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PLANTILLA
En 1951, mientras el mítico alpinista Eric Shipton subía a las cumbres del Himalaya, encontró, allá donde ningún otro humano había pisado, huellas de un inmenso bípedo que medían 29 centímetros de longitud y 14 de anchura, que correspondían a un ser de dos metros de altura. Para dejar constancia de su tamaño, las fotografió junto a su piolet. Sus sherpas lo tuvieron claro desde el primer momento: “Pertenecen al yeti”, le dijeron. Y es que a tenor de los últimos hallazgos, no es arriesgado asegurar que el hombre de las nieves es una realidad incuestionable.
Del yeti, de momento, salvo testimonios de nativos o de grandes escaladores, alguna mano, y la región superior del cráneo que se custodia en una lamasería de los Himalayas, poco más. Sobre el “pies grandes”, que si tuviéramos que establecer un podio entre éste y otros seres criptozoológicos posiblemente se encontraría en lo más alto, hace apenas dos meses salió publicada la última de las investigaciones al respecto. Fue en el diario ABC, y decía así: “En noviembre del año pasado, Melba S. Ketchum, ex veterinaria de Texas, anunció que las pruebas confirmaban la existencia del legendario bigfoot, fruto de un cruce con humanos hace 15.000 años. Ketchum afirmaba que el ‘norteamericano ­sasquatch es un híbrido resultado del apareamiento entre machos de una especie de homínidos desconocidos y homo sapiens femeninas’. La comunidad científica respondió con el escepticismo que rodea a este asunto, máxime cuando su investigación no había aparecido en ninguna revista científica. Todd Disotell, de la Universidad de Nueva York, desestimó la ­teoría de Ketchum, porque hay muchos más de 15.000 años de diversidad genética entre los humanos.Pero el estudio ha sido finalmente publicado por el equipo que dirige Ketchum, en la revista Novel North American Hominins: Next Generation Sequencing of Three Whole Genomes and Associated Studies, ha visto la luz en DeNovo Scientific Journal, que por cierto ha sido creada ex profeso para dar a conocer la investigación y que cobra 30 dólares por ejemplar. Sin embargo, y lejos de resolver el enigma, la investigación plantea más preguntas que respuestas. El trabajo, en efecto, recoge 1.100 muestras de presuntos bigfoot: cabello y otros restos. En la recolección participaron decenas de personas en 34 lugares de América del Norte. Las muestras del pelo se compararon con otros animales comunes y no coincidieron. Las conclusiones de Ketchum fueron que estábamos ante dos ADN, uno inequívocamente humano y el otro de homínido.

Benjamin Radford, editor adjunto de la revista científica Skeptical Inquirer, señala como posible interpretación que las muestras estén contaminadas por la poca pericia forense de los recolectores de pruebas. Aunque el estudio explica que se tomaron todas las precauciones para minimizar la contaminación en el laboratorio, se obviaron algunas posibilidades de que las muestras se degradaran en origen”.

Sea producto de la unión de dos especies de homínidos, o una leyenda de las muchas que pululan por el planeta, lo cierto es que, aparentemente, testimonios de la existencia de estos seres existen desde hace dos siglos. Y no sólo orales… Así nos lo descubría nuestro compañero Bruno Cardeñosa años atrás, en uno de nuestros grandes reportajes… LFB

Los kalash viven exactamente igual que nosotros lo hacíamos hace miles de años. Anclados en el tiempo, los miembros de esta tribu ocupan los inaccesibles valles de la región pakistaní de Chitral. En sus apenas 15.000 kilómetros cuadrados se eleva una de las cadenas montañosas más imponentes del planeta: 17 picos superan los 6.000 metros de altura. Allí, a partir de septiembre, los termómetros bajan y se asientan en los 20 grados bajo cero. Por entonces, Chitral queda aislada del mundo hasta el comienzo de la primavera, cuando los hielos empiezan a refugiarse en las cumbres de las montañas y el verde gana terreno frente al blanco inmaculado de las nieves, que se tiñó de rojo sangre el pasado año 2002 cuando murió asesinado en aquellos lares el investigador Jordi Magraner, que año tras año viajaba hasta Chitral para estudiar al barmanu, un homínido salvaje que habita allí y al que consideran “el yeti de Pakistán”.

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Mártir en busca del homínido salvaje

Jordi Magraner era un respetado zoólogo que trabajaba en el Museo de Historia Natural de París. En 1987, mientras investigaba el mundo de los batracios, recibió los primeros informes que hablaban del barmanu. No se lo pensó dos veces y viajó hasta el epicentro del misterio. Aprendió el dialecto de los kalash y comenzó a vivir como uno más entre ellos. Para él no había otra forma de obtener la complicidad de aquellos hombres y acceder a sus secretos más enraizados. Lo aprendió todo sobre la tribu y comenzó a recoger testimonios de quienes lo habían visto.

Los relatos resultaron extraordinariamente coincidentes en el sentido de que describían al barmanu como a un homínido bípedo, velludo y muy musculoso. Casi todos los kalash que lo vieron tuvieron sus encuentros a una altura de entre 2.000 y 3.000 metros, siempre en los recovecos más inaccesibles y aislados de Chitral, como si llevara miles de años allí, refugiado del voraz hombre moderno.

Publicado por: @Mparalelos
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