Los misteriosos hombrecillos de Marius Dewilde

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Fue el 10 de setiembre de 1954 en una finca cercana al pequeño pueblo de Quarouble (Francia). Marius Dewilde, un obrero metalúrgico de 34 años, se encuentra leyendo tranquilamente después de cenar con su familia. Su esposa y su hijo ya se encontraban durmiendo. Su casa se encuentra casi pegada a un paso a nivel del ferrocarril. Marius comienza a vivir una experiencia que nunca olvidaría.

A continuación, un reportaje que la revista Life en Español publicó el 22 de Noviembre de 1954.

Francia pasó por un verano desalentador. Llovió sin parar, hubo malas cosechas y los conejos murieron por millares. Fue sin duda el peor año vinícola desde la guerra. El país no estaba en condiciones de enfrentarse con otra crisis, pero ésta se presentó de todas maneras. Del cielo otoñal, de la Bretaña a la Riviera, descendieron extrañas aeronaves y seres extraterrestres. Y no se trataba de descripciones vagas hechas por chiquillos o viejas atemorizadas. Labradores, panaderos y otras gentes dignas de confianza, juraban haberlos visto. Incluso hicieron esquemas y dibujos para probarlo. Los vehículos por ellos descritos tenían formas diversas: discos giratorios, cigarros voladores, coronas, cometas y hongos alados.

En un sitio dejaron huellas en la hierba; en otro, rayas en un durmiente del ferrocarril. De las naves se apearon hombrecillos de colores varios, si bien uno de ellos tenía listas como de cebra y otro mudaba de color como un camaleón. Llevaban escafandras de plástico, trajes sin mangas, corsés de color naranja o envolturas de celofán, y hablaban inglés, francés y hasta latín. Algunos, sin embargo, estaban tan asombrados ante lo que veían que no dijeron ni palabra.

La prensa francesa empezó a informar sobre los marcianos, o quien- quiera que fuesen los forasteros, con tanta amplitud como sobre Mendès-France. En la Cámara de Diputados, Pierre de Leotard (arriba), que a veces pone una cara extraterrestre aunque no es más que un radical-socialista, quiso saber si los invasores amenazaban a la nación. El gobierno, frente a crisis tan extraordinaria, se reservó su opinión.

DESCRIBIENDO EL DESPEGUE del platillo cerca de Aimiens, Bies de Gillaboz (izquierda) y Emile Renard, apuntan a donde vieron desaparecer la “máquina marciana”.

EL HOMBRECILLO ASTRAL que aterrizó en una esfera luminosa cerca de Toulouse, era como indica el dibujo de François Panero (izquierda) y Jean Olivier, que lo vieron bajar.

 

LA TALLA DE LOS MARCIANOS es indicada por dos panaderos. Pierre Lucas (izquierda), de Loctudy, iba por agua cuando vio caer del cielo una bola anaranjada. Un hombrecillo con un ojo en la frente le tocó en el hombro. Serge Pochet (derecha), de Marcoing, vio acercarse a dos sombras de enanos.

 

UNA AERONAVE GLOBULAR (derecha) fue bosquejada por Gregoire Odut a fin de mostrar la forma del disco dorado que vio levantarse de Wassy, después que dos sombras bípedas saltaron de ella para reconocer el terreno.

 

LAS MARCAS DEL PLATILLO en un durmiente son señaladas con yeso por Marius Dewilde, de Quarouble, quién se lo llevó a casa como prueba de la existencia del extraño cuerpo de color bronceado que vio aterrizar en la vía.

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