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Entre 1896 y 1897, unos extraños dirigibles, dotados de extraordinarias capacidades aeronáuticas, se dejaron ver por decenas de miles de testigos desde diferentes puntos de la geografía estadounidense. Incluso tuvieron lugar encuentros cercanos con sus misteriosos ocupantes. Curiosamente, una década antes, en 1886, Julio Verne vaticinó estos hechos con sorprendente exactitud en dos de sus novelas. En este reportaje, extracto de un capítulo de Hay otros mundos pero están en éste (Cydonia, 2013) –obra de reciente aparición en la que participan 40 de los mejores investigadores de fenómenos anómalos–, se ahonda en la vinculación del genial escritor con un fenómeno, considerado un anticipo de los OVNIs.
Aquella mañana de abril de 1897, Julio Verne se había levantado temprano. Una extraña sensación le rondaba la cabeza desde hacía días. Rompió su rutina habitual de trabajo y decidió leer la prensa mientras observaba el gentío a través de la ventana de su despacho. Al pasar las primeras páginas de Le Figaro, no pudo evitar murmurar en voz baja. Allí, entre noticias políticas y las notas diarias sobre la creciente tensión internacional entre EE UU y España por el contencioso de la isla de Cuba, apareció un reportaje que atrajo su atención.La crónica hablaba de unos extraños sucesos que venían acaeciendo al otro lado del Atlántico y que tenían desconcertada a toda la población. Desde hacía meses, unas enigmáticas aeronaves sobrevolaban el Nuevo Continente, desplegando una tecnología desconocida hasta la fecha. Verne sonrió en silencio mientras dirigía su mirada al cielo. El genial escritor galo guardaba, desde hacía más de diez años, un secreto que poco a poco se estaba desvelando… Pero será mejor que vayamos por partes. Veamos qué estaba sucediendo en EE UU y qué sabía de todo ello nuestro singular protagonista.

1896: AERONAVES IMPOSIBLES SOBRE EE UU
La misteriosa oleada de la que tanto hablaban los periódicos norteamericanos –y que recogían hasta los noticiarios europeos– comenzó en noviembre de 1896, con el avistamiento de una enorme aeronave en forma de puro sobre la ciudad de Sacramento (California), que pudo ser contemplada, con gran asombro, por casi toda la población. Días después, desde diferentes estados de EE UU, llegaron informaciones similares, referidas a unos estrafalarios e imponentes objetos voladores que estaban surcando los cielos impunemente.

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Los cronistas de la época describían a estos artefactos como parecidos a enormes dirigibles, con cabina en su parte inferior y armados de potentes «reflectores» con los que gustaban de asustar a los desprevenidos testigos. Investigadores contemporáneos de la talla Robert G. Neely Jr., Donald Hanlon o Jacques Vallée han hallado más de dos millares de noticias de prensa, comprendidas entre los años 1896-1897, referidas todas ellas a la aparición de curiosas e imposibles aeronaves en EE UU, bautizando a aquellos hechos como la «oleada airship»

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