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La epidemia de vampirismo de Serbia

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PLANTILLA



6:06:53 PM

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Estamos en Serbia, a mediados del siglo XVIII. Era tiempo de supersticiones, de guerras y epidemias, ahí donde los conocimientos y los avances médicos se entremezclaban a menudo con la brujería y el terror.

El nombre de Arnod Paole es muy conocido en Europa del Este por considerarse uno de los primeros casos de vampirisimo. Y aún más, a día de hoy se conservaba abundante documentación sobre el caso, con lo cual, podríamos decir que es uno de los relatos más curiosos sobre el tema y que sin lugar a dudas, deseamos compartir contigo.

¿Preparado para conocer al hajduk serbio Arnol Paole?

El soldado de las tinieblas, Arnol Paole y la epidemia vampírica

Paole era un soldado curtido en el fuego, la sangre y el acero. No conocía otra vida más que la militar y la acorde a su rango de soldado raso, pero era tan aguerrido y violento que ningún destacamento quería prescindir de él, en especial en los destinados a Austria.

Los que convivieron con él le oyeron comentar a menudo que cuando era un simple soldado contratado a sueldo, fue atacado por un vampiro. Fue en un pueblo llamado Gossowa. Según él mismo explicaba, tras recibir la mordedura procedió a perseguir al ser, encontrándolo en un cementerio. Lo desenterró, le cortó la cabeza y pudo ver cómo la sangre fresca fluía por un cuerpo sin vida y de afilados dientes de alimaña.

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Lo que viene ahora resulta aún más escabroso. En un deseo incomprensible por caer en una oscuridad aún más profunda, Arnol Paole decidió beberse toda aquella sangre que derramó el vampiro al cortarle la cabeza. Deseaba tener su fuerza, su poder sobrenatural y sus tinieblas para ser aún más fuerte en el campo de batalla. Obviamente, y tras estas historias, sus propios compañeros le cogieron un miedo muy profundo.

No obstante, Arnol Paole acabó rompiendo con esa vida de soldado. Tal vez por hastío, por insubordinación o porque ya era demasiado mayor. No lo sabemos. El caso, es que se tienen registros de que falleció en 1726 tras sufrir un accidente con un carro mientras llevaba a cabo labores en el campo. Fueron muy pocos los que acudieron a decirle adiós al cementerio de Medvedja, pero al cabo de tres semanas, ocurrió algo…

Empezaron a fallecer varias personas, una detrás de otra y aquejadas por terribles fiebres, anemia y debilidad. Decían, que por la noche llegaba él, Arnol Paole, el hajduk enterrado días atrás.

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Nadie se atrevía a decir ni hacer nada, pero el terror se instauró en esa población de Medvedja como un velo sofocante que ahoga y desdibuja la razón. Finalmente fueron los gitanos quienes se arriesgaron a resolver la situación. Fueron al cementerio, y desenterraron al supuesto vampiro: a Paole.

¿Y qué fue lo que encontraron? Descubrieron un cuerpo en perfecto estado a pesar de las 3 semanas en las que llevaba muerto: sus uñas habían crecido, al igual que su barba. Y su rostro, además, estaba muy sonrosado. Se llamó a dos médicos militares, quienes resolvieron quemar el cuerpo por prudencia. No obstante, antes describieron todos los signos físicos que advirtieron.

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¿Terminó todo aquí? En absoluto. La epidemia no había hecho más que empezar. Días después fallecieron 17 personas más en esta región de Serbia, y a medida que pasaban las semanas, la población seguía enfermando de fiebres y debilidad. La investigación se llevó a cabo siempre por medio de médicos militares y son estos los documentos que a día de hoy, se siguen conservando en Serbia.

Las personas que enfermaban ya no indicaban que era Arnol Paole quien les visitaba. En sus delirios febriles indicaban la presencia de otras personas… De otros pacientes ya fallecidos que venían a quitarles la energía, y la sangre. Otros vampiros.

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Ahora bien, hay un aspecto que debemos dejar claro. Por curioso que nos resulte se dispone de múltiples documentos que buscaban más describir el estado de los fallecidos que los síntomas de los vivos. Es decir, cuando un paciente indicaba que había recibido la “visita” de tal persona, los miliares (junto con los gitanos) procedían a desenterrar los cadáveres. Y la imagen siempre era la misma: cuerpos en perfecto estado con sangre muy fresca fluyendo, y uñas que seguían creciendo.

“El mal”, el origen de la enfermedad provenía pues del más allá. De ahí que fuera la primera vez que se hablara de “epidemia de vampirismo”. La investigación fue llevada a cabo por una comisión formada por el cirujano militar Dr. Johann Flückinger, dos tenientes, dos coroneles: Büttner y J.H. von Lindenfels, así como otros dos cirujanos militares, Siegele y Johann Friedrich Baumgarten. Nunca se llegó a saber con certeza qué provocó este brote epidémico, puesto que tal y como vino, remitió.

Eso sí, quemando el cuerpo de cada persona que fallecía para buscar con ello “la tranquilidad” de la población, y evitando así la propagación del supuesto virus o “esa epidemia de vampirismo” iniciada por Arnol Paole. Quien sabe. A día de hoy se dispone de lo que se conoce como el informe de Flückinger y la carta de Glaser, reproducidos en numerosos tratados y artículos de la época que en la actualidad, se ven como un simple hecho curioso del que hemos querido hablarte.

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