UN REGALO EXTRATERRESTRE

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En la madrugada del 17 de noviembre de 1954, el enfermero Alberto Sanmartín decidió dar un paseo para intentar aliviar un fuerte dolor de muelas que le impedía dormir. Pensaba dirigirse desde Cuatro Caminos hacia la Ciudad Universitaria (Madrid), como solía hacer frecuentemente cuando las caries le molestaban.
Se disponía a cruzar el Puente de los Franceses, cuando se topó con un curioso individuo enfundado en un mono, de aspecto angelical “que irradiaba bondad con la mirada”. “Parecía un piloto enfundado en un traje ceñido y grisáceo. Era un mono como el de los aviadores, de una pieza y sin aberturas (…) Parecía metálico” describió a la prensa el enfermero. “Y las manos eran extremadamente alargadas y blanquecinas”.

A continuación, Sanmartín pudo observar debajo del puente un extraño artefacto en forma de platillo. Tras un breve intercambio de señas con las manos, el atónito enfermero interpretó que su “silencioso contertulio” procedía de otro planeta. El “extraterrestre” sin mediar palabra alguna, bajó por una vereda hacia su nave y volvió a los pocos instantes para entregarle a Sanmartín una enigmática piedra rectangular. No había salido aun de su asombro, cuando el “extraterrestre” se despidió con un gesto y enfiló de nuevo el camino hacia el platillo volador, despegando velozmente hacia las estrellas…

Alberto Sanmartín murió arruinado y olvidado en 1982, en un suburbio de Santo Amaro (Sao Paulo, Brasil), según se dice estaba convencido que los seres extraterrestres tenían una base secreta en el interior del Mato Grosso, selva que exploró en algunas ocasiones. Al parecer en una expedición que realizó en el lejano 1956 pudo entrar en contacto con una de estas míticas ciudades perdidas, de la que por orden expresa de sus habitantes no llegó nunca a hablar. Su mujer confesaba al reportero, escritor y aventurero Pablo Villarrubia, que el día de su encuentro en Madrid, había tenido visiones de extrañas cúpulas y ciudades de otros mundos, visiones que se le repitieron hasta el día de sus muerte…El párroco Antonio Felices, recordaba que, en una ocasión en compañía de varios escolares el 14 de septiembre de 1965, decidió realizar los símbolos de la piedra marciana sobre un campo de futbol. El tamaño de los grabados alcanzaban los diez metros de envergadura. Curiosamente, solo dos días después de esta singular experiencia, sobre la vertical del convento de los Dominicos se observó un enorme OVNI, que tal como indicaba el investigador Nacho Ares, fue visto por mas de 300.000 personas, teniendo un tamaño aproximado de 1.000 metros cuadrados…

Por otro lado, según indagaciones modernas de Javier Sierra: “la piedra se fragmentó en varios trozos, uno de los cuales llegó incluso al “padre” de la ufología cientifica, J.Allen hynek (muerto en 1986) quien nunca emitió un veredicto definitivo sobre el fragmento recibido”.

Algunos investigadores creen que la historia del encuentro con el extraterrestre en el puente fue inventada por el enfermero Sanmartín, para dar mayor credibilidad a su caso, ya que parece ser que se encontró la piedra en el suelo. La secretaria de la Sociedad de Amigos de los Visitantes del Espacio BURU, creada por Fernando Sesma, Hilde Menzel, confesó al prolifero ufólogo Javier Sierra la supuesta verdadera historia: “La verdad es otra a la publicada en El Alcàzar (periódico que difundió la información). Sanmartìn era una persona que no creía en eso de los platillos, ni sabía nada, ni le habían interesado nunca, pero resultó que aquel día había ido a bailar con una chica, se despidió de ella en Moncloa y entonces perdió el conocimiento. Cuando lo recobró estaba sobre el Puente de los Francenses y vio que tenía la piedra en la mano… Años después, Sanmartín marchó a Sao Paulo a trabajar, y allí escribió un libro titulado Embajadores de las Estrellas, donde, siguiendo las indicaciones de Sesma de inventar una historia que diese credibilidad a su relato, contaba la falsa historia del extraterrestre y el platillo.” Con el inexorable paso del tiempo, el tema de la piedra marciana se convirtió en el reflejo de una época que estuvo marcada por el controvertido y marginado affaire UMMO, tabú para una década de investigadores. Pues precisamente, no hay que olvidar, que el interés por el caso de Sanmartín, originó, en parte, las reuniones en el Café Lyon, cuna del grupo que acogió los enigmáticos mensajes de los escurridizos ummitas…

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