, junto con algunos hombres de su entera confianza. Constataron la tragedia y quedaron pasmados por la barbarie del ataque y por el hedor residual de azufre que permeaba todo el sitio. Sensabaugn, sin embargo, era un hombre demasiado práctico: sabía que la construcción no podía permitirse un retraso, y un escándalo de aquella magnitud sería un verdadero problema. También sabía que los muertos eran inmigrantes, hombres sin familia cuya falta no sería sentida por nadie. Argumentando que los perros salvajes eran los responsables, el ingeniero ordenó que los hombres levantaran los restos y los cargaran hasta el túnel. En el interior había una parte profunda que debía ser sellada con concreto. Fui allí donde Sensabaugn habría ordenado en secreto a los hombres que sepultaran a los muertos.

Dice la leyenda que aquellas victimas de Long Dog no se quedaron confinadas a aquel sitio. Los cuerpos fueron obligados a levantarse como “esclavos de la rabia” y encontraron una manera de escapar de su confinamiento para causar más tristeza. Y de alguna manera esto se cumplió…

¿Habría el Oolonga-daglalla liberado a los “esclavos de la rabia” para que fueran en busca de venganza? ¿Serian estos muertos-vivientes los responsables por las tragedias que transformaron en leyenda urbana el área, contribuyendo a la fama del Túnel Sensabaugn? ¿El vagabundo que robó el bebé del Sr. Sensabaugn y lo arrojó a un hoyo del túnel podría ser algo más que sólo un vagabundo? O quien sabe, quizá la masacre sucedida en la casa de los Sensabaugn podría haber sido causada por otra persona.

¿Quién puede saber dónde inicia una leyenda urbana y comienza la verdad? En este caso, existen muchas historias y lamentablemente ninguna con final feliz.


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El Túnel Sensabaugh, una puerta al Infierno ?

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10:41:45 AM

Rituales diabólicos, asesinato y muerte, tres cosas que forman la base sobre la que se asienta el folclore de unos de los lugares más extraños de los Estados Unidos. Situado al sudoeste del estado de Tennessee, realmente pocos lugares en la actualidad consiguen inspirar más miedo y terror que el célebre túnel Sensabaugh.

Entre los habitantes de la región, existe la creencia de que el túnel es un lugar maldito que debe evitarse a toda costa. Desde antes de su apertura, el túnel Sensabaugh ya formaba parte de las historias malditas de Tennessee como un lugar donde se solían ver apariciones, donde los motores de los automóviles simplemente dejaban de funcionar y donde el llanto de bebés y los gritos de auxilio de mujeres se podían escuchar haciendo un eco eterno entre las oscuras paredes de concreto.

Pero, ¿cuál es la verdadera historia detrás de este infame lugar y porqué tantas personas temen aproximarse? ¿A cuales fenómenos se encuentra asociado? ¿Qué cosas son verdad y cuales son invenciones de los pueblerinos? Los profundos secretos que guarda el túnel Sensabaugh resultan mucho más inquietantes que cualquier leyenda urbana.

El origen de la leyenda.

El túnel Sensabaugh se encuentra situado en las proximidades de la carretera Big Elm en Kingsport, Tennessee, y no queda demasiado retirado de una antigua mansión construida a mediados del siglo XIX. Con aproximadamente 40 metros de largo, la construcción del túnel tuvo inicio en 1920 con el objetivo de facilitar el tránsito de los residentes y permitir un acceso más rápido entre el valle y la ciudad contigua.

Actualmente esta vía se encuentra en total estado de abandono. Existen otros caminos más claros y seguros. La entrada que conduce hasta el sitio, solamente es utilizada por los habitantes locales, y aun así, en muy raras ocasiones. El hormigón con el que está construido presenta diversas fisuras y hay graffiti que cubre prácticamente todo el frente, además de grietas y pozos llenos de agua acumulada de lluvia. El túnel es muy oscuro y está en pésimo estado de conservación, con puntos de inundación, filtraciones y moho acumulándose por todas partes, además de jeringuillas desechables, lo que evidencia el uso de drogas. Pero no siempre fue así. Durante algún tiempo el túnel fue un lugar bastante común, una ruta más utilizada por los habitantes de Kingsport.

El túnel se hizo famoso después de un notorio asesinato que ocurrió en su interioralgunos años después de su inauguración.

Túnel Sensabaugh entrada

Hay tres versiones sobre cómo habría ocurrido este crimen, y todas tienen en común el hecho de que involucran a un bebé de pocas semanas de nacido. La versión más ampliamente difundida es la que dice que en los años 30, un vagabundo invadió la residencia de la familia Sensabaugh, miembros prominentes de la sociedad local. El criminal entró en la casa durante la madrugada, mientras todos dormían., y comenzó a tomar todos los objetos de valor a su alcance, fue entonces cuando el Sr. Sensabaugh escuchó los ruidos y se levantó para preparar su arma. El vagabundo supuestamente huyó a unos de los cuartos donde se encontraba el recién nacido y lo tomó como escudo. Manteniendo el bebé al frente huyó del lugar. A sabiendas de que si era atrapado podía ser linchado por la comunidad, el hombre se introdujo en el bosque con la intención de ocultarse. El mejor escondrijo que encontró fue aquel viejo túnel. No sabía qué hacer con el bebé que no dejaba de llorar, entonces, decidió ahogar al pobre recién nacido en un pozo de agua y arrojar su cadáver a un pozo. Cuando fue capturado, el hombre confesó el crimen, pero el cuerpo del bebé jamás fue recuperado. Pese a esto, el vagabundo fue condenado y ejecutado en la silla eléctrica por asesinato.

Las otras dos versiones no involucran al personaje del vagabundo. De acuerdo con una, el Sr. Sensabaugh vivía junto a su familia en una muy buena casa, bastante próxima a la entrada del túnel. Un día, el hombre simplemente enloqueció después de haber perdido todo lo que tenía durante la crisis de 1929. Lleno de deudas y a punto de perder su propiedad, asesinó a toda su familia con un hacha. Entonces, tomó al bebé recién nacido y lo arrojó a una fisura que se había abierto en el interior del túnel. Si esa versión es verdadera, no hay archivo policial que la constate, pero algunos dicen que mucha gente en la época simplemente enloqueció, y para evitar que más casos así se suscitaran, las autoridades prefirieron desaparecer los registros. Los habitantes más viejos juran que fue verdad.

Por último, la versión restante dicen que la Sra. Sensabaugh habría sido la responsable de la tragedia luego de haber dado a luz a su cuarto hijo. Enloquecida y presa de una desesperación total (quizá provocada por una psicosis puerperal) habría colocado raticida en la comida que serviría a la familia y, silenciosamente, observó a cada uno de ellos agonizar entre convulsiones. Después de esto subió al cuarto donde dormía el bebé, tomó al niño y lo llevó hasta el interior del túnel, donde ambos desaparecieron en la oscuridad. Sus cuerpos jamás fueron encontrados. La residencia de los Sensabaugh fue demolida en 1950.

Si cualquiera de estas versiones fuera remotamente verdadera, no queda duda de que la tragedia tuvo lugar hace bastantes años, posiblemente algunos años después de terminado el túnel, como máximo, una década después. Sea como fuere, la tragedia real o inventada se incorporó de tal manera entre la población, que los habitantes de la zona son incapaces de cuestionar su veracidad.

Túnel Sensabaugh entrada siniestra

Los más supersticiosos creen que el fantasma del bebé habita en el túnel. Dicen que puede ser claramente escuchado llorando de hambre y soledad. Algunas personas tenían el hábito de dejar regalos al bebé, juguetes, chupones y mamilas, pero la costumbre fue desapareciendo con el tiempo.

Las historias sobrenaturales comenzaron cuando algunas personas que transitaban en automóvil por el lugar afirmaban escuchar el llanto de un bebé recién nacido. Seguido del llanto se presentaban diversas averías en el auto. Según los rumores, cuando el auto se apagaba misteriosamente en el interior del túnel, era muy difícil volverlo a encender. El sonido del llanto en esos casos se podía escuchar entre los intentos de arrancar el vehículo.

Por lo menos dos viajeros habrían escuchado y descendido para revisar el túnel, creyendo que podría tratarse de un niño perdido. Andando entre la oscuridad, uno de ellos habría perdido el equilibrio, tropezado y caído fracturándose el cráneo en la cera de concreto. Otro había escuchado el sonido, investigado y concluido que venía desde un pozo muy estrecho donde no podía entrar. El sujeto volvió hasta Kingsport e intentó conseguir ayuda, pero nadie quiso acompañarlo hasta el túnel. El hombre habría sido testigo de algo tan terrible que fue encontrado al día siguiente, deambulando, confuso y perturbado por el bosque. Sus cabellos se habían puesto blancos como la harina.

Hay también quien afirma haber escuchado los pasos del Sr. Sensabaugh haciendo eco en el túnel y una sombra siniestra surgir de las paredes sosteniendo lo que parecía un hacha. Una testigo relató que vio el reflejo de un hombre en el espejo retrovisor de su auto, pero apenas volteó, no pudo encontrar nada en el asiento trasero.

Los fantasmas infieles.

Entre los años 40 y 50, el túnel era utilizado como un punto de encuentro para los enamorados y amantes que lo utilizaban para encuentros fortuitos donde podían aprovechar el silencio y aislamiento. Las jóvenes parejas de enamorados preocupados por esconder sus relaciones amorosas se valían de la total privacidad ofrecida por aquel sitio. Y por supuesto, las historias de tragedia y fantasmas también servían como combustible para avivar aún más las llamas del peligro y la excitación.

Túnel Sensabaugh interior

Existe por lo menos una historia de tragedia que involucra a una de estas parejas de amantes. Un marido celoso sospechaba que su mujer tenía una aventura y comenzó a vigilar sus salidas a mitad de la tarde. Un bello día, decidió seguirla y ella lo llevó hasta el túnel. El marido armado con (adivina) un hacha entró por el camino y encontró a los dos tortolitos. En un estado de cólera total los mató, descuartizó los cuerpos, los colocó en una bolsa llena de piedras y los arrojó en un agujero inundado. Supuestamente se suicidó luego de que lo acusaron de matar al sujeto que, según las malas lenguas, eran un político local.

Aunque menos frecuentes que las historias sobre el bebé, existen relatos sobre dos fantasmas ensangrentados y mutilados que vagan en la oscuridad. Y en algunas versiones un poco más picantes, las personas ven a una pareja teniendo sexo en el interior del túnel. Los más curiosos que se detenían a espiar la escena, se arrepentían unos instantes después, pues los amantes asumen una forma cadavérica.

Cuando un segundo camino fue abierto a mediado de la década de 1950, el túnel dejo de ser usado, a excepción de por algunas parejas, adolescentes, vagabundos y drogadictos.

Un túnel de decadencia.

En 1966, tres jóvenes habrían utilizado el mismo túnel como un sitio para drogarse. Los cuerpos de dos de ellos fueron encontrados a mitad del camino subterráneo, víctimas de una sobredosis. Pero el tercero de ellos, un tipo rebelde que utilizaba una chaqueta de cuero, fue detenido por la policía al día siguiente. Contó una historia verdaderamente exquisita. Dijo que sus amigos se mataron, aplicándose una dosis letal de heroína en las venas, después de escuchar algunas voces en el fondo del túnel. El adolescente también escucho las misteriosas voces y llegó a preparar la jeringa, pero en el último momento se armó de valor y corrió con todas sus fuerzas sin mirar hacia atrás. Pese a que sobrevivió a la experiencia, terminó en un centro de rehabilitación donde murió en circunstancias muy extrañas.

Túnel Sensabaugh entrada miedo

Años después, en los años 70, otro grupo de adolescentes tuvo la idea de explorar el túnel y llevar a cabo en el interior una ceremonia para contactar con espíritus usando un tablero de Ouija. La idea (brillantemente genial) era comunicarse con los dos adolescentes que habían muerto de sobredosis pocos años antes y preguntarles que había sucedido. La cosa acabó verdaderamente mal, con el tablero recibiendo decenas de mensajes sin sentido que dejaron a los adolescentes aterrorizados. Uno de ellos habría enloquecido de miedo y, corriendo a ciegas, cayó en una de las fisuras en el suelo. La policía buscó el cuerpo durante varios días pero jamás lograron corroborar la historia que los otros contaron. El fiscal del distrito del condado de Kinsgport llegó a procesar a los involucrados, creyendo que estaban relacionados de alguna forma con el desaparecimiento, pero el caso fue cerrado debido a la falta de evidencia.

En la década de los 80, hubo una explosión de historias absurdas sobre sectas satánicas y misas negras a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Un fenómeno que provocó histeria colectiva y que perduró hasta el inicio de los años 1990. De forma repentina, el país parecía estar bajo el ataque de seguidores satánicos dispuestos a realizar sacrificios. Pese a lo que se creía en la época, la gran mayoría de estos “cultos satánicos” no pasaban de fraudes exagerados por los medios de comunicación o de grupos de alborotadores con un interés mínimo en el culto, pero sin vocación real.

Un lugar con tan larga tradición de rarezas como el túnel Sensabaugh acabó siendo un imán para los locos que estaban aficionados a lo sobrenatural y que estaban dispuestos a “comunicarse con los espíritus atrapados en su interior”. Luego de que el lugar fuese invadido y pintarrajeado con cruces invertidas, pentagramas y signos diabólicos, las autoridades decidieron cerrar el túnel y sellar su entrada con tablas, añadiendo un aviso de que los invasores tendrían que responder ante la ley.

Y por supuesto, dicha prohibición no permitió que ocasionalmente alguien decidiera adentrarse en el túnel, encender velas negras y contar con toda ventaja que había visto fantasmas, espíritus y hasta demonios. Una de las leyendas que tomaron forma en esa época tiene que ver con las extrañas grietas en el concreto. Según algunos, estas profundas fallas serían una entrada hacía el propio infierno y, a través de estas, los horrores del inframundo habrían llegado hasta la superficie para crear todo tipo de tragedias.

La última noticia curiosa que se tiene del túnel Sensabaugh es sobre una grabación de un episodio para un programa de televisión sobre los lugares más encantados de los Estados Unidos. Un grupo de “especialistas de lo sobrenatural” consiguió permiso para ingresar al túnel, donde captaron la presencia de los fantasmas que habitan el lugar, pero ninguno de los intentos de hacer contacto resultó con éxito. Pese al aparente fracaso, la exposición en el medio avivó nuevamente la curiosidad sobre el lugar que fue considerado, según encuestas recientes, uno de los más encantados del país.


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#CROPCIRCLE. REPORTADO 16-7-2014

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Esta extraña circulo en los cultivos aparecio en Forest Hill, cerca de Marlborough, Wiltshire. Reino Unido. . Informó sobre el 16 de julio 2014 [su_custom_gallery source=”media: 8759,8760,8761,8762,8763″ width=”510″ height=”300″]

El Síndrome de Cotard

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10:02:18 PM

El síndrome de Cotard, también conocido como delirio de Cotard, síndrome del cadáver ambulante, delirio nihilista o delirio de la negación es una enfermedad muy extraña con trasfondo psicológico donde la persona afectada cree estar muerta, no reacciona a estímulos externos ni a otras personas. También es recurrente la creencia de que sus órganos internos están podridos o pasando por un estado de descomposición.

craneo muerte

El tratamiento tradicional implica el uso de antidepresivos con sesiones de electrochoque. Y en numerosos casos la enfermedad está relacionada con la hipocondría y el síndrome de Capgras.

En el año 1880, una mujer en la mediana edad hacía una visita a un renombrado neurólogo francés, se trataba de Jules Cotard, uno de los médicos investigadores más respetados de Francia. La mujer acudió a él después de haber sido aquejada durante algún tiempo, ella no creía que un médico, por mucho renombre que este tuviera, pudiera ayudarla con su condición.

La mujer esperó con suma paciencia en la sala de espera, la enfermera de la clínica y el acompañante de la dama intentaron guardar la compostura, incluso aquella experimentada enfermera tenía dificultades para mantener la situación bajo control. La mujer no parecía estar enferma. No parecía tener algún problema, excepto una marcada desnutrición y extrema palidez, pero fuera de eso parecía saludable, comparada con los pacientes que llegaban a aquel sitio.

Cuando el Dr. Cotard ingresó a la sala y preguntó cuál era el problema a aquella dama, su asistente y el acompañante cruzaron miradas, pues sabían que repetiría lo que había dicho poco antes:

“Doctor, lo siento mucho, pero creo que estoy más allá de sus conocimientos… cuanto antes el señor comprenda lo que me está sucediendo, mejor. No existe forma alguna para curarme de mi afección, pues ya estoy muerta desde hace días”. Fueron las palabras de la mujer, un argumento perfectamente entendible si tomamos en cuenta la creencia de la mujer de que estaba muerta.

Curiosamente, Cotard ya había escuchado una descripción similar con anterioridad. De hecho, había realizado algunas investigaciones que tenían que ver con este tipo de manifestaciones psicosomáticas y había escrito un artículo sobre ello, un problema que en términos generales llamó “el síndrome del muerto viviente”. El médico descansó sobre el escritorio y solicitó a la mujer, que pasó a llamar Señora X, relatara lo que le estaba sucediendo.

La Señora X estaba convencida de que su cuerpo había muerto. Según su versión, carecía totalmente de órganos como el cerebro, el corazón o el estómago. Dijo no ser nada más que un cuerpo en estado de descomposición que gradualmente se convertiría en una cascara podrida, y que en consecuencia, lo más correcto, sería incinerarla para librarla de su estado natural. También mencionó que no poseía una creencia religiosa definida y que no creía en la existencia de un alma inmortal. En su opinión materialista, su cuerpo aun funcionaba a la perfección, pero eso no pasaba de ser un eco disfrazado de vida. Los pulsos cardiacos y la respiración, la circulación y su locomoción, no eran más que ecos obstinados que se habían quedado, pese a su certeza de que estaba irremediablemente muerta.

Cotard intentó convencer a la Señora X de que estaba en un error, pero la seguridad de la mujer era tal que aun cuando el médico intentaba probar que estaba viva (pinchándola con un alfiler) ella no mostraba una respuesta reflexiva. Si él intentaba impedirle la respiración, ella simplemente caía inconsciente sin luchar por oxígeno. Y lo más preocupante, la Señora X creía que no necesitaba de alimento, ya que era incapaz de procesarlo en su estómago, así que dejó de comer.

El médico intentó tratarla de todas las formas posibles, pero la creencia en su condición de muerta viviente era tanta que al poco tiempo desarrolló una parálisis que la llevó a una completa inmovilidad. Pese a todos los intentos, la Señora X acabo muriendo de inanición meses después de haber llegado al consultorio de Cotard.

cuchillo

Aunque fue pionero en el diagnóstico de esta extraña condición mental, que pasó a ser conocida con el nombre de “Ilusión de Cotard”, el neurólogo francés no fue quien descubrió la enfermedad. En 1788 – casi 100 años antes – Charles Bonnet, un médico inglés, describió el caso de una viuda acaudalada de edad avanzada que creía haber sido víctima de un ataque mortal en su sala de estar. Aunque sólo se desmayó unas cuantas horas, cuando despertó, estaba convencida de que, de hecho, había muerto.

Según el informe del Dr. Bonnet la mujer llegó al punto de ordenar a sus hijas que la vistieran con ropa fúnebre y le prepararan un ataúd para que fuera enterrada en el cementerio de la familia, toda vez que ella “estaba muerta”. El médico señaló en su informe:

La “mujer muerta” se alteró bastante y comenzó a suplicarles a sus amigos y familiares que hicieran lo que era correcto en aquellas circunstancias. Mencionó que la negligencia de estos era insoportable y que le debían ofrecer el descanso eterno antes de que se convirtiera en un cadáver putrefacto. A medida que su creencia aumentaba ella se fue volviendo cada vez más impaciente, exigiéndole a todos que la vistieran como una persona muerta. Eventualmente las personas creyeron que sería mejor no contradecirla con el fin de que se tranquilizara. Le colocaron un suéter negro e inmediatamente se tendió en la cama, donde permaneció impasible, como si de verdad estuviera muerta.

Con la esperanza de romper el trance, el médico le suministró opio y una mezcla de hierbas medicinales fortificantes. Eventualmente la mujer terminó por despertar de su estado comatoso ilusorio; pero continuamente volvía a un estado vegetativo en el que creía ser nada más que un “cadáver insepulto”. Durante los periodos en que afirmaba estar muerta, la mujer decía que podía comunicarse con otras personas que eran como ella, es decir, que habían muerto desde hacía muchos años, incluso les preparaba cenas a estos muertos y los recibía en su sala de estar.

En cierta ocasión, ella habría enfrentado a un gran espejo de cristal que adornaba su sala y aterrorizada ordenó histéricamente a los criados que se deshicieran de él. Cuando le preguntaron el motivo de su reacción, su respuesta fue aterradora:

“¿Pero es que no se dan cuenta que estando muerta desde hace tanto tiempo, ahora no soy más que un esqueleto descompuesto?” Pregunto ella. A continuación, todos los espejos y superficies reflejantes fueron retirados de aquella casa.

rostro zombie

El estudio de este caso y de otros dos que Cotard documentó a lo largo de los años en su consultorio, llevaron a aprender mucho más acerca de este extraño síndrome con fondo psicológico. El síntoma principal del Síndrome de Cotard es el delirio de la negación. Aquellos que sufren de la enfermedad muchas veces niegan su propia existencia o que una determinada parte de su cuerpo existe. En un primer momento las victimas entran en una depresión aguda y presentan síntomas hipocondriacos severos. En seguida, el síndrome evoluciona en delirios de negación y finalmente pasan a una etapa de delirios graves y depresión crónica que los lleva a simular su propia muerta a través de una parálisis total.

La condición fue aceptada como una enfermedad autentica por la comunidad psiquiátrica internacional en los albores del siglo XX. Muchos veteranos de la Primera Guerra Mundial presentaban síntomas similares a los del Síndrome de Cotard. La cantidad de antiguos soldados que creían que una parte de su cuerpo se había perdido en la guerra (cuando en realidad no era así) era alarmante. El mal se hizo conocido como “enfermedad de la falsa amputación”.

Aunque se trata de una enfermedad extremadamente rara, todavía permanecen los casos de personas diagnosticadas con delirio nihilista, bajo la creencia de que están realmente muertas. Y desafortunadamente aún se sabe muy poco sobre el síndrome de Cotard. Los investigadores sospechan que la condición puede estar asociada con desordenes de naturaleza bipolar en pacientes jóvenes, de la misma forma, con depresión agravada por la esquizofrenia en personas mayores. Los tratamientos varían enormemente: es común que aquellos que padecen el mal reciban una combinación de drogas antidepresivas y antipsicóticas, aunque la terapia electroconvulsiva también ha mostrado ser muy efectiva en ciertos casos.


Referencias:

Charles Bonnet’s description of Cotard’s delusion and reduplicative paramnesia in an elderly patient (1788)
Förstl H, Beats B.  – Jules Cotard (1840-1889): his life and the unique syndrome which bears his name.